
Spanisch Ausgabe
Literatur
La sombra
BooksWhale-Ausgabe auf Spanisch von Benito Pérez Galdós
Una novela fantástica sobre celos, obsesión, imaginación y la frontera entre realidad y sombra.
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La sombra
Galdós muestra cómo la percepción de una figura rival puede convertirse en una fuerza invasora, mezclando fantasía, psicología y sátira.
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Benito Pérez Galdós died in 1920, and this spanish source text was published in 1870; it is public domain.
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La sombra
Benito Pérez Galdós
La Sombra de Benito Pérez Galdós
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Conviene principiar por el principio, es decir, por informar al lector de quién es este D. Anselmo; por contarle su vida, sus costumbres, y hablar de su carácter y figura, sin omitir la opinión de loco rematado de que gozaba entre todos los que le conocían. Esta era general, unánime, profundamente arraigada, sin que bastaran a desmentirla los frecuentes rasgos de genio de aquel hombre incomparable, sus momentos de buen sentido y elocuencia, la afable cortesía con que se prestaba a relatar los más curiosos hechos de su vida, haciendo en sus narraciones uso discreto de su prodigiosa facultad imaginativa. Contaban de él que hacía grandes simplezas, que era su vida una serie de extravagancias sin cuento, y que se atareaba en raras e incomprensibles ocupaciones no intentadas de otro alguno, en fin, que era un ente a quien jamás se vio hacer cosa alguna a derechas, ni conforme a lo que todos hacemos en nuestra ordinaria vida.
Pocos lo trataban; apenas había un escaso número de personas que se llamaran sus amigos; desdeñábanle los más, y todos los que no conocían algún antecedente de su vida, ni sabían ver lo que de singular y extraordinario había en aquel espíritu, le miraban con desdén y hasta con repugnancia. Si había en esto justicia, no es cosa fácil de decir, así como no es empresa llana hacer una exacta calificación de aquel hombre, poniéndole entre los más grandes, o señalándole un lugar junto a los mayores mentecatos nacidos de madre. Él mismo nos revelará en el curso de esta narración una porción de cosas, que serán otros tantos datos útiles para juzgarle como merezca.
Vivía en el cuarto piso de un endiablado caserón de donde nunca salía, a no ser que asuntos urgentes le llamaran fuera de casa. Esta era de tal condición, que en otro siglo menos preocupado, la fantasía popular hubiera puesto en ella todas las brujas de un aquelarre.
En la época presente no habla allí más bruja que una tal doña Mónica, ama de llaves, criada e intendente.
La habitación del doctor parecía laboratorio de esos que hemos visto en más de una novela, y que han servido para fondo de multitud de cuadros holandeses. Alumbrábala la misma lámpara melancólica con que en teatros y pinturas vemos iluminada la faz cadavérica del doctor Fausto, del maestro Klaes, de los sopladores de la Edad Media, del buen marqués de Villena y de los fabricantes de venenos y drogas en las repúblicas italianas. Esto hacia parecer a nuestro héroe punto menos que nigromante o judío, pero no lo era ciertamente, aunque en su casa, originalísima como después veremos, se veían, colgados del techo, aquellos animales estrambóticos que parecen realizar un sueño de Teniers, revoloteando en confusa falange por todo el ámbito de la bóveda.
Aquí no había bóveda gótica, ni ventana con primorosas labores, ni el fondo obscuro, los misteriosos efectos de luz con que el artificio de la pintura nos presenta los escondrijos de esos químicos aburridos, que, envueltos en ilustres telarañas, se inclinan perpetuamente sobre un mamotreto lleno de garabatos. El gabinete del doctor Anselmo era una habitación vulgar, de estas en que todos vivimos, compuesta de cuatro mal niveladas paredes y un despedazado techo, en cuya superficie el yeso, cayéndose por la incuria del tiempo y el descuido de los habitantes, había dejado muchos y grandes agujeros. No había papel, ni más tapicería que la de las arañas, tendiendo de rincón a rincón sus complicadas urdimbres.
En el principal testero veíase un esqueleto que no había perdido el buen humor del sepulcro, de tal modo se rasgaban en espantosa risa sus desdentadas mandíbulas, y aumentaba la singularidad de su aspecto el caldero que el doctor le había puesto en el cráneo, sin duda por no tener sitio mejor donde colocarlo. Al lado había un estante de madera con innumerables baratijas, entre las cuales no hacían el peor papel algunos votos vasos de inestimable mérito, y piezas del más tosco barro doméstico. Algún ave disecada y medio podrida daba realce con el brillante color de sus últimas plumas a este armatoste, junto al cual una culebra llena de paja se extendía dibujando sobre la pared las curvas de su cuerpo, en cuyas escamas quedaba un débil tornasol. No lejos de esto pendía una armadura tan roñosa como si desde el tiempo de Roldán (su dueño tal vez) no se hubiera limpiado. Algunas otras armas blancas y de fuego colgaban por allí en unión con gran sartén, cuyo mango tocaba los pies de un Santo Cristo, de esos que, con el cuerpo lívido, los miembros retorcidos, el rostro angustioso, negras las manos, llenos de sangre el sudario y la cruz, ha creado el arte español para terror de devotas y pasmo de sacristanes. El Cristo era amarillo, obscuro, lustroso, rígido como un animal disecado: no tenía formas la cara, desfigurada por el bermellón, y los pies se perdían entre los pliegues de un gran lazo, que sin duda fue lugar de romería para todas las moscas del barrio, porque allí habían dejado indelebles muestras de en paso. Por otro lado asomaban unos caracoles, una estampa de no sabemos qué mártir, conchas de madreperla, dos pistolas y un rosario de cuentas marinas enredado en una rama de coral, ennegrecida por el polvo. Dos grandes espuelas de caballero y una silla de montar colgaban de otra escarpia junto a mugrientas ropas, por entre cuyos pliegues se veía el mango de una guitarra con finísimas incrustaciones de nácar y marfil.
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Prólogo
Inhaltsverzeichnis
In dieser Ausgabe
- 01Full text
- 02Prólogo
- 03Prólogo
- 04Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 05Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 06Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 07Prólogo
- 08Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 09Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 10Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 11Prólogo
- 12Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 13Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 14Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 15Prólogo
- 16Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 17Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 18Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 19Prólogo
- 20Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 21Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 22Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 23Prólogo
- 24Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 25Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 26Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 27Prólogo
- 28Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 29Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 30Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 31Prólogo
- 32Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 33Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 34Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 35Prólogo
- 36Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 37Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 38Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 39Prólogo
- 40Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 41Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 42Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 43Prólogo
- 44Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 45Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 46Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
- 47Prólogo
- 48Capítulo I - El doctor Anselmo : I - II - III - IV
- 49Capítulo II - La obsesión : I - II - III - IV - V
- 50Capítulo III - Alejandro : I - II - III - IV
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