
スペイン語 エディション
文学
El caballero de las botas azules
スペイン語 BooksWhale エディション · Rosalía de Castro
Una novela clásica sobre fantasía, sátira literaria, fama, moda y apariencia social.
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本の紹介
El caballero de las botas azules
El caballero de las botas azules presenta una historia de fantasía, sátira literaria, fama, moda y apariencia social. La obra combina conflicto íntimo, observación social y personajes enfrentados a las normas de su tiempo.
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Rosalía de Castro died in 1885, and El caballero de las botas azules was first published or composed in 1867. These dates support the public-domain basis for this original-language edition.
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El caballero de las botas azules
Rosalía de Castro
El caballero de las botas azules
HOMBRE.- Ya que has acudido a mi llamamiento, ¡oh musa!, escúchame atenta y propicia, y haz que se cumpla mi más ferviente deseo.
MUSA.- (Oculta tras una espesa nube.) Habla, y que tu lenguaje sea el de la sinceridad. Mi vista es de lince.
HOMBRE.- De ese modo podrás conocer mejor la idea que me anima. Pero quisiera que se disipase el humo denso que te envuelve. ¿Por qué tal recato? ¿Acaso no he de conocerte?
MUSA.- No soy recatada, sino prudente; así que te acostumbres a oírme, te acostumbrarás a verme. Di en tanto, ¿qué quieres?
HOMBRE.- ¡Hasta las musas son coquetas!
MUSA.- Considera que soy musa, pero no dama, y que no debemos perder el tiempo en devaneos.
HOMBRE.- ¡Qué estupidez!... pero seré obediente, en prueba de la sumisión que te debo. Yo quiero que mi voz se haga oír, en medio de la multitud, como la voz del trueno que sobrepuja con su estampido a todos los tumultos de la tierra; quiero que la fama lleve mi nombre de pueblo en pueblo, de nación en nación y que no cesen de repetirlo las generaciones venideras, en el transcurso de muchos siglos.
MUSA.- ¡Necio afán el de la gloria póstuma, cuyo ligero soplo pasará como si tal cosa sobre el esparcido polvo de tus huesos! Cuídate de lo presente y deja de pensar en lo futuro, que ha de ser para ti como si no existiese.
HOMBRE.- ¿Y eres tú, musa, a quien he invocado lleno de ardiente fe, la que me aconsejas el olvido de lo que es más caro a un alma ambiciosa de gloria? ¿Para qué entonces la inspiración del poeta?
MUSA.- ¡Locas aprensiones!... El bien que se toca es el único bien; lo que después de la muerte pasa en el mundo de los vivos, no es nada para el que ha traspasado el umbral de la eternidad.
HOMBRE.- ¿Qué estoy oyendo? ¿Aquella de quien lo espero todo se atreve a llamar nada al rastro de luz que el genio deja en pos de sí? La gloria póstuma, ¿es asimismo una mentira?
MUSA.- ¡Cesa!... ¡Cesa!... si quieres ser mi protegido. No entiendo nada de glorias póstumas, ni de rastros de luz. El poder que ejerzo sobre el vano pensamiento de los mortales, acaba al pie del sepulcro.
HOMBRE.- Estoy confundido... ¡Qué respuestas... qué acritud, qué indigna prosa!... Tú no eres musa, sino una gran bellaca, tan cierto como he nacido nieto de Adán.
MUSA.- He ahí una franqueza poco galante y de mal gusto en boca de un genio.
HOMBRE.- ¿También irónica? ¡Oh! ¿De qué baja ralea desciendes, deidad desconocida? ¿Te pareces por ventura a las otras musas tan cándidas, tan perfumadas y tan dulces como la miel? ¿Si tendré que llorar a mis antiguas amigas de quienes ingrato he renegado por ti?
MUSA.- ¿Tú llorar...? ¿Cómo de esos ojos acostumbrados a sostener las iras de los tiranos, pudiera destilarse ese fuego de dolor que el corazón del hombre sólo exprime en momentos supremos?
HOMBRE.- ¡Taimada! Las lágrimas son patrimonio de todos.
MUSA.- Sea, mi pequeño Jeremías; pero tú sabes que has acudido a mí, fatigado de recorrer las obligadas alamedas del Parnaso. Allí, el vibrante son de las cuerdas del arpa, la armoniosa lira, el eco de la flauta, el murmurio de los arroyos y el canto matinal de los pájaros, habían llegado a poner tan blando tu corazón, tan quebrantado tu ánimo, y tu espíritu tan flojo y vacilante, que, pobre enfermo, sintiendo escapársete la vida, te volviste ansioso hacia mí, para respirar el airecillo regenerador, que yo agitaba vigorosamente con mis alas invisibles.
プレビュー章LA CONDESA PAMPAプレビュー
=== EPÍSTOLA III ===
Una hija de la virgen América y ausente de su patria adorada, suplica al duque de la Gloria, venga a decirle con sus propios labios cuánto son hermosos los bosques que la vieron nacer, cuánto es admirable entre todas su tierra natal. La recompensa de tal favor será un afecto entrañable y puro, un agradecimiento eterno, tal como puede sentirlo una descendiente del desgraciado e inmortal Moctezuma. Teatro Real, palco segundo de la derecha.
=== EPÍSTOLA IV ===
Caballero: no sé siquiera por dónde tengo de empezar para decirle lo que quiero decirle, pues es el caso que mi señor padre quiere casarme y yo no quiero, con Melchor, y como no le he visto a usted hace más de quince días y no he vuelto a verle hasta anteayer, que pasó usted de mucha prisa, escribo para decirle que, una vez que mi padre quiere casarme, me case con usted, que entonces no tendré inconveniente y quedaré muy contenta que si no estaré muy triste, que ya lo estoy. Venga usted, pues, a hablar conmigo, porque voy todas las tardes al cementerio y estoy mirando para él desde la verja, porque me gusta. Soy la sobrina de doña Dorotea, la que tiene colegio y que vive en la Corredera del perro, y también voy muchas veces por la tarde a la calle del Clavo a ver a mi padre, que está cerca de aquí. Muchas más cosas quisiera decirle a usted, pero no sé decirlas por escrito. Adiós, caballero, hasta que nos veamos.
プレビュー章MARIQUITAプレビュー
Mientras el ayuda de cámara le peinaba, tenía el duque de la Gloria abiertos estos billetes delante de sí; mas no tardó en entrar un arrogante moro trayendo una caja de terciopelo que colocó sobre la mesa.
-Dios es grande -dijo, llevando la mano a la frente-, Dios es poderoso y justo y favorece a mi señor por medio de bellas criaturas con los más ricos presentes.
-Favorézcale por largos días, Zuma... -respondió el duque sonriendo con ironía mientras lanzaba una mirada burlona sobre la cajita y las cartas.
El moro se puso a avivar el fuego medio apagado de los pebeteros que ardían en la estancia, haciendo resonar después las cuerdas de un bandolín con que acompañaba una extraña y melancólica tonada de las que cantan en medio de la noche los hijos del desierto.
Seguían en tanto el ayuda de cámara peinando al duque, ya de ésta, ya de la otra manera, ya hacia arriba, ya hacia abajo, ya dividiendo en partes iguales su un tanto indómita cabellera, ya agrupando sobre un lado la mayor porción, hasta que cansado el caballero dijo como si despertarse de un sueño:
-¿Te duermes? Péiname a la victoria y aprisa.
Ejecutada esta orden con la brusca rapidez con que había sido dada, la cabeza del duque quedó bien pronto convertida en una pirámide de rizos elevados de tal modo sobre la frente que en vez de cabellera bien pudiera llamarse aquel agrupamiento de ondeadas y recias crenchas selva virgen o enmarañado laberinto de aliagas visto en una noche oscura.
-¿Te parece que estoy bien? -le preguntó a su hábil peluquero irguiéndose lleno de majestad.
-¡Oh!, si el señor más ilustre de la tierra me permitiera decirle hasta qué extremo...
-Di cuanto quieras... lo mando.
-Pues bien, ya que el señor me lo ordena me atrevo a asegurarle que su cabeza parece una viva proclama revolucionaria.
-¡Tú serás algo! -exclamó el duque con aplomo-... Tú llegarás, si es que lo intentas, a alcanzar el gran brevete del siglo.
El ayuda de cámara, que había nacido en el particular instinto de adivinar más de lo que se le quería decir, hizo una reverente cortesía y se retiró llevando en los labios una complaciente sonrisa.
-Ahora Zuma -dijo el duque volviéndose con aire confidencial hacia el moro-, deja en reposo tu bandolín y dame cuenta de lo que has visto.
Obediente el moro, apagó al punto con la mano las últimas vibraciones del sonoro instrumento y colocándose en una actitud humilde exclamó con la más ardiente expresión:
-Todas mujeres hermosas, señor, todas bellas como la espuma que salta de la onda cristalina cuando la luna se refleja en el mar, todas frescas y llenas de aroma y juventud, como la rosa entreabierta que en una alborada de mayo recibe el primer beso del sol, cubierta por el rocío, que es el velo con que oculta su rubor. La de la negra y ondeada cabellera, que viste de armiños y se adorna con flores azules... ¡oh, mi dueño!, cándida y virginal, como el manantial de una fuente que brota entre azucenas, la más humilde mirada parece herirla como un dardo envenenado; aseméjase a las hijas del aire, que tiemblan cuando las alumbra un rayo del sol, o a un vaporoso espíritu de las nieblas que el menor soplo disipa. Cuando me divisó entre la muchedumbre, como si adivinase que vos me mandabais contemplarlas, o cual si de la atmósfera que os rodea llevase en mí el perfume, la vi estremecerse como una gota de agua cuando cae y mirarme cerrando casi al mismo tiempo los ojos como si me dijese ¡bien venido! Pasé y miréla también y comprendióme sin duda pues alargando la mano dejó caer el pequeño abanico que en ella llevaba y que es este que os presento.
目次
このエディションの内容
- 01Full text
- 02LA CONDESA PAMPA
- 03MARIQUITA
- 04EL DUQUE DE LA GLORIA
- 05EL DUQUE DE LA GLORIA