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文学

Cartas marruecas

スペイン語 BooksWhale エディション · José Cadalso

Cartas ilustradas de crítica social, costumbres, nación, educación y mirada extranjera.

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Cartas marruecas

Cartas marruecas utiliza el intercambio epistolar y la mirada extranjera para examinar las costumbres, la historia, la educación y los problemas de España en el siglo XVIII.

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José Cadalso murió en 1782, y Cartas marruecas se publicó en 1789. Estas fechas respaldan el dominio público de esta edición original española.

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Cartas marruecas

José Cadalso

プレビュー章Introducciónプレビュー

Desde que Miguel de Cervantes compuso la inmortal novela en que criticó con tanto acierto algunas viciosas costumbres de nuestros abuelos, que sus nietos hemos reemplazado con otras, se han multiplicado las críticas de las naciones más cultas de Europa en las plumas de autores más o menos imparciales; pero las que han tenido más aceptación entre los hombres de mundo y de letras son las que llevan el nombre de «cartas», que se suponen escritas en este o aquel país por viajeros naturales de reinos no sólo distantes, sino opuestos en religión, clima y gobierno. El mayor suceso de esta especie de críticas debe atribuirse al método epistolar, que hace su lectura más cómoda, su distribución más fácil, y su estilo más ameno, como también a lo extraño del carácter de los supuestos autores: de cuyo conjunto resulta que, aunque en muchos casos no digan cosas nuevas, las profieren siempre con cierta novedad que gusta.

Esta ficción no es tan natural en España, por ser menor el número de los viajeros a quienes atribuir semejante obra. Sería increíble el título de Cartas persianas, turcas o chinescas, escritas de este lado de los Pirineos. Esta consideración me fue siempre sensible porque, en vista de las costumbres que aún conservamos de nuestros antiguos, las que hemos contraído del trato de los extranjeros, y las que ni bien están admitidas ni desechadas, siempre me pareció que podría trabajarse sobre este asunto con suceso, introduciendo algún viajero venido de lejanas tierras, o de tierras muy diferentes de las nuestras en costumbres y usos.

La suerte quiso que, por muerte de un conocido mío, cayese en mis manos un manuscrito cuyo título es: Cartas escritas por un moro llamado Gazel Ben-Aly, a Ben-Beley, amigo suyo, sobre los usos y costumbres de los españoles antiguos y modernos, con algunas respuestas de Ben-Beley, y otras cartas relativas a éstas.

Acabó su vida mi amigo antes que pudiese explicarme si eran efectivamente cartas escritas por el autor que sonaba, como se podía inferir del estilo, o si era pasatiempo del difunto, en cuya composición hubiese gastado los últimos años de su vida. Ambos casos son posibles: el lector juzgará lo que piense más acertado, conociendo que si estas Cartas son útiles o inútiles, malas o buenas, importa poco la calidad del verdadero autor.

Me he animado a publicarlas por cuanto en ellas no se trata de religión ni de gobierno; pues se observará fácilmente que son pocas las veces que por muy remota conexión se trata algo de estos dos asuntos.

No hay en el original serie alguna de fechas, y me pareció trabajo que dilataría mucho la publicación de esta obra el de coordinarlas; por cuya razón no me he detenido en hacerlo ni en decir el carácter de los que las escribieron. Esto último se inferirá de su lectura. Algunas de ellas mantienen todo el estilo, y aun el genio, digámoslo así, de la lengua arábiga su original; parecerán ridículas sus frases a un europeo, sublimes y pindáricas contra el carácter del estilo epistolar y común; pero también parecerán inaguantables nuestras locuciones a un africano. ¿Cuál tiene razón? ¡No lo sé! No me atrevo a decirlo; ni creo que pueda hacerlo sino uno que ni sea africano ni europeo. La naturaleza es la única que pueda ser juez; pero su voz, ¿dónde suena? Tampoco lo sé. Es demasiada la confusión de otras voces para que se oiga la de la común madre en muchos asuntos de los que se presentan en el trato diario de los hombres.

プレビュー章Carta Iプレビュー

De Gazel a Ben-Beley

He logrado quedarme en España después del regreso de nuestro embajador, como lo deseaba muchos días ha, y te lo escribí varias veces durante su mansión en Madrid. Mi ánimo era viajar con utilidad, y este objeto no puede siempre lograrse en la comitiva de los grandes señores, particularmente asiáticos y africanos. Estos no ven, digámoslo así, sino la superficie de la tierra por donde pasan; su fausto, los ningunos antecedentes por dónde indagar las cosas dignas de conocerse, el número de sus criados, la ignorancia de las lenguas, lo sospechosos que deben ser en los países por donde transiten y otros motivos, les impiden muchos medios que se ofrecen al particular que viaja con menos nota.

Me hallo vestido como estos cristianos, introducido en muchas de sus casas, poseyendo su idioma, y en amistad muy estrecha con un cristiano llamado Nuño Núñez, que es hombre que ha pasado por muchas vicisitudes de la suerte, carreras y métodos de vida. Se halla ahora separado del mundo, y, según su expresión, encarcelado dentro de sí mismo. En su compañía se me pasan con gusto las horas, porque procura instruirme en todo lo que pregunto; y lo hace con tanta sinceridad, que algunas veces me dice: de eso no entiendo; y otras: de eso no quiero entender. Con estas proporciones hago ánimo de examinar no sólo la corte, sino todas las provincias de la península. Observaré las costumbres de este pueblo, notando las que son comunes con las de otros países de Europa, y las que le son peculiares. Procuraré despojarme de muchas preocupaciones que tenemos los moros contra los cristianos, y particularmente contra los españoles. Notaré todo lo que me sorprenda, para tratar de ello con Nuño, y después participártelo con el juicio que sobre ello haya formado.

Con esto respondo a las muchas que me has escrito pidiéndome noticias del país en que me hallo. Hasta entonces no será tanta mi imprudencia que me ponga a hablar de lo que no entiendo, como sería decirte muchas cosas de un reino que hasta ahora todo es enigma para mí, aunque me sería esto muy fácil: sólo con notar cuatro o cinco costumbres extrañas, cuyo origen no me tomaría el trabajo de indagar, ponerlas en estilo suelto y jocoso, añadir algunas reflexiones satíricas, y soltar la pluma con la misma ligereza que la tomé, completaría mi obra, como otros muchos lo han hecho.

Pero tú me enseñaste, ¡oh, mi venerado maestro!, tú me enseñaste a amar la verdad. Me dijiste mil veces que el faltar a ella es delito aun en las materias frívolas. Era entonces mi corazón tan tierno, y tu voz tan eficaz cuando me imprimiste en él esta máxima, que no la borrarán los tiempos.

Alá te conserve una vejez sana y alegre, fruto de una juventud sobria y contenida, y desde Africa prosigue enviándome a Europa las saludables advertencias que acostumbras. La voz de la virtud cruza los mares, frustra las distancias y penetra el mundo con más excelencia que la luz del Sol, pues esta última cede parte de su imperio a las tinieblas de la noche, y aquélla no se obscurece en tiempo alguno. ¿Qué será de mí en un país más ameno que el mío, y más libre, si no me sigue la idea de tu presencia, representada en tus consejos? Esta será una sombra que me seguirá en medio del encanto de Europa; una especie de espíritu tutelar, que me sacará de la orilla del precipicio, o como el trueno, cuyo estrépito y estruendo detiene la mano que iba a cometer el delito.

目次

このエディションの内容

  1. 01Full text
  2. 02Introducción
  3. 03Carta I
  4. 04Carta II
  5. 05Carta III
  6. 06Carta IV
  7. 07Carta V
  8. 08Carta VI
  9. 09Carta VII
  10. 10Carta VIII
  11. 11Carta IX
  12. 12Carta X
  13. 13Carta XI
  14. 14Carta XII
  15. 15Carta XIII
  16. 16Carta XIV
  17. 17Carta XV
  18. 18Carta XVI
  19. 19Carta XVII
  20. 20Carta XVIII
  21. 21Carta XIX
  22. 22Carta XX
  23. 23Carta XXI
  24. 24Carta XXII
  25. 25Carta XXIII
  26. 26Carta XXIV
  27. 27Carta XXV
  28. 28Carta XXVI
  29. 29Carta XXVII
  30. 30Carta XXVIII
  31. 31Carta XXIX
  32. 32Carta XXX
  33. 33Carta XXXI
  34. 34Carta XXXII
  35. 35Carta XXXIII
  36. 36Carta XXXIV
  37. 37Carta XXXV
  38. 38Carta XXXVI
  39. 39Carta XXXVII
  40. 40Carta XXXVIII
  41. 41Carta XXXIX
  42. 42Carta XL
  43. 43Carta XLI
  44. 44Carta XLII
  45. 45Carta XLIII
  46. 46Carta XLIV
  47. 47Carta XLV
  48. 48Carta XLVI
  49. 49Carta XLVII
  50. 50Carta XLVIII
  51. 51Carta XLIX
  52. 52Carta L
  53. 53Carta LI
  54. 54Carta LII
  55. 55Carta LIII
  56. 56Carta LIV
  57. 57Carta LV
  58. 58Carta LVI
  59. 59Carta LVII
  60. 60Carta LVIII
  61. 61Carta LIX
  62. 62Carta LX
  63. 63Carta LXI
  64. 64Carta LXII
  65. 65Carta LXIII
  66. 66Carta LXIV
  67. 67Carta LXV
  68. 68Carta LXVI
  69. 69Carta LXVII
  70. 70Carta LXVIII
  71. 71Carta LXIX
  72. 72Carta LXX
  73. 73Carta LXXI
  74. 74Carta LXXII
  75. 75Carta LXXIII
  76. 76Carta LXXIV
  77. 77Carta LXXV
  78. 78Carta LXXVI
  79. 79Carta LXXVII
  80. 80Carta LXXVIII
  81. 81Carta LXXIX
  82. 82Carta LXXX
  83. 83Carta LXXXI
  84. 84Carta LXXXII
  85. 85Carta LXXXIII
  86. 86Carta LXXXIV
  87. 87Carta LXXXV
  88. 88Carta LXXXVI
  89. 89Carta LXXXVII
  90. 90Carta LXXXVIII
  91. 91Carta LXXXIX
  92. 92Carta XC

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