
スペイン語 エディション
文学
Tristán o el pesimismo
スペイン語 BooksWhale エディション · Armando Palacio Valdés
pesimismo, ideas modernas, amor y conflicto interior.
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本の紹介
Tristán o el pesimismo
Tristán o el pesimismo, de Armando Palacio Valdés, es un clásico de dominio público centrado en pesimismo, ideas modernas, amor y conflicto interior. Esta edición en español destaca su contexto, sus temas, su estilo y su valor literario o histórico.
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Armando Palacio Valdés murió en 1938, y Tristán o el pesimismo se publicó por primera vez en 1906. Estas fechas sustentan la base de dominio público de esta edición original española.
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Tristán o el pesimismo
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I
プレビュー章EL DUEÑO DE LA FINCAプレビュー
Un bando prodigiosamente grande de palomas vino a posarse sobre el tejado de la casa. Este quedó blanco como si una copiosa nevada hubiese caído sobre él. Las palomas todas, sin fallar una, eran blancas. En la pared enjalbegada de la casa, encima del amplio corredor con rejas de madera se abría un ventanillo que daba acceso al palomar. Las palomas ni por un instante soñaron con acercarse a él; ninguna intentó siquiera ponerse sobre la tabla que, a guisa de recibimiento, tenía delante. El día era demasiado espléndido para meterse en casa; un día tibio y claro de primavera en Castilla.
Por el ventanillo del palomar, con toda precaución y cuidado, asomó el rostro un hombre; un rostro atezado, varonil, de bigote gris. Giró sus ojos recelosos, inspeccionó minuciosamente los contornos y se retiró en seguida; volvió a asomarse y otra vez se retiró, como si espiase la llegada de un ladrón.
El ladrón llegó, en efecto. Dio un brinco y se plantó sobre la baranda del corredor; ascendió luego fácilmente por el grueso sarmiento de la parra que se enlazaba retorciéndose a las columnas de madera que sostenían el tejadillo, encaramose sobre éste y echando una mirada recelosa en torno y otra de ávido anhelo a la ventana del palomar, sacó la lengua y se relamió repetidas veces con repugnante ausencia de sentido moral. Luego, no sin cierto estremecimiento nervioso que corrió por todo su cuerpo, se preparó a dar el gran salto. Grande era, en efecto; enorme. Sólo un bandido avezado a correrías peligrosas tuviera la audacia de intentarlo. Después de algunas vacilaciones lanzose al espacio, logró tocar con las uñas la tabla, y presto se encaramó sobre ella. Y sin pérdida de tiempo se introdujo en el palomar. ¡Desdichado! La traición le acechaba. Apenas puso allí la planta, un pesado garrote con furia manejado le hizo pagar cara su osadía. El criminal comenzó a arrastrarse por el suelo dando mayidos bien lastimeros. Su feroz agresor le contempló estupefacto con ojos extraviados, los brazos caídos y respirando anhelante. Quiso acercarse a su víctima, pero ésta huía arrastrándose por el sucio aposento donde estaban colocados, como en anaquelería de tienda, los nidos de los pichones.
--¡Válgate Dios! Le he roto una pata--exclamó con voz temblorosa el hombre.
Era un caballero alto, fornido, de unos cuarenta años de edad, la tez morena, los ojos negros, los cabellos crespos y comenzando a blanquear; fisonomía abierta y simpática. Vestía traje de casa, chaqueta obscura y gorra de cazador.
--¡Bis, bis...! ¡menino...! ¡pobrecito, pobrecito!
El gato permitió al fin que se le acercase y le dirigió una mirada triste y medrosa.
--¡Vaya por Dios! ¡vaya por Dios!--murmuró el caballero con acento que distaba mucho de sonar como el grito de triunfo del vencedor satisfecho.
Le pasó la mano suavemente por el lomo y quiso reconocerle la herida; pero el pobre animal lanzaba mayidos cada vez más dolorosos.
--¡Qué diablo! ¡qué diablo!--profirió en el colmo del disgusto.
De pronto, como si le hubiese ocurrido una idea feliz, se irguió de nuevo y abandonando al estropeado gato en el suelo salió del aposento, bajando un poco la cabeza para no chocar con el dintel de la puertecilla que le daba acceso. No tardó muchos minutos en presentarse otra vez con un canasto en las manos guarnecido en el fondo por un cojín de lana. Tomó al gato con infinitas precauciones y lo depositó sobre él. Luego, sacando del bolsillo un paquete de vendas, se puso a liarle la pierna rota con la delicadeza de un cirujano. El gato le dejaba hacer como si entendiese que de aquello dependía su salud. Cuando estuvo hecha la operación cogió de nuevo el cesto, transformado ya en camilla de hospital, y a paso lento y prevenido lo sacó de allí, bajó la escalera y lo depositó en una de las estancias del único piso alto que tenía la casa.
目次
このエディションの内容
- 01Full text
- 02I
- 03EL DUEÑO DE LA FINCA
- 04II
- 05FELICES ESPOSOS
- 06III
- 07¡QUIETO, FIDEL!
- 08IV
- 09UNA VISITA Y OTRAS VISITAS
- 10V
- 11LO QUE DICEN LAS ABEJAS
- 12VI
- 13LA FAMILIA DE TRISTÁN
- 14VII
- 15SUS AMIGOS
- 16VIII
- 17UN BUEN DÍA QUE CONCLUYE MAL
- 18IX
- 19UN TROPEZÓN DE GUSTAVO NÚÑEZ Y OTRO DE SU AMIGO TRISTÁN
- 20X
- 21UNA NOCHE DE NOVIOS
- 22XI
- 23EL ESTRENO DE UNA OBRA DE CARÁCTER
- 24XII
- 25LA NOVENA SINFONÍA
- 26XIII
- 27VIDA LITERARIA
- 28XIV
- 29UN DESCUBRIMIENTO DEL PAISANO BARRAGÁN
- 30XV
- 31EL PAISANO BARRAGÁN COMERCIA CON LOS ESPÍRITUS Y LUEGO CON LOS CUERPOS
- 32XVI
- 33¡CORAZÓN, ARRIBA!
- 34XVII
- 35LA BODA DE ARACELI
- 36XVIII
- 37LA FLECHA DEL DESTERRADO
- 38XIX
- 39FIEROS DESENGAÑOS DE TRISTÁN
- 40XX
- 41CONSECUENCIAS DE UNOS CELOS
- 42XXI
- 43LA MALDICIÓN
- 44XXII
- 45HACIA OTRO MUNDO