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Spanisch Ausgabe

Literatur

Hundimiento

BooksWhale-Ausgabe auf Spanisch von Yu Dafu

Originaltitel: 沉沦

Una novela de conciencia sobre la soledad, el deseo, la humillación nacional y la crisis interior de un joven chino en Japón.

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Hundimiento

Hundimiento de Yu Dafu | Novela china moderna

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Yu Dafu died in 1945; the Chinese source text is public domain, and this edition is an authorized original Spanish translation assisted by AI.

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Hundimiento

Yu Dafu

VorschaukapitelIVorschau

Tokio, después de la nevada, parecía aún más animado que de costumbre. La suave brisa que descendía de la cumbre del monte Fuji no conseguía enfriar los corazones ardientes de los hombres y mujeres de toda la ciudad. Se acercaba otra vez la fecha en que, mil novecientos veinte años atrás, una estrella había aparecido en el cielo de Belén. Las tiendas de todas las calles y callejuelas se habían engalanado como novios en el día de su boda, esforzándose por atraer a unos cuantos clientes más y aumentar así los beneficios de fin de año. Era una época en que pobres y ricos andaban igualmente atareados. Y también una época de infinita tristeza para los desterrados y quienes vivían lejos de sus seres queridos.

Cerca del estanque Shinobazu, en Ueno, entre un confuso conjunto de viviendas, se alzaba una casa de dos pisos en el aire límpido del invierno. En medio de toda aquella actividad de fin de año, la casa parecía desprovista de vida. Las puertas y ventanas del piso superior seguían herméticamente cerradas. El dorado disco del sol se había elevado ya por encima de los bosques de Ueno y colgaba en lo alto del cielo azul verdoso, sonriendo despreocupadamente ante las innumerables preocupaciones humanas.

Cuando un rayo de sol penetró oblicuamente por una rendija de la puerta cerrada y alcanzó su almohada, abrió unos ojos grandes como nueces. Tendría unos veinticuatro o veinticinco años. Bajo la escasa luz de la habitación oscura, su rostro parecía aún más grisáceo. Sus pómulos prominentes y las profundas cuencas de sus ojos revelaban una constitución delgada y consumida.

Entornó los ojos para mirar el reloj de la mesa. Las dos agujas se encontraban superpuestas sobre el número X. Abrió la boca y bostezó. Sin sospechar que él mismo era el protagonista de una gran tragedia, volvió a quedarse dormido, respirando ruidosamente. Después de permanecer un rato entre el sueño y la vigilia, oyó dar las once al reloj de pared de la habitación contigua y saltó por fin de la cama. Se vistió de cualquier manera, bajó las escaleras, se lavó las manos y la cara, se calzó unos zapatos de cuero gastados y salió apresuradamente.

Su vida había cambiado mucho últimamente. Desde finales de octubre hasta entonces, durante dos meses, había invertido el día y la noche, recorriendo tabernas para beber. En las tabernas de Tokio, las encargadas de atender a los clientes eran generalmente muchachas de diecisiete o dieciocho años. Él sabía perfectamente que aquellas jóvenes se mostraban juguetonas y cariñosas porque deseaban sacarle dinero; sin embargo, en cuanto se ponía el sol, le resultaba imposible permanecer tranquilamente en casa.

A veces se proponía corregir aquel vicio y acudía deliberadamente a la biblioteca para leer sus libros favoritos. Pero, al encenderse las luces de la tarde, comenzaban a resonar de pronto en sus oídos toda clase de canciones melancólicas. Su nariz percibía una mezcla de perfumes, polvos cosméticos, aceites aromáticos, pescado y carne friéndose, humo de tabaco y vino fuerte. Entre las líneas de sus libros aparecía súbitamente un rostro sonrosado y blanco. Los ojos seductores de aquella mujer se agrandaban poco a poco. Sus labios, semejantes a capullos de rosa, se entreabrían lentamente; surgían dos hoyuelos en sus mejillas y se descubría una hilera de dientes blancos como porcelana.

Cuando cerraba los ojos, veía ante sí a numerosas jóvenes hermosas sentadas bajo la luz de faroles rojos, sonriendo levemente. Algunas lo miraban de soslayo; otras asentían con la cabeza; otras se quitaban la ropa de arriba y de abajo; otras le tendían sus manos delicadas, blancas y suaves como la nieve. En esos momentos, sin darse cuenta, seguía una de aquellas manos como si caminara en sueños. Solo cuando sentía sobre sus rodillas el cuerpo tibio y blando de una mujer comprendía que ya no estaba en la biblioteca.

VorschaukapitelIIVorschau

Aquel día volvió a amanecer con un hermoso tiempo de principios de invierno.

A las once de la mañana, se lavó apresuradamente las manos y la cara, se puso sus zapatos de cuero gastados y salió corriendo a la calle.

Caminó sin rumbo durante aproximadamente una hora bajo la bóveda azulada del cielo y la suave luz del sol. Solo entonces comenzó a sentir hambre.

Se palpó los bolsillos y comprobó que en su cartera le quedaban poco más de cinco yenes.

Medio mes antes había descubierto que ya había vendido todas sus pertenencias. No tuvo otro remedio que empeñar un anillo de diamantes de su esposa difunta.

Por aquella última reliquia de ella había recibido solamente ciento sesenta yenes. Y ahora, sin haber transcurrido siquiera medio mes, apenas le quedaban cinco.

—¡Esposa mía, esposa mía, perdóname!

Durante un rato se sintió desolado y avergonzado.

Sin embargo, al final tuvo que volver a pensar en sus necesidades inmediatas.

El estómago le gruñía sin cesar.

Calculó que con poco más de cinco yenes no podría comer y emborracharse en una taberna elegante. Por eso decidió dirigirse a una modesta taberna que solía frecuentar cuando no tenía dinero.

Aquel establecimiento se encontraba cerca del Jardín Botánico.

La propietaria era una viuda de unos cincuenta años. Quien atendía a los clientes era su hija, llamada Shizuko.

Shizuko acababa de cumplir veinte años.

Su rostro no era extraordinariamente hermoso, pero tenía unos ojos semejantes a las aguas otoñales y una nariz alta como la de los occidentales. Por alguna razón, cualquiera que la hubiera visto una sola vez difícilmente podía olvidarla.

Además, Shizuko poseía un carácter extraordinariamente amable. Trataba a todos por igual y siempre recibía a los clientes con una sonrisa.

Como el negocio tenía pocos clientes, no disponían de cocinero.

La madre de Shizuko había trabajado anteriormente en un restaurante occidental, por lo que conocía bastantes secretos de cocina y condimentación.

Cuando él se quedaba sin dinero, casi siempre acudía a aquella taberna.

En primer lugar, porque Shizuko lo trataba con suma consideración; en segundo lugar, porque era cliente habitual y la madre de la muchacha confiaba en él hasta el punto de permitirle comprar a crédito, fuera cual fuese la cantidad.

Cuando se emborrachaba, solía contarle a Shizuko lo buena que había sido su esposa, cómo la había maltratado su propia madre, cómo había contraído una enfermedad pulmonar y cuánto había deseado verlo antes de morir.

Cuando llegaba a los pasajes más dolorosos de su relato, las lágrimas le corrían por las mejillas. A veces, Shizuko también lloraba con él.

Aunque no llevaba ni dos meses frecuentando aquella casa, Shizuko lo trataba como si fueran amigos desde hacía muchos años.

Cuando algo la entristecía, ella también se lo confiaba.

Según Shizuko, tanto hombres como mujeres necesitaban tener un amigo con quien hablar de sus secretos o tristezas y consolarse mutuamente.

Él y Shizuko eran, probablemente, una pareja de amigos capaces de ofrecerse ese consuelo.

Medio mes antes, sin saber exactamente de dónde había salido el rumor, oyó decir que Shizuko «iba a casarse».

Como no deseaba preguntárselo directamente, se limitó a observar en silencio su comportamiento.

Y puesto que la sospecha ya se había instalado en su corazón, comenzó a encontrar ciertas diferencias entre la manera en que Shizuko lo trataba entonces y como lo había tratado antes.

Una tarde, mientras bebía en la taberna, apareció de pronto un hombre de unos treinta años.

Al verlo, Shizuko lo dejó solo y se acercó a hablar con aquel hombre.

Inhaltsverzeichnis

In dieser Ausgabe

  1. 01Full text
  2. 02I
  3. 03II
  4. 04III
  5. 05I
  6. 06II
  7. 07III
  8. 08IV
  9. 09V
  10. 10VI
  11. 11VII
  12. 12VIII
  13. 13El peñasco de Caishi
  14. 14I
  15. 15II
  16. 16III
  17. 17IV
  18. 18V
  19. 19VI
  20. 20VII
  21. 21Canto de la enredadera
  22. 22Noches embriagadas por la brisa primaveral
  23. 23I
  24. 24II
  25. 25III
  26. 26IV
  27. 27Una humilde ofrenda
  28. 28Primera parte
  29. 29Segunda parte
  30. 30Tercera parte
  31. 31Una mañana de nieve ligera

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