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Spanisch Ausgabe

Literatur

Sonata de otoño

BooksWhale-Ausgabe auf Spanisch von Ramón del Valle-Inclán

A Spanish modernist novella of memory, desire, decline, and the decadent voice of the Marqués de Bradomín.

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Sonata de otoño

Sonata de otoño presents the autumnal memories of the Marqués de Bradomín as he returns to the dying Concha and to a world of faded aristocratic passion. Valle-Inclán’s lyrical prose, erotic melancholy, and modernist atmosphere make it one of the essential Spanish Sonatas.

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Ramón del Valle-Inclán died in 1936, and Sonata de otoño was published in 1902. The restored Spanish text uses a Project Gutenberg public-domain transcription and keeps only Sonata de otoño.

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Sonata de otoño

Sonata de otoño Mi Amor Adorado, estoy muriéndome y sólo deseo verte!" ¡Ay! Aquella carta de la pobre Concha se me extravió hace mucho tiempo.

Era llena de afán y de tristeza, perfumada de violetas y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la besé. Hacía cerca de dos años que no me escribía, y ahora me llamaba a su lado con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos blasonados traían la huella de sus lágrimas, y la conservaron largo tiempo. La pobre Concha se moría

Vorschaukapitelretirada en el viejo Palacio de Brandeso, y me llamaba suspirando.Vorschau

Aquellas manos pálidas, olorosas, ideales, las manos que yo había amado tanto, volvían a escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros amores. Era una esperanza indecisa y nostálgica que llenaba mi

Vorschaukapitelvida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimeraVorschau

vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera

Inhaltsverzeichnis

In dieser Ausgabe

  1. 01Full text
  2. 02retirada en el viejo Palacio de Brandeso, y me llamaba suspirando.
  3. 03vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera
  4. 04dormida en el fondo de los lagos azules, donde se reflejan las estrellas
  5. 05dos hermanas llorando la misma pena e implorando una misma gracia. De
  6. 06mi cuello, su cabeza desmayaba en mi hombro, y lloraba, lloraba de amor,
  7. 07y de miedo a las penas eternas.
  8. 08llamaron a la puerta con grandes aldabadas, que en el silencio de las
  9. 09buscarme para ponernos en camino.
  10. 10nueve leguas de jornada y malos caminos de herradura, trasponiendo
  11. 11Quintana de San Clodio, acosados por el ladrido de los perros que
  12. 12empezaba la claridad del alba. Vi en lontananza unas lomas yermas y
  13. 13tristes, veladas por la niebla. Traspuestas aquellas, vi otras, y
  14. 14Prior, desfilaba una recua madrugadora, y el arriero, sentado a
  15. 15molinos de Gundar, y, como si aquello fuese nuestro feudo, llamamos
  16. 16cristianamente:
  17. 17humo, chisporroteando. En el fondo del muro, una puerta vieja y mal
  18. 18cerrada, con las losas del umbral blancas de harina, golpeaba sin
  19. 19alforjas colgadas de un hombro:
  20. 20cierra a llover no tendremos escampo hasta la noche.
  21. 21yantar!
  22. 22cantar en los labios. Era un abuelo con ojos bailadores y la guedeja de
  23. 23plata, alegre y picaresco como un libro de antiguos decires. Arrimaron
  24. 24al hogar toscos escabeles ahumados, y entre un coro de bendiciones
  25. 25humildes como las manos ungidas de las santas princesas! Al probar el
  26. 26torne a catarlo en su noble presencia.
  27. 27pondremos en camino.
  28. 28bendiciones con un musitar de rezo:
  29. 29alforjas en la cocina, mientras el molinero desataba las mulas y del
  30. 30la puerta a vernos partir:
  31. 31mantelo para resguardarla de la lluvia que comenzaba de nuevo, y se
  32. 32milenaria. Temblaba su carne, y los ojos fulguraban calenturientos bajo
  33. 33jardines, pero en los palacios del rey se mueren poco a poco...
  34. 34a su hija sobre un lado del camino para dejarle paso a mi mula:
  35. 35yerbas olorosas llenas de santidad, las que curan la saudade de las
  36. 36sepultura de Concha en el verde y oloroso cementerio de San Clodio de
  37. 37Brandeso!
  38. 38labrados en piedra, sobre la cornisa, cuatro escudos con las armas de
  39. 39sus abuelos! A la vista del Palacio, nuestras mulas fatigadas, trotaron
  40. 40alegremente hasta detenerse en la puerta llamando con el casco. Un
  41. 41todas las ventanas cerradas y los cristales iluminados por el sol. De
  42. 42nuevamente hacia el Palacio. Estaban cerradas todas las ventanas:
  43. 43del trigo con la tapa alzada. Al verme entrar los colonos se levantaron,
  44. 44murmurando con respeto:
  45. 45Y volvieron a sentarse lentamente, quedando en la sombra del muro que
  46. 46recibirme:
  47. 47Yo apenas pude murmurar:
  48. 48dientes, y tuvo que echarse.
  49. 49iluminada en el fondo del corredor:
  50. 50estancia con la voz angustiada:
  51. 51cercaba:
  52. 52contigo.
  53. 53dulzura amorosa y feliz.
  54. 54puse enferma!
  55. 55Yo la dije en voz baja:
  56. 56Y al mismo tiempo, con un movimiento gracioso de los ojos y de los
  57. 57fragancia delicada y antigua. En el fondo estaban los vestidos que
  58. 58Tuvo un ligero estremecimiento al hundirlos en las babuchas de marta, y
  59. 59color malva:
  60. 60exclamaba como encantada:
  61. 61hombros. Anduvo lentamente hacia el tocador, con ese andar de fantasma
  62. 62huesos!
  63. 63Yo repuse con pena:
  64. 64ruda de los criados viejos:
  65. 65una de sus manos, y, como en otro tiempo, mis labios recorrieron los
  66. 66del suelo. Nos contemplamos en el fondo de los ojos, que brillaban con
  67. 67acababa de arrastrar Teresina. Concha me dijo:
  68. 68lo dice tu carta!
  69. 69rotas en el fondo. Quise levantarme para consolarla, y me detuvo con un
  70. 70gesto. Entraba Teresina. Nos pusimos a comer en silencio. Concha, para
  71. 71Candelaria, que con las manos cruzadas sobre su delantal almidonado y
  72. 72desvanecieron en una queja. Vi que cerraba los ojos con angustiado
  73. 73noche.
  74. 74que estuvimos sin vernos. Una de esas vidas silenciosas y resignadas que
  75. 75separarnos! Ninguno de nosotros quiso recordar el pasado y permanecimos
  76. 76ahora me hace sonreir. Un hermoso gesto que ya tengo un poco olvidado,
  77. 77mejillas tristes, y la barba senatorial y augusta, puede quererme una
  78. 78parece criminal otra actitud que la de un viejo prelado, confesor de
  79. 79muy desgraciada. La pobre, dejando asomar a sus labios aquella sonrisa
  80. 80porque te vi llorar.
  81. 81ese miedo!
  82. 82orgullo!
  83. 83casi todo el pelo blanco!...
  84. 84recogerse la madeja de sus cabellos:
  85. 85hombros en una actitud resignada y noble que le era habitual. Yo me
  86. 86cuadros de santos y arcones antiguos. En un testero arrojaba cerco
  87. 87regazo, y la cabeza dormida sobre el pecho. Era Candelaria que al ruido
  88. 88Concha le dijo:
  89. 89antiguas colgaduras de damasco. Los ojos de Concha lo examinaron todo
  90. 90babuchas turcas cayeron de sus pies, sin dejarla posar en el suelo, la
  91. 91y blanco. La cabeza descansaba sobre la almohada, envuelta en una ola de
  92. 92cabellos negros que aumentaba la mate lividez del rostro, y su boca sin
  93. 93la apariencia espiritual de una santa muy bella consumida por la
  94. 94enfermo, los senos eran dos rosas blancas aromando un altar, y los
  95. 95rodeando su cabeza. Apoyado en las almohadas, la miraba dormir rendida y
  96. 96del alba penetraba por los balcones cerrados. En el techo las sombras
  97. 97apagaban consumidas en los candelabros de plata. Cerca de la cama, sobre
  98. 98esparcidas encima aquellas yerbas de virtud oculta, solamente conocida
  99. 99juntas las bocas y echadas las cabezas sobre la misma almohada. Concha
  100. 100recordaba haberla amado nunca en lo pasado, tan locamente como aquella
  101. 101noche.
  102. 102montera, preguntando respetuoso y humilde:
  103. 103dos manos:
  104. 104siervo de la gleba:
  105. 105a otra, sumido en hondas cavilaciones:
  106. 106en un palacio, educar los mirlos, amaestrar los hurones, ser ayo de un
  107. 107pie de la solana:
  108. 108seculares dibujaban los cuatro escudos del fundador, en torno de una
  109. 109madrigales, cuando las manos blancas que en los viejos retratos
  110. 110si danzasen invisibles hadas. Concha estaba al pie de la escalinata,
  111. 111Yo le dije sonriendo:
  112. 112arrojando como una lluvia las rosas deshojadas en su falda. Recorrimos
  113. 113amarillentas, que el viento arrastraba delante de nosotros con un largo
  114. 114sol sobre los bancos de piedra: Las flores empezaban a marchitarse en
  115. 115las versallescas canastillas recamadas de mirto, y exhalaban ese aroma
  116. 116laberinto murmuraba la fuente rodeada de cipreses, y el arrullo del
  117. 117recogimiento y de abandono. Concha me dijo:
  118. 118Nos sentamos a la sombra de las acacias, en un banco de piedra cubierto
  119. 119Sobre la clave del arco se alzaban dos quimeras manchadas de musgo, y un
  120. 120Ella dijo, con una alegre risa.
  121. 121en un cuento.
  122. 122nublarse. Volvimos al Palacio.
  123. 123es casi todo de estilo plateresco. Un Palacio a la italiana con
  124. 124miradores, fuentes y jardines, mandado edificar por el Obispo de Corinto
  125. 125por la herencia del Palacio. No estoy seguro, porque mi abuelo sostuvo
  126. 126torre, otras en la terraza, otras en el mirador que daba al camino y al
  127. 127escalinata, las palomas remontaron el vuelo y fueron a posarse sobre la
  128. 128piedra de armas. El sol dejaba un reflejo dorado en los cristales, los
  129. 129salones con antiguos cortinajes de damasco, espejos nebulosos y retratos
  130. 130abadesas, torvos capitanes. En aquellas estancias nuestros pasos
  131. 131resonaban como en las iglesias desiertas, y al abrirse lentamente las
  132. 132corcho el estrado, nuestras pisadas no despertaron rumor alguno:
  133. 133encantado, y los personajes de los retratos, aquellos obispos
  134. 134fundadores, aquellas tristes damiselas, aquellos avellanados mayorazgos
  135. 135desmantelada, con arcones antiguos. En un testero arrojaba cerco
  136. 136gesto:
  137. 137digas nada...
  138. 138los candelabros de plata, y los daguerreotipos llenos de un misterio
  139. 139claras y grandes antesalas, por los corredores oscuros, flanqueados con
  140. 140angostas ventanas de montante donde arrullaban las palomas!...
  141. 141una hora ya me miraba sonriendo con amorosa languidez. Descansando
  142. 142dije por consolarla:
  143. 143encantos de otro tiempo, purificados por una divina palidez de enferma.
  144. 144rezos, mis labios cantaron los primeros el triunfo del amor y su
  145. 145verso, los treinta y dos sonetos de Pietro Aretino. Aquel capullo blanco
  146. 146amantes que ni siquiera pueden servirnos de precursores, y bien sabe
  147. 147Dios que la perversidad, esa rosa sangrienta, es una flor que nunca se
  148. 148de pasar por soberbio entre algunas mujeres. Pero la pobre Concha nunca
  149. 149muy baja me dijo:
  150. 150quiero que me sobrevivan.
  151. 151Era un cofre de plata, labrado con la suntuosidad decadente del siglo
  152. 152ojos:
  153. 153atrocidad!
  154. 154fresca, sensual, alegre:
  155. 155Al fin, tuve el valor de confesar la verdad:
  156. 156buen humor.
  157. 157para nosotros: Yo me he resistido siempre a quemar las cartas de amores.
  158. 158cofre de plata, con las joyas de familia las heredaron sus hijas.
  159. 159cementerio. La pobre Concha hablaba de morir sin creer en ello. Yo me
  160. 160burlaba:
  161. 161tienes encantado en tu Palacio. Si quieres que no se rompa el encanto,
  162. 162has de hacer de mi vida un cuento alegre.
  163. 163estribos:
  164. 164escribano.
  165. 165Florisel, que bajaba corriendo para abrir la cancela, se detuvo a mirar
  166. 166revestida de yedra. Al pasar por nuestro lado, sin levantar los ojos,
  167. 167Se detuvo temblando.
  168. 168las manos enlazadas. En medio de aquel recogimiento sonaron en el
  169. 169La vieja repuso, bajando la voz:
  170. 170cruz, y nosotros volvimos a escuchar el canto de la fuente que le
  171. 171estrellas, y una fuente negra con aguas de plata. Concha me dijo:
  172. 172No recuerdo una sonrisa tan triste en los labios de Concha:
  173. 173contemplando sus manos:
  174. 174tarde, y sea porque hay tormenta o porque tenemos miedo a los ladrones,
  175. 175te quedas en el Palacio, como nuestro caballero.
  176. 176mujercitas.
  177. 177que consultar a Florisel.
  178. 178vieja riveirana los mirlos que cuidaba Florisel. En el silencio de la
  179. 179noche, aquel ritmo alegre y campesino evocaba el recuerdo de las felices
  180. 180Pronto se detuvo suspirando:
  181. 181mis labios con sus labios marchitos.
  182. 182noble resistencia de una diosa para el placer. Aquella noche la llama de
  183. 183temblaba tanto, quise dar calor a todo su cuerpo con mis labios, y mi
  184. 184comulgar su vida. Con voluptuosidad dolorosa y no gustada hasta
  185. 185un libro de sermones compuesto por el Obispo de Corinto, Don Pedro de
  186. 186corredor:
  187. 187en el umbral, sacudiendo el agua que goteaba de su montecristo:
  188. 188ciego!
  189. 189pasos por la biblioteca, haciendo sonar las espuelas. Se detuvo de
  190. 190pronto:
  191. 191Brandeso!
  192. 192haciendo la vida de todos los mayorazgos campesinos, chalaneando en las
  193. 193tinto de la Fontela, guardado en una vieja cuba que acordaba el tiempo
  194. 194se detuvo en medio de la biblioteca:
  195. 195y la cruz de Calatrava en el fondo. Uno de esos vasos pesados y
  196. 196antiguos, que recuerdan los refectorios de los conventos. Don Juan
  197. 197no sabe una palabra de esas cosas!
  198. 198Montenegro!
  199. 199cerrados por vidrieras de colores le flanqueaban con ese artificio del
  200. 200tormenta, en medio de una nevada y en medio de un aguacero. Aquella
  201. 201la dama piadosa y triste que entonces habitaba el Palacio. Recuerdo
  202. 202que Concha estaba perdida, y el agua de la fuente eran todas las
  203. 203hacia la puerta del mirador. Sobre su cabeza volaron las palomas como un
  204. 204medio de los aguaceros, iba por los caminos la gente de las aldeas. Una
  205. 205pastora con dengue de grana guiaba sus carneros hacia la iglesia de San
  206. 206riendas un caballo viejo, prudente, reflexivo y grave como un
  207. 207hombros la melena merovingia como Espronceda y como Zorrilla, nunca
  208. 208sin edad!...
  209. 209creciente de la luna ya comenzaba a lucir en aquel cielo triste y
  210. 210de herradura, pedregoso y con grandes charcos, ante los cuales se
  211. 211y arreaban a un lado sus ovejas para dejarnos paso. Don Juan Manuel iba
  212. 212se mostraba inquieto y no acostumbrado a la silla. Era un tordo montaraz
  213. 213destreza.
  214. 214A medio camino se nos hizo completamente de noche. Don Juan Manuel
  215. 215malos pasos alzase su poderosa voz para advertirme que refrenase mi
  216. 216cuerpo de Don Juan Manuel pasaba batiendo contra ellos. Era una cuesta
  217. 217que saltaban bajo las herraduras del potro. Al fin, atropellando por
  218. 218el camino. El potro se detuvo cubierto de sudor, relinchando y con los
  219. 219Juan Manuel se resbalaba y tuve que atravesarle mejor sobre la silla. Me
  220. 220Los tres respondieron a coro.
  221. 221llegaron a Viana en la barca de Flavia-Longa.
  222. 222camino, para dejarme paso. Cuando vieron el cuerpo de Don Juan Manuel
  223. 223embargo, interrogarme. Debieron presumir que era alguno a quien yo
  224. 224echase pie a tierra para tenerme el caballo, en tanto que yo daba aviso
  225. 225temeroso respeto:
  226. 226bajo la secular avenida. Los espoliques se despidieron:
  227. 227cruzaban dos criados hablando en dialecto. El que iba delante llevaba un
  228. 228la humosa llama de aceite iluminaba con temblona claridad la tierra
  229. 229mojada, y los zuecos de los dos aldeanos. Hablando en voz baja se
  230. 230detuvieron un momento ante la escalinata, y al reconocernos,
  231. 231adelantaron con el farol en alto para poder alumbrarnos, desde lejos,
  232. 232el camino. Eran los dos zagales del ganado que iban repartiendo por los
  233. 233con torpe y asustadizo respeto bajaron del caballo a Don Juan Manuel. El
  234. 234farol alumbraba colocado sobre el balaustral de la escalinata. El
  235. 235para prevenir a Concha.
  236. 236propicia para poder asustarse!
  237. 237princesas infantiles pintadas por el Tiziano en la vejez. La mayor se
  238. 238llegada de mis hijas?...
  239. 239Al mismo tiempo Concha dejaba preso en la trenza de su hija el peine de
  240. 240Isabel:
  241. 241que no se haya matado!
  242. 242Yo le dije:
  243. 243Entre Candelaria y Florisel le han acostado.
  244. 244madre le dijo:
  245. 245tocador.
  246. 246estaba sentada sobre la alfombra con la sien reclinada en las rodillas
  247. 247Y Candelaria, con su bondadosa sonrisa de sierva vieja y familiar, le
  248. 248dos:
  249. 249Candelaria, con las manos cruzadas sobre su delantal blanco y rizado,
  250. 250Juan Manuel:
  251. 251escrupulosa y devota:
  252. 252su tarea. Concha e Isabel secreteaban. Daba las diez un reloj, y sobre
  253. 253llama alegre y ligera pasaba corriendo sobre ellos.
  254. 254pasado y recordaban cosas lejanas. Era un largo y susurrador comento
  255. 255Condesa de Cela, enamorada locamente de un estudiante, de Amelia
  256. 256en su palacio a la viuda de un general carlista, ayudante del Rey! Yo
  257. 257femenina, hasta que tornaban a dirigirme otra pregunta:
  258. 258el fuego de la chimenea. En medio de un largo silencio, Concha se
  259. 259joyero, con las sortijas y el rosario:
  260. 260Isabel, con el cabello suelto como un angelote sepultado en ondas de
  261. 261oro:
  262. 262familiar respeto:
  263. 263Y Concha nos miraba vacilante, deseosa por complacer a su hija:
  264. 264curiosidad:
  265. 265hospedarse en el Palacio de Brandeso, y con los ojos muy tristes se
  266. 266dijo en voz baja:
  267. 267Concha.
  268. 268inteligencia, y vi florecer las rosas en sus mejillas.
  269. 269la traigo conmigo.
  270. 270la puerta sin ruido. Concha se detuvo en medio de la estancia,
  271. 271antorcha en el viento:
  272. 272hijo!...
  273. 273mayorazga y querer perpetuar sus blasones tan esclarecidos como los de
  274. 274fundaciones vinculares de su casa, hubiera entrado en un convento, y
  275. 275horas hilando en su rueca de palo santo, olorosa y noble. Sobre sus
  276. 276labios marchitos vagaba siempre el temblor de un rezo. Culpaba a Concha
  277. 277Palacio de Brandeso!... Concha no cesaba de lamentarse:
  278. 278como cristales de una joya rota. Los suspiros entrecortaban su voz. Mis
  279. 279y suspirante:
  280. 280tu madre que el suyo...
  281. 281nosotros!
  282. 282duerme Isabel.
  283. 283resplandor:
  284. 284verdoso de la pesadilla daba vueltas sin cesar, como el huso de las
  285. 285Pasaron corriendo ante las tres puertas: Una voz las llamaba desde el
  286. 286una manera dolorosa toda voluntad, yo columbraba que mi pensamiento iba
  287. 287para presentar sus respetos a mis nobles primas:
  288. 288Y el Abad contestaba bajando la escalinata:
  289. 289eche usted en olvido!...
  290. 290Sumiller, si viene por el Palacio. Me ha encargado el secreto...
  291. 291Concha e Isabel pasaron ante las tres puertas. Sus voces eran un
  292. 292dejarlos sueltos en el Palacio:
  293. 293divertimiento!
  294. 294princesas infantiles que perfuman la leyenda dorada como lirios de azul
  295. 295Yo no pude menos de reirme:
  296. 296pichones y soltarlos en las estancias del Palacio. Aquel juego que amaba
  297. 297cristales del mirador dorados por el sol y las palomas volando sobre
  298. 298reunidos en el hueco de una ventana contemplando el cielo y el campo,
  299. 299Isabel repuso sonriendo:
  300. 300arrepentida:
  301. 301bella, no quisiera verla nunca curada...
  302. 302besarme:
  303. 303mucho!
  304. 304perfume de flor que se deshojaba:
  305. 305muy afligida:
  306. 306cara pegada a los cristales miraban llover. Las nubes pesadas y
  307. 307temblar en un rayo de anaranjada luz. Candelaria con la falda recogida y
  308. 308cogiendo rosas para el altar de la capilla.
  309. 309retablo campeaba un escudo de diez y seis cuarteles, esmaltados de gules
  310. 310y de azur, de sable y de sinople, de oro y de plata. Era el escudo
  311. 311Brandeso los hombres fuesen crueles y las mujeres piadosas!
  312. 312bordada de oro brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental.
  313. 313Concha quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los
  314. 314pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas, como ofrenda de su
  315. 315La tarde agonizaba y las oraciones resonaban en la silenciosa oscuridad
  316. 316bosques y en los lagos...
  317. 317cabellos:
  318. 318una reina tiene tantos enemigos!
  319. 319Vi pasar una sonrisa por sus ojos:
  320. 320se deshizo, y levantando entre las manos albas la onda negra, perfumada
  321. 321hasta morir!...
  322. 322la negra y olorosa trenza:
  323. 323angustiados y sin luz:
  324. 324una mueca cruel:
  325. 325sin osar moverme:
  326. 326oscuridad con el cabello erizado, mientras en el fondo de la alcoba
  327. 327el viento se quejaba en el laberinto como un alma en pena, y las nubes
  328. 328nuestras vidas.
  329. 329tientas palpando el muro con las manos. Era tan leve el rumor de mis
  330. 330de luz, que marcaba sobre la negra oscuridad del suelo la puerta de la
  331. 331parpadeaba en un vaso de cristal, mis ojos distinguieron hacia el fondo
  332. 332nebuloso de la estancia un lecho de madera. En medio del silencio,
  333. 333Un rizo de mi prima Isabel me rozaba los labios, suave y tentador. Creo
  334. 334doloroso y tan poco galante desmentirla! Era Isabel muy piadosa, y el
  335. 335como entonces, con la mueca macabra de esos enanos patizambos que a la
  336. 336luz de la luna hacen cabriolas sobre las chimeneas de los viejos
  337. 337empezaban a palidecer las estrellas, y en el candelabro de plata el
  338. 338cimas mustias, y la luna pasaba entre ellos fugitiva y blanca como alma
  339. 339Para llegar hasta la alcoba de Concha era forzoso dar vuelta a todo el
  340. 340luna llegaba hasta el fondo desierto de las estancias. Yo iba pasando
  341. 341emplomados vidrios, llorosos y tristes. Al cruzar por delante de los
  342. 342frente. A veces, la oscuridad de los salones era tan densa que me
  343. 343sosteniendo el cuerpo de Concha en un solo brazo y con el otro extendido
  344. 344se rompieron los queridos y olorosos cabellos...
  345. 345misteriosa, perfumada y tibia, como si guardase el secreto galante de
  346. 346juvenil de los recuerdos, no posa en el suelo, flota en una onda de
  347. 347ha sido nunca otra cosa que un pomo de divino esmalte, lleno de
  348. 348afroditas y nupciales esencias?
  349. 349los cristales llorosos y tristes. Bajo el viento de la sierra, el abeto
  350. 350Algunos perros ladraron en los agros cercanos. Las palomas
  351. 351plumaje del pecho brotaba viva la sangre... Con el milano en triunfo se
  352. 352Ellas desde la puerta se volvieron sonrientes y felices:
  353. 353de luz, cuando en el fondo del Palacio se levantaron gemidos inocentes,
  354. 354extinguirse su culto.

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