Spanisch Ausgabe
Literatur
Sonata de otoño
BooksWhale-Ausgabe auf Spanisch von Ramón del Valle-Inclán
A Spanish modernist novella of memory, desire, decline, and the decadent voice of the Marqués de Bradomín.
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Sonata de otoño
Sonata de otoño presents the autumnal memories of the Marqués de Bradomín as he returns to the dying Concha and to a world of faded aristocratic passion. Valle-Inclán’s lyrical prose, erotic melancholy, and modernist atmosphere make it one of the essential Spanish Sonatas.
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Ramón del Valle-Inclán died in 1936, and Sonata de otoño was published in 1902. The restored Spanish text uses a Project Gutenberg public-domain transcription and keeps only Sonata de otoño.
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Sonata de otoño
Sonata de otoño Mi Amor Adorado, estoy muriéndome y sólo deseo verte!" ¡Ay! Aquella carta de la pobre Concha se me extravió hace mucho tiempo.
Era llena de afán y de tristeza, perfumada de violetas y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la besé. Hacía cerca de dos años que no me escribía, y ahora me llamaba a su lado con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos blasonados traían la huella de sus lágrimas, y la conservaron largo tiempo. La pobre Concha se moría
Vorschaukapitelretirada en el viejo Palacio de Brandeso, y me llamaba suspirando.Vorschau
Aquellas manos pálidas, olorosas, ideales, las manos que yo había amado tanto, volvían a escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros amores. Era una esperanza indecisa y nostálgica que llenaba mi
Vorschaukapitelvida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimeraVorschau
vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera
Inhaltsverzeichnis
In dieser Ausgabe
- 01Full text
- 02retirada en el viejo Palacio de Brandeso, y me llamaba suspirando.
- 03vida con un aroma de fe: Era la quimera del porvenir, la dulce quimera
- 04dormida en el fondo de los lagos azules, donde se reflejan las estrellas
- 05dos hermanas llorando la misma pena e implorando una misma gracia. De
- 06mi cuello, su cabeza desmayaba en mi hombro, y lloraba, lloraba de amor,
- 07y de miedo a las penas eternas.
- 08llamaron a la puerta con grandes aldabadas, que en el silencio de las
- 09buscarme para ponernos en camino.
- 10nueve leguas de jornada y malos caminos de herradura, trasponiendo
- 11Quintana de San Clodio, acosados por el ladrido de los perros que
- 12empezaba la claridad del alba. Vi en lontananza unas lomas yermas y
- 13tristes, veladas por la niebla. Traspuestas aquellas, vi otras, y
- 14Prior, desfilaba una recua madrugadora, y el arriero, sentado a
- 15molinos de Gundar, y, como si aquello fuese nuestro feudo, llamamos
- 16cristianamente:
- 17humo, chisporroteando. En el fondo del muro, una puerta vieja y mal
- 18cerrada, con las losas del umbral blancas de harina, golpeaba sin
- 19alforjas colgadas de un hombro:
- 20cierra a llover no tendremos escampo hasta la noche.
- 21yantar!
- 22cantar en los labios. Era un abuelo con ojos bailadores y la guedeja de
- 23plata, alegre y picaresco como un libro de antiguos decires. Arrimaron
- 24al hogar toscos escabeles ahumados, y entre un coro de bendiciones
- 25humildes como las manos ungidas de las santas princesas! Al probar el
- 26torne a catarlo en su noble presencia.
- 27pondremos en camino.
- 28bendiciones con un musitar de rezo:
- 29alforjas en la cocina, mientras el molinero desataba las mulas y del
- 30la puerta a vernos partir:
- 31mantelo para resguardarla de la lluvia que comenzaba de nuevo, y se
- 32milenaria. Temblaba su carne, y los ojos fulguraban calenturientos bajo
- 33jardines, pero en los palacios del rey se mueren poco a poco...
- 34a su hija sobre un lado del camino para dejarle paso a mi mula:
- 35yerbas olorosas llenas de santidad, las que curan la saudade de las
- 36sepultura de Concha en el verde y oloroso cementerio de San Clodio de
- 37Brandeso!
- 38labrados en piedra, sobre la cornisa, cuatro escudos con las armas de
- 39sus abuelos! A la vista del Palacio, nuestras mulas fatigadas, trotaron
- 40alegremente hasta detenerse en la puerta llamando con el casco. Un
- 41todas las ventanas cerradas y los cristales iluminados por el sol. De
- 42nuevamente hacia el Palacio. Estaban cerradas todas las ventanas:
- 43del trigo con la tapa alzada. Al verme entrar los colonos se levantaron,
- 44murmurando con respeto:
- 45Y volvieron a sentarse lentamente, quedando en la sombra del muro que
- 46recibirme:
- 47Yo apenas pude murmurar:
- 48dientes, y tuvo que echarse.
- 49iluminada en el fondo del corredor:
- 50estancia con la voz angustiada:
- 51cercaba:
- 52contigo.
- 53dulzura amorosa y feliz.
- 54puse enferma!
- 55Yo la dije en voz baja:
- 56Y al mismo tiempo, con un movimiento gracioso de los ojos y de los
- 57fragancia delicada y antigua. En el fondo estaban los vestidos que
- 58Tuvo un ligero estremecimiento al hundirlos en las babuchas de marta, y
- 59color malva:
- 60exclamaba como encantada:
- 61hombros. Anduvo lentamente hacia el tocador, con ese andar de fantasma
- 62huesos!
- 63Yo repuse con pena:
- 64ruda de los criados viejos:
- 65una de sus manos, y, como en otro tiempo, mis labios recorrieron los
- 66del suelo. Nos contemplamos en el fondo de los ojos, que brillaban con
- 67acababa de arrastrar Teresina. Concha me dijo:
- 68lo dice tu carta!
- 69rotas en el fondo. Quise levantarme para consolarla, y me detuvo con un
- 70gesto. Entraba Teresina. Nos pusimos a comer en silencio. Concha, para
- 71Candelaria, que con las manos cruzadas sobre su delantal almidonado y
- 72desvanecieron en una queja. Vi que cerraba los ojos con angustiado
- 73noche.
- 74que estuvimos sin vernos. Una de esas vidas silenciosas y resignadas que
- 75separarnos! Ninguno de nosotros quiso recordar el pasado y permanecimos
- 76ahora me hace sonreir. Un hermoso gesto que ya tengo un poco olvidado,
- 77mejillas tristes, y la barba senatorial y augusta, puede quererme una
- 78parece criminal otra actitud que la de un viejo prelado, confesor de
- 79muy desgraciada. La pobre, dejando asomar a sus labios aquella sonrisa
- 80porque te vi llorar.
- 81ese miedo!
- 82orgullo!
- 83casi todo el pelo blanco!...
- 84recogerse la madeja de sus cabellos:
- 85hombros en una actitud resignada y noble que le era habitual. Yo me
- 86cuadros de santos y arcones antiguos. En un testero arrojaba cerco
- 87regazo, y la cabeza dormida sobre el pecho. Era Candelaria que al ruido
- 88Concha le dijo:
- 89antiguas colgaduras de damasco. Los ojos de Concha lo examinaron todo
- 90babuchas turcas cayeron de sus pies, sin dejarla posar en el suelo, la
- 91y blanco. La cabeza descansaba sobre la almohada, envuelta en una ola de
- 92cabellos negros que aumentaba la mate lividez del rostro, y su boca sin
- 93la apariencia espiritual de una santa muy bella consumida por la
- 94enfermo, los senos eran dos rosas blancas aromando un altar, y los
- 95rodeando su cabeza. Apoyado en las almohadas, la miraba dormir rendida y
- 96del alba penetraba por los balcones cerrados. En el techo las sombras
- 97apagaban consumidas en los candelabros de plata. Cerca de la cama, sobre
- 98esparcidas encima aquellas yerbas de virtud oculta, solamente conocida
- 99juntas las bocas y echadas las cabezas sobre la misma almohada. Concha
- 100recordaba haberla amado nunca en lo pasado, tan locamente como aquella
- 101noche.
- 102montera, preguntando respetuoso y humilde:
- 103dos manos:
- 104siervo de la gleba:
- 105a otra, sumido en hondas cavilaciones:
- 106en un palacio, educar los mirlos, amaestrar los hurones, ser ayo de un
- 107pie de la solana:
- 108seculares dibujaban los cuatro escudos del fundador, en torno de una
- 109madrigales, cuando las manos blancas que en los viejos retratos
- 110si danzasen invisibles hadas. Concha estaba al pie de la escalinata,
- 111Yo le dije sonriendo:
- 112arrojando como una lluvia las rosas deshojadas en su falda. Recorrimos
- 113amarillentas, que el viento arrastraba delante de nosotros con un largo
- 114sol sobre los bancos de piedra: Las flores empezaban a marchitarse en
- 115las versallescas canastillas recamadas de mirto, y exhalaban ese aroma
- 116laberinto murmuraba la fuente rodeada de cipreses, y el arrullo del
- 117recogimiento y de abandono. Concha me dijo:
- 118Nos sentamos a la sombra de las acacias, en un banco de piedra cubierto
- 119Sobre la clave del arco se alzaban dos quimeras manchadas de musgo, y un
- 120Ella dijo, con una alegre risa.
- 121en un cuento.
- 122nublarse. Volvimos al Palacio.
- 123es casi todo de estilo plateresco. Un Palacio a la italiana con
- 124miradores, fuentes y jardines, mandado edificar por el Obispo de Corinto
- 125por la herencia del Palacio. No estoy seguro, porque mi abuelo sostuvo
- 126torre, otras en la terraza, otras en el mirador que daba al camino y al
- 127escalinata, las palomas remontaron el vuelo y fueron a posarse sobre la
- 128piedra de armas. El sol dejaba un reflejo dorado en los cristales, los
- 129salones con antiguos cortinajes de damasco, espejos nebulosos y retratos
- 130abadesas, torvos capitanes. En aquellas estancias nuestros pasos
- 131resonaban como en las iglesias desiertas, y al abrirse lentamente las
- 132corcho el estrado, nuestras pisadas no despertaron rumor alguno:
- 133encantado, y los personajes de los retratos, aquellos obispos
- 134fundadores, aquellas tristes damiselas, aquellos avellanados mayorazgos
- 135desmantelada, con arcones antiguos. En un testero arrojaba cerco
- 136gesto:
- 137digas nada...
- 138los candelabros de plata, y los daguerreotipos llenos de un misterio
- 139claras y grandes antesalas, por los corredores oscuros, flanqueados con
- 140angostas ventanas de montante donde arrullaban las palomas!...
- 141una hora ya me miraba sonriendo con amorosa languidez. Descansando
- 142dije por consolarla:
- 143encantos de otro tiempo, purificados por una divina palidez de enferma.
- 144rezos, mis labios cantaron los primeros el triunfo del amor y su
- 145verso, los treinta y dos sonetos de Pietro Aretino. Aquel capullo blanco
- 146amantes que ni siquiera pueden servirnos de precursores, y bien sabe
- 147Dios que la perversidad, esa rosa sangrienta, es una flor que nunca se
- 148de pasar por soberbio entre algunas mujeres. Pero la pobre Concha nunca
- 149muy baja me dijo:
- 150quiero que me sobrevivan.
- 151Era un cofre de plata, labrado con la suntuosidad decadente del siglo
- 152ojos:
- 153atrocidad!
- 154fresca, sensual, alegre:
- 155Al fin, tuve el valor de confesar la verdad:
- 156buen humor.
- 157para nosotros: Yo me he resistido siempre a quemar las cartas de amores.
- 158cofre de plata, con las joyas de familia las heredaron sus hijas.
- 159cementerio. La pobre Concha hablaba de morir sin creer en ello. Yo me
- 160burlaba:
- 161tienes encantado en tu Palacio. Si quieres que no se rompa el encanto,
- 162has de hacer de mi vida un cuento alegre.
- 163estribos:
- 164escribano.
- 165Florisel, que bajaba corriendo para abrir la cancela, se detuvo a mirar
- 166revestida de yedra. Al pasar por nuestro lado, sin levantar los ojos,
- 167Se detuvo temblando.
- 168las manos enlazadas. En medio de aquel recogimiento sonaron en el
- 169La vieja repuso, bajando la voz:
- 170cruz, y nosotros volvimos a escuchar el canto de la fuente que le
- 171estrellas, y una fuente negra con aguas de plata. Concha me dijo:
- 172No recuerdo una sonrisa tan triste en los labios de Concha:
- 173contemplando sus manos:
- 174tarde, y sea porque hay tormenta o porque tenemos miedo a los ladrones,
- 175te quedas en el Palacio, como nuestro caballero.
- 176mujercitas.
- 177que consultar a Florisel.
- 178vieja riveirana los mirlos que cuidaba Florisel. En el silencio de la
- 179noche, aquel ritmo alegre y campesino evocaba el recuerdo de las felices
- 180Pronto se detuvo suspirando:
- 181mis labios con sus labios marchitos.
- 182noble resistencia de una diosa para el placer. Aquella noche la llama de
- 183temblaba tanto, quise dar calor a todo su cuerpo con mis labios, y mi
- 184comulgar su vida. Con voluptuosidad dolorosa y no gustada hasta
- 185un libro de sermones compuesto por el Obispo de Corinto, Don Pedro de
- 186corredor:
- 187en el umbral, sacudiendo el agua que goteaba de su montecristo:
- 188ciego!
- 189pasos por la biblioteca, haciendo sonar las espuelas. Se detuvo de
- 190pronto:
- 191Brandeso!
- 192haciendo la vida de todos los mayorazgos campesinos, chalaneando en las
- 193tinto de la Fontela, guardado en una vieja cuba que acordaba el tiempo
- 194se detuvo en medio de la biblioteca:
- 195y la cruz de Calatrava en el fondo. Uno de esos vasos pesados y
- 196antiguos, que recuerdan los refectorios de los conventos. Don Juan
- 197no sabe una palabra de esas cosas!
- 198Montenegro!
- 199cerrados por vidrieras de colores le flanqueaban con ese artificio del
- 200tormenta, en medio de una nevada y en medio de un aguacero. Aquella
- 201la dama piadosa y triste que entonces habitaba el Palacio. Recuerdo
- 202que Concha estaba perdida, y el agua de la fuente eran todas las
- 203hacia la puerta del mirador. Sobre su cabeza volaron las palomas como un
- 204medio de los aguaceros, iba por los caminos la gente de las aldeas. Una
- 205pastora con dengue de grana guiaba sus carneros hacia la iglesia de San
- 206riendas un caballo viejo, prudente, reflexivo y grave como un
- 207hombros la melena merovingia como Espronceda y como Zorrilla, nunca
- 208sin edad!...
- 209creciente de la luna ya comenzaba a lucir en aquel cielo triste y
- 210de herradura, pedregoso y con grandes charcos, ante los cuales se
- 211y arreaban a un lado sus ovejas para dejarnos paso. Don Juan Manuel iba
- 212se mostraba inquieto y no acostumbrado a la silla. Era un tordo montaraz
- 213destreza.
- 214A medio camino se nos hizo completamente de noche. Don Juan Manuel
- 215malos pasos alzase su poderosa voz para advertirme que refrenase mi
- 216cuerpo de Don Juan Manuel pasaba batiendo contra ellos. Era una cuesta
- 217que saltaban bajo las herraduras del potro. Al fin, atropellando por
- 218el camino. El potro se detuvo cubierto de sudor, relinchando y con los
- 219Juan Manuel se resbalaba y tuve que atravesarle mejor sobre la silla. Me
- 220Los tres respondieron a coro.
- 221llegaron a Viana en la barca de Flavia-Longa.
- 222camino, para dejarme paso. Cuando vieron el cuerpo de Don Juan Manuel
- 223embargo, interrogarme. Debieron presumir que era alguno a quien yo
- 224echase pie a tierra para tenerme el caballo, en tanto que yo daba aviso
- 225temeroso respeto:
- 226bajo la secular avenida. Los espoliques se despidieron:
- 227cruzaban dos criados hablando en dialecto. El que iba delante llevaba un
- 228la humosa llama de aceite iluminaba con temblona claridad la tierra
- 229mojada, y los zuecos de los dos aldeanos. Hablando en voz baja se
- 230detuvieron un momento ante la escalinata, y al reconocernos,
- 231adelantaron con el farol en alto para poder alumbrarnos, desde lejos,
- 232el camino. Eran los dos zagales del ganado que iban repartiendo por los
- 233con torpe y asustadizo respeto bajaron del caballo a Don Juan Manuel. El
- 234farol alumbraba colocado sobre el balaustral de la escalinata. El
- 235para prevenir a Concha.
- 236propicia para poder asustarse!
- 237princesas infantiles pintadas por el Tiziano en la vejez. La mayor se
- 238llegada de mis hijas?...
- 239Al mismo tiempo Concha dejaba preso en la trenza de su hija el peine de
- 240Isabel:
- 241que no se haya matado!
- 242Yo le dije:
- 243Entre Candelaria y Florisel le han acostado.
- 244madre le dijo:
- 245tocador.
- 246estaba sentada sobre la alfombra con la sien reclinada en las rodillas
- 247Y Candelaria, con su bondadosa sonrisa de sierva vieja y familiar, le
- 248dos:
- 249Candelaria, con las manos cruzadas sobre su delantal blanco y rizado,
- 250Juan Manuel:
- 251escrupulosa y devota:
- 252su tarea. Concha e Isabel secreteaban. Daba las diez un reloj, y sobre
- 253llama alegre y ligera pasaba corriendo sobre ellos.
- 254pasado y recordaban cosas lejanas. Era un largo y susurrador comento
- 255Condesa de Cela, enamorada locamente de un estudiante, de Amelia
- 256en su palacio a la viuda de un general carlista, ayudante del Rey! Yo
- 257femenina, hasta que tornaban a dirigirme otra pregunta:
- 258el fuego de la chimenea. En medio de un largo silencio, Concha se
- 259joyero, con las sortijas y el rosario:
- 260Isabel, con el cabello suelto como un angelote sepultado en ondas de
- 261oro:
- 262familiar respeto:
- 263Y Concha nos miraba vacilante, deseosa por complacer a su hija:
- 264curiosidad:
- 265hospedarse en el Palacio de Brandeso, y con los ojos muy tristes se
- 266dijo en voz baja:
- 267Concha.
- 268inteligencia, y vi florecer las rosas en sus mejillas.
- 269la traigo conmigo.
- 270la puerta sin ruido. Concha se detuvo en medio de la estancia,
- 271antorcha en el viento:
- 272hijo!...
- 273mayorazga y querer perpetuar sus blasones tan esclarecidos como los de
- 274fundaciones vinculares de su casa, hubiera entrado en un convento, y
- 275horas hilando en su rueca de palo santo, olorosa y noble. Sobre sus
- 276labios marchitos vagaba siempre el temblor de un rezo. Culpaba a Concha
- 277Palacio de Brandeso!... Concha no cesaba de lamentarse:
- 278como cristales de una joya rota. Los suspiros entrecortaban su voz. Mis
- 279y suspirante:
- 280tu madre que el suyo...
- 281nosotros!
- 282duerme Isabel.
- 283resplandor:
- 284verdoso de la pesadilla daba vueltas sin cesar, como el huso de las
- 285Pasaron corriendo ante las tres puertas: Una voz las llamaba desde el
- 286una manera dolorosa toda voluntad, yo columbraba que mi pensamiento iba
- 287para presentar sus respetos a mis nobles primas:
- 288Y el Abad contestaba bajando la escalinata:
- 289eche usted en olvido!...
- 290Sumiller, si viene por el Palacio. Me ha encargado el secreto...
- 291Concha e Isabel pasaron ante las tres puertas. Sus voces eran un
- 292dejarlos sueltos en el Palacio:
- 293divertimiento!
- 294princesas infantiles que perfuman la leyenda dorada como lirios de azul
- 295Yo no pude menos de reirme:
- 296pichones y soltarlos en las estancias del Palacio. Aquel juego que amaba
- 297cristales del mirador dorados por el sol y las palomas volando sobre
- 298reunidos en el hueco de una ventana contemplando el cielo y el campo,
- 299Isabel repuso sonriendo:
- 300arrepentida:
- 301bella, no quisiera verla nunca curada...
- 302besarme:
- 303mucho!
- 304perfume de flor que se deshojaba:
- 305muy afligida:
- 306cara pegada a los cristales miraban llover. Las nubes pesadas y
- 307temblar en un rayo de anaranjada luz. Candelaria con la falda recogida y
- 308cogiendo rosas para el altar de la capilla.
- 309retablo campeaba un escudo de diez y seis cuarteles, esmaltados de gules
- 310y de azur, de sable y de sinople, de oro y de plata. Era el escudo
- 311Brandeso los hombres fuesen crueles y las mujeres piadosas!
- 312bordada de oro brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental.
- 313Concha quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los
- 314pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas, como ofrenda de su
- 315La tarde agonizaba y las oraciones resonaban en la silenciosa oscuridad
- 316bosques y en los lagos...
- 317cabellos:
- 318una reina tiene tantos enemigos!
- 319Vi pasar una sonrisa por sus ojos:
- 320se deshizo, y levantando entre las manos albas la onda negra, perfumada
- 321hasta morir!...
- 322la negra y olorosa trenza:
- 323angustiados y sin luz:
- 324una mueca cruel:
- 325sin osar moverme:
- 326oscuridad con el cabello erizado, mientras en el fondo de la alcoba
- 327el viento se quejaba en el laberinto como un alma en pena, y las nubes
- 328nuestras vidas.
- 329tientas palpando el muro con las manos. Era tan leve el rumor de mis
- 330de luz, que marcaba sobre la negra oscuridad del suelo la puerta de la
- 331parpadeaba en un vaso de cristal, mis ojos distinguieron hacia el fondo
- 332nebuloso de la estancia un lecho de madera. En medio del silencio,
- 333Un rizo de mi prima Isabel me rozaba los labios, suave y tentador. Creo
- 334doloroso y tan poco galante desmentirla! Era Isabel muy piadosa, y el
- 335como entonces, con la mueca macabra de esos enanos patizambos que a la
- 336luz de la luna hacen cabriolas sobre las chimeneas de los viejos
- 337empezaban a palidecer las estrellas, y en el candelabro de plata el
- 338cimas mustias, y la luna pasaba entre ellos fugitiva y blanca como alma
- 339Para llegar hasta la alcoba de Concha era forzoso dar vuelta a todo el
- 340luna llegaba hasta el fondo desierto de las estancias. Yo iba pasando
- 341emplomados vidrios, llorosos y tristes. Al cruzar por delante de los
- 342frente. A veces, la oscuridad de los salones era tan densa que me
- 343sosteniendo el cuerpo de Concha en un solo brazo y con el otro extendido
- 344se rompieron los queridos y olorosos cabellos...
- 345misteriosa, perfumada y tibia, como si guardase el secreto galante de
- 346juvenil de los recuerdos, no posa en el suelo, flota en una onda de
- 347ha sido nunca otra cosa que un pomo de divino esmalte, lleno de
- 348afroditas y nupciales esencias?
- 349los cristales llorosos y tristes. Bajo el viento de la sierra, el abeto
- 350Algunos perros ladraron en los agros cercanos. Las palomas
- 351plumaje del pecho brotaba viva la sangre... Con el milano en triunfo se
- 352Ellas desde la puerta se volvieron sonrientes y felices:
- 353de luz, cuando en el fondo del Palacio se levantaron gemidos inocentes,
- 354extinguirse su culto.
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