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Letteratura
Doña Perfecta
Edizione BooksWhale in spagnolo di Benito Pérez Galdós
Una novela sobre intolerancia, familia, religión, política y choque de ideas.
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Introduzione al libro
Doña Perfecta
Doña Perfecta enfrenta a un joven liberal con un ambiente provinciano dominado por dogma, interés y autoridad familiar. Galdós retrata el conflicto entre modernidad e intolerancia.
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Benito Pérez Galdós murió en 1920, y Doña Perfecta fue publicado en 1876; estas fechas sostienen el dominio público de esta edición española.
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Doña Perfecta
Benito Pérez Galdós
Capitolo in anteprimaI. Villahorrenda!... cinco minutos!...Anteprima
Cuando el tren mixto descendente número 65 (no es preciso nombrar la línea), se detuvo en la pequeña estación situada entre los kilómetros 171 y 172, casi todos los viajeros de segunda y tercera clase se quedaron durmiendo o bostezando dentro de los coches, porque el frío penetrante de la madrugada no convidadas a pasear por el desamparado andén. El único viajero de primera que en el tren venía bajó apresuradamente, y dirigiéndose a los empleados, preguntóles si aquél era el apeadero de Villahorrenda. (Este nombre, como otros muchos que después se verán, es propiedad del autor.)
--En Villahorrenda estamos--repuso el conductor, cuya voz se confundió con el cacarear de las gallinas que en aquel momento eran subidas al furgón.--Se me había olvidado llamarle a usted, Sr. de Rey. Creo que ahí le esperan a usted con las caballerías.
--¡Pero hace aquí un frío de tres mil demonios!--dijo el viajero envolviéndose en su manta.--¿No hay en el apeadero algún sitio donde descansar y reponerse antes de emprender un viaje a caballo por este país de hielo?
No había concluído de hablar, cuando el conductor, llamado por las apremiantes obligaciones de su oficio, marchóse, dejando a nuestro desconocido caballero con la palabra en la boca. Vió éste que se acercaba otro empleado con un farol pendiente de la derecha mano, el cual movíase al compás de la marcha, proyectando geométricas series de ondulaciones luminosas. La luz caía sobre el piso del andén, formando un zig zag semejante al que describe la lluvia de una regadera.
--¿Hay fonda o dormitorio en la estación de Villahorrenda? preguntó el viajero al del farol.
--Aquí no hay nada--respondió éste secamente, corriendo hacia los que cargaban y echándoles tal rociada de votos, juramentos, blasfemias y atroces invocaciones, que hasta las gallinas, escandalizadas de tan grosera brutalidad, murmuraron dentro de sus cestas.
--Lo mejor será salir de aquí a toda prisa--dijo el caballero para su capote.--El conductor me anunció que ahí estaban las caballerías.
Esto pensaba, cuando sintió que una sutil y respetuosa mano le tiraba suavemente del abrigo. Volvióse y vió una obscura masa de paño pardo sobre sí misma revuelta y por cuyo principal pliegue asomaba el avellanado rostro astuto de un labriego castellano. Fijóse en la desgarbada estatura que recordaba al chopo entre los vegetales; vió los sagaces ojos que bajo el ala de ancho sombrero de terciopelo viejo resplandecían; vió la mano morena y acerada que empuñaba una vara verde y el ancho pie que, al moverse, hacía sonajear el hierro de la espuela.
--¿Es usted el Sr. D. José de Rey?--preguntó, echando mano al sombrero.
--Sí; y usted--repuso el caballero con alegría--será el criado de doña Perfecta, que viene a buscarme a este apeadero para conducirme a Orbajosa.
--El mismo. Cuando usted guste marchar... La jaca corre como el viento. Me parece que el Sr. D. José ha de ser buen ginete. Verdad es que a quien de casta le viene...
--¿Por dónde se sale?--dijo el viajero con impaciencia.
--Vamos, vámonos de aquí, señor... ¿Cómo se llama usted?
--Me llamo Pedro Lucas--respondió el del paño pardo, repitiendo la intención de quitarse el sombrero; pero me llaman el tío Licurgo. ¿En dónde está el equipaje del señorito?
--Allí bajo el reloj lo veo. Son tres bultos. Dos maletas y un mundo de libros para el Sr. D. Cayetano. Tome usted el talón.
Un momento después señor y escudero hallábanse a espaldas de la barraca llamada estación, frente a un caminejo que partiendo de allí se perdía en las vecinas lomas desnudas, donde confusamente se distinguía el miserable caserío de Villahorrenda. Tres caballerías debían transportar todo, hombres y mundos. Una jaca de no mala estampa era destinada al caballero. El tío Licurgo oprimiría los lomos de un cuartago venerable, algo desvencijado, aunque seguro; y el macho, cuyo freno debía regir un joven zagal de piernas listas y fogosa sangre, cargaría el equipaje.
Capitolo in anteprimaII. Un viaje por el corazón de EspañaAnteprima
Cuando empezada la caminata dejaron a un lado las casuchas de Villahorrenda, el caballero, que era joven y de muy buen ver, habló de este modo:
--Dígame usted, Sr. Solón...
--Licurgo, para servir a usted...
--Eso es, Sr. Licurgo. Bien decía yo que era usted un sabio legislador de la antigüedad. Perdone usted la equivocación. Pero vamos al caso. Dígame usted, ¿cómo está mi señora tía?
--Siempre tan guapa--repuso el labriego, adelantando algunos pasos su caballería.--Parece que no pasan años por la señora doña Perfecta. Bien dicen que al bueno Dios le da larga vida. Así viviera mil años ese ángel del Señor. Si las bendiciones que le echan en la tierra fueran plumas, la señora no necesitaría más alas para subir al cielo.
--¿Y mi prima la señorita Rosario?
--¡Bien haya quien a los suyos parece!--dijo el aldeano.
--¿Qué he de decirle de doña Rosarito, sino que es el vivo retrato de su madre? Buena prenda se lleva usted, caballero D. José, si es verdad, como dicen, que ha venido para casarse con ella. Tal para cual, y la niña no tiene tampoco por qué quejarse. Poco va de Pedro a Pedro.
--¿Y el Sr. D. Cayetano?
--Siempre metidillo en la faena de sus libros. Tiene una biblioteca más grande que la catedral, y también escarba la tierra para buscar piedras llenas de unos demonches de garabatos que dicen escribieron los moros.
--¿En cuánto tiempo llegaremos a Orbajosa?
--A las nueve, si Dios quiere. Poco contenta se va a poner la señora cuando vea a su sobrino.... Y la señorita Rosarito que estaba ayer disponiendo el cuarto en que usted ha de vivir.... Como no le han visto nunca, la madre y la hija están que no viven, pensando en cómo será o cómo no será este Sr. D. José. Ya llegó el tiempo de que callen cartas y hablen barbas. La prima verá al primo y todo será fiesta y gloria. Amanecerá Dios y medraremos, como dijo el otro.
--Como mi tía y mi prima no me conocen todavía--dijo sonriendo el caballero,--no es prudente hacer proyectos.
--Verdad es; por eso se dijo que uno piensa el bayo y otro el que lo ensilla--repuso el labriego.--Pero la cara no engaña... ¡qué alhaja se lleva usted! ¡Y qué buen mozo ella!
El caballero no oyó las últimas palabras del tío Licurgo, porque iba distraído y algo meditabundo. Llegaban a un recodo del camino, cuando el labriego, torciendo la dirección a las caballerías, dijo:
--Ahora tenemos que echar por esta vereda. El puente está roto y no se puede vadear el río sino por el cerrillo de los Lirios.
--¿El cerrillo de los Lirios?--dijo el caballero, saliendo de su meditación.--¡Cómo abundan los nombres poéticos en estos sitios tan feos! Desde que viajo por estas tierras, me sorprende la horrible ironía de los nombres. Tal sitio que se distingue por su yermo aspecto y la desolada tristeza del negro paisaje, se llama Valleameno. Tal villorrio de adobes que miserablemente se extiende sobre un llano árido y que de diversos modos pregona su pobreza, tiene la insolencia de nombrarse Villarica; y hay un barranco pedregoso y polvoriento, donde ni los cardos encuentran jugo, y que sin embargo se llama Valdeflores. ¿Eso que tenemos delante es el Cerrillo de los Lirios? ¿Pero dónde están esos lirios, hombre de Dios? Yo no veo más que piedras y yerba descolorida. Llamen a eso el Cerrillo de la Desolación y hablarán a derechas. Exceptuando Villahorrenda, que parece ha recibido al mismo tiempo el nombre y la hechura, todo aquí es ironía. Palabras hermosas, realidad prosaica y miserable. Los ciegos serían felices en este país, que para la lengua es paraíso y para los ojos infierno.
Indice
In questa edizione
- 01Full text
- 02I. Villahorrenda!... cinco minutos!...
- 03II. Un viaje por el corazón de España
- 04III. Pepe Rey
- 05IV. La llegada del primo
- 06V
- 07VI
- 08VII. La desavenencia crece
- 09VIII. A toda prisa
- 10IX
- 11X. La existencia de la discordia es evidente
- 12XI. La discordia crece
- 13XII. Aquí fué Troya
- 14XIII. Un casus belli
- 15XIV. La discordia sigue creciendo
- 16XV. Sigue creciendo, hasta que se declara la guerra
- 17XVI. Noche
- 18XVII. Luz a obscuras
- 19XVIII. Tropa
- 20XIX. Combate terrible.--Estrategia
- 21XX. Rumores.--Temores
- 22XXI. Desperta, ferro
- 23XXII. ¡Desperta!
- 24XXIII. Misterio
- 25XXIV. La confesión
- 26XXV. Sucesos imprevistos.--Pasajero desconcierto
- 27XXVI
- 28XXVII
- 29XXVIII
- 30XXIX
- 31XXX
- 32XXXI
- 33XXXII. FINAL
- 34XXXIII
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