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Letteratura

Dulce dueño

Edizione BooksWhale in spagnolo di Emilia Pardo Bazán

Lina Mascareñas busca una forma de amor y libertad que no la obligue a renunciar a su inteligencia ni a su independencia.

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Introduzione al libro

Dulce dueño

En una de sus últimas novelas, Pardo Bazán presenta a Lina Mascareñas como una protagonista que observa con lucidez las ofertas de matrimonio, riqueza y prestigio que la rodean. La novela cuestiona el ideal romántico de la entrega y convierte la autonomía femenina en el centro de una trama de ironía, deseo y elección.

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The original work was first published in 1911; Emilia Pardo Bazán died in 1921. The source text is in the public domain under the applicable author-life-plus-term rules. This edition is the original-language text.

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Dulce dueño

Emilia Pardo Bazán

Capitolo in anteprimaCapítulo IAnteprima

Fuera, llueve: lluvia blanda, primaveral. No es tristeza lo que fluye del cielo; antes bien, la hilaridad de un juego de aguas pulverizándose con refrescante goteo menudo. Dentro, en la paz de una velada de pueblo tranquilo, se intensifica la sensación de calmoso bienestar, de tiempo sobrante, bajo la luz de la lámpara, que proyecta sobre el hule de la mesa un redondel anaranjado.

La claridad da de lleno en un objeto maravilloso. Es una placa cuadrilonga de unos diez centímetros de altura. En relieve, campea destacándose una figurita de mujer, ataviada con elegancia fastuosa, a la moda del siglo XV. Cara y manos son de esmalte; el ropaje, de oros cincelados y también esmaltados, se incrusta de minúsculas gemas, de pedrería refulgente y diminuta como puntas de alfiler. En la túnica, traslucen con vítreo reflejo los carmesíes; en el manto, los verdes de esmaragdita. Tendido el cabello color de miel por los hombros, rodea la cabeza diadema de diamantillos, sólo visibles por la chispa de luz que lanzan. La mano derecha de la figurita descansa en una rueda de oro obscuro, erizada de puntas, como el lomo de un pez de aletas erectas. Detrás, una arquitectura de finísimas columnas y capitelicos áureos.

En sillones forrados de yute desteñido, ocupan puesto alrededor de la mesa tres personas. Una mujer, joven, pelinegra, envuelta en el crespón inglés de los lutos rigurosos. Un vejezuelo vivaracho, seco como una nuez. Un sacerdote cincuentón, relleno, con sotana de mucho reluz, tersa sobre el esternón bombeado.

-¿Leo o no la historia? -urge el eclesiástico, agitando un rollo de papel.

-La patraña -critica el seglar.

-La leyenda -corrige la enlutada-. Cuanto antes, señor magistral. Deseando estoy saber algo de mi patrona.

-Pues lo sabrás... Es decir, en estos asuntos, ya se te alcanza que las noticias rigurosamente históricas no son copiosas. Hay que emitir alguna suposición, siempre razonada, en los puntos dudosos. Yo someto mi trabajo a la decisión de nuestra Santa Madre la Iglesia. Vamos, la sometería si hubiese de publicar. Aquí entre nosotros, aunque adorne un poco... En no alterando la esencia... Y saltaré mucho, evitando prolijidades. Y a veces no leeré; conversaremos.

La pelinegra se recostó y entornó los ojos para escuchar recogida. El vejete, en señal de superioridad, encendió un cigarrillo. El canónigo rompió a leer. Tenía la voz pastosa, de registros graves. Tal vez al transcribir aquí su lección se deslicen en ella bastantes arrequives de sentimiento o de estética que el autor reprobaría.

«Catalina nació hija de un tirano, en Alejandría de Egipto. No está claro quién era este tirano, llamado Costo. Es preciso recordar que después del asedio y espantosa debelación de la ciudad por Diocleciano el Perseguidor, que ordenó a sus soldados no cejar en la matanza hasta que al corcel del César le llegase la sangre a las corvas, vino un período de anarquía en que brotaron a docenas régulos y tiranuelos, y hubo, por ejemplo, un cierto Firmo, traficante en papiros, que se atrevió a batir moneda con su efigie...».

Interrupción del vejezuelo.

-Para usted, Carranza, el caso es que el cuento revista aire de autenticidad...

-Déjenle oír, amigo Polilla... -suplicó la de los fúnebres crespones-. Sin un poco de ambiente, no cabe situar un personaje histórico.

-¡Bah! Este personaje no es...

-¡Silencio!

«Alejandría, por entonces, fue el punto en que el paganismo se hizo fuerte contra las ideas nuevas. Porque el paganismo no se defendía tan sólo martirizando y matando cristianos; hasta los espíritus cultos de aquella época dudaban de la eficacia de una represión tan atroz. Acaso fuese doblemente certero desmenuzar las creencias y los dogmas, burlarse de ellos, inficionarlos y desintegrarlos con herejías, sofismas y malicias filosóficas...».

Capitolo in anteprimaCapítulo IIAnteprima

Capítulo II

Indice

In questa edizione

  1. 01Full text
  2. 02Capítulo I
  3. 03Capítulo II
  4. 04- I -
  5. 05- II -
  6. 06- III -
  7. 07- IV -
  8. 08- V -
  9. 09Capítulo III
  10. 10- I -
  11. 11- II -
  12. 12- III -
  13. 13- IV -
  14. 14Capítulo IV
  15. 15- I -
  16. 16- II -
  17. 17- III -
  18. 18Capítulo V
  19. 19Capítulo VI
  20. 20- I -
  21. 21- II -
  22. 22- III -
  23. 23- IV -
  24. 24- V -
  25. 25- VI -
  26. 26Capítulo VII
  27. 27- I -
  28. 28- II -
  29. 29- III -
  30. 30- IV -
  31. 31- V -

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