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文学

Cantar de mio Cid

スペイン語 BooksWhale エディション · Anonymous

El gran cantar épico castellano sobre honor, exilio, lealtad, guerra y restauración del nombre del Cid.

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Cantar de mio Cid

El Cantar de mio Cid sigue al héroe desde el destierro hasta la recuperación de su honra. Sus episodios de guerra, alianzas, familia y justicia muestran cómo la fama se pierde y se reconstruye dentro de una sociedad marcada por el linaje y la lealtad.

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The poem is an anonymous medieval Spanish epic preserved in a public-domain historical tradition and text.

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Cantar de mio Cid

Anónimo

プレビュー章Cantar primero. Destierro del Cidプレビュー

El rey Alfonso envía al Cid para cobrar las parias del rey moro de Sevilla Éste es atacado por el conde castellano García Ordóñez. El Cid, amparando al moro vasallo del rey de Castilla, vence a García Ordóñez en Cabra y le prende afrentosamente. El Cid torna a Castilla con las parias, pero sus enemigos le indisponen con el rey. Éste destierra al Cid.

El Cid convoca a sus vasallos; Éstos se destierran con él. – Adiós del Cid a Vivar

Por sus ojos mío Cid va tristemente llorando; volvía atrás la cabeza y se quedaba mirándolos. Miró las puertas abiertas, los postigos sin candados, las alcándaras vacías, sin pellizones ni mantos, sin los halcones de caza ni los azores mudados. Suspiró entonces mío Cid, de pesadumbre cargado, y comenzó a hablar así, justamente mesurado: «¡Loado seas, Señor, Padre que estás en lo alto! Todo esto me han urdido mis enemigos malvados.»

Agüeros en el camino de Burgos

Ya aguijaban los caballos, ya les soltaban las riendas. Cuando de Vivar salieron, vieron la corneja diestra, y cuando entraron en Burgos, la vieron a la siniestra. Movió mío Cid los hombros y sacudió la cabeza: «¡Albricias, dijo Álvar Fáñez, que de Castilla nos echan mas a gran honra algún día tornaremos a esta tierra!»

El Cid entra en Burgos

Mío Cid Rodrigo Díaz en Burgos, la villa, entró; hasta sesenta pendones llevaba el Campeador; salían a verle todos, la mujer como el varón; a las ventanas la gente burgalesa se asomó con lágrimas en los ojos, ¡que tal era su dolor! Todas las bocas honradas decían esta razón: «¡Oh Dios, y qué buen vasallo, si tuviese buen señor!»

Nadie hospeda al Cid. – Sólo una niña le dirige la palabra para

mandarle alejarse. – El Cid se ve obligado a acampar fuera de la

población, en la galera.

De grado le albergarían, mas ninguno se arriesgaba:

que el rey don Alfonso al Cid le tenía grande saña.

La noche anterior, a Burgos la real carta llegaba

con severas prevenciones y fuertemente sellada:

que a mío Cid Ruy Díaz nadie le diese posada,

y si alguno se la diese supiera qué le esperaba:

que perdería sus bienes y los ojos de la cara,

y que además perdería salvación de cuerpo y alma.

Gran dolor tenían todas aquellas gentes cristianas;

se escondían de mío Cid, no osaban decirle nada.

El Campeador, entonces, se dirigió a su posada;

así que llegó a la puerta, encontrósela cerrada;

por temor al rey Alfonso acordaron el cerrarla,

tal que si no la rompiesen, no se abriría por nada.

Los que van con mío Cid con grandes voces llamaban,

mas los que dentro vivían no respondían palabra.

Aguijó, entonces, mío Cid, hasta la puerta llegaba;

sacó el pie de la estribera y en la puerta golpeaba,

mas no se abría la puerta, que estaba muy bien cerrada.

Una niña de nueve años frente a mío Cid se para:

«Cid Campeador, que en buena hora ceñisteis la espada,

sabed que el rey lo ha vedado, anoche llegó su carta

con severas prevenciones y fuertemente sellada.

No nos atrevemos a daros asilo por nada,

porque si no, perderíamos nuestras haciendas y casas,

y hasta podía costarnos los ojos de nuestras caras.

¡Oh buen Cid!, en nuestro mal no habíais de ganar nada;

que el Creador os proteja, Cid, con sus virtudes santas.»

Esto la niña le dijo y se volvió hacia su casa.

Ya vio el Cid que de su rey no podía esperar gracia.

Partió de la puerta, entonces, por la ciudad aguijaba;

プレビュー章Cantar segundo. Bodas de las hijas del Cidプレビュー

El Cid se dirige contra tierras de Valencia

Aquí comienza la gesta de mío Cid el de Vivar. Una vez que hubo acampado en el puerto de Olocau, dejando ya Zaragoza y aquellas tierras de allá, dejó atrás Huesa y las tierras que llaman de Montalbán. Ahora, hacia la mar salada se dispone a guerrear; a Oriente donde el sol sale, hacia aquella parte irá. El Cid a Jérica y Onda gana, y a Almenara va, que las tierras de Burriana tiene conquistadas ya.

Toma de Murviedro

Ayudóle el Creador, el Señor que está en el cielo. Y con la ayuda divina pudo tomar a Murviedro, y ve mío Cid que Dios aún le seguía valiendo. Mientras, dentro de Valencia era, y no menguado, el miedo.

Los moros valencianos cercan al Cid. – Éste reúne sus gentes. – Arenga

Aquello a los de Valencia les ha dado gran pesar;

reunidos en Consejo, al Cid deciden cercar.

Toda la noche marcharon, cuando el alba iba a apuntar,

en los campos de Murviedro sus tiendas van a plantar.

Tan pronto los vio mío Cid, se empezó a maravillar:

« ¡Alabanza a Ti se dé, Señor espiritual!

Sobre sus tierras estamos, les hacemos todo mal,

ya bebemos de su vino y comemos de su pan;

con su derecho lo hacen si nos vienen a cercar.

Si no entablamos la lucha, esto no se arreglará.

Vayan mensajes a aquellos que nos deben ayudar;

los unos vayan a Jérica y los otros a Olocau,

vayan a avisar a Onda y a Almenara vayan ya,

y los que están en Burriana vénganse luego hacia acá;

y comenzaremos juntos esta batalla campal;

yo confío en que el Señor su ayuda me ha de aumentar.»

Al llegar el tercer día, ya todos juntos están;

el que en buen hora nació así les comenzó a hablar:

« ¡Oíd, mesnadas, a quien el Señor quiere salvar!

Después que hubimos salido de la limpia cristiandad

(y no fue por nuestro gusto, sino por no poder más),

gracias a Dios, nuestras cosas siempre hacia delante van.

Ahora los de Valencia nos han venido a cercar;

si en estas tierras nosotros quisiéramos perdurar,

a estos moros firmemente habremos de escarmentar.»

Fin de la arenga del Cid

«Cuando ya pase la noche y despunte la mañana, aparejados estén los caballos y las armas para empezar a atacar las enemigas mesnadas.

Minaya da el plan de batalla. – El Cid vence otra lid campal. – Toma de Cebolla

Oíd qué dijo Minaya Álvar Fáñez al hablar:

«Mío Cid Campeador, hagamos lo que mandáis.

Dadme a mí cien caballeros, que no os quiero pedir más;

vos con los otros restantes el ataque comenzad.

Atacadles sin temor no tengáis que vacilar,

que yo, con los otros cien, por la otra parte he de estar,

y como confío en Dios, el campo nuestro será.»

Lo que hubo dicho Minaya al Cid plugo de verdad.

Cuando empezó la mañana se comenzaron a armar,

cada uno de ellos sabe su obligación al luchar.

Con el alba, mío Cid el ataque va a empezar.

« ¡En nombre del Creador y de Santiago leal,

atacad, mis caballeros, con denuedo y voluntad,

porque soy yo Ruy Díaz, mío Cid el de Vivar.»

Tantas cuerdas de las tiendas allí vierais estallar,

arrancarse las estacas y los postes derrumbar.

Pero los moros son muchos y se quieren recobrar.

Por otra parte, Álvar Fáñez veniales a atacar:

mal que les pese a los moros, hubiéronse de entregar

si a uña de sus caballos no lograran escapar.

Mataron a dos emires en la caza que les dan,

y hasta Valencia, siguiéndoles, los cristianos van detrás.

Grandes fueron las ganancias que logró el Cid de Vivar;

目次

このエディションの内容

  1. 01Full text
  2. 02Cantar primero. Destierro del Cid
  3. 03Cantar segundo. Bodas de las hijas del Cid
  4. 04Cantar tercero. La afrenta de Corpes

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