スペイン語 エディション
文学
Clemencia
スペイン語 BooksWhale エディション · Fernán Caballero
Fernán Caballero’s Spanish novel explores virtue, social expectation, marriage, moral sentiment, and domestic life.
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本の紹介
Clemencia
Clemencia reflects Fernán Caballero’s importance in nineteenth-century Spanish fiction, combining moral observation, domestic feeling, and social portraiture. The novel examines character, reputation, affection, and duty through a style that helped shape Spanish realist and costumbrista narrative.
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Author died in 1877; original text first published in 1852. These dates support the public-domain basis for this original-language edition.
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Clemencia
Tomo I.
Aux poètes dramatiques l’action, aux romanciers l’analyse du cœur. A los poetas dramáticos pertenece la accion, y á los novelistas el análisis del corazon.
Pour bien voir, il faut avoir regardé beaucoup. Para bien ver, es preciso haber mirado mucho.
Le style vient des idées et non des mots. El estilo nace de las ideas y no de las palabras.
-No se canse Vd., D. Silvestre; cada casa es un mundo, -decia una tarde del verano de 1844 la Marquesa de Cortegana á su amigo y compadre D. Silvestre Sarmiento, miéntras este sorbia paladeándola una taza de café. -Tómelo Vd. por arriba, tómelo Vd. por abajo, cada casa es un mundo, aunque Vd. diga que no.
-Señora, yo no digo ni que sí ni que no.
-Así es Vd. en todo: ¡bendito Dios que le ha criado mas fresco que una lechuga! Como si no tuviese yo bastante con dos hijas, me manda Dios esa sobrina! Una sobrina... la cosa mas inútil del mundo!...
-Es una perla, Marquesa.
-Sí, una perla, que es para mí lo que fué la otra para el gallo! Capaz es Vd. de sostenerme que es una suerte, y que he ganado á la lotería!
-Yo no sostengo nada, señora.
-Pero lo da Vd. á entender, que es lo mismo. ¡Así cayesen en casa de Vd., llovidos del techo, media docena de sobrinos! Ya veríamos la cara que Vd. ponia.
-Señora, yo no soy rico, y es claro que me apurarian.
-Ya, ¡si Vd. cree que con dinero se compone todo!...
-No creo eso, Marquesa; pero creo que con dinero son las cargas ménos gravosas.
--¡Así pudiese yo endosarle á Vd. mi sobrina! esa que Vd. llama _perla_. ¡Vaya! Como si no me sobrase con las dos _perlas_ de mis hijas para darme que hacer! ¡_Perlas_! Cuidados sí que son las niñas.
--¿Y por qué no la dejó Vd. en el convento?
--¿Con diez y seis años la habia de dejar en el convento, para que toda Sevilla me quitase el pellejo, y me llamase tia tiránica? ¡Tiene Vd. unas cosas!...
-En efecto, tiene Vd. razon: ha sido acertado y ha hecho muy bien en sacarla del convento.
--¿Que he hecho bien? Eso le parece á Vd. Pues no faltará á quien le parezca que he hecho mal.
La Marquesa era una mujer de cuarenta y ocho años; pero su completa falta de pretensiones y la exagerada sencillez de su traje y de sus maneras, la hacian aparecer de mas edad. Habia quedado viuda hacia algunos años, disfrutando de pingües rentas, las que tenia la habilidad de gastar todas, y á veces tomándolas anticipadamente, sin que nadie, ni ella misma, pudiese decir en qué. Era esto tanto mas estraño, cuanto que la señora, sin ser cicatera, no era generosa; sin ser agarrada, no era rumbosa; sin ser codiciosa, no era espléndida; y sin ser ordenada, no era tampoco despilfarrada. En lo demas de su carácter se hallaban iguales anomalías, puesto que sin ser malévola no hacia sino contradecir, sin tener mal carácter no hacia sino regañar, y sin ser maligna era contraria á todo. Así se ven á menudo en las gentes defectos y malas propensiones, que no son hijos del corazon ni del carácter, sino
malas costumbres, que no corregidas en un principio, se arraigan como plantas parásitas. Pero el gran rasgo característico de esta señora era el de vivir apurada. La Marquesa no podia vivir sin un apuro que la agitase, siendo por consiguiente la antítesis de ciertos enfermos que no pueden vivir sin una dósis de opio que los calme; con la particularidad de que en invierno una gotera, y en verano un desgarron en la vela ó toldo que cubria el patio de su casa, la impresionaban y desazonaban mas que algunas calaveradas de marca mayor de su hijo el mayorazgo, ó la pérdida de una cosecha. Cuando no tenia un apuro que esplotar, se lo forjaba; y no solo disfrutaba ella de su creacion fantástica, sino que se incomodaba cuando los demas no la reconocian como cosa cierta y real. Pertenecia, pues, esta señora á la falange de Jeremías, que pasan su vida quejándose en un tono lloron que les es propio, como al mochuelo su
プレビュー章capítulo, estaba un dia á la prima noche la Marquesa mas apurada yプレビュー
displicente que nunca. Ya habia echado varios trepes á las niñas, guardando Constancia un frio y obstinado silencio, contestando Alegría con atrevida falta de respeto, y vertiendo lágrimas Clemencia, cuando entró con paso firme su gigantesca amiga Doña Eufrasia, que todas las noches iba allá á tomar el chocolate y á hacerle la partida de tresillo.
--¿Ya estás hipando, mujer? dijo al entrar, en tono de reconvencion. ¿Qué tenemos ahora?
--¡Qué he de tener! Un hijo loco, derrochador, que me espeta hoy una letra de Paris de treinta mil reales.
-Tú tienes la culpa: ¿por qué le pagas las trampas? Miéntras mas le pagues, mas hará; el derrochar es como la sed de la _hipocresía_; miéntras mas se bebe, mas sed se tiene.
-Tengo, prosiguió la Marquesa, las hijas mas mal criadas, indóciles y desobedientes...
-Tú tienes la culpa, pues no sabes mantener la disciplina en tu casa.
-Esa Constancia que es la mas díscola, la mas indómita...
-Con pan y agua se ponen mas suaves que guantes, las rebeldes.
--¡Calla, mujer: si tiene diez y nueve años!... observó la Marquesa.
-Pan y agua son manjares de todas edades, repuso la fiera militara.
-Tengo, prosiguió la Marquesa, á esa Alegría, que no piensa mas que en divertirse: todo el dia me ha estado moliendo para que la llevase á paseo. ¡Para paseos estaba yo!
-No accedas: ¡bien hecho! las niñas, recogidas; que el buen paño en el arca se vende.
-El buen paño en el arca se pica, replicó con aire desvergonzado Alegría.
-Calla, cuelli-sacada, le dijo su madre. ¡Ay Eufrasia! Tengo... tengo una sobrina llorona; por todo llora! ¿Me querrás decir, Clemencia, compotita de manzana, por qué estás llorando?
-Tia, repuso Clemencia, enjugándose los ojos, porque me habeis dicho que callo y no tomo cartas en vuestros altercados con mis primas, por no daros la razon; y no es por eso, sino porque pienso que no debo meterme en eso, pues mis primas se enfadarian; y tambien porque os aseguro, señora, que no sé qué decir.
-Pues aprende de Doña Eufrasia, le dijo al paño Alegría, que como dice la copla, bien podrá no tener nunca mucho que _contar_, pero sí tiene siempre mucho que _decir_.
-No se hace caso de las lágrimas de las niñas: ese es el modo de que no vuelvan á llorar esas Magdalenitas de _mírame y no me toques_, opinó Doña Eufrasia.
-Y lo peor de todo es, prosiguió la Marquesa, que Juan se me va; no parece sino que le picó la mosca; no hay quien le detenga.
-Ya eso lo sabia yo, repuso Doña Eufrasia, que efectivamente sabia cuanto pasaba en las casas que visitaba, sobre todo, lo perteneciente á la esfera inferior.
--¿Tú? ¿Y cómo?
-Porque la novia fué á casa de la Jefa, donde sirve una hermana suya, para que se empeñara con su señora á fin de que á Juan le dieran una _serenía_.
--¿Y la obtuvo?
-Sobre la marcha.
-A Juan, que es dormilon, dijo riéndose Alegría, le sucederá lo que á aquel otro sereno amigo de su comodidad, que dormia toda la noche muy descansado en su cama, con solo el cuidado de abrir de cuando en cuando la ventana, sacar la gaita y cantar la hora.
-Pero no te apures, Marquesa, dijo Doña Eufrasia; yo te tengo un criado pintiparado.
--¿De veras, mujer? esclamó la Marquesa. ¡Cuánto lo celebraria! El ramo de criados está perdido. ¿Es de tu confianza? ¿Me respondes de él?
-Respondo, contestó Doña Eufrasia, bajando su voz á los mas profundos abismos de su robusta entonacion.
--¿Le conoces?
--¿Si le conozco? Veinte años le he tenido de asistente. Es un criado como hay pocos, y está hecho á mis mañas.
Esto de estar hecho á las mañas de Doña Eufrasia, aterró á las muchachas; pero satisfizo grandemente á la Marquesa, la que no obstante siguió preguntando:
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de sí á su marido, que miraba la reserva como una prueba de antipatía; al que chocaban los sentimientos tiernos y suaves como afectaciones y remilgos, y al que horripilaban las lágrimas como á otros la sangre.
Así es que nunca unió la suerte dos seres con elementos tan contrapuestos, como lo eran los que componian las respectivas naturalezas de ambos consortes, ni mas á propósito para rechazarse mutuamente. A esto se unia el que Clemencia tenia diez y seis años, y Fernando veinte y cuatro, y que no conocian ni el mundo ni el corazon humano; lo que les hacia carecer de la prevision y de la prudencia que este conocimiento da. Faltábales la esperiencia, que sabe desvanecer cargos esplicando causas, hacer concesiones, temporizar, y sacrificando algo en lo presente, preparar el porvenir.
Pero Clemencia, criada en un convento, nada sabia de la vida, ni de las pasiones, en cuyo mas grosero círculo era lanzada sin graduacion, y Fernando que no habia salido casi de cuarteles y garitos, nada sabia de sentimientos de corazon, de delicadeza, ni de reserva, esos instintos femeninos. Siendo arrogante mozo y rico, no habia hallado nunca, en la especie de mundo mujeril que habia tratado, repulsas ni negativas en sus amores, por lo cual se persuadia que el amor tenia la misma espresion en ambos sexos.
Al ver que la inocente niña no sentia ni consideraba el amor como aquellas desenfrenadas, se convenció de que abrigaba un amor oculto, y se persuadió que el objeto de este era el Marques de Valdemar, que no habia podido disimular la estrañeza y disgusto que le habia causado el repentino é irreflexionado casamiento de Clemencia. Así es que aburrido, exasperado, enconado contra Clemencia, se entregó en breve sin reserva ni consideraciones, á sus vicios y disipada vida anterior.
Clemencia por su lado, viendo unidos en su marido sus exigencias y su falta de ternura, sus celos, sus desvíos, y sus vicios, se persuadió que él la solicitó solo como el premio de una apuesta; que no llenaba su corazon, ni le merecia la ternura y respeto que se tiene á una mujer propia.
Es cierto que Fernando no amaba á Clemencia, porque entre ellos no existian simpatías, afinidades ni paridad alguna, y porque Guevara no sabia amar, disecado su corazon por una vida viciosa; pero Clemencia era hermosa, y por eso solo se entregó ciego á la pasion de los celos; y los celos sin amor son los mas acerbos, y tanto mas crueles para quien los sufre, cuanto que no tiene compensacion.
Clemencia llegó, pues, á ser una doble mártir, siendo tratada á la vez con la mas insultante desconfianza, y las mas despóticas exigencias, y con la mas ostensible falta de cariño y de atenciones; á un tiempo esclavizada y abandonada por su marido. Este encerraba á su mujer, y se llevaba la llave; no la permitia recibir á nadie, ni salir, ni aun para ir á la iglesia; y habia llevado la locura de los celos y el placer de mortificarla hasta matar por su mano un pajarito que criaba Clemencia, que era su único compañero en su soledad.
Esto parecerá exagerado, y no lo es; como pueden atestiguarlo los que hayan observado los efectos de los celos en almas duras y toscas, y la atroz propension humana á redoblar el tormento, á medida que es la víctima mas débil y mas sufrida.
Clemencia, en medio de tantos sufrimientos, no se creyó la _mujer incomprendida_, ni la _heroina inapreciada_, ni la _víctima de un monstruo_; creyó sencillamente que Fernando era un mal marido como otros muchos; que tenia que sobrellevarle como hacian otras muchas mujeres, y rogó á Dios le mejorase y trajese á mejor vida. Así pensaba, porque no habia leido novelas, ni visto _dramas de pasion_, y conservaba intactas las puras doctrinas de moral cristiana, no deslustradas por mundanos sofismas: conservaba inmaculadas sus nociones del deber sin transacciones ni concesiones sociales; conservaba ilesas las doctrinas religiosas, sin que la atrevida y osada podadera filosófica hubiese suprimido ninguna de sus ramas ni de sus flores. Así era que se regia sencillamente por estas máximas:
目次
このエディションの内容
- 01Full text
- 02capítulo, estaba un dia á la prima noche la Marquesa mas apurada y
- 03parte, sin saberlo, sin comprenderlo, hacia cuanto era dable para alejar
- 04LO QUE SOY, SERAS!
- 05parte. Pablo, hijo... no comes: ¿te duele la herida?
- 06VALDEMAR.»
- 07EL QUE NO ESTA POR MI, ESTA CONTRA MI.
- 08GEORGE PERCY.»
- 09CLEMENCIA PONCE.»
- 10CLEMENCIA.»
- 11parte del ejército auxiliar del Papa, y visto caer á su padre en las
- 12SIGNIFICADO DE ALGUNAS PALABRAS ANDALUZAS.