
スペイン語 エディション
哲学
Motivos de Proteo
スペイン語 BooksWhale エディション · José Enrique Rodó
Un ensayo hispanoamericano sobre formación interior, cambio, vocación, carácter y cultura espiritual.
- プレビュー
- 準備済みテキストからの抜粋
- 形式
- オンラインリーダー, EPUB, PDF
- アクセス
- ライブラリ claim
本の紹介
Motivos de Proteo
Motivos de Proteo reúne meditaciones sobre la personalidad, la educación de sí mismo, la vocación, la voluntad y el cambio interior. La prosa de Rodó combina filosofía, literatura y pedagogía moral en una obra central del modernismo hispanoamericano.
BooksWhale エディション
このエディションの準備
このエディションはパブリックドメイン本文に基づき、BooksWhale がデジタル読書向けに準備しました。
パブリックドメイン根拠
このエディションを共有できる理由
José Enrique Rodó murió en 1917, y Motivos de Proteo se publicó en 1909. Estas fechas sostienen la base de dominio público para esta edición española original.
プレビューを読む
準備済みテキストからの抜粋
準備済み読書テキストから選んだプレビューです。
プレビュー章Full textプレビューを読む
Motivos de Proteo
José Enrique Rodó
プレビュー章Introducciónプレビュー
No publico una «primera parte» de PROTEO: el material que he apartado para estos «Motivos» da, en compendio, idea general de la obra, harto extensa (aun si la limitase a lo que tengo escrito) para ser editada de una vez. Los claros de este volumen serán el contenido del siguiente y así en los sucesivos. Y nunca PROTEO se publicará de otro modo que de éste; es decir: nunca le daré «arquitectura» concreta, ni término forzoso: siempre podrá seguir desenvolviéndose, «viviendo». La índole del libro (si tal puede llamársele) consiente, en torno de un pensamiento capital, tan vasta ramificación de ideas y motivos, que nada se opone a que haga de él lo que quiero que sea: un libro en perpetuo «devenir», un libro abierto sobre una perspectiva indefinida.
J. E. R.
プレビュー章I - Reformarse es vivir. Nuestra transformación personal en el tiempo.プレビュー
Reformarse es vivir... Y desde luego, nuestra transformación personal en cierto grado ¿no es ley constante e infalible en el tiempo? ¿Qué importa que el deseo y la voluntad queden en un punto si el tiempo pasa y nos lleva? El tiempo es el sumo innovador. Su potestad, bajo la cual cabe todo lo creado, se ejerce de manera tan segura y continua sobre las almas como sobre las cosas. Cada pensamiento de tu mente, cada movimiento de tu sensibilidad, cada determinación de tu albedrío, y aun más: cada instante de la aparente tregua de indiferencia o de sueño, con que se interrumpe el proceso de tu actividad consciente, pero no el de aquella otra que se desenvuelve en ti sin participación de tu voluntad y sin conocimiento de ti mismo, son un impulso más en el sentido de una modificación, cuyos pasos acumulados producen esas transformaciones visibles de edad a edad, de decenio a decenio: mudas de alma, que sorprenden acaso a quien no ha tenido ante los ojos el gradual desenvolvimiento de una vida, como sorprende al viajero que torna, tras larga ausencia, a la patria, ver las cabezas blancas de aquellos a quienes dejó en la mocedad.
Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno, sino muchos. Y estas personalidades sucesivas, que emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí los más raros y asombrosos contrastes. Sainte-Beuve significaba la impresión que tales metamorfosis psíquicas del tiempo producen en quien no ha sido espectador de sus fases relativas, recordando el sentimiento que experimentamos ante el retrato del Dante adolescente, pintado en Florencia: el Dante cuya dulzura casi jovial es viva antítesis del gesto amargo y tremendo con que el Gibelino dura en el monetario de la gloria; o bien, ante el retrato del Voltaire de los cuarenta años, con su mirada de bondad y ternura, que nos revela un mundo íntimo helado luego por la malicia senil del demoledor.
¿Qué es, si bien se considera, la «Atalía» de Racine, sino la tragedia de esta misma transformación fatal y lenta? Cuando la hiere el fatídico sueño, la adoradora de Baal advierte que ya no están en su corazón, que el tiempo ha domado, la fuerza, la soberbia, la resolución espantable, la confianza impávida, que la negaban al remordimiento y la piedad. Y para transformaciones como éstas, sin exceptuar las más profundas y esenciales, no son menester bruscas rupturas, que cause la pasión o el hado violento. Aun en la vida más monótona y remansada son posibles, porque basta para ellas una blanda pendiente. La eficiencia de las causas actuales, por las que el sabio explicó, mostrando el poder de la acumulación de acciones insensibles, los mayores cambios del orbe, alcanza también a la historia del corazón humano. Las causas actuales son la clave en muchos enigmas de nuestro destino. -¿Desde qué día preciso dejaste de creer? ¿En qué preciso día nació el amor que te inflama?- Pocas veces hay respuesta para tales preguntas. Y es que cosa ninguna pasa en vano dentro de ti; no hay impresión que no deje en tu sensibilidad la huella de su paso; no hay imagen que no estampe una leve copia de sí en el fondo inconsciente de tus recuerdos; no hay idea ni acto que no contribuyan a determinar, aun cuando sea en proporción infinitesimal, el rumbo de tu vida, el sentido sintético de tus movimientos, la forma fisonómica de tu personalidad. El dientecillo oculto que roe en lo hondo de tu alma; la gota de agua que cae a compás en sus antros oscuros; el gusano de seda que teje allí hebras sutilísimas, no se dan tregua ni reposo; y sus operaciones concordes, a cada instante te matan, te rehacen, te destruyen, te crean... Muertes cuya suma es la muerte; resurrecciones cuya persistencia es la vida. ¿Quién ha expresado esta instabilidad mejor que Séneca, cuando dijo, considerando lo fugaz y precario de las cosas: «Yo mismo, en el momento de decir que todo cambia, ya he cambiado»? Perseveramos sólo en la continuidad de nuestras modificaciones; en el orden, más o menos regular, que las rige; en la fuerza que nos lleva adelante hasta arribar a la transformación más misteriosa y trascendente de todas... Somos la estela de la nave, cuya entidad material no permanece la misma en dos momentos sucesivos, porque sin cesar muere y renace de entre las ondas: la estela, que es, no una persistente realidad, sino una forma andante, una sucesión de impulsos rítmicos, que obran sobre un objeto constantemente renovado.
目次
このエディションの内容
- 01Full text
- 02Introducción
- 03I - Reformarse es vivir. Nuestra transformación personal en el tiempo.
- 04II - La voluntad rige esta transformación y la orienta. Persistencia indefinida de la educación.
- 05III - Orden y medida en el cambio. La curva.
- 06IV - Armonía de las edades. Ancianidad gloriosa.
- 07V - Un friso del Partenón.
- 08VI - De cómo el tránsito violento suele ser necesario. Ejemplo de él en el desenvolvimiento natural.
- 09VII - Cambio consciente y orientado, siempre.
- 10VIII - Mirando jugar a un niño.
- 11IX - Sentido de esta parábola.
- 12X - Actitud en la desilusión y el fracaso. Todo bien puede ser sustituido por otro género de bien.
- 13XI - Don Quijote vencido.
- 14XII - El dolor de una vocación defraudada. Las reservas de nuestro espíritu.
- 15XIII - Aptitudes que se revelan con la pérdida de otras.
- 16XIV - Obstáculos de orden moral que suscitan aptitudes nuevas.
- 17XV - ¿Qué vienes de buscar?...
- 18XVI - Hay una senda segura, y es la que va a lo hondo de uno mismo.
- 19XVII - La respuesta de Leuconoe.
- 20XVIII - Espacio, espacio es lo que te queda...
- 21XIX - El conocimiento propio como antecedente de la acción. Amiel y Marco Aurelio.
- 22XX - La sugestión social.
- 23XXI - El «yo» ficticio.
- 24XXII - La inscripción del Faro de Alejandría.
- 25XXIII - ¡Ése no eres tú!
- 26XXIV - La multitud de los que se ignoran a sí mismos.
- 27XXV - Peer Gynt.
- 28XXVI - Nuestra complejidad personal. Nadie diga: «tal soy, tal seré siempre».
- 29XXVII - El meditador y el esclavo.
- 30XXVIII - ¿Nunca te has sentido distinto de ti mismo?
- 31XXIX - Imposibilidad de una igualdad perenne.
- 32XXX - El arte no puede reflejar más que hasta cierto punto, la complejidad individual.
- 33XXXI - Los pozos comunicantes. Ráfagas.
- 34XXXII - Ventajas de la multiplicidad de nuestro fondo íntimo.
- 35XXXIII - Momentos proféticos.
- 36XXXIV - El barco que parte.
- 37XXXV - Cosas que desaparecen en nuestro abismo interior, y vuelven de él. Las pulvículas de lo inconsciente.
- 38XXXVI - ¿Hay hecho pequeño?... Un vuelo de pájaros.
- 39XXXVII - Semillas que desdeña el árbol.
- 40XXXVIII - Fuerza de propaganda adscrita al acto más mínimo.
- 41XXXIX - El hecho nimio y la invención.
- 42XL - La vocación: su arraigo inconsciente.
- 43XLI - Ausencia de vocación una y precisa, por universalidad de la aptitud. Espíritus universales.
- 44XLII - A medida que la sociedad avanza, la vocación tiende a formas más definidas y concretas.
- 45XLIII - El porvenir. La esperanza en formas vivas.
- 46XLIV - Augurios. Pasan los niños sublimes...
- 47XLV - Augurios falaces. Las niñeces proféticas.
- 48XLVI - Permanencia estática de una simiente apta para germinar.
- 49XLVII - La autoridad paterna. Los oblatos.
- 50XLVIII - Vocación anticipada a la aptitud.
- 51XLIX - Ocasión preñada de destinos.
- 52L - Fuerza del amor en la formación de la personalidad.
- 53LI - La emoción del bárbaro.
- 54LII - El amor y la civilización personal.
- 55LIII - La leyenda del dibujo y la de la imprenta. El amor en las vocaciones.
- 56LIV - Amor y arte.
- 57LV - El hecho provocador. El anchio. La conversación; la lectura.
- 58LVI - El anch'io que obra por contraste. «Si tú a la izquierda, yo a la derecha».
- 59LVII - Acertar con el género de la vocación, y no con la especie. Determinación estrechísima de la aptitud; espíritus de un solo tema.
- 60LVIII - Vocación que se define por eliminaciones sucesivas.
- 61LIX - Vacilaciones que resuelve el azar.
- 62LX - Falsa universalidad. La amplitud ha de manifestarse en la contemplación.
- 63LXI - Elemento volitivo que incluye toda aptitud en acto. La vocación y los males de la voluntad.
- 64LXII - Vocación truncada por deficiente voluntad. El amaneramiento. Ejemplos de modificación progresiva de la obra. El reposo del mediodía.
- 65LXIII - Exceso de amor que paraliza la aptitud.
- 66LXIV - El sueño de perfección y la voluntad ejecutiva. Dos linajes de artistas. Luca, fa presto!
- 67LXV - La colaboración. Casos que la justifican. La amistad en arte y ciencia.
- 68LXVI - Paso de una vocación a otra. De la acción a la contemplación; los grandes historiadores. De la contemplación a la acción.
- 69LXVII - Del arte a la ciencia; de la ciencia al arte; del arte a las letras; de un arte a otra; de la producción a la crítica; de la ciencia a la fe religiosa.
- 70LXVIII - Desdén o desamor por la aptitud que se tiene. Desproporción entre la vocación y la aptitud.
- 71LXIX - Vestigios de una primera vocación en otra que la sustituye.
- 72LXX - Riesgos y engaños en el cambio de vocación.
- 73LXXI - Desviaciones transitorias de la vocación, y utilidad que cabe en ellas.
- 74LXXII - Voz inquietante. Los mármoles sepultos.
- 75LXXIII - Las aptitudes perdidas en el fondo obscuro de la sociedad humana. La influencia negativa del medio social.
- 76LXXIV - Lucha entre la aptitud individual y la resistencia del medio. El pesimismo de Larra.
- 77LXXV - Superioridad posible de los incultos y los autodidactos. De cómo la cultura debe procurar parecerse a la ignorancia.
- 78LXXVI - Engaños de la imitación cuando no se concilia con la autonomía de la personalidad. Falsedad radical de las escuelas.
- 79LXXVII - Vocaciones malogradas. «Ven, muerte, tan escondida...». Andrés Chénier.
- 80LXXVIII - Áyax.
- 81LXXIX - Resumen: vocación y aptitud.
- 82LXXX - Quien no avanza, retrocede. El cambio ha de armonizarse con el orden. La inquietud del febricitante.
- 83LXXXI - Vulgar facilidad para el cambio por deficiencia de personalidad.
- 84LXXXII - Ejemplo típico de renovación personal. El espíritu de Goethe.
- 85LXXXIII - El dilettantismo. Complejidad del alma contemporánea.
- 86LXXXIV - Diferencia entre el dilettantismo y la renovación positiva de la personalidad.
- 87LXXXV - Renovación falaz y artificiosa. Alcibíades.
- 88LXXXVI - Los viajes como instrumento de renovación. Aureola o penumbra de nuestro «yo».
- 89LXXXVII - La emancipación personal y la soledad.
- 90LXXXVIII - La soledad y la permanencia en la patria.
- 91LXXXIX - Los viajes y nuestra capacidad de simpatía.
- 92XC - La nostalgia: elementos que entran en ella.
- 93XCI - El viajero de vocación es un alma opuesta al asceta y el estoico. El vagabondaggio.
- 94XCII - Los viajeros del Renacimiento. El caminante: Paracelso. El viajero de vocación es siempre el caminante.
- 95XCIII - Viajeros que, a su vuelta, magnetizan una sociedad. Contrarias formas de esta influencia.
- 96XCIV - Los viajes en la educación del artista.
- 97XCV - Naturaleza y arte: Italia. Milton; Goethe.
- 98XCVI - Inconfundible sello de los viajes en la obra artística.
- 99XCVII - Los viajes en la revelación y el desenvolvimiento de las vocaciones científicas. Montesquieu; Stuart Mill.
- 100XCVIII - Almas simples e inmutables: una sola idea; un solo impulso de pasión. Sublimidad posible de estos caracteres.
- 101XCIX - Cabe también en ellos cierto género de gracia. La manzana de Safo.
- 102C - Dos distintas especies de almas entusiastas.
- 103CI - Necesidad de un principio director en el espíritu de cada uno de nosotros. Este principio puede ser inconsciente.
- 104CII - La influencia del techo. De cómo un principio director influye en todo lo del alma, sin necesidad de quedar solitario y único.
- 105CIII - El enamorado y la omnipresencia de su pasión.
- 106CIV - Una vocación suscita otras. Asociación o subordinación de vocaciones. Casos en que coexisten sin asociarse.
- 107CV - Vocaciones de arte y ciencia que se subordinan a la vida de acción. Diferentes vocaciones activas que se auxilian y complementan entre sí. Fecundidad de la unión de dos elementos contradictorios en una vocación compleja.
- 108CVI - Vocaciones activas subordinadas a las de la ciencia y el arte.
- 109CVII - Subordinación de una vocación artística a otra científica, y de una científica a otra artística. Asociación de diferentes vocaciones artísticas entre sí. Vocación de un arte interpretativa unida a la de la correspondiente arte creadora. Auxilios que se prestan la aptitud de producir y el entendimiento crítico.
- 110CVIII - Asociaciones permanentes entre las diferentes aptitudes científicas. Asociaciones puramente históricas o accidentales. La ciencia teórica y la facultad de su aplicación utilitaria. La facultad de enseñar, etc.
- 111CIX - Coexistencia de una vocación verdadera y otra falsa.
- 112CX - Otro punto de vista en la coexistencia y asociación de vocaciones.
- 113CXI - Virtud disciplinaria de toda potencia ideal que nos gobierna.
- 114CXII - La disciplina del amor y la calidad del objeto en que el amor se cifra.
- 115CXIII - De cómo una potencia ideal evita la pérdida de infinitas minuciosidades de nuestra actividad interna.
- 116CXIV - Hylas.
- 117CXV - Convicción, fe. La tolerancia y cómo ha de entendérsela.
- 118CXVI - Toda fe o convicción ha de ser modificable y perfectible. La sinceridad consigo mismo.
- 119CXVII - No es la convicción más honda la más igual y tranquila.
- 120CXVIII - Las petrificaciones orgánicas. Fe petrificada. Los que creen que creen.
- 121CXIX - Empezar por la simulación y acabar por la sinceridad.
- 122CXX - Posible autosugestión en el apóstol. Una anécdota de Rousseau.
- 123CXXI - Proposición de un soliloquio fecundo. ¡Ayúdate de la soledad y del silencio!...
- 124CXXII - «Jubileo» que debería existir.
- 125CXXIII - No hay convicción tal que puedas dejar de trabajar sobre ella.
- 126CXXIV - Una convicción bien adquirida es trabajo acumulado.
- 127CXXV - Voces que se oponen a la emancipación de una conciencia. Primera voz: la del orgullo.
- 128CXXVI - Segunda voz: «¡Apóstata, traidor!»
- 129CXXVII - La despedida de Gorgias.
- 130CXXVIII - «Aún tendría otras cosas que deciros, mas no podríais llevarlas».
- 131CXXIX - La idea que se organiza en escuela o partido, pierde fatalmente parte de su esencia. Nombres que engendran odio.
- 132CXXX - Inconsecuencia aparente y perseverancia esencial.
- 133CXXXI - Apostasía con disfraz de constancia.
- 134CXXXII - Los amigos de Pirrón.
- 135CXXXIII - Tercera voz: ternura y gratitud. Cómo un primer amor puede vivir al través de los que le suceden.
- 136CXXXIV - Vestigio inmortal que deja de su paso toda fe sincera.
- 137CXXXV - Cuarta voz: temor a la soledad y el desamparo. Los tres cuervos del descubrimiento de Islandia.
- 138CXXXVI - En el fuerte, la duda no es desconcierto ni ocio. La duda laboriosa es, como la fe, principio de disciplina.
- 139CXXXVII - La idea, para ser eficaz, ha de acompañarse del sentimiento. El guijarro y el árbol.
- 140CXXXVIII - Conversiones livianas. La imaginación y la sensibilidad en la conversión.
- 141CXXXIX - La idea puede suscitar el sentimiento. Contradicciones íntimas. Toda pasión humana lleva en sí misma el germen de su disolución.
- 142CXL - Lucrecia y el mago.
- 143CXLI - Ante los muros de la cárcel. El criminal heroico. Fatalidad de un momento. El epiléptico en la tumba.
- 144CXII - Tentaciones regresivas en la conversión incipiente.
- 145CXLIII - Un amplio don de expresión como incentivo de falsos cambios de ideas.
- 146CXLIV - La apostasía venal.
- 147CXLV - La pasión de Peregrino. Apostasía por codicia de fama. La falsa fuerza; la falsa originalidad.
- 148CXLVI - Paradoja sobre la originalidad.
- 149CXLVII - Versatilidad que remata en convicción firme y segura.
- 150CXLVIII - La vida es arte supremo.
- 151CXLIX - El primer instrumento de la regeneración es la esperanza de alcanzarla.
- 152CL - La esperanza, como luz; la voluntad, como fuerza. Omnipotencia de la voluntad.
- 153CLI - La pampa de granito.
- 154CLII - Sentido de esa parábola.
- 155CLIII - La voluntad colectiva. Un milagro del mapa.
- 156CLIV - La personalidad en los pueblos.
- 157CLV - El genio nacional.
- 158CLVI - Cambiar sin descaracterizarse.
- 159CLVII - Cuadro de otoño.
- 160CLVIII - Final.