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Poesías de Garcilaso de la Vega

スペイン語 BooksWhale エディション · Garcilaso de la Vega

La poesía renacentista de Garcilaso, modelo de elegancia, amor, naturaleza y forma clásica.

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Poesías de Garcilaso de la Vega

Las Poesías de Garcilaso de la Vega introducen en la lírica española una nueva armonía renacentista. Sus sonetos, églogas y canciones combinan amor, paisaje, mitología y equilibrio formal, convirtiéndose en referencia central del Siglo de Oro.

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Garcilaso de la Vega murió en 1536 y sus poesías fueron publicadas en el siglo XVI; estas fechas sostienen el dominio público de esta obra española.

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Poesías de Garcilaso de la Vega

Garcilaso de la Vega

obras de Garcilaso, a partir de la primera edición, hecha, como se

ha dicho, en Barcelona en 1543, se publicaron muchas veces con las de

Boscán, ocupando el cuarto libro de _Las obras de Boscán y algunas de

Garci Lasso de la Vega, repartidas en cuatro libros_; pero el gusto del

público, demostrando de día en día creciente predilección por las de

Garcilaso, movió a los impresores a editarlas separadamente, quedando,

desde este punto, casi olvidadas las del amigo que hasta entonces, en

su compañía, había participado de su triunfo. En 1570 tuvo ya Garcilaso

por sí solo una edición: «_Las obras del Excellente Poeta Garci-Lasso

de la Vega, en esta postrera imprission corregidas de muchos errores

que en todas las passadas auia_ -- Madrid, Alonso Gómez, 1570--; 8.º,

78 hojas foliadas, incluso las preliminares. -- Contiene únicamente

las poesías sin anotaciones»; véase Pérez Pastor, _Bibliografía

madrileña_, Madrid, 1901, núm. 43.

--_Obras del excelente poeta Garci-Lasso de la Vega; con Anotaciones

y Emiendas del Maestro Francisco Sánchez, Catedrático de Retórica en

Salamanca_; conforme a la edición de Salamanca de 1581: Francisci

Sanctii Brocensis, Opera Omnia -- Tomus Quartus seu Opera Poetica --

Genevae -- Apud Fratres de Tournes -- MDCCLXVI. -- La primera edición

de las anotaciones del Brocense es de 1574, en Salamanca, casa de Pedro

Laso, en 16.º, según D. Nicolás Antonio; edición que se repitió en

1577, 1581, 1589, etc.; sus notas tienden principalmente a señalar los

pasajes de autores latinos e italianos que imitó Garcilaso; dan por

hecho que el poeta imitó consciente e intencionadamente, y hubo quien

protestó de esta censura como Jerónimo de los Cobos, poeta gaditano,

con su soneto: _Descubierto se ha un hurto de gran fama -- del ladrón

Garcilaso_... Sánchez defendió su sistema en el prólogo de la edición

de 1581; su trabajo es, sin duda, el más sobrio y erudito entre todos

los comentarios de Garcilaso.

--_Obras de Garci-Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de

Herrera._ En Sevilla, por Alonso de la Barrera. Año de 1580. Precede

un _Discurso a los lectores_ del maestro Francisco de Medina, modelo

de elegancia y clasicismo; el estudio de Herrera es el más completo

y minucioso, pero peca de pesado e indigesto; el anotador debió

proponerse decir todo lo que sabía en toda clase de materias, y a

veces, muy fuera de propósito, cualquier palabra del texto, sirve de

tema a un largo discurso tan erudito como innecesario para el caso; la

severidad de Herrera, preceptista y retórico escrupuloso, condenando

algunos defectos que creyó encontrar, le valió la célebre réplica de

_Prete Jacopin_ -- D. Pedro Fernández de Velasco.

--_Garci-Lasso de la Vega, natural de Toledo -- Príncipe de los poetas

castellanos_ -- De Don Thomas Tamaio de Vargas -- Con licencia; en

Madrid, por Luis Sánchez. Año 1622. -- Tamayo dedicó principalmente su

trabajo a hacer crítica, expurgo y fijación del texto y a dar noticia

de los pasajes imitados.

--_Obras de Garcilaso, ilustradas con notas._ En la Imprenta Real de la

_Gaceta_, Madrid -- 1765; esta fue la edición que compuso el magnífico

caballero aragonés D. José Nicolás de Azara, autor del elocuente

prólogo que la precede, sobre la decadencia del habla castellana, y

de las breves notas que la siguen, referentes en general a la cita de

pasajes imitados, según el Brocense; pecó, a mi juicio, de displicencia

y acritud en ciertas observaciones sobre Garcilaso, así como al decir

--en su prólogo-- respecto a Tamayo, que «hizo de sus notas el mejor

dechado de los despropósitos».

--_Poetas líricos de los siglos XVI y XVII_ -- Colección ordenada por

プレビュー章Part 2プレビュー

Elisa, envueltos en un blanco paño,

que nunca de mi seno se me apartan;

descójolos, y de un dolor tamaño 355

enternecerme siento, que sobre ellos

nunca mis ojos de llorar se hartan.

Sin que de allí se partan,

con suspiros calientes,

más que la llama ardientes, 360

los enjugo del llanto, y de consuno

casi los paso y cuento uno a uno;

juntándolos, con un cordón los ato.

Tras esto el importuno

dolor me deja descansar un rato. 365

Mas luego a la memoria se me ofrece

aquella noche tenebrosa, escura,

que tanto aflige esta ánima mesquina

con la memoria de mi desventura.

Verte presente agora me parece 370

en aquel duro trance de Lucina,

y aquella voz divina,

con cuyo son y acentos

a los airados vientos

pudieras amansar, que agora es muda; 375

me parece que oigo que a la cruda,

inesorable diosa demandabas

en aquel paso ayuda;

y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?

¿Íbate tanto en perseguir las fieras? 380

¿Íbate tanto en un pastor dormido?

¿Cosa pudo bastar a tal crueza,

que, comovida a compasión, oído

a los votos y lágrimas no dieras

por no ver hecha tierra tal belleza, 385

o no ver la tristeza

en que tu Nemoroso

queda, que su reposo

era seguir tu oficio, persiguiendo

las fieras por los montes, y ofreciendo 390

a tus sagradas aras los despojos?

¿Y tú, ingrata, riendo

dejas morir mi bien ante los ojos?

Divina Elisa, pues agora el cielo

con inmortales pies pisas y mides, 395

y su mudanza ves, estando queda,

¿por qué de mí te olvidas, y no pides

que se apresure el tiempo en que este velo

rompa del cuerpo, y verme libre pueda,

y en la tercera rueda 400

contigo mano a mano

busquemos otro llano,

busquemos otros montes y otros ríos,

otros valles floridos y sombríos,

donde descanse y siempre pueda verte 405

ante los ojos míos,

sin miedo y sobresalto de perderte?--

Nunca pusieran fin al triste lloro

los pastores, ni fueran acabadas

las canciones que solo el monte oía, 410

si mirando las nubes coloradas,

al tramontar del sol bordadas de oro,

no vieran que era ya pasado el día.

La sombra se veía

venir corriendo apriesa 415

ya por la falda espesa

del altísimo monte, y recordando

ambos como de sueño, y acabando

el fugitivo sol, de luz escaso,

su ganado llevando, 420

se fueron recogiendo paso a paso.

ÉGLOGA SEGUNDA

ALBANIO

En medio del invierno está templada

el agua dulce desta clara fuente,

y en el verano más que nieve helada.

¡Oh claras ondas, cómo veo presente,

en viéndoos, la memoria de aquel día 5

de que el alma temblar y arder se siente!

En vuestra claridad vi mi alegría

escurecerse toda y enturbiarse;

cuando os cobré perdí mi compañía.

¿A quién pudiera igual tormento darse, 10

que con lo que descansa otro afligido

venga mi corazón a atormentarse?

El dulce murmurar de este ruído,

el mover de los árboles al viento,

el suave olor del prado florecido, 15

podrían tornar, de enfermo y descontento,

cualquier pastor del mundo, alegre y sano;

yo solo en tanto bien morir me siento.

¡Oh hermosura sobre el ser humano!

¡Oh claros ojos! ¡Oh cabellos de oro! 20

¡Oh cuello de marfil! ¡Oh blanca mano!

¿Cómo puede ora ser que en triste lloro

se convirtiese tan alegre vida,

y en tal pobreza todo mi tesoro?

Quiero mudar lugar, y a la partida 25

quizá me dejará parte del daño

que tiene el alma casi consumida.

¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño

es darme yo a entender que con partirme,

de mí se ha de partir un mal tamaño! 30

¡Ay miembros fatigados, y cuán firme

プレビュー章Part 3プレビュー

el descubrir tu vida al que aliviarte

del mal alguna parte cierto espera?

ALBANIO

Amor quiere que muera sin reparo;

y conociendo claro que bastaba 375

lo que yo descansaba en este llanto

contigo, a que entre tanto me aliviase,

y aquel tiempo probase a sostenerme;

por más presto perderme, como injusto,

me ha ya quitado el gusto que tenía 380

de echar la pena mía por la boca.

Así que ya no toca nada dello

a ti querer sabello, ni contallo

a quien solo pasallo le conviene,

y muerte solo por alivio tiene. 385

SALICIO

¿Quién es contra su ser tan inhumano,

que al enemigo entrega su despojo,

y pone su poder en otra mano?

¿Cómo, y no tienes ora algún enojo

de ver que amor tu misma lengua ataje, 390

o la desate por su solo antojo?

ALBANIO

Salicio amigo, cese este lenguaje;

cierra tu boca, y más aquí no la abras;

yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.

¿Para qué son maníficas palabras? 395

¿Quién te hizo filósofo elocuente,

siendo pastor de ovejas y de cabras?

¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmente

con espedida lengua y rigurosa

el sano da consejos al doliente! 400

SALICIO

No te aconsejo yo, ni digo cosa

para que debas tú por ella darme

respuesta tan aceda y tan odiosa.

Ruégote que tu mal quieras contarme,

porque dél pueda tanto entristecerme, 405

cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.

ALBANIO

Pues ya de ti no puedo defenderme,

yo tornaré a mi cuento cuando hayas

prometido una gracia concederme;

y es, que en oyendo el fin, luego te vayas 410

y me dejes llorar mi desventura

entre estos pinos solo y estas hayas.

SALICIO

Aunque pedir tú eso no es cordura,

yo seré dulce más que sano amigo,

y daré bien lugar a tu tristura. 415

ALBANIO

Hora, Salicio, escucha lo que digo;

y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,

a doquiera que estáis, estad conmigo.

Ya te conté el estado tan dichoso

a do me puso amor, si en él yo firme 420

pudiera sostenerme con reposo;

mas, como de callar y de encubrirme

de aquella por quien vivo me encendía,

llegué ya casi al punto de morirme,

mil veces ella preguntó qué había, 425

y me rogó que el mal le descubriese,

que mi rostro y color lo descubría.

Mas no acabó con cuanto me dijese,

que de mí a su pregunta otra respuesta

que un sospiro con lágrimas hubiese. 430

Aconteció que en una ardiente siesta,

viniendo de la caza fatigados,

en el mejor lugar desta floresta,

que es este donde estamos asentados,

a la sombra de un árbol aflojamos 435

las cuerdas a los arcos trabajados.

En aquel prado allí nos reclinamos,

y del céfiro fresco recogiendo

el agradable espirtu, respiramos.

Las flores, a los ojos ofreciendo 440

diversidad estraña de pintura,

diversamente así estaban oliendo.

Y en medio aquesta fuente clara y pura,

que como de cristal resplandecía,

mostrando abiertamente su hondura, 445

el arena, que de oro parecía,

de blancas pedrezuelas variada,

por do manaba el agua, se bullía.

En derredor ni sola una pisada

de fiera o de pastor o de ganado 450

a la sazón estaba señalada.

Después que con el agua resfriado

hubimos el calor, y juntamente

la sed de todo punto mitigado,

ella, que con cuidado diligente 455

a conocer mi mal tenía el intento,

y a escudriñar el ánimo doliente,

con nuevo ruego y firme juramento

me conjuró y rogó que le contase

la causa de mi grave pensamiento; 460

y si era amor, que no me recelase

de hacelle mi caso manifiesto,

y demostralle aquella que yo amase,

que me juraba que también en esto

el verdadero amor que me tenía 465

目次

このエディションの内容

  1. 01Part 1
  2. 02Part 2
  3. 03Part 3
  4. 04Part 4
  5. 05Part 5
  6. 06Part 6
  7. 07Part 7
  8. 08Part 8
  9. 09Part 9
  10. 10Part 10
  11. 11Part 11
  12. 12Part 12
  13. 13Part 13
  14. 14Part 14
  15. 15Part 15
  16. 16Part 16
  17. 17Part 17
  18. 18Part 18
  19. 19Part 19
  20. 20Part 20

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