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Literatura
El doctor Centeno
Edição BooksWhale em espanhol por Benito Pérez Galdós
Una novela de formación sobre educación, pobreza, ambición y el Madrid del siglo XIX.
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Introdução do livro
El doctor Centeno
Felipe Centeno llega a Madrid con poco dinero y un futuro incierto. Galdós sigue su aprendizaje entre trabajos precarios, patronazgo, aspiración intelectual e instituciones desiguales.
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Benito Pérez Galdós died in 1920; El doctor Centeno was first published or performed in 1883. This entry uses the original Spanish text.
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El doctor Centeno
Benito Pérez Galdós
Capítulo de préviaEL DOCTOR CENTENO I INTRODUCCIÓN Á LA PEDAGOGÍAPrévia
EL DOCTOR CENTENO I INTRODUCCIÓN Á LA PEDAGOGÍA
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Con paso decidido acomete el héroe la empinada cuesta del Observatorio. Es, para decirlo pronto, un héroe chiquito, paliducho, mal dotado de carnes y peor de vestido con que cubrirlas; tan insignificante, que ningún transeunte, de éstos que llaman personas, puede creer, al verle, que es de heróico linaje y de casta de inmortales, aunque no esté destinado á arrojar un nombre más en el enorme y ya sofocante inventario de las celebridades humanas. Porque hay ciertamente héroes más ó menos talludos que, mirados con los ojos que sirven para ver las cosas usuales, se confunden con la primera mosca que pasa ó con el silencioso, común é incoloro insectillo que á nadie molesta, y ni siquiera merece que el buscador de alimañas lo coja para engalanar su colec ción entomológica... Es un héroe más obscuro que las historias de sucesos que aún no se han derivado de la fermentación de los humanos propósitos; más inédito que las sabidurías de una Academia, cuyos cuarenta señores andan á gatas todavía, con el dedo en la boca, y cuyos sillones no han sido arrancados aún al tronco duro de las caobas americanas.
Esto no impide que ocupe ya sobre el regazo de la madre Naturaleza el lugar que le corresponde, y que respire, ande y desempeñe una y otra función vital con el alborozo y brío de todo sér que estrena sus órganos. Y así, al llegar al promedio de la cuesta, á trozos escalera, á trozos senda mal empedrada y herbosa, incitado sin duda por los estímulos del aire fresco y por el sabroso picor del sol, da un par de volteretas, poniendo las manos en el suelo, y luego media docena de saltos, agitando á compás los brazos como si quisiera levantar el vuelo. Desvíase pronto á la derecha y se mete por los altibajos del cerrillo de San Blas; vuelve á los pocos pasos, vacila, mira en redondo, compara, escoge sitio, se sienta...
Es un señor como de trece ó catorce años, en cuyo rostro la miseria y la salud, la abstinencia y el apetito, la risa y el llanto han confundido de tal modo sus diversas marcas y cifras, que no se sabe á cuál de estos dueños pertenece. La nariz es de éstas que llaman socráticas, la boca no pequeña, los ojos tirando á grandes, el conjunto de las facciones poco limpio, revelando escasas comodidades domésticas, y ausencia completa de platos y manteles para comer; las manos son duras y ásperas como piedra. Ostenta chaqueta rota y ventilada por mil partes, coturno sin suela, calzón á la borgoñona, todo lleno de cuchilladas, y sobre la cabeza greñosa, morrión ó cimera sin forma, que es el más lastimoso desperdicio de sombrero que ha visto en sus tenderetes el Rastro.
De aquellos incomprensibles bolsillos del chaquetón saca mi hombre, á una mano y otra, diversas cosas. Por este agujero aparece un pedazo de chocolate; por aquella hendidura asoma un puro de estanco; por el otro repliegue déjanse ver sucesivamente dos zoquetes de empedernido pan; de aquel jirón, que el héroe sacude, caen ó llueven seis bellotas y algunos ochavos y cuartos; más abajo se descubre un papelillo de fósforos; por entre hilachas salen tres plumas de acero, un trozo de lápiz, higos pasados, un periódico doblado, con los dobleces rotos y ennegrecidos... Aparta con diligente mano aquellos objetos que hasta ahora no se consideran digestivos, desenvuelve y tiende sobre el suelo el periódico á modo de mantel, y sobre él va poniendo los varios artículos de comer y fumar. Se coloca bien, echando una pierna á cada lado del papel; quita, pone, cla sifica, ordena, se recrea en su banquete y lo despacha en dos credos.
No se meterá el historiador en la vida privada, inquiriendo y arrojando á la publicidad pormenores indiscretos. Si el héroe usa una de las plumas de acero, como tenedor, para pinchar un higo; si se lleva á la boca con gravedad el pedazo de pan, mordiendo en él con limpieza y buena crianza; si hay, en suma, en su alborozado espíritu un gracioso prurito de comer como los señores , ¿por qué se ha de perder el tiempo en tales niñerías? Más importante es que el historiador, con toda la tiesura, con toda la pompa intelectual que pide su oficio, se remonte ahora á los orígenes de aquella propiedad, y escudriñe de dónde proceden las bellotas, de dónde el fiero cigarrote, los higos, el pan y demás provisiones, con lo cual, si sale airoso de su empresa y lo descubre todito, se acreditará de sabio averiguante, que es lo mejor para tener crédito y laureles sin fin. Llevado de su noble anhelo, baraja papeles, abofetea libros, estropea códices, destripa legajos, y al fin ofrece á la admiración de sus colegas los siguientes datos, preciosa conquista de la sabiduría española:
Sumário
Nesta edição
- 01Full text
- 02EL DOCTOR CENTENO I INTRODUCCIÓN Á LA PEDAGOGÍA
- 03I
- 04II
- 05III
- 06IV
- 07II PEDAGOGÍA I
- 08II
- 09III
- 10IV
- 11VI
- 12VII
- 13VIII
- 14IX
- 15X
- 16XI
- 17XII
- 18XIII
- 19III QUIROMANCIA I
- 20II
- 21III
- 22IV
- 23VI
- 24VII
- 25VIII
- 26IX
- 27X
- 28IV EN AQUELLA CASA I
- 29II
- 30III
- 31IV
- 32VI
- 33VII
- 34VIII
- 35IX
- 36PRINCIPIO DEL FIN I
- 37II
- 38III
- 39IV
- 40VI
- 41VII
- 42VI FIN I
- 43II
- 44III
- 45Parte del dinero cayó al suelo. Mientras el amigo de Juanito lo
- 46IV
- 47VI
- 48VII
- 49VIII
- 50VII FIN DEL FIN I
- 51II
- 52III
- 53IV
- 54VI
- 55FIN DE EL DOCTOR CENTENO
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