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Literatura
Granada la bella
Edição BooksWhale em espanhol por Ángel Ganivet
Granada, memoria urbana, belleza, historia y cultura española.
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Introdução do livro
Granada la bella
Granada la bella, de Ángel Ganivet, es un clásico de dominio público centrado en granada, memoria urbana, belleza, historia y cultura española. Esta edición en español destaca su contexto, sus temas, su estilo y su valor literario o histórico.
Edição BooksWhale
Como esta edição foi preparada
Esta edição se baseia em um texto em domínio público e foi preparada pela BooksWhale para leitura digital.
Base de domínio público
Por que pode ser compartilhada
Ángel Ganivet murió en 1898, y Granada la bella se publicó por primera vez en 1896. Estas fechas sustentan la base de dominio público de esta edición original española.
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Granada la bella
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I
Capítulo de préviaPuntos de vistaPrévia
Voy a hablar de Granada, o mejor dicho, voy a escribir sobre Granada unos cuantos artículos para exponer ideas viejas con espíritu nuevo, y acaso ideas nuevas con viejo espíritu; pero desde el comienzo dése por sentado que mi intención no es cantar bellezas reales, sino bellezas ideales, imaginarias. Mi Granada no es la de hoy: es la que pudiera y debiera ser, la que ignoro si algún día será. Que por grandes que sean nuestras esperanzas, nuestra fe en la fuerza inconsciente de las cosas, por tan torcidos caminos marchamos las personas, que cuanto atañe al porvenir se presta ahora menos que nunca a los arranques proféticos.
Esas ideas que, sin orden preconcebido, y pudiera decir con desorden sistemático, irán saliendo como buenamente puedan, tienen el mérito, que sospecho es el único, de no pertenecer a ninguna de las ciencias o artes conocidas hasta el día y clasificadas con mejor o peor acierto por los sabios de oficio; son, como si dijéramos, ideas sueltas, que están esperando su genio correspondiente que las ate o las líe con los lazos de la Lógica; las bautice con un nombre raro, extraído de algún lexicón latino o griego, y las lance a la publicidad con toques previos de bombo y platillo, según es de ritual en estos tiempos fatigados en que la gente no sabe ya lo que las cosas son mientras los interesados no se toman la molestia de colocarles un gran rótulo que lo declare. Para entendernos, diré sólo que este arte nonnato puede ser definido provisionalmente como un arte que se propone el embellecimiento de las ciudades por medio de la vida bella, culta y noble de los seres que las habitan.
Los artistas de aguja y tijera saben perfectamente que la elegancia no está en el traje, sino en la persona que lo lleva; y el principal talento de una modista o de un sastre, más que en afinar el corte, está en recargar las cuentas, para desembarazarse de la gente de medio pelo. Así también una ciudad material -los edificios- es tanto más hermosa cuanto mayor es la nobleza y distinción de la ciudad viviente -los habitantes-. Para embellecer una ciudad no basta crear una comisión, estudiar reformas y formar presupuestos; hay que afinar al público, hay que tener criterio estético, hay que gastar ideas.
Si un campesino os pregunta qué medios debe emplear para llevar guantes sin que la gente se ría de él, le contestaréis: «Amigo, la Naturaleza, en su alta sabiduría, valiéndose del aire libre de los campos, le ha endurecido a usted de tal manera el cutis, que el uso de guantes viene a ser, como quien dice, albarda sobre albarda. Pero si el empeño es irrevocable, no le queda a usted otro camino que venirse a vivir a la ciudad, andar entre cristales, romperse las esquinas y redondearse los ángulos con el trato social, y esperar tranquilo que algún día los guantes le vayan como una seda. En una palabra: sea usted caballero antes de usar ese y otros atributos anejos a la moderna, pacífica y vulgar caballería.»
Resulta, pues, de lo dicho que mi plan de campaña es baratísimo; mis reformas estarán muy en armonía con el estado de nuestra Hacienda. Nada de enarbolar instrumentos destructores para echar abajo lo que no sabemos cuándo ni cómo ha de ser reconstruido; ni tampoco proponer nuevas construcciones, sabiendo, como sabemos todos, que no hay dinero, y lo que es peor, que no hay buen gusto. Quedémonos en la dulce interinidad en que vivimos, y aprovechemos este reposo para ver claro, para orientarnos, para tantear nuestras fuerzas, para disponernos a esta obra espiritual, regeneradora y precursora.
Sumário
Nesta edição
- 01Full text
- 02I
- 03Puntos de vista
- 04II
- 05Granada la bella
- 06II
- 07Lo viejo y lo nuevo
- 08III
- 09Granada la bella
- 10III
- 11¡Agua!
- 12IV
- 13Granada la bella
- 14IV
- 15Luz y sombra
- 16V
- 17Granada la bella
- 18V
- 19No hay que ensancharse
- 20VI
- 21Granada la bella
- 22VI
- 23Nuestro carácter
- 24VII
- 25Granada la bella
- 26VII
- 27Nuestro arte
- 28VIII
- 29Granada la bella
- 30VIII
- 31¿Qué somos?
- 32IX
- 33Granada la bella
- 34IX
- 35Parrafada filosófica ante una estación de ferrocarril
- 36X
- 37Granada la bella
- 38X
- 39El constructor espiritual
- 40XI
- 41Granada la bella
- 42XI
- 43Monumentos
- 44XII
- 45Granada la bella
- 46XII
- 47Lo eterno femenino
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