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Cuentos de amor
西班牙语 BooksWhale 版本 · Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán reúne historias de deseo, celos y afectos contradictorios, observando las relaciones amorosas desde perspectivas diversas.
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图书简介
Cuentos de amor
En estos relatos, Emilia Pardo Bazán explora las formas que adopta el amor cuando se encuentra con el orgullo, la conveniencia o las normas sociales. Las historias cambian de ambiente y de tono, y ofrecen retratos de sentimientos que rara vez resultan sencillos. La colección española combina observación psicológica, ironía y atención a la situación de las mujeres en las relaciones afectivas.
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Emilia Pardo Bazán murió en 1921. La edición se basa en el original español de dominio público disponible en Project Gutenberg; esta base no comprende añadidos editoriales ni ilustraciones posteriores.
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Cuentos de amor
Emilia Pardo Bazán
预览章节PREFACIO预览
TRANQUILÍZATE, lector: no se trata de un prólogo grave pegado á un libro de entretenimiento, lastre de plomo de algo tan leve como el ala de la mariposa: sólo encontrarás aquí unas cuantas advertencias, por otra parte innecesarias si para mí no rigiesen distintas leyes que para los demás autores, y si en mí no se calificase de delito lo que en ellos es acción indiferente, cuando no gracia merecedora de aplauso.
No ignorarás que he escrito á estas fechas gran número de cuentos, pero acaso te sorprenda si digo que pasan de cuatrocientos, y á todo correr se acercan á quinientos ya. No pocos, antes de ser recogidos en volumen, andan vertidos á varias lenguas en tierras muy lejanas, á pesar del descuido de una autora que no por indiferencia ni por desdén, sino por falta de tiempo, suele no contestar á las amables cartas de sus bondadosos traductores.
De estos cuatrocientos y pico de cuentos hay tres ó cuatro de los cuales se murmuró; para decir más verdad, de quien se murmuró no fué de ellos, sino de mí, negándome la propiedad del asunto. Ninguno de los incluídos en el presente volumen ha sido discutido, que yo sepa, en concepto tal; pero me adelanto, lector, á advertirte que tres de los que aquí te ofrezco no son míos por el asunto, y cinco ó seis tampoco son patrimonio de mi inventiva, sino narraciones de casos auténticos y reales—lo que Fernán Caballero llamaba sucedidos.—Yo los vestí y arreglé á mi manera, unas veces por gusto y capricho, otras, sobre todo cuando se trata de sucesos recientes, por respetos á la vida privada ajena.
Al ver la luz en El Imparcial el cuento titulado La sirena, consigné en nota que su asunto estaba tomado de un lindo y breve apólogo de Leopoldo Trenor, La gata blanca. Después hubo quien me aseguró que el apólogo, á su vez, se funda en una poesía alemana. No he podido comprobar la aserción, y queda rectificada de antemano, si fuese inexacta y si el señor Trenor, en vez de hacer como yo hice, hubiese concebido la idea primera del apólogo.
La cabellera de Laura es libre glosa de un ejemplo que refiere el franciscano Padre Juan Laguna en sus Casos raros de vicios y virtudes para escarmiento de pecadores.—Mi suicidio y Cuento soñado, son pensamientos que me sugirió platicando el ilustre y venerable Campoamor; y aunque él, á fuer de opulento, no reclamaría nunca esas dos perlitas, me complazco en agradecerle el donativo y en pedirle excusas por el engarce.
Y pues se trata de perlas, vamos á La perla rosa. Verdaderamente me asombra, lector entendido, que mis vigilantes aduaneros y agentes del resguardo no hayan gritado ¡matute! cuando inserté ese cuento en El Liberal. Me denuncio, ya que ellos se duermen. A los pocos meses de aparecer en El Liberal La perla rosa, ví en el mismo diario un cuento ajeno, firmado por León de Tinseau, y titulado La perla negra, que, además de la semejanza del título, ofrecía coincidencias de asunto. En ambos cuentos, la pérdida de una perla descubre la falta de una mujer. Leído el cuento de Tinseau, tuve esperanzas de que fuese posterior en fecha al mío, y escribí á Miguel Moya rogándole me dijese dónde lo había encontrado. Al saber que en un libro que lleva por epígrafe Mon oncle Alcide, lo encargué á Francia, y ví que estaba impreso hacía tres ó cuatro años. Por lo tanto, á la letra, yo soy quien ha aprovechado una idea de Tinseau. Los que no den crédito á mi afirmación de que ni sospechaba la existencia de La perla negra cuando escribí La perla rosa, dueños son de afirmar á su vez que ésta es hija de aquélla. Sin falsa modestia, debo añadir que La perla rosa tiene mejor oriente.
预览章节El amor asesinado预览
NUNCA podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarla punto de reposo.
Empezó poniendo tierra en medio, viajando para romper el hechizo que sujeta al alma á los lugares donde por primera vez se nos aparece el Amor. Precaución inútil, tiempo perdido; pues el pícaro rapaz se subió á la zaga del coche, se agazapó bajo los asientos del tren, más adelante se deslizó en el saquillo de mano, y por último, en los bolsillos de la viajera. En cada punto donde Eva se detenía, sacaba el Amor su cabecita maliciosa y la decía con sonrisa picaresca y confidencial: «No me separo de ti. Vamos juntos».
Entonces Eva, que no se dormía, mandó construir altísima torre bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrafosos, defendida por guardias veteranos, y con rastrillos y macizas puertas chapeadas y claveteadas de hierro, cerradas día y noche. Pero al abrir la ventana, un anochecer que se asomó agobiada de tedio á mirar el campo y á gozar la apacible y melancólica luz de la luna saliente, el rapaz se coló en la estancia; y si bien le expulsó de ella y colocó rejas dobles, con agudos pinchos, y se encarceló voluntariamente,—sólo consiguió Eva que el Amor entrase por las hendiduras de la pared, por los canalones del tejado ó por el agujero de la llave.
Furiosa, hizo tomar las grietas y calafatear los intersticios, creyéndose á salvo de atrevimientos y demasías: mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardigüelas el Amor. El muy maldito se disolvió en los átomos del aire, y envuelto en ellos se le metió en boca y pulmones, de modo que Eva se pasó el día respirándole, exaltada, loca, con una fiebre muy semejante á la que causa la atmósfera sobresaturada de oxígeno.
Ya fuera de tino, desesperando de poder tener á raya al malvado Amor, Eva comenzó á pensar en la manera de librarse de él definitivamente, á toda costa, sin reparar en medios ni detenerse en escrúpulos. Entre el Amor y Eva, la lucha era á muerte, y no importaba el cómo se vencía, sino sólo obtener la victoria.
Eva se conocía bien, no porque fuese muy reflexiva, sino porque poseía instinto sagaz y certero; y conociéndose, sabía que era capaz de engatusar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no al Amor, de suyo inflamable y fácil de seducir. Propúsose, pues, chasquear al Amor, y desembarazarse de él sobre seguro y traicioneramente, asesinándole.
Preparó sus redes y anzuelos, y poniendo en ellos cebo de flores y de miel dulcísima, atrajo al Amor haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora ternura y palabras entre graves y mimosas, en voz velada por la emoción, de notas más melodiosas que las del agua cuando se destrenza sobre guijas ó cae suspirando en morisca fuente.
Y el Amor acudió volando, alegre, gentil, feliz, aturdido y confiado como niño, impetuoso y engreído como mancebo, plácido y sereno como varón vigoroso.
Eva le acogió en su regazo; acaricióle con felina blandura; sirvióle golosinas; le arrulló para que se adormeciese tranquilo, y así que le vió calmarse recostando en su pecho la cabeza, se preparó á extrangularle, apretándole la garganta con rabia y brío.
Un sentimiento de pena y lástima la contuvo, sin embargo, breves instantes. ¡Estaba tan lindo, tan divinamente hermoso el condenado Amor aquél! Sobre sus mejillas de nácar, palidecidas por la felicidad, caía una lluvia de rizos de oro, finos como las mismas hebras de la luz; y de su boca purpúrea, risueña aún, de entre la doble sarta de piñones mondados de sus dientes, salía un soplo aromático, igual y puro. Sus azules pupilas, entreabiertas, húmedas, conservaban la languidez dichosa de los últimos instantes; y plegadas sobre su cuerpo de helénicas proporciones, sus alas color de rosa parecían pétalos arrancados. Eva notó ganas de llorar...
目录
本版本内容
- 01Full text
- 02PREFACIO
- 03El amor asesinado
- 04El viajero
- 05El corazón perdido
- 06Mi suicidio
- 07La última ilusión de don Juan
- 08Desquite
- 09El dominó verde
- 10La aventura del ángel
- 11El fantasma
- 12La perla rosa
- 13Un parecido
- 14Memento
- 15La caja de oro
- 16La sirena
- 17Así y todo...
- 18La cabellera de Laura
- 19Delincuente honrado
- 20Primer amor
- 21La inspiración
- 22Champagne
- 23Sor Aparición
- 24¿Justicia?
- 25Más allá
- 26La culpable
- 27La novia fiel
- 28Afra
- 29Cuento soñado
- 30Los buenos tiempos
- 31Sara y Agar
- 32Maldición de gitana
- 33La bicha
- 34Sangre del brazo
- 35Consuelo
- 36La novela de Raimundo
- 37El encaje roto
- 38Martina
- 39Apólogo
- 40A secreto agravio...
- 41La religión de Gonzalo
- 42El panorama de la Princesa
- 43Remordimiento
- 44Temprano y con sol...
- 45Sí, señor