Spanish Edition
Literature
Abel Sánchez
Spanish BooksWhale Edition by Miguel de Unamuno
Una edición española original sobre envidia, Caín y Abel, rivalidad, culpa, amistad, prestigio y novela psicológica.
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Abel Sánchez
Abel Sánchez de Miguel de Unamuno se presenta como una edición española original y cuidada. La obra destaca por envidia, Caín y Abel, rivalidad, culpa, amistad, prestigio y novela psicológica. Su valor literario, histórico o intelectual la convierte en una pieza útil para lectores de clásicos, estudios hispánicos y textos de dominio público.
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Miguel de Unamuno murió en 1936, y Abel Sánchez fue publicado o compuesto en 1917. Estos datos respaldan el dominio público del texto español original utilizado en esta edición.
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Abel Sánchez
Al morir Joaquín Monegro encontróse entre sus papeles una especie de Memoria de la sombría pasión que le hubo devorado en vida. Entremézclase en este relato fragmentos tomados de esa confesión--así lo rotuló--, y que vienen a ser al modo de comentario que se hacía Joaquín a sí mismo de su propia dolencia. Esos fragmentos van entrecomillados. La =Confesión= iba dirigida a su hija.
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No recordaban Abel Sánchez y Joaquín Monegro desde cuándo se conocían. Eran conocidos desde antes de la niñez, desde la primera infancia, pues ya sus sendas nodrizas se juntaban y los juntaban cuando aun ellos no sabían hablar. Aprendió cada uno de ellos a conocerse conociendo al otro. Y así vivieron y se hicieron juntos amigos desde nacimiento casi, más bien hermanos de crianza.
En sus paseos, en sus juegos, en sus otras amistades comunes, parecía dominar e iniciarlo todo Joaquín, el más voluntarioso; pero era Abel quien, pareciendo ceder, hacía la suya siempre. Y es que le importaba más no obedecer que mandar. Casi nunca reñían. «Por mí como tú quieras...!» le decía Abel a Joaquín, y éste se exasperaba a las veces porque con aquel «como tú quieras...!» esquivaba las disputas.
--Nunca me dices que no!--exclamaba Joaquín.
--Y para qué?--respondía el otro.
--Bueno, este no quiere que vayamos al Pinar--dijo una vez aquel cuando varios compañeros se disponían a un paseo.
--Yo? pues no he de quererlo...!--exclamó Abel.--Sí, hombre, sí; como tú quieras. Vamos allá!
--No, como yo quiera, no! Ya te he dicho otras veces que no! Como yo quiera no! Tú no quieres ir!
--Que sí, hombre...
--Pues entonces no lo quiero yo...
--Ni yo tampoco...
--Eso no vale--gritó ya Joaquín.--O con él o conmigo!
Y todos se fueron con Abel, dejándole a Joaquín solo.
Al comentar éste en sus _Confesiones_ tal suceso de la infancia, escribía: «Ya desde entonces era él simpático, no sabía por qué, y antipático yo, sin que se me alcanzara mejor la causa de ello, y me dejaban solo. Desde niño me aislaron mis amigos».
Durante los estudios del bachillerato, que siguieron juntos, Joaquín era el empollón, el que iba a la caza de los premios, el primero en las aulas y el primero Abel fuera de ellas, en el patio del Instituto, en la calle, en el campo, en los novillos, entre los compañeros. Abel era el que hacía reir con sus gracias y, sobre todo, obtenía triunfos de aplauso por las caricaturas que de los catedráticos hacía. «Joaquín es mucho más aplicado, pero Abel es más listo... si se pusiera a estudiar...» Y este juicio común de los compañeros, sabido por Joaquín, no hacía sino envenenarle el corazón. Llegó a sentir la tentación de descuidar el estudio y tratar de vencer al otro en el otro campo, pero diciéndose: «bah! qué saben ellos...» siguió fiel a su propio natural. Además, por más que procuraba aventajar al otro en ingenio y donosura no lo conseguía. Sus chistes no eran reídos y pasaba por ser fundamentalmente serio. «Tú eres fúnebre»--solía decirle Federico Cuadrado--«tus chistes son chistes de duelo».
Concluyeron ambos el bachillerato. Abel se dedicó a ser artista siguiendo el estudio de la pintura y Joaquín se matriculó en la Facultad de Medicina. Veíanse con frecuencia y hablaba cada uno al otro de los progresos que en sus respectivos estudios hacían, empeñándose Joaquín en probarle a Abel que la Medicina era también un arte y hasta un arte bella, en que cabía inspiración poética. Otras veces, en cambio, daba en menospreciar las bellas artes, enervadoras del espíritu, exaltando la ciencia, que es la que eleva, fortifica y ensancha el espíritu con la verdad.
--Pero es que la Medicina tampoco es ciencia--le decía Abel.--No es sino un arte, una práctica derivada de ciencias.
--Es que yo no he de dedicarme al oficio de curar enfermos--replicaba Joaquín.
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--Qué tal te pareció mi prima?--le preguntaba Joaquín a Abel al día siguiente de habérsela presentado y propuesto a ella, a Helena, lo del retrato, que acojió alborozada de satisfacción.
--Hombre, quieres la verdad?
--La verdad siempre, Abel; si nos dijéramos siempre la verdad, toda la verdad, esto sería el paraíso.
--Sí, y si se la dijera cada cual a sí mismo...
--Bueno, pues la verdad!
--La verdad es que tu prima y futura novia, acaso esposa, Helena, me parece una pava real... es decir, un pavo real hembra... ya me entiendes...
--Sí, te entiendo.
--Como no sé expresarme bien más que con el pincel...
--Y vas a pintar la pava real, o el pavo real hembra, haciendo la rueda acaso, con su cola llena de ojos, su cabecita...
--Para modelo, excelente! Excelente, chico! Qué ojos! Qué boca! Esa boca carnosa y a la vez fruncida... esos ojos que no miran... Qué cuello! Y sobre todo qué color de tez! Si no te incomodas...
--Incomodarme yo?
--Te diré que tiene un color como de india brava, o mejor, de fiera indómita. Hay algo, en el mejor sentido, de pantera en ella. Y todo ello fríamente.
--Y tan fríamente!
--Nada, chico, que espero hacerte un retrato estupendo.
--A mí? Será a ella?
--No, el retrato será para ti, aunque de ella.
--No, eso no, el retrato será para ella!
--Bien, para los dos. Quién sabe... Acaso con él os una.
--Vamos, sí, que de retratista pasas a...
--A lo que quieras, Joaquín, a celestino, con tal de que dejes de sufrir así. Me duele verte de esa manera.
Empezaron las sesiones de pintura, reuniéndose los tres. Helena se posaba en su asiento solemne y fría, henchida de desdén, como una diosa llevada por el destino. «Puedo hablar?», preguntó al primer día, y Abel le contestó: «Sí, puede usted hablar y moverse; para mí es mejor que hable y se mueva, porque así vive la fisonomía... Esto no es fotografía, y además no la quiero hecha estatua...» Y ella hablaba, hablaba, pero moviéndose poco y estudiando la postura. Qué hablaba? Ellos no lo sabían. Porque uno y otro no hacían sino devorarla con los ojos; la veían, no la oían hablar.
Y ella hablaba, hablaba, por creer de buena educación no estarse callada, y hablaba zahiriendo a Joaquín cuanto podía.
--Qué tal vas de clientela, primito?--le preguntaba.
--Tanto te importa eso?...
--Pues no ha de importarme, hombre, pues no ha de importarme...! Figúrate...
--No, no me figuro.
--Interesándote tú tanto como por mí te interesas, no cumplo con menos que con interesarme yo por ti. Y además, quién sabe...
--Quién sabe, qué?
--Bueno, dejen eso--interrumpía Abel;--no hacen sino regañar.
--Es lo natural--decía Helena--entre parientes... Y además, dicen que así se empieza.
--Se empieza, qué?--preguntó Joaquín.
--Eso tú lo sabrás, primo, que tú has empezado.
--Lo que voy a hacer es acabar!
--Hay varios modos de acabar, primo.
--Y varios de empezar.
--Sin duda. Qué, me descompongo con este floreteo, Abel?
--No, no, todo lo contrario. Este floreteo, como le llama, le da más expresión a la mirada y al gesto. Pero...
A los dos días tuteábanse ya Abel y Helena; lo había querido así Joaquín. Quien al tercer día faltó a una sesión.
--A ver, a ver cómo va eso--dijo Helena levantándose para ir a ver el retrato.
--Qué te parece?
--Yo no entiendo, y además no soy quien mejor puede saber si se me parece o no.
--Qué? No tienes espejo? No te has mirado a él?
--Sí, pero...
--Pero qué...
--Qué sé yo...
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02I
- 03II
- 04III
- 05IV
- 06V
- 07VI
- 08VII
- 09VIII
- 10parte, esa misma pasión fangosa, el exceso de mi despecho y mi odio me
- 11IX
- 12X
- 13XI
- 14XII
- 15XIII
- 16XIV
- 17XV
- 18XVI
- 19XVII
- 20XVIII
- 21XIX
- 22XX
- 23XXI
- 24XXII
- 25XXIII
- 26XXIV
- 27XXV
- 28XXVI
- 29XXVII
- 30XXVIII
- 31XXIX
- 32XXX
- 33XXXI
- 34XXXII
- 35XXXIII
- 36XXXIV
- 37XXXV
- 38XXXVI
- 39XXXVII
- 40XXXVIII
- 41OBRAS DEL MISMO AUTOR
- 42EDITADAS POR LA BIBLIOTECA
- 43RENACIMIENTO
- 44UNAMUNO Y GANIVET
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