
Spanish Edition
Literature
Andanzas y visiones españolas
Spanish BooksWhale Edition by Miguel de Unamuno
Unamuno convierte viajes por España y Portugal en meditaciones sobre paisaje, memoria, historia y la experiencia de pertenecer a un lugar.
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Book introduction
Andanzas y visiones españolas
De las montañas y los pueblos castellanos a Galicia, Mallorca y Coimbra, Miguel de Unamuno recorre lugares que suscitan recuerdos, discusiones y preguntas sobre la vida colectiva. Sus crónicas unen la observación del terreno con una reflexión personal que desconfía de las imágenes cómodas de España. El libro incorpora también las Visiones rítmicas, donde el paisaje adquiere una nueva intensidad mediante la expresión poética.
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Obra original en español de Miguel de Unamuno, fallecido en 1936. El texto procede de la transcripción de dominio público de Project Gutenberg; se excluyen imágenes y notas editoriales modernas.
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Preview chapterFull textRead preview
Quiero aquí, a modo de dedicatoria, consagrar un recuerdo a mis compañeros en las excursiones de que hablo, los señores Maurice Legendre, Jacques Chevalier, J. E. Crawford Flitch, Eudoxio de Castro, Francisco Antón, Tomás Elorrieta, Gumersindo y Jesús Solís, Juan Sureda y Pilar M. de Sureda, Gabriel Alomar, Enrique Nogueras, Agustín del Cañizo y Antonio Trías.
Preview chapterPRÓLOGOPreview
En 1911 publiqué en esta misma biblioteca Renacimiento un tomo titulado: «Por tierras de Portugal y de España». Constituíanlo veintiséis relatos de excursiones por ciudades y campos de la Península Ibérica y las Islas Canarias. Y ahora recojo, lector amigo—¿pues qué más fina amistad que leerle a uno?—en este volumen que tienes entre manos—o sobre la mesa—y a la vista, relatos de otras nuevas excursiones por ciudades y campos también de España.
Los he ordenado por orden cronológico, ya que estos relatos fueron apareciendo en diarios de América—en La Nación, de Buenos Aires, casi todos—o de España—en El Imparcial, de Madrid—a medida que hacia las excursiones y recibía las visiones de que en ellos se habla.
El que siguiendo mi producción literaria se haya fijado en mis novelas, excepción hecha de la primera de ellas en tiempo, de Paz en la guerra, habrá podido observar que rehuyo en ellas las descripciones de paisajes y hasta el situarlas en época y lugar determinados, en darles color temporal y local. Ni en Amor y Pedagogía, ni en Niebla, ni en Abel Sánchez, ni en mis Tres novelas ejemplares, ni en La tía Tula hay apenas paisajes ni indicaciones geográficas y cronológicas. Y ello obedece al propósito de dar a mis novelas la mayor intensidad y el mayor carácter dramáticos posibles, reduciéndolas, en cuanto quepa, a diálogos y relato de acción y de sentimientos—en forma de monólogos esto—y ahorrando lo que en la dramaturgia se llama acotaciones.
Fácil me hubiera sido distribuir entre mis novelas las descripciones de tierras y de villas, de montañas, valles y poblados, que aquí recojo, pero no lo he hecho por darles ligereza. El que lee una novela, como el que presencia la representación de un drama, está pendiente del progreso del argumento, del juego de las acciones y pasiones de los personajes y se halla muy propenso a saltar las descripciones de paisajes por muy hermosos que en sí sean, y como no sea que el campo llegue a ser un verdadero personaje de la acción o de la pasión, lo que ocurre pocas veces. Y en cambio el que gusta del paisaje literario, va a buscarlo en sí y por sí. Y a esta demanda de la afición estética es a lo que quiere responder la oferta de este libro, lector amigo.
Miguel de Unamuno.
Salamanca, noviembre de 1920.
Preview chapterRECUERDO DE LA GRANJA DE MORERUELAPreview
No lejos de Benavente, en la Granja de Moreruela, provincia de Zamora, resisten acabar de caer las espléndidas ruinas del primer monasterio de Cistercienses en España. Allá me fuí el último Domingo de Resurrección, y allí recordé una vez más el virgiliano etiam ruinae periere: ¡hasta las ruinas perecieron! ¡Qué majestad la de aquella columnata de la girola que se abre hoy al sol, al viento y a las lluvias! ¡Qué encanto el de aquel ábside! ¡Y qué intensa melancolía la de aquella nave tupida hoy de escombros sobre que brota la verde maleza! Y todo ello se alza, añorando siglos que fueron, y quién sabe si siglos por venir, en un valle de sosiego y de olvido del mundo.
Al ir allá, en auto, desde Benavente, bordeábamos tranquilas charcas cubiertas de la blanca floración de las hierbas acuáticas, y al llamar yo la atención sobre ello a mis amigos, exclamó uno de éstos: «¡Hasta el agua estancada cría flores!» A lo que pensé calladamente: no; sólo el agua estancada florece, y no la que en el caz de un molino hace andar la rueda que nos da la harina. La industria pide agua corriente, pero a la poesía le basta la que está quieta.
Y añorando yo, como las ruinas del monasterio de Cistercienses de la Granja de Moreruela tiempos que se cumplieron, me dije por dentro:
En una celda solo, como en arca
de paz, libre de menester y cargo,
el poema escribir largo, muy largo,
que cielo y muerte, tierra y vida abarca.
Después, en el verdor de la comarca
la vista apacentar; sin el amargo
pasto del mundo, a la hora del letargo
ver cómo visten la dormida charca
en flor las ovas. Lejos del torrente
raudo del caz que hace rodar la rueda
que muele el trigo, soñar lentamente
vida eternal en la que el alma pueda
ser pura flor. ¡Oh, reposo viviente;
florece sólo el agua que está queda!
¡Soñar así; lentamente, a la hora de la siesta, descansando la mirada en las charcas floridas! Y escribir un libro muy largo, muy largo. Un poema, y si no una historia. Una historia como aquella dulcísima y apacible Historia de la Orden de San Jerónimo, que en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial escribió el padre jerónimo fray José de Sigüenza, y es una maravilla de lengua y, a trechos, de poesía. (Bien haya la «Nueva Biblioteca de Autores Españoles» por habérnosla vuelto a dar.) ¿Hay en castellano acaso pasaje de más honda y poética hermosura que el de la muerte de fray Bernardino de Aguilar, profeso del convento de la Murta de Barcelona, que murió tañendo en el manicordio y cantando el salmo Super flumina Babilonis? «No parecía voz humana, porque penetrava las entrañas con el sentimiento que dava a la letra; llegó assi con sus versos hasta el que dize: Quomodo cantabimus canticum Domini in terra aliena. Dixolo una vez, tornolo a repetir la segunda, y a la tercera alçó los ojos al cielo, y dando un suspiro de lo profundo del pecho, puestas las manos en la tecla, pasó de esta vida a la eterna, porque cantasse el cantar del Señor en la tierra de los vivientes». (Libro IV, cap. XXVII.)
¿Encierro el del monasterio? Sí; «encerravase cada uno en su celdilla o covachuela—nos dice el padre Sigüenza—y desde aquel lugar tan estrecho passeava con el alma la anchura de las moradas del cielo». Y yo me digo del que otra vida lleva:
Alza al correr tan grande polvareda
que le ciega los ojos, ni le cabe
pararse en firme hasta que al cabo acabe
donde nunca pensara, pues la rueda
de la fortuna es la que le envereda,
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02PRÓLOGO
- 03RECUERDO DE LA GRANJA DE MORERUELA
- 04DE VUELTA DE LA CUMBRE
- 05EL SILENCIO DE LA CIMA
- 06CIUDAD, CAMPO, PAISAJES Y RECUERDOS
- 07HACIA EL ESCORIAL
- 08EN EL ESCORIAL
- 09SANTIAGO DE COMPOSTELA
- 10JUNTO A LAS RÍAS BAJAS DE GALICIA
- 11LEÓN
- 12EN LA QUIETUD DE LA PEQUEÑA VIEJA CIUDAD
- 13POR CAPITALES DE PROVINCIA
- 14EN LA PEÑA DE FRANCIA
- 15LAS HURDES
- 16I
- 17II
- 18III
- 19IV
- 20SALAMANCA
- 21COIMBRA
- 22FRENTE A LOS NEGRILLOS
- 23DE SALAMANCA A BARCELONA
- 24EN LA CALMA DE MALLORCA
- 25EN LA ISLA DORADA
- 26I
- 27II
- 28LOS OLIVOS DE VALLDEMOSA RECUERDO DE MALLORCA
- 29LA TORRE DE MONTERREY A LA LUZ DE LA HELADA
- 30AL PIE DEL MALADETA
- 31LA FRONTERA LINGÜÍSTICA
- 32CAMINO DE YUSTE
- 33EN YUSTE
- 34EN PALENCIA
- 35EN AGUILAR DE CAMPÓO
- 36FRENTE A ÁVILA
- 37UNA OBRA DE ROMANOS
- 38PAISAJE TERESIANO EL CAMPO ES UNA METÁFORA
- 39I
- 40II
- 41EXTRAMUROS DE ÁVILA
- 42VISIONES RÍTMICAS
- 43LAS ESTRADAS DE ALBIA
- 44AL NERVIÓN
- 45GALICIA
- 46EN UN CEMENTERIO DE LUGAR CASTELLANO
- 47EN GREDOS
- 48ATARDECER DE ESTÍO EN SALAMANCA
- 49EL CRISTO YACENTE DE SANTA CLARA (IGLESIA DE LA CRUZ) DE PALENCIA
- 50JUNTO A LA VIEJA COLEGIATA
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