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Spanish Edition

Literature

Cartas americanas. Primera serie

Spanish BooksWhale Edition by Juan Valera

Juan Valera examina las letras hispanoamericanas mediante cartas sobre poesía argentina, autores colombianos, Rubén Darío y teatro chileno.

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Book introduction

Cartas americanas. Primera serie

La primera serie de Cartas americanas reúne las lecturas de Juan Valera sobre la vida literaria al otro lado del Atlántico. Sus cartas tratan de Víctor Hugo, el perfeccionismo, la poesía argentina, el Parnaso colombiano, Azul de Rubén Darío y el teatro en Chile. Esta edición española incluye la carta dedicatoria y las seis secciones del volumen.

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Juan Valera murió en 1905. Esta edición utiliza el texto original español conservado por Project Gutenberg, sin estudios editoriales posteriores ni notas separadas.

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Preview chapterAl Excmo. Señor Don Antonio Cánovas del CastilloRead preview

Mi querido amigo: Como pobre muestra de la buena amistad que, desde hace años, me une á Ud., y de la gratitud que le debo por el benigno prólogo que escribió para mis novelas, dedico á Ud. este librito, donde van reunidas algunas de mis cartas sobre literatura de la América española.

Espero que sea Ud. indulgente conmigo y que acepte gustoso la ofrenda, á pesar de su corta ó ninguna importancia.

Yo entiendo, sin afectación de modestia, que mi trabajo es ligerísimo; pero la intención que me mueve y el asunto de que trato le prestan interés, del cual Ud., que con tanto fruto cultiva la historia política de nuestra nación, sabrá estimar el atractivo.

Breve fué la preponderancia de los hombres de nuestra Península en el concierto de las cinco ó seis naciones europeas que crearon la moderna civilización y por toda la tierra la difundieron; mas, á pesar de la brevedad, la preponderancia fué gloriosa y fecunda. Completamos casi, gracias á navegantes y descubridores atrevidos y dichosos, el conocimiento del planeta en que vivimos; ampliando el concepto de lo creado, despertamos é hicimos racional el anhelo de explorarlo y de explicarlo por la ciencia; abrimos y entregamos á la civilización inmensos continentes é islas; y luchamos con fe y con ahinco, ya que no con buena fortuna, porque la excelsa y sacra unidad de esa civilización no se rompiera.

Nuestra caída fué tan rápida y triste como portentosa fué nuestra elevación por su prontitud y magnificencia. Tiempo há que usted, con tanto saber como ingenio crítico, procura investigar las causas. Yo, por mi parte, ora me inclino á imaginar que lo colosal del empeño nos agotó las fuerzas; ora que por combatir en favor de principios que iban á sucumbir, sucumbimos con ellos; ora que la perseverante energia de la voluntad nos dió el imperio, en momento propicio, cuando por la invención de la pólvora y de la imprenta prevalecieron las calidades del espíritu sobre la fuerza material y bruta; imperio, que perdimos pronto, cuando vino á prevalecer otra fuerza, también material, aunque más alambicada: la que nace de las riquezas, creadas por la industria y por el trabajo metódico, bien ordenado, y combinado con el ahorro, en todo lo cual no descollamos nunca.

No son mías, sino en muy pequeña parte, esta atrevida opinión y esta más atrevida explicación de tan alto punto histórico: son de aquel discretísimo fraile dominicano Tomás Campanella, que dice: At postquam astutia plus valuit fortitudine, inventaeque typographiae et tormenta bellica, rerum summa rediit ad hispanos, homines sane impigros, fortes et astutos.

Como quiera que sea, nuestra decadencia llegó, á mi ver, á su colmo, en el primer tercio de este siglo, cuando acabó de desbaratarse el imperio que habíamos fundado, naciendo de la separación de las colonias muchas independientes Repúblicas.

Continuas guerras civiles, y estériles y sangrientas revoluciones, aquí y allí, nos trajeron á tan mísero estado, que nuestros corazones se abatieron, y del abatimiento nació la recriminación desdeñosa.

Los americanos supusieron que cuanto malo les ocurría era transmisión hereditaria de nuestra sangre, de nuestra cultura y de nuestras instituciones. Algunos llegaron al extremo de sostener que, si no hubiéramos ido á América y atajado, en su marcha ascendente, la cultura de Méjico y del Perú, hubiera habido en América una gran cultura original y propia. Nosotros, en cambio, imaginamos, ya que las razas indígenas y la sangre africana, mezclándose con la raza y sangre españolas, las viciaron é incapacitaron; ya que bastó á los criollos el pecado original del españolismo para que, en virtud de ineludible ley histórica, estuviesen condenados á desaparecer y perderse en otras razas europeas, más briosas y entendidas.

El mal concepto que formamos unos de otros, al transcender de la desunión política, estuvo á punto de consumar el divorcio mental, cimentado en el odio y hasta en el injusto menosprecio.

Preview chapterSOBRE VÍCTOR HUGOPreview

27 de Febrero de 1888.

Á UN DESCONOCIDO

Muy señor mío: La carta que Ud. me dirige, ocultando su nombre, llegó á mi poder pocos días há con el periódico en que viene inserta, La Miscelánea, revista literaria y científica que se publica en Medellín, república de Colombia. A pesar de lo indulgente, fino y hasta cariñoso que está Ud. conmigo, lo cual me lisonjea en extremo, no he de negar, aunque lo achaque Ud. á soberbia, que me han dolido sus impugnaciones y que me siento picado y estimulado á replicar á ellas. Ya hace meses que recibí otra revista colombiana, que también me impugnaba y por el mismo motivo. El que escribió este otro artículo en contra mía y le publicó en la revista de Bogotá titulada El Telegrama, daba su nombre: era el Sr. Rivas Groot, á quien debe Ud. de conocer.

A él y á Ud. voy á contestar en esta carta, á ver si logro justificarme.

No es posible que Ud. se figure bien cuánto nos halaga, á los que en esta Península, donde se lee poquísimo, nos dedicamos á la literatura, que por esas regiones transatlánticas nos lean ustedes y nos hagan algún caso.

Así es que deseamos conservar el buen concepto en que Uds. tan generosamente nos tienen, y defendernos de cualquiera inculpación que tire á menoscabarle.

Usted y el Sr. Rivas Groot me acusan de Zoilo; de que procuro rebajar el mérito de Víctor Hugo. Pero aunque fuera así, ¿es Víctor Hugo inexpugnable y está por cima de toda crítica? Los fallos que se han dado en su favor, ¿son tan sin apelación que le dejen más á salvo de todo ataque que á Calderón ó á Shakspeare, pongo por caso? Pues bien: el valor de estos dos insignes poetas ha sido de harto distinta manera ponderado y tasado. ¿Qué distancia no hay entre el mediano aprecio que concede Sismondi á Calderón y la idolatría con que le veneran Schack y ambos Schlegel? ¿Seguiremos á Voltaire y á Moratín, ó á Emerson y á Carlyle, para marcar los grados de entusiasmo que debe inspirarnos el autor de Hamlet?

La verdad es que si hay una inconcusa filosofía del arte, una estética perenne, no se funda en ella hasta ahora ningún inalterable código universal, ó sea ordenada recopilación de reglas con sujeción á las cuales se ejerza la crítica. Y aun dado que el código exista, yo creo que ha de ser difícil de interpretar y de aplicar, cuando tanta discrepancia se nota en los juicios, no ya sobre un singular autor, sino sobre siglos enteros de la literatura de todas las naciones.

Hasta hace pocos años la critica ilustrada afirmaba que casi toda literatura era bárbara é insufrible, salvo en los cuatro siglos de Pericles, Augusto, León X y Luis XIV, á los cuales correspondían las cuatro Poéticas de Aristóteles, Horacio, Vida y Boileau. Ahora hemos venido á dar en el extremo contrario. El Mahabarata, el Ramayana, los Edas y el Nibelungenlied, parecen á muchos mejor que la Eneida, y el Minnegesang mejor que las Odas de Píndaro y del Venusino.

Sin duda que se ha adelantado mucho en Estética. Sin duda que la erudición ha traído de remotos países ó ha desenterrado del polvo de las Bibliotecas ignorados tesoros literarios. Idiomas, civilizaciones enteras, himnos, dramas, epoyeyas, todo ha vuelto á la luz. Ha habido y hay renacimiento universal y cosmopolita. Pero ¿no recela Ud. que tanta novedad nos deslumbre y atolondre? ¿No podremos decir, citando lo del antiguo romance,

Con la grande polvareda Perdimos á don Beltrane?

Y este don Beltrane, en el caso presente, ¿no será quizás el sentido común, ó, mejor dicho, el recto y reposado juicio?

La crítica antes no era tan profunda: no se fundaba en filosofías, que el crítico á menudo no entiende, sino que se fundaba en cualquiera de las cuatro ya citadas Poéticas, ó en todas ellas, á cuyos preceptos, convengo en que muy literalmente interpretados, solía ceñirse el que criticaba; pero hoy se va éste por los cerros de Úbeda, arma un caramillo de sutilezas, abre abismos rellenos de inefables sentimientos y pensamientos, y se empeña en convencernos de todo lo que se le antoja, haciéndonos tragar como sublimidades mil rarezas y como maravillas del genio mil extravagancias.

Preview chapterEL PERFECCIONISMO ABSOLUTOPreview

12 de Marzo de 1888.

Á D. Jesús Ceballos Dosamantes

Table of contents

Inside this edition

  1. 01Al Excmo. Señor Don Antonio Cánovas del Castillo
  2. 02SOBRE VÍCTOR HUGO
  3. 03EL PERFECCIONISMO ABSOLUTO
  4. 04I
  5. 05II
  6. 06III
  7. 07IV
  8. 08POESÍA ARGENTINA
  9. 09I
  10. 10II
  11. 11III
  12. 12IV
  13. 13V
  14. 14VI
  15. 15EL PARNASO COLOMBIANO
  16. 16I
  17. 17II
  18. 18III
  19. 19IV
  20. 20V
  21. 21VI
  22. 22VII
  23. 23AZUL.....
  24. 24I
  25. 25II
  26. 26EL TEATRO EN CHILE
  27. 27I
  28. 28II
  29. 29III

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