Spanish Edition
Literature
El Diablo Cojuelo
Spanish BooksWhale Edition by Luis Vélez de Guevara
Una sátira ágil en la que un diablo levanta tejados para revelar vicios, engaños y comedias sociales.
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El Diablo Cojuelo
El Diablo Cojuelo acompaña al estudiante don Cleofás y a un demonio burlón por un Madrid visto desde arriba. Vélez de Guevara usa fantasía y sátira para descubrir hipocresías, oficios, costumbres y tipos humanos del Siglo de Oro.
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Luis Vélez de Guevara murió en 1644; la obra fue publicada o compuesta hacia 1641. Estos datos respaldan la base de dominio público de esta edición española.
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El Diablo Cojuelo
Luis Vélez de Guevara
Luis Vélez de Guevara
PRÓLOGO
Luis Vélez de Guevara--como dije en otra ocasión--fué tan pobre, que bien puede dudarse si en algún tiempo de su vida llegó a tener dos trajes en mediano uso; pero, en cambio, a los doscientos y mas años de su muerte tiene dos biografías diversas: la que le inventaron algunos escritores, que es la mas conocida, y la que despacio y a retazuelos, como de limosna, pero sólidamente, le vamos escribiendo algunos investigadores de nuestra historia literaria.
Según la primera de entrambas biografías, Vélez nació en Ecija por enero de 1570, estudió Leyes en la Universidad de Sevilla y vino a ejercer su profesión a la Corte, en donde muy luego ganó estimación y fama por su sagacidad, gracejo y elocuencia. Defendiendo a cierto criminal captó a los jueces con su donaire; pero como el fiscal apelase de la benigna sentencia dictada, el reo fué condenado a muerte, y Luis Vélez a pagar una multa. Tuvo noticia de ello el Rey, y cuando conversó con el festivo abogado prendóse tanto de él, que no sólo le perdonó la multa, y la vida al delincuente, sino que, además, ya no pudo pasar sin el trato de Vélez de Guevara, a quien protegió sobremanera.
Esto fué lo que suele llamarse hablar de memoria, porque en todo el relato no hay otra cosa verdadera que lo de ser Ecija la patria del escritor. Y lo realmente sucedido y cierto es, en este caso como en otros muchos, menos bello y agradable que la mentira. Véamoslo.
Luis Vélez de Guevara nació en Ecija, a fines de julio de 1579, de padres hidalgos, pero pobres: sabido es que la hidalguía y la pobreza casi siempre anduvieron juntas. Estudió la Gramática en su ciudad natal, y por julio de 1596 se graduó de bachiller en Artes en la Universidad de Osuna, eximiéndose por pobre de pagar los derechos académicos. Seguidamente entró a servir como paje a don Rodrigo de Castro, cardenal arzobispo de Sevilla, a quien acompañó en el viaje que hizo a Madrid y a Valencia para asistir en las bodas de Felipe III y doña Margarita de Austria, de las cuales y de sus esplendorosas fiestas trató el poeta adolescente en un poemita que hizo imprimir en Sevilla, a su regreso.
Murió el Cardenal en septiembre de 1600; pero a esta sazón no perduraba Vélez en su palacio, pues, ya harto talludo para paje, dos meses antes había dejado su empleo, a fin de abrazar la profesión de las armas. Él, en un memorial dirigido al Rey, dijo haber permanecido seis años en la milicia; pero que exageró en cuanto a la duración de su vida soldadesca demuéstrase con otras palabras suyas, porque él mismo, muchos años antes, había declarado que en el estío de 1603 estaba en Valladolid, y en tal declaración, prestada en Sevilla a 26 de mayo de
1604 e inédita hasta ahora, llamábase nuestro poeta, sin mencionar para
cosa alguna la cualidad de soldado, «vecino al presente en esta ciudad, en la collación de Santa Marina».
Ya apellidándose Vélez de Guevara, en lugar de Vélez de Santander, como se había llamado hasta poco antes, escribió y publicó en 1608 un nuevo opúsculo poético intitulado _Elogio del Ivramento del sereníssimo Príncipe don Felipe Domingo, Quarto deste nombre_, y en la portada de esta obrita se decía criado del Conde de Saldaña. Había entrado, en efecto, a su servicio como gentilhombre antes o poco después de enviudar de su primer matrimonio: del primero de los cuatro con que probó su grande afición a este santo sacramento.
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Del Diablo Cojuelo, entremetido espíritu infernal que da nombre y ser a la novela, trató el señor Bonilla en una breve nota. Mucho más merecía el que «trujo al mundo la zarabanda, el déligo y la chacona», y yo he de volver hoy por su negra honrilla, recordando la mucha familiaridad que nosotros los españoles hemos tenido con él. Háyase de llamar Renfas, o Asmodeo, o de otro cualquier modo, es lo cierto que este travieso diablillo, con parecer de menor cuantía y ser cojo por añadidura, tomó entre nosotros tal importancia, que nada malo se pudo hacer sin él. «_El Diablillo Cojo_ sabe más que el otro», enseñó el refrán, y cuando en el calor de la ira se dijo a alguno que le llevase el diablo, no faltó quien, rectificando festivamente, respondiera: «_El Diablo Cojuelo_, que es más ligero». En las fórmulas supersticiosas llevábanle y traíanle como un zarandillo nuestras hechiceras de los siglos XVI y XVII, para que les llevase y trajese sus galanes y paniaguados, y le daban prisa, y le adulaban celebrando su ligereza. Véanse algunos ejemplos. Doña Antonia Mexía declaró, entre otras cosas, en un proceso que se le siguió por los años de 1633: «Que habrá seis años que la dicha Beatriz dixo a ésta que tomase un pedernal y le pusiese la mano encima y dixese:
Estos cinco dedos pongo en este muro; cinco demonios conjuro: a Barrabás, a Satanás, a Lucifer, a Bercebú, _al Diablo Cojuelo, que es buen mensajero_, que me traigan a fulano luego a mi querer y a mi mandar.»
Y así, en 1668, Agueda Rodríguez, vecina de Madridejos, también procesada por hechicería:
«..._Diablo Cojuelo, tráemele luego_; diablo del pozo, tráemele, que no es casado; que es mozo; diablo de la Quintería, tráemele en la fería; diablo de la plaza, tráemele en danza....»
Teníase al Diablo Cojuelo, como dice el refrán, por el más listo de todos: Esperanza Bonfilla, procesada por la Inquisición de Valencia en 1600, hizo que cierta mujer, para atraer a un hombre, «hiciese vn conjuro en la forma siguiente: tomando vna escoba, la puso vna toca como muger, y encendida vna bela que no fuese bendita, se arrodilló delante de la escoba, y sin haçer cruz, juntas las manos, dixo:
Marta, Martica, no la santa ni la digna, ni la digna de rogar, ni la que está en el altar, sino la que de noche andas por las beredas y los días por las encrebelladas, yo te conjuro con Satanás y con Barrabás, con Bercebú y todos los diablos, _y con el diablo coxo, que corre mas que todos_, que todos vais a fulano y le deis tiempo para vestirse y le traigais por puntos ante mí y mis ojos, sin hacerle mal».
Corría más, y tenía más poder que sus iguales y superiores, o no supo lo que se pescaba Isabel del Pozo al hacer sus conjuros, ni María Castellanos cuando lo declaró ante la Inquisición de Toledo en 1631, pues decía: «... que tomó en las manos dicha Isabel del Poço un poco de sal de sardinas y çilantro, lo qual mezcló todo y lo echaba de una mano en otra diciendo:
Conjúrote, sal y çilantro, con Barrabás, _con el Diablo cojuelo, que puede más._ No te conjuro por sal y çilantro, sino por el corazón de fulano;
y echando la sal y çilantro en la lumbre, proseguía diciendo:
Así como te has de quemar, se queme el corazón de fulano, y aquí me le traygas, y conjúrote por la reina Sardineta, y con la tataranieta, y con los navegantes que navegan por la mar.»
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--Luego ¿familiar eres?--dijo el Estudiante.
--Harto me holgara yo--respondieron de la redoma--que entrara uno de la Santa Inquisición, para que, metiéndole a él en otra de cal y canto, me sacara a mí desta jaula de papagayos de piedra azufre. Pero tú has llegado a tiempo que me puedes rescatar, porque este a cuyos conjuros estoy asistiendo me tiene ocioso, sin emplearme en nada, siendo yo el espíritu más travieso del infierno.
Don Cleofás, espumando valor, prerrogativa de estudiante de Alcalá, le dijo:
--¿Eres demonio plebeyo, u de los de nombre?
--Y de gran nombre--le repitió el vidro endemoniado--, y el más celebrado en entrambos mundos.
--¿Eres Lucifer?--le repitió don Cleofás.
--Ése es demonio de dueñas y escuderos--le respondió la voz.
--¿Eres Satanás?--prosiguió el Estudiante.
--Ése es demonio de sastres y carniceros--volvió la voz a repetille.
--¿Eres Bercebú?--volvió a preguntalle don Cleofás.
Y la voz a respondelle:
--Ése es demonio de tahures, amancebados y carreteros.
--¿Eres Barrabás, Belial, Astarot?--finalmente le dijo el Estudiante.
--Esos son demonios de mayores ocupaciones--le respondió la voz--: demonio más por menudo soy, aunque me meto en todo: yo soy las pulgas del infierno, la chisme, el enredo, la usura, la mohatra; yo truje al mundo la zarabanda, el déligo, la chacona, el bullicuzcuz, las cosquillas de la capona, el guiriguirigay, el zambapalo, la mariona, el avilipinti, el pollo, la carretería, el hermano Bartolo, el carcañal, el guineo, el colorín colorado; yo inventé las pandorgas; las jácaras, las papalatas, los comos, las mortecinas, los títeres, los volatines, los saltambancos, los maesecorales, y, al fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo.
--Con decir eso--dijo el Estudiante--hubiéramos ahorrado lo demás: vuesa merced me conozca por su servidor; que hay muchos días que le deseaba conocer. Pero, ¿no me dirá, señor Diablo Cojuelo, por qué le pusieron este nombre, a diferencia de los demás, habiendo todos caído desde tan alto, que pudieran quedar todos de la misma suerte y con el mismo apellido?
--Yo, señor don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, que ya le sé el suyo, o los suyos--dijo el Cojuelo--, porque hemos sido vecinos por esa dama que galanteaba y por quien le ha corrido la justicia esta noche, y de quien después le contaré maravillas, me llamo desta manera porque fuí el primero de los que se levantaron en el rebelión celestial, y de los que cayeron y todo; y como los demás dieron sobre mí, me estropearon, y ansí, quedé más que todos señalado de la mano de Dios y de los pies de todos los diablos, y con este sobrenombre; mas no por eso menos ágil para todas las facciones que se ofrecen en los países bajos, en cuyas impresas nunca me he quedado atrás, antes me he adelantado a todos; que, camino del infierno, tanto anda el cojo como el viento; aunque nunca he estado más sin reputación que ahora en poder deste vinagre, a quien por trato me entregaron mis propios compañeros, porque los traía al retortero a todos, como dice el refrán de Castilla, y cada momento a los más agudos les daba gato por demonio. Sácame deste Argel de vidro; que yo te pagaré el rescate en muchos gustos, a fe de demonio, porque me precio de amigo de mi amigo, con mis tachas buenas y malas.
--¿Cómo quieres--dijo don Cleofás mudando la cortesía con la familiaridad de la conversación--que yo haga lo que tú no puedes siendo demonio tan mañoso?
--A mí no me es concedido--dijo el Espíritu--, y a ti sí, por ser hombre con el privilegio del baptismo y libre del poder de los conjuros, con quien han hecho pacto los príncipes de la Guinea infernal. Toma un cuadrante de esos y haz pedazos esta redoma; que luego en derramándome me verás visible y palpable.
Table of contents
Inside this edition
- 01Part 1
- 02Part 2
- 03Part 3
- 04Part 4
- 05Part 5
- 06Part 6
- 07Part 7
- 08Part 8
- 09Part 9
- 10Part 10
- 11Part 11
- 12Part 12
- 13Part 13
- 14Part 14
- 15Part 15
- 16Part 16
- 17Part 17
- 18Part 18
- 19Part 19
- 20Part 20
- 21Part 21
- 22Part 22
- 23Part 23
- 24Part 24
- 25Part 25
- 26Part 26
- 27Part 27
- 28Part 28
- 29Part 29
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