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Spanish Edition

Literature

El mágico prodigioso

Spanish BooksWhale Edition by Pedro Calderón de la Barca

Un drama barroco sobre deseo, demonio, conversión, saber y martirio cristiano.

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Book introduction

El mágico prodigioso

El mágico prodigioso presenta a Cipriano entre la búsqueda de conocimiento, la pasión por Justina, la tentación diabólica y la conversión religiosa. Calderón combina teatro barroco, debate teológico, ilusión escénica, libertad humana y martirio en una de sus obras más intensas.

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Pedro Calderón de la Barca murió en 1681 y El mágico prodigioso se estrenó en el siglo XVII. Estas fechas respaldan el dominio público del texto español original usado en esta edición.

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El mágico prodigioso

Pedro Calderón de la Barca

Preview chapterJornada 1Preview

Llegan el uno al otro con las espadas desnudas, y al llegar se hunde el DEMONIO, y quedan los dos afirmados

DEMONIO

(No sólo he de conseguir

Aparte

hoy de Justina el desprecio,

sino rencores y muertes.

Ya llegan: ábrase el centro,

dejando esta confusión

a sus ojos.)

Húndese ahora

LELIO:

Caballero,

quienquiera que seáis, a mí

me ha importado conoceros;

y a todo trance restado

con esta demanda vengo.

Decid quién sois.

FLORO:

Si os obliga

a tan valiente despecho

saber en quién ha caido

vuestro amoroso secreto,

más que el conocerme a vos

me importa a mí el conoceros;

que en vos es curiosidad,

y en mí es más, porque son celos.

¡Vive Dios, que he de saber

quién es de la casa dueño,

y quién a estas horas gana,

por ese balcón saliendo,

lo que yo pierdo llorando

a estas rejas!

LELIO:

¡Bueno es eso,

querer deslumbrar ahora

la luz de mis sentimientos,

atribuyéndome a mí

delito que sólo es vuestro!

Quién sois tengo de saber,

y dar muerte a quien me ha muerto

de celos, saliendo ahora

por ese balcón.

FLORO:

¡Qué necio

recato, encubrirse cuando

está el amor descubierto!

LELIO:

En vano la lengua apura

lo que mejor el acero

hará.

FLORO:

Con él os respondo.

LELIO:

Quién ha sido, saber tengo,

hoy el admitido amante

de Justina.

FLORO:

Ése es mi intento.

Moriré, o sabré quién sois.

Salen CIPRIANO, MOSCÓN y CLARÍN

CIPRIANO:

Caballeros, deteneos,

si a aquesto puede obligaros

haber llegado a este tiempo.

FLORO:

Nada me puede obligar

a que deje el fin que intento.

CIPRIANO:

¿Floro?

FLORO:

Sí, que con la espada

en la mano, nunca niego

mi nombre.

CIPRIANO:

A tu lado estoy;

muera quien te ofende.

LELIO:

Menos

que temer me daréis todos

que él me daba solo.

CIPRIANO:

¿Lelio?

LELIO:

Sí.

A FLORO

CIPRIANO:

Ya no estoy a tu lado,

porque es fuerza estar en medio.

¿Qué es esto? ¡En un día dos veces

he de hallarme a componeros!

LELIO:

Ésta la última será,

porque ya estamos compuestos;

que con haber conocido

quién es de Justina dueño,

no le queda a mi esperanza

ni aun el menor pensamiento.

Si no has hablado a Justina,

que no la hables te ruego

de parte de mis agravios

y mis desdichas, habiendo

visto que Floro merece

sus favores en secreto.

De ese balcón ha bajado

de gozar el bien que pierdo;

y no es mi amor tan infame

que haya de querer, atento

a celos averiguados,

con desengaños tan ciertos.

Vase LELIO

FLORO:

Espera.

CIPRIANO:

No has de seguirle...

(De haberle oído estoy muerto)

Aparte

que si es él el que ha perdido

...lo que has ganado, y dispuesto

a olvidar está, no es bien

apurar su sufrimiento.

FLORO:

Tú y él apuráis el mío

con estas cosas a un tiempo;

y así a Justina no hables

por mí; que aunque yo pretendo

a costa de mis agravios

vengarme de sus desprecios,

ya la esperanza de ser

suyo cesó, porque creo

que no es noble el que porfía

sobre averiguados celos.

Vase FLORO

CIPRIANO:

(¿Qué es esto, cielos? ¿Qué escucho?

¿El uno del otro a un tiempo

unos mismos celos tienen,

y yo de uno y otro los tengo?

Los dos sin duda padecen

algún engaño, y yo tengo

que agradecerle, pues ya

los dos desisten en esto

de su pretensión. Desdichas,

aunque haya sido consuelo

este discurso, buscado

de mis ansias, le agradezco.)

Moscón, prevenme mañana

galas; Clarín, tráeme luego

espada y plumas; que amor

se regala en el objeto

airoso y lucido; y ya

ni libros ni estudios quiero,

porque digan que es amor

homicida del ingenio.

Vanse todos

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

Preview chapterJornada 2Preview

Salen CIPRIANO, MOSCÓN y CLARÍN, vestidos de galanes

CIPRIANO:

(Altos pensamientos míos,

Aparte

¿dónde, dónde me traéis,

si ya por cierto tenéis

que son locos desvaríos

los que intentáis,

pues, atreviéndoos al cielo,

precipitados de un vuelo

hasta el abismo bajáis?

Vi a Justina... ¡A Dios pluguiera

que nunca viera a Justina,

ni en su perfección divina

la luz de la cuarta esfera!

Dos amantes la pretenden,

uno del otro ofendido;

y yo, a dos celos rendido,

aun no sé los que me ofenden:

sólo sé que mis recelos

me despeñan con sus furias

de un desdén a las injurias,

de un agravio a los desvelos.

Todo lo demás ignoro,

y en tan abrasado empeño,

cielos, Justina es mi dueño,

cielos, a Justina adoro.)

Moscón.

MOSCÓN:

Señor.

CIPRIANO:

Ve si está

Lisandro en casa.

MOSCÓN:

Es razón.

CLARÍN:

No es; yo iré, porque Moscón

hoy no puede entrar allá.

CIPRIANO:

¡Oh qué cansada porfía

siempre la de los dos fue!

¿Por qué no puede? ¿Por qué?

CLARÍN:

Porque hoy, señor, no es su día

mío sí, y de buena gana

a dar el recado voy;

que yo allá puedo entrar hoy,

y Moscón no, hasta mañana.

CIPRIANO:

¿Qué nueva locura es ésta,

añadida al porfiar?

Ni tú ni él habéis de entrar

ya, pues su luz manifiesta

Justina.

CLARÍN:

De fuera viene.

hacia su casa.

Salen LIVIA y JUSTINA, con mantos, por una puerta

JUSTINA:

¡Ay de mí!

Livia, Cipriano está aquí.

CIPRIANO:

(Disimular me conviene

Aparte

de mis celos los desvelos,

hasta apurarlos mejor.

Sólo la hablaré en mi amor,

si lo permiten mis celos.)

No en vano, señora, ha sido

haber el traje mudado,

para que, como Criado,

pueda, a vuestros pies rendido,

serviros. A mereceros

esto lleguen mis suspiros.

dad licencia de serviros,

pues no la dais de quereros.

JUSTINA:

Poco, señor, han podido

mis desengaños con vos,

pues no han podido...

CIPRIANO:

¡Ay Dios!

JUSTINA:

... mereceros un olvido.

¿De qué manera queréis

que os diga cuánto es en vano

la asistencia, Cipriano,

que a mis umbrales tenéis?

Si días, si meses, si años,

si siglos a ellos estáis,

no esperéis que a ellos oigáis

sino sólo desengaños,

porque es mi rigor de suerte,

de suerte mis males fieros,

que es imposible quereros,

Cipriano, hasta la muerte.

Vase JUSTINA

CIPRIANO:

La esperanza que me dais

ya dichoso puede hacerme.

si en muerte habéis de quererme,

muy corto plazo tomáis.

Yo le acepto, y si a advertir

llegáis cuán presto ha de ser,

empezad vos a querer,

que yo ya empiezo a morir.

CLARÍN:

En tanto que mi señor,

Livia, triste y discursivo,

está de esqueleto vivo

desengañando a su amor,

dame los brazos.

LIVIA:

Paciencia

ten, mientras que considero

si es tu día; que no quiero

encargar yo mi conciencia.

Martes sí, miércoles no

CLARÍN:

¿Qué cuentas, pues ha callado

Moscón?

LIVIA:

Puede haberse errado,

y no quiero errarme yo;

porque no quiero, si arguyo

que justicia he de guardar,

condenarme por no dar

a cada uno lo que es suyo.

Pero bien dices, tu día

es hoy.

CLARÍN:

Pues dame los brazos.

LIVIA:

Con mil amorosos lazos.

MOSCÓN:

¿Oye usarcé, reina mía?

Bien ve usarcé, con la gana

que hoy aquesos lazos hace.

Dígolo porque me abrace

con la misma a mí mañana.

LIVIA:

Excusada es la sospecha

de que a usted no satisfaga,

ni quiera Júpiter que haga

yo una cosa tan mal hecha

como usar de demasía

con nadie. Yo abrazaré

con mucha equidad a usté

Table of contents

Inside this edition

  1. 01Full text
  2. 02Jornada 1
  3. 03Jornada 2
  4. 04Jornada 3

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