
Spanish Edition
Literature
La comedia nueva
Spanish BooksWhale Edition by Leandro Fernández de Moratín
Un clásico de dominio público sobre teatro, crítica literaria, vanidad, sátira, gusto y reforma ilustrada.
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La comedia nueva
La comedia nueva de Leandro Fernández de Moratín conserva su interés para lectores que buscan teatro, crítica literaria, vanidad, sátira, gusto y reforma ilustrada en la literatura española. Esta edición española presenta el texto original de dominio público en una versión limpia para lectura en línea, EPUB y PDF.
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La comedia nueva se publicó por primera vez en 1792. Esta edición utiliza el texto original español de dominio público, respaldado por la antigüedad de la obra y los derechos vencidos.
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La comedia nueva
Leandro Fernández de Moratín
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COMEDIA EN DOS ACTOS, EN PROSA, ESTRENADA EN 1792
PERSONAS
DON ELEUTERIO.
DOÑA AGUSTINA.
DOÑA MARIQUITA.
DON HERMÓGENES.
DON PEDRO.
DON ANTONIO.
DON SERAPIO.
PIPÍ.
_La escena es en un café de Madrid, inmediato á un teatro._
El teatro representa una sala con mesas, sillas y aparador de café; en el foro una puerta con escalera á la habitación principal, y otra puerta á un lado que da paso á la calle.
_La acción empieza á las cuatro de la tarde y acaba á las seis._
ACTO I.
ESCENA PRIMERA.
DON ANTONIO, PIPÍ.
(_Don Antonio sentado junto á una mesa, Pipí paseándose._)
D. ANTONIO.--Parece que se hunde el techo. Pipí.
PIPÍ.--Señor.
D. ANTONIO.--¿Qué gente hay arriba, que anda tal estrépito? ¿Son locos?
PIPÍ.--No, señor; poetas.
D. ANTONIO.--¿Cómo poetas?
PIPÍ.--Sí señor: ¡así lo fuera yo! ¡No es cosa! Y han tenido una gran comida. Burdeos, pajarete, marrasquino; ¡uh!
D. ANTONIO.--¿Y con qué motivo se hace esa francachela?
PIPÍ.--Yo no sé; pero supongo que será en celebridad de la comedia nueva que se representa esta tarde, escrita por uno de ellos.
D. ANTONIO.--¿Conque han hecho una comedia? ¡Haya picarillos!
PIPÍ.--Pues qué, ¿no lo sabía usted?
D. ANTONIO.--No por cierto.
PIPÍ.--Pues ahí está el anuncio en el _Diario_.
D. ANTONIO.--En efecto, aquí está (_Leyendo en el Diario que está sobre la mesa_): COMEDIA NUEVA INTITULADA EL GRAN CERCO DE VIENA. ¡No es cosa! Del sitio de una ciudad hacen una comedia. ¡Si son el diantre! ¡Ay, amigo Pipí! ¡cuánto más vale ser mozo de café que poeta ridículo!
PIPÍ.--Pues mire usted, la verdad, yo me alegrara de saber hacer, así, alguna cosa...
D. ANTONIO.--¿Cómo?
PIPÍ.--Así, de versos... ¡Me gustan tanto los versos!
D. ANTONIO.--¡Oh! los buenos versos son muy estimables; pero hoy día son tan pocos los que saben hacerlos, tan pocos, tan pocos...
PIPÍ.--No, pues los de arriba bien se conoce que son del arte. ¡Válgame Dios! ¡Cuántos han echado por aquella boca! Hasta las mujeres.
D. ANTONIO.--¡Oiga! ¿también las señoras decían coplillas?
PIPÍ.--¡Vaya! Allí hay una doña Agustina, que es mujer del autor de la comedia... ¡Qué! Si usted viera... Unas décimas componía de repente... No es así la otra, que en toda la mesa no ha hecho más que retozar con aquel don Hermógenes, y tirarle miguitas de pan al peluquín.
D. ANTONIO.--¿Don Hermógenes está arriba? ¡Gran pedantón!
PIPÍ.--Pues con ese se estaba jugando; y cuando la decían: «Mariquita, una copla, vaya una copla,» se hacía la vergonzosa; y por más que la estuvieron azuzando á ver si rompía, nada. Empezó una décima, y no la pudo acabar, porque decía que no encontraba el consonante; pero doña Agustina, su cuñada... ¡Oh! aquella sí. Mire usted lo que es... Ya se ve, en teniendo vena...
D. ANTONIO.--Seguramente. ¿Y quién es ese que cantaba poco há, y daba aquellos gritos tan descompasados?
PIPÍ.--¡Oh! ese es don Serapio.
D. ANTONIO.--Pero ¿qué es? ¿qué ocupación tiene?
PIPÍ.--Él es... mire usted; á él le llaman don Serapio.
D. ANTONIO.--¡Ah! sí. Ese es aquel bulle bulle que hace gestos á las cómicas, y las tira dulces á la silla cuando pasan, y va todos los días á saber quién dió cuchillada; y desde que se levanta hasta que se acuesta no cesa de hablar de la temporada de verano, la chupa del sobresaliente, y las partes de por medio.
PIPÍ.--Ese mismo. ¡Oh! ese es de los apasionados finos. Aquí se viene todas las mañanas á desayunar; y arma unas disputas con los peluqueros, que es un gusto oirle. Luégo se va allá abajo, al barrio de Jesús: se juntan cuatro amigos, hablan de comedias, altercan, ríen, fuman en los portales; don Serapio los introduce aquí y acullá hasta que da la una; se despiden, y él se va á comer con el apuntador.
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PIPÍ.--Al instante.
D. ANTONIO.--No me ha visto.
PIPÍ.--¿Con leche?
D. PEDRO.--No... Basta.
PIPÍ.--¿Quién es este?
(_Al retirarse después de haber servido el café á don Pedro._)
D. ANTONIO.--Este es don Pedro de Aguilar, hombre muy rico, generoso, honrado, de mucho talento; pero de un carácter tan ingenuo, tan serio, y tan duro, que le hace intratable á cuántos no son sus amigos.
PIPÍ.--Le veo venir aquí algunas veces, pero nunca habla, siempre está de mal humor.
ESCENA III.
DON SERAPIO, DON ELEUTERIO, DON PEDRO, DON ANTONIO, PIPÍ.
D. SERAPIO.--¡Pero, hombre, dejarnos así!
(_Bajando la escalera, salen por la puerta del foro._)
D. ELEUTERIO.--Si se lo he dicho á usted ya. La tonadilla que han puesto á mi función no vale nada, la van á silbar, y quiero concluir esta mía para que la canten mañana.
D. SERAPIO.--¿Mañana? ¿Conque mañana se ha de cantar, y aún no están hechas ni letra ni música?
D. ELEUTERIO.--Y aun esta tarde pudieran cantarla, si usted me apura. ¿Qué dificultad? Ocho ó diez versos de introducción, diciendo que callen y atiendan, y chitito. Después unas cuantas coplillas del mercader que hurta, el peluquero que lleva papeles, la niña que está opilada, el cadete que se baldó en el portal, cuatro equivoquillos, etc.; y luégo se concluye con seguidillas de la tempestad, el canario, la pastorcilla y el arroyito. La música ya se sabe cuál ha de ser: la que se pone en todas; se añade ó se quita un par de gorgoritos, y estamos al cabo de la calle.
D. SERAPIO.--¡El diantre es usted, hombre! todo se lo halla hecho.
D. ELEUTERIO.--Voy, voy á ver si la concluyo; falta muy poco. Súbase usted.
(_Don Eleuterio se sienta junto á una mesa inmediata al foro; saca de la faltriquera papel y tintero, y escribe._)
D. SERAPIO.--Voy allá; pero...
D. ELEUTERIO.--Sí, sí, váyase usted; y si quieren más licor, que lo suba el mozo.
D. SERAPIO.--Sí, siempre será bueno que lleven un par de frasquillos más. Pipí.
PIPÍ.--¡Señor!
D. SERAPIO.--Palabra.
(_Don Serapio habla en secreto á Pipí, y vuelve á irse por la puerta del foro; Pipí toma del aparador unos frasquillos, y se va por la misma parte._)
D. ANTONIO.--¿Cómo va, amigo don Pedro?
(_Don Antonio se sienta cerca de don Pedro._)
D. PEDRO.--¡Oh, señor don Antonio! No había reparado en usted. Va bien.
D. ANTONIO.--¿Usted á estas horas por aquí? Se me hace extraño.
D. PEDRO.--En efecto lo es; pero he comido ahí cerca. Á fin de mesa se armó una disputa entre dos literatos que apenas saben leer; dijeron mil despropósitos, me fastidié, y me vine.
D. ANTONIO.--Pues; con ese genio tan raro que usted tiene, se ve precisado á vivir como un ermitaño en medio de la corte.
D. PEDRO.--No por cierto. Yo soy el primero en los espectáculos, en los paseos, en las diversiones públicas; alterno los placeres con el estudio; tengo pocos, pero buenos amigos y á ellos debo los más felices instantes de mi vida. Si en las concurrencias particulares soy raro algunas veces, siento serlo; pero, ¿qué le he hacer? Yo no quiero mentir, ni puedo disimular; y creo que el decir la verdad francamente es la prenda más digna de un hombre de bien.
D. ANTONIO.--Sí; pero cuando la verdad es dura á quien ha de oirla, ¿qué hace usted?
D. PEDRO.--Callo.
D. ANTONIO.--¿Y si el silencio de usted le hace sospechoso?
D. PEDRO.--Me voy.
D. ANTONIO.--No siempre puede uno dejar el puesto, y entonces...
D. PEDRO.--Entonces digo la verdad.
D. ANTONIO.--Aquí mismo he oído hablar muchas veces de usted. Todos aprecian su talento, su instrucción y su probidad, pero no dejan de extrañar la aspereza de su carácter.
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02Parte 1
- 03Parte 2
- 04Parte 3
- 05Parte 4
- 06Parte 5
- 07Parte 6
- 08Parte 7
- 09Parte 8
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