
Spanish Edition
Literature
La venganza de don Mendo
Spanish BooksWhale Edition by Pedro Muñoz Seca
Una parodia medieval en verso convierte el honor, los celos y la venganza en una cadena de equívocos y juegos verbales.
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Book introduction
La venganza de don Mendo
Pedro Muñoz Seca presenta a don Mendo en una comedia donde las convenciones del drama histórico se vuelven materia de burla. Magdalena, don Pero y los demás personajes cruzan promesas amorosas, rivalidades y cambios de fortuna entre duelos y revelaciones. Las cuatro jornadas conservan el verso, el reparto y las indicaciones escénicas, esenciales para seguir la rapidez del diálogo y el mecanismo de los equívocos.
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Pedro Muñoz Seca murió en 1936; la obra se publicó por primera vez en 1919. Esta edición utiliza el original español de dominio público, sin notas ni añadidos editoriales modernos.
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Magdalena
Azofaifa
Doña Ramírez
Doña Berenguela
Marquesa
Duquesa
Raquel
Ester
Rezaida
Aljalamita
Ninón
Mencías
Don Mendo
Don Pero
Don Nuño
Moncada
Abad
Don Alfonso VII
Bertoldino
Froilán
Clodulfo
Girona
Don Lupo
León
Sigüenza
Manfredo
Marcial
Alí-Faféz
Don Juan
Don Lope
Don Gil
Lorenzana
Don Suero
Aldana
Don Cleto
Oliva
Don Tirso
Damas, pajes 1.º y 2.º, heraldos 1.º y 2.º, tamborilero, pifanero, frailes, escuderos, ballesteros y halconeros.
A su querido amigo y protector el Excelentísimo Señor Don José Sánchez Guerra,
El autor.
Preview chapterJORNADA PRIMERAPreview
Sala de armas del castillo de don Nuño Manso de Jarama, Conde del Olmo. En el lateral derecha, primer término, una puerta. En segundo término y en ochava, una enorme chimenea. En el foro, puertas y ventanales que comunican con una terraza. En el lateral izquierdo, primer término, el arranque de una galería abovedada. En último término, otra puerta. Tapices, muebles riquísimos, armaduras, etc., etc. Es de noche. Hermosos candelabros dan luz a la estancia. En la chimenea, viva lumbre. La acción, en las cercanías de León, allá en el siglo XII, durante el reinado de Alfonso VII.
Al levantarse el telón están en escena el CONDE DON NUÑO, MAGDALENA, su hija, DOÑA RAMÍREZ, su dueña, DOÑA NINÓN, BERTOLDINO, un joven juglar, LORENZANA, ALDANA, OLIVA, varios escuderos y todas las mujeres que componen la servidumbre del castillo, dos FRAILES y dos PAJES. El CONDE, en un gran sillón, cerca de la lumbre, presidiendo el cotarro, y los demás formando artístico grupo y escuchando a BERTOLDINO, que en el centro de la escena está recitando una trova.
NUÑO
(A BERTOLDINO muy campanudamente.)
Ese canto, juglar, es un encanto.
Hame gustado desde su principio,
y es prodigioso que entre tanto canto
no exista ningún ripio.
MAGDALENA
Verdad.
NUÑO
(A BERTOLDINO.)
Seguid.
BERTOLDINO
(Inclinándose respetuoso.)
Mandad.
NUÑO
(Enérgico a varios que cuchichean.)
¡Callad!
BERTOLDINO
Oíd.
(Se hace un gran silencio y recita enfáticamente.)
Los cuatro hermanos Quiñones
a la lucha se aprestaron,
y al correr de sus bridones,
como cuatro exhalaciones,
hasta el castillo llegaron.
¡Ah del castillo!—dijeron—.
¡Bajad presto ese rastrillo!
Callaron y nada oyeron,
sordos sin duda se hicieron
los infantes del castillo.
¡Tended el puente!... ¡Tendello!
Pues de no hacello, ¡pardiez!,
antes del primer destello
domaremos la altivez
de esa torre, habéis de vello...
Entonces los infanzones
contestaron: ¡Pobres locos!...
Para asaltar torreones,
cuatro Quiñones son pocos.
¡Hacen falta más Quiñones!
Cesad en vuestra aventura,
porque aventura es aquesta
que dura, porque perdura
el bodoque en mi ballesta...
Y a una señal, dispararon
los certeros ballesteros,
y de tal guisa atinaron,
que por el suelo rodaron
corceles y caballeros.
(Murmullos de aprobación.)
Y según los cronicones
aquí termina la historia
de doña Aldonza Briones,
cuñada de los Quiñones
y prima de los Hontoria.
(Nuevos murmullos.)
NUÑO
Esas estrofas magnánimas
son dignas del estro vuestro.
(Suena una campana.)
BERTOLDINO
Gracias, gran señor.
NUÑO
(Levantándose solemne.)
¡Las ánimas!
(Todos se ponen de pie.)
Padre nuestro...
(Se arrodilla y reza.)
TODOS
(Imitándole.)
Padre nuestro...
(Pausa. La campana, dentro, continúa un breve instante sonando lastimosamente.)
NUÑO
Y ahora, deudos, retiraos,
que es tarde, y no es ocasión
de veladas ni saraos.
Recibid mi bendición.
(Los bendice.)
Magdalena y vos, quedaos.
(MAGDALENA y DOÑA RAMÍREZ se inclinan y se colocan tras él, en tanto desfila ante el CONDE toda la servidumbre.)
Adiós, mi fiel Lorenzana
y Guillena de Aragón...
Buenas noches, Pedro Aldana.
Descansad... Hasta mañana,
Luis de Oliva... Adiós, Ninón...
(Quedan en escena el CONDE, MAGDALENA y DOÑA RAMÍREZ. Bueno, el CONDE, que ya es anciano, es un tío capaz de quitar, no digo el hipo, sino la hipoclorhidria; MAGDALENA es una muchacha como de veinte años, de trenzas rubias, y DOÑA RAMÍREZ una mujer como de cincuenta, algo bigotuda y tal.)
Ahora que estamos solos, oídme atentas.
Necesito que hablemos un instante
de algo para los dos muy importante.
(MAGDALENA toma asiento y el CONDE la imita, diciéndola sin reproche:)
Me sentaré, puesto que tú te sientas.
MAGDALENA
Dime, padre y señor.
NUÑO
Digo, hija mía,
Preview chapterJORNADA SEGUNDAPreview
Interior de la torre abovedada que sirve de prisión a don Mendo. Una claraboya en el foro, cerca del techo, y una puerta en el lateral izquierda. Al levantarse el telón amanece.
Está en escena DON MENDO, recostado sobre un mal camastro. No hay en escena más muebles que el susodicho camastro y un par de taburetes toscos.
MENDO
(Incorporándose, restregándose los ojos y mirando a la claraboya.)
Ya amanece. Por esa claraboya
las luces del crepúsculo atalayo:
pronto entrará del sol el puro rayo
que a las sombras arrolla
y en bienestar convierte mi desmayo...
(Por la claraboya entra triunfante un rayo de sol.)
¡Sí!
(Levantándose.)
¡Ya el rayo destella!...
¡Ya mi prisión se enjoya de luz bella!...
¡Ya soy dueño de mí!... ¡Ya bien me hallo!...
(Canta un gallo dentro, lejos.)
¡Ya trina el ruiseñor!... ¡Ya canta el gallo!...
(Pausa.)
¡Trece de Mayo ya!... ¡Quién lo diría!
Llevo en esta prisión un mes y un día,
sin por nadie saber lo que acontece...
(Estremeciéndose.)
¡Y hoy es martes, gran Dios!... ¡Martes y trece!...
¿Por qué el terror invade el alma mía?
¿Por qué me inspira un miedo extraordinario
esa cifra, ¡ay de mí!, del calendario?
(Como loco.)
¡Ah, no, cifra fatal!... No humillaréis
el valor de don Mendo; no podréis;
todos iguales para mí seréis...
¡Trece, catorce, quince y diez y seis!
(Pausa.)
¿Moriré sin venganza? ¡Cielos! ¡Nunca!
Ha de morir la que mi vida trunca
y morirá a mis manos... Mas, ¿qué exclamo?
¿Cómo podré matalla, si aún la amo?
Acaso por salvarse aquella noche
aceptó del de Toro sin reproche
el amor y la fe y el galanteo...
Mas aquel «Pero mío», aquel sobeo
delante de mi faz, estuvo feo;
porque él llegó a palpalla,
que yo lo vi con estos ojos, ¡ay!
y ella debió oponerse, ¡qué caray!,
al ver lo que yo hacía por salvalla.
(Escuchando hacia la derecha.)
Oigo pasos. Acaso
es Magdalena que en amor se abrasa
o el carcelero vil, que con retraso
tráeme el bollo de pan que él mismo amasa...
(Viendo que la puerta se abre y que aparece en el umbral CLODULFO, viejo mal encarado y cetrino, que trae un gran pan y un cántaro.)
Es el vil carcelero.
CLODULFO
¿Paso?
MENDO
(Desalentado.)
Pasa.
(CLODULFO deja en escena el pan y el cántaro y se dispone a hacer mutis.)
¿Hoy también viejo Clodulfo
habrás de guardar silencio?
¿Hoy tampoco mis preguntas
habrán en tus labios eco?
¿Cuándo saldré de esta torre?
¿Pronto o tarde? ¿Vivo o muerto?
¿No sabré tampoco hoy
lo que con ansias espero?
CLODULFO
Hoy lo sabrás.
MENDO
¿Por fin hablas?
CLODULFO
Hablo ya, porque hablar puedo,
que hoy de gala está el castillo
y hoy es día grande, don Mendo.
MENDO
¿Día grande?
CLODULFO
Más brilla el sol
hoy que ayer, aun siendo el mesmo.
MENDO
¿Pues qué ocurre?
CLODULFO
Que el privado
del Rey don Alfonso séptimo,
el noble duque de Toro
y conde de Recovedo,
señor de catorce villas,
seis castillos y un convento,
a las nueve ha de casarse
con Magdalena...
(Al ver que DON MENDO medio se desvanece.)
¡Don Mendo!
(Acude a él y le sujeta.)
¿Qué mal os dió que os pusisteis
pálido, convulso y trémulo?...
MENDO
(Reponiéndose y después de una breve pausa.)
Nada, Clodulfo, un vahído,
un malestar, un mareo,
una locura, un repente,
una turbación, un vértigo...
Mas ya pasó por ventura.
CLODULFO
Yo creo que estáis neurasténico.
MENDO
Tal vez; ¡ay de mí! Mas sigue,
viejo Clodulfo. Ha un momento
decías...
CLODULFO
Que Magdalena
hoy se casa con don Pero
y está don Nuño gozoso
y galas del gozo haciendo
Table of contents
Inside this edition
- 01REPARTO
- 02JORNADA PRIMERA
- 03JORNADA SEGUNDA
- 04JORNADA TERCERA
- 05JORNADA CUARTA
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