
Spanish Edition
Literature
Las ilusiones del doctor Faustino
Spanish BooksWhale Edition by Juan Valera
Una novela de Juan Valera sobre ambición, fantasía intelectual, desengaño y vida social española.
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Las ilusiones del doctor Faustino
Las ilusiones del doctor Faustino examina el contraste entre imaginación, ambición, amor propio y realidad social. Con ironía elegante, Juan Valera retrata aspiraciones intelectuales, relaciones personales y desengaños de una España decimonónica observada con finura psicológica.
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Juan Valera murió en 1905, y Las ilusiones del doctor Faustino se publicó en 1875. Estas fechas apoyan la base de dominio público de esta edición española.
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Las ilusiones del doctor Faustino
Juan Valera
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A MI QUERIDO AMIGO
DON RAMÓN RODRÍGUEZ CORREA
Te dedico esta novela como el matador dedica su obra antes de matar el toro. Ni él ni yo sabemos si saldrá bien ó mal lo que dedicamos. El público y tú habréis de juzgar y sentenciar, cuando la novela se imprima por completo, no bien se escriba. De todos modos, aunque la novela salga malísima, como es buena la voluntad con que te la dedico, tendrás siempre que agradecer, aunque no tengas que aplaudir. Verdad es que, como yo te debo tanta amistad desde hace años, apenas si empiezo á pagarte con esta muestra de cariño, y, bien miradas las cosas, tampoco tienes que agradecerme la dedicatoria.
Yo no diré al público, porque sería quitar atractivo á mi composición, que cuanto en ella he de contar será fingido. Villabermeja es una verdadera utopia: sus héroes jamás existieron. Con todo, no estará de sobra que tú divulgues esto por ahí, pues forjo mis creaciones fantásticas, como entiendo que hacen todos los novelistas, con elementos reales, tomando de acá y de acullá entre mis recuerdos, y me pesaría de que saliese algún crítico zahorí afirmando que hago retratos.
Harto sé que el río del olvido se llevará pronto en su corriente esta novela, con multitud de composiciones insulsas, escritas á escape para llenar las columnas de los periódicos. No hay miedo, por consiguiente, de que dentro de un par de siglos salgan los eruditos averiguando quiénes fueron todos los de mi cuento, como imaginan que averiguan hoy quién fué Sancho, quién D. Quijote, quién el rucio, y cuál el lugar de D. Quijote, dando por seguro que fué Argamasilla de Alba; pero lo que no ha de suceder dentro de un par de siglos, pudiera suceder al momento, y contra esto te suplico que trabajes, afirmando, como es la verdad, que carecen de originales en el mundo los pobres partos de mi fantasía.
Acógelos tú en tus brazos cariñosos y defiéndelos de las injurias á que van á exponerse, si, como sospecho, nacen feos y endebles.
INTRODUCCIÓN
DONDE SE TRATA DE VILLABERMEJA, DE D. JUAN FRESCO Y DE LAS ILUSIONES EN GENERAL.
Mi excelente y antiguo amigo D. Miguel de los Santos Álvarez, pensador optimista, sereno observador de las cosas y razonable filósofo, sostiene con agudeza que en la vejez se gana por un lado lo que se pierde por otro, que no hay motivo ni razón para afligirse, y que es díscolo quien se aflige. El vulgo, dice él por vía de ejemplo, imagina que, cuando alguien se queda calvo, es porque falta el jugo que alimenta las raíces de sus cabellos y éstos se caen; pero como sucede siempre que al que se queda calvo le nacen pelos y aun cerdas en las narices y en las orejas, y las cejas crecen y se robustecen de modo que suelen dar sombra á la cara, no puede atribuirse la calvicie á falta de jugos. En las mujeres es más patente aún este fenómeno, apareciendo casi sin excepción en la que pierde el pelo de la cabeza un maravilloso y fecundo florecimiento de cerdas en la barba y labio superior, lo cual la hace digna rival de
la condesa Trifaldi ó de Santa Librada, si bien á estas señoras les ocurrió milagrosamente lo de _embarbarse_, á una por duro castigo de un mal intencionado encantador, y á otra por especial favor del cielo, á fin de que salvase la joya de su castidad, puesta en grave peligro, mientras que por lo común es ordinaria operación de la caprichosa Naturaleza, sin que se vislumbre finalidad alguna, el _embarbamiento_ de que aquí se trata.
Véase, pues, cómo no hay tal carencia de jugos en la vejez, sino cambio de dirección en ellos. Lo mismo sucede ó debe suceder con todo lo demás.
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Muerto D. Francisco, Doña Ana tomó la férula educadora y no quiso compartir con Respetilla la educación de su hijo. Era ya tarde, sin embargo, para apartar á Respetilla y para desarraigar del corazón y de la mente del ilustre mayorazgo todos los vicios y resabios de un señorito andaluz de lugar. Doña Ana hubo de contentarse con tratar de ingertar, digámoslo así, en el señorito andaluz y lugareño el saber y los sentimientos propios de un hombre culto y de un perfecto caballero.
Como D. Francisco había sido _negro_, esto es, muy liberal, á pesar de preciarse de tan linajudo, y había estado mal con Narizotas, como él llamaba á Fernando VII, siempre se había enfurecido ante el proyecto de que el niño fuese á servir al rey, entrando de cadete en un colegio. Doña Ana siguió con facilidad, en este punto, el humor de su dulce esposo, porque idolatraba á su hijo; no quería separarse de él; suponía aún que, teniendo que gozar de su mayorazgo, no tendría que servir á nadie, y además pensaba en que ni Milciades, ni Epaminondas, ni Cayo Graco, ni ninguno de los Scipiones, fueron cadetes nunca, ni subieron paso á paso, ridicula y prosáicamente, hasta llegar á generales, sino que fueron oradores, hombres políticos, guerreros y magnates á la vez, y ya empuñaban la espada, ya tomaban la pluma, ya se revestían de la toga, ya se armaban con la loriga y con el casco. Así quería Doña Ana que
fuese su hijo, y aunque no tenía más que uno, entendía que valía por dos, y se juzgaba otra Cornelia.
Doña Ana comprendió, á pesar de todo, la utilidad de que el niño siguiese una carrera; y después de meditarlo bien, eligió la de abogado, no para que ganase la vida haciendo pedimentos, sino para que aprendiese las leyes, y supiese reformarlas y darlas á su patria cuando llegase la ocasión.
El mayorazgo estudió, pues, latín con el dómine del lugar, y llegó á traducir casi de corrido algunas vidas de Cornelio Nepote. Fué luego al Seminario conciliar de la capital de su provincia, donde aprendió filosofía con el padre Guevara, y sacó siempre nota de sobresaliente. Y, por último, cursó el Derecho en la Universidad de Granada, donde, por arder entonces la guerra civil entre carlistas y cristianos, no había severidad en cuanto á la asistencia.
Nuestro mayorazgo se pasaba, pues, en Villabermeja la mayor parte del tiempo que duraba el curso. Luego iba á examinarse; y, merced á la longanimidad de los examinadores, siempre obtenía buena nota.
En las excursiones á Granada acompañaba al mayorazgo el fiel servidor Respetilla. Allí se portaban ambos con cierto rumbo y elegancia. Hubo temporadas en que hasta la jaca castaña, en que cabalgaba y viajaba desde el lugar el señorito, se quedó en Granada, para que el señorito la montase y luciese. Bien es verdad que entonces todo estaba aún barato en Granada, mereciendo esta ciudad llamarse _la tierra del ochavico_. Con veinte reales diarios se hacía todo el gasto de vivienda, comida, camas y servicio de amo, criado y jaca.
Aun así era un lujo estupendo. Lo más que solía gastar entonces en el pupilaje un estudiante en Granada era la suma de siete reales diarios. Seis era el precio corriente de las mejores casas, donde las patronas más aseadas y bonitas daban almuerzo, comida y cena, cama, luz, agua y otra multitud de regalos.
En fin, el ilustre Mendoza terminó en Granada su carrera, y se graduó de licenciado y doctor _in utroque_. Doña Ana le bordó una primorosa muceta y le hizo una borla riquísima para el bonete.
El miniaturista más hábil que había entonces en Granada pintó por seis duros, sobre cándido marfil, el retrato del mayorazgo Mendoza, con su muceta, su toga y su bonete emborlado, y el mayorazgo Mendoza, cuando volvió á los brazos de su madre, hecho un doctor, le trajo dicho retrato de presente, puesto en un marco de ébano con adornitos de bronce.
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02I
- 03libro de monsieur Rollin traducido al castellano.
- 04capítulo anterior.
- 05parte gachas de mosto y arrope y empanadas de boquerones. ¡No falta más
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