
Spanish Edition
Literature
Los muertos mandan
Spanish BooksWhale Edition by Vicente Blasco Ibáñez
Jaime Febrer intenta liberarse de los prejuicios heredados mientras una nueva vida en Ibiza pone a prueba sus convicciones.
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Book introduction
Los muertos mandan
La decadencia de una familia mallorquina pesa sobre Jaime Febrer, que busca una salida a las obligaciones del pasado. Su traslado a Ibiza lo enfrenta a relaciones, conflictos y costumbres que cuestionan la autoridad de los antepasados. Vicente Blasco Ibáñez relaciona la historia personal con las jerarquías sociales y la fuerza de la vida presente. La novela se organiza en tres partes, precedidas por unas palabras del autor al lector.
BooksWhale edition
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Vicente Blasco Ibáñez murió en 1928. Esta edición utiliza el texto original español de dominio público disponible en Project Gutenberg, sin notas editoriales ni ilustraciones posteriores.
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Los muertos mandan
Preview chapterAl lectorPreview
En mis tiempos de agitador político, allá por el año 1902, los republicanos de Mallorca me invitaron a un mitin de propaganda de nuestras doctrinas que se celebró en la plaza de Toros de Palma.
Después de esta reunión popular, los otros diputados republicanos que habían hablado en ella se volvieron a la Península. Yo, una vez pronunciado mi discurso, di por terminada mi actuación política, para correr como simple viajero la hermosa isla que vio en la Edad Media los paseos meditativos del gran Raimundo Lulio—filósofo, hombre de acción, novelista—y en el primer tercio del siglo xix sirvió de escenario a los amores románticos y algo maduros de Jorge Sand y Chopin.
Más que las cavernas célebres, los olivos seculares y las costas eternamente azules de Mallorca, atrajeron mi atención las honradas gentes que la pueblan y sus divisiones en castas que aún perduran, a causa sin duda del aislamiento isleño, refractario a las tendencias igualitarias de los españoles de tierra firme. Vi en la existencia de los judíos convertidos de Mallorca, de los llamados chuetas, una novela futura.
Luego, al volver a la Península, me detuve en Ibiza, sintiéndome igualmente interesado por las costumbres tradicionales de este pueblo de marinos y agricultores, en lucha incesante durante mil quinientos años con todos los piratas del Mediterráneo. Y pensé unir las vidas de las dos islas, tan distintas y al mismo tiempo tan profundamente originales, en una sola novela.
Transcurrieron seis años sin que pudiese realizar mi deseo.
Necesitaba volver a Mallorca e Ibiza para estudiar con más detenimiento los tipos y paisajes de mi obra, y nunca encontraba ocasión propicia para tal viaje. Al fin, en 1908, cuando preparaba mi primera excursión a América, pude escapar unas semanas de Madrid, llevando una vida errante por ambas islas. Visité la mayor parte de Mallorca, durmiendo muchas noches en pequeños pueblos donde me dieron alojamiento las familias «payesas» con una hospitalidad generosa, de bíblico desinterés. Corrí las montañas de Ibiza y navegué ante sus costas rojas y verdes en barcos viejos, valientes para el mar, que unos meses del año van a la pesca y otros son dedicados al contrabando.
Cuando regresé a Madrid, con el rostro ennegrecido por el sol y las manos endurecidas por el remo, me puse a escribir Los muertos mandan, y eran tan frescas y al mismo tiempo tan recias mis observaciones, que produje la novela «de un solo tirón», sin el más leve desfallecimiento de mi memoria de novelista, en el transcurso de dos o tres meses.
Esta fue la última obra del primer período de mi vida literaria. Apenas publicada me marché a dar conferencias en la República Argentina y Chile. El conferencista se convirtió sin saber cómo en colonizador del desierto, en jinete de la llanura patagónica. Olvidé la pluma como algo frívolo e inútil para la recia batalla con las asperezas de una tierra inculta desde el principio del planeta y con las malicias e ignorancias de los hombres.
Pasé seis años sin escribir novelas. Quise crearlas en la realidad. Fui un novelista de hechos y no de palabras.
Pero las vidas vuelven siempre a sus cauces antiguos, y después de estos seis años de catalepsia literaria, en 1914, pocos meses antes de la gran guerra, reanudé en París mi trabajo de novelista «de pluma y papel», escribiendo Los argonautas.
V. B. I. 1923
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Primera parte
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02Al lector
- 03Primera parte
- 04I
- 05II
- 06III
- 07IV
- 08Segunda parte
- 09I
- 10II
- 11III
- 12IV
- 13Tercera parte
- 14I
- 15II
- 16III
- 17IV
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