
Spanish Edition
Literature
Moby Dick
Spanish BooksWhale Edition by Herman Melville
Original title: Moby-Dick; or, The Whale
La gran novela marítima de Melville sobre Ahab, la ballena blanca, la obsesión y el abismo humano.
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Book introduction
Moby Dick
Moby Dick sigue al capitán Ahab y a la tripulación del Pequod en una persecución oceánica que se convierte en meditación sobre obsesión, destino, naturaleza, trabajo, religión y conocimiento. Esta edición española presenta una de las novelas más influyentes de la literatura mundial para lectura en línea, EPUB y PDF.
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Herman Melville murió en 1891, y Moby-Dick se publicó por primera vez en 1851. Estas fechas apoyan la base de dominio público del texto original; esta edición española usa una traducción autorizada preparada a partir de esa fuente.
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Moby Dick
Herman Melville
Preview chapterPrólogoPreview
En las páginas de Moby-Dick, Herman Melville nos entrega una de las obras más complejas y duraderas de la literatura universal. Publicada en 1851, esta novela desborda los límites de una simple narración de aventuras marítimas para convertirse en una profunda meditación sobre la obsesión, el destino y el misterio insondable del mundo natural. A través de la voz de Ismael, testigo y narrador, el lector se adentra en el universo del ballenero Pequod, una embarcación que pronto deja de ser un simple barco para transformarse en símbolo de la humanidad misma, con sus pasiones, sus contradicciones y sus anhelos. En el centro de la historia se encuentra el capitán Ahab, figura trágica cuya determinación de perseguir a la gran ballena blanca trasciende la razón y roza lo metafísico. La ballena, Moby Dick, no es solamente una criatura marina, sino una presencia enigmática que encarna tanto la naturaleza indomable como los abismos de la mente humana. La caza se convierte así en una empresa existencial, donde cada ola y cada jornada en alta mar revelan nuevas capas de significado.
Melville combina con maestría la narración novelesca con extensas reflexiones filosóficas, descripciones científicas y pasajes de una sorprendente riqueza poética. Esta fusión de géneros otorga a la obra su carácter enciclopédico, permitiendo que el lector no solo siga una historia, sino que explore un vasto mundo de conocimientos sobre la caza de ballenas, el mar y la condición humana. Lejos de ser un obstáculo, estas digresiones enriquecen la experiencia, ofreciendo pausas contemplativas que invitan a la reflexión. Asimismo, Moby-Dick puede leerse como una alegoría sobre los límites del conocimiento y la lucha del ser humano contra fuerzas que exceden su comprensión. En este sentido, la novela dialoga con grandes tradiciones literarias y filosóficas, al tiempo que mantiene una voz singular e inconfundible. Hoy, más de un siglo después de su publicación, Moby-Dick sigue desafiando y fascinando a sus lectores. Su vigencia radica en su capacidad para plantear preguntas fundamentales sin ofrecer respuestas definitivas. Este volumen invita al lector contemporáneo a embarcarse en una travesía literaria inolvidable, donde el mar es infinito y cada lectura revela un nuevo horizonte.
Preview chapterCAPÍTULO 1: VislumbresPreview
Llámenme Ismael. Hace algunos años —no importa cuántos exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé en navegar un poco y ver la parte acuática del mundo. Es una manera que tengo de ahuyentar la melancolía y regular la circulación. Siempre que noto que se me pone la boca sombría; siempre que en mi alma hay un húmedo y lloviznoso noviembre; siempre que me descubro deteniéndome involuntariamente ante almacenes de ataúdes, y cerrando la marcha de todos los entierros con que me encuentro; y especialmente cuando mis hipocondrías llegan a dominarme tanto, que hace falta un fuerte principio moral para impedirme salir deliberadamente a la calle y ponerme metódicamente a tirar los sombreros de la cabeza de la gente, entonces considero que ya es más que hora de hacerme a la mar cuanto antes. Este es mi sustituto de la pistola y la bala. Con un floreo filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, silenciosamente, me embarco. No hay nada sorprendente en ello. Si lo supieran, casi todos los hombres, en mayor o menor grado, abrigan en algún momento sentimientos muy semejantes a los míos hacia el océano.
Ahí tienen ahora su ciudad insular de los manhattoes, ceñida de muelles como las islas indias lo están de arrecifes de coral: el comercio la rodea con su oleaje. A derecha e izquierda, las calles los llevan hacia el agua. Su extremo más bajo es el Battery, donde ese noble malecón es bañado por las olas y refrescado por brisas que, unas pocas horas antes, estaban fuera de la vista de tierra. Miren las multitudes de contempladores del agua que hay allí. Den la vuelta a la ciudad en una soñadora tarde de domingo. Vayan desde Corlears Hook hasta Coenties Slip, y desde allí, por Whitehall, hacia el norte. ¿Qué ven? Plantados como centinelas silenciosos en torno a toda la ciudad, miles y miles de mortales absortos en ensoñaciones oceánicas. Algunos recostados contra los pilotes; otros sentados en las cabeceras de los muelles; otros asomados sobre las bordas de barcos venidos de China; otros allá arriba, en la jarcia, como esforzándose por obtener una mirada aún mejor hacia el mar. Pero todos estos son hombres de tierra; entre semana encerrados entre listones y yeso, atados a mostradores, clavados a bancos, remachados a escritorios. ¿Cómo se explica entonces? ¿Han desaparecido los campos verdes? ¿Qué hacen aquí?
¡Pero miren! Aquí vienen más multitudes, caminando derechas hacia el agua, y aparentemente decididas a zambullirse. ¡Extraño! Nada las contentará sino el límite extremo de la tierra; no les basta con merodear bajo el abrigo sombrío de aquellos almacenes. No. Tienen que acercarse al agua todo lo que les sea posible sin caerse dentro. Y allí permanecen —millas de ellos—, leguas. Todos del interior, vienen de callejones y callejas, de calles y avenidas: del norte, del este, del sur y del oeste. Y sin embargo aquí todos confluyen. Díganme, ¿los atrae hasta allí la virtud magnética de las agujas de las brújulas de todos esos barcos? Una vez más. Supongan que están en el campo, en alguna región elevada de lagos. Tomen casi cualquier sendero que les plazca, y es diez contra uno que los lleve valle abajo y los deje junto a una poza del arroyo. Hay magia en ello. Sumerjan al más distraído de los hombres en sus más profundas cavilaciones; pónganlo de pie, hagan que eche a andar, y sin falta los conducirá hacia el agua, si en toda aquella región la hay. Si alguna vez sienten sed en el gran desierto americano, prueben este experimento, si acaso su caravana va provista de un profesor de metafísica. Sí, como todo el mundo sabe, la meditación y el agua están casadas para siempre.
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02Prólogo
- 03CAPÍTULO 1: Vislumbres
- 04CAPÍTULO 2: La bolsa de viaje
- 05CAPÍTULO 3: La Posada del Soplador
- 06CAPÍTULO 4: La colcha
- 07CAPÍTULO 5: Desayuno
- 08CAPÍTULO 6: La calle
- 09CAPÍTULO 7: La capilla
- 10CAPÍTULO 8: El púlpito
- 11CAPÍTULO 9: El sermón
- 12CAPÍTULO 10: Un amigo del alma
- 13CAPÍTULO 11: Camisón
- 14CAPÍTULO 12: Biográfico
- 15CAPÍTULO 13: Carretilla
- 16CAPÍTULO 14: Nantucket
- 17CAPÍTULO 15: La sopa de pescado
- 18CAPÍTULO 16: El barco
- 19CAPÍTULO 17: El Ramadán
- 20CAPÍTULO 18: Su marca
- 21CAPÍTULO 19: El profeta
- 22CAPÍTULO 20: Todos en movimiento
- 23CAPÍTULO 21: Subiendo a bordo
- 24CAPÍTULO 22: Feliz Navidad
- 25CAPÍTULO 23: La costa de sotavento
- 26CAPÍTULO 24: El defensor
- 27CAPÍTULO 25: Posdata
- 28CAPÍTULO 26: Caballeros y escuderos
- 29CAPÍTULO 27: Caballeros y escuderos
- 30CAPÍTULO 28: Ahab
- 31CAPÍTULO 29: Entra Ahab; a él, Stubb
- 32CAPÍTULO 30: La pipa
- 33CAPÍTULO 31: Reina Mab
- 34CAPÍTULO 32: Cetología
- 35CAPÍTULO 33: El Specksynder
- 36CAPÍTULO 34: La mesa de la cámara
- 37CAPÍTULO 35: El tope del mástil
- 38CAPÍTULO 36: El alcázar
- 39CAPÍTULO 37: Puesta del sol
- 40CAPÍTULO 38: Crepúsculo
- 41CAPÍTULO 39: Primera guardia nocturna
- 42CAPÍTULO 40: Medianoche, castillo de proa
- 43CAPÍTULO 41: Moby Dick
- 44CAPÍTULO 42: La blancura de la ballena
- 45CAPÍTULO 43: ¡Escuchad!
- 46CAPÍTULO 44: La carta
- 47CAPÍTULO 45: La declaración jurada
- 48CAPÍTULO 46: Conjeturas
- 49CAPÍTULO 47: El fabricante de esteras
- 50CAPÍTULO 48: El primer arriado
- 51CAPÍTULO 49: La hiena
- 52CAPÍTULO 50: El bote y la tripulación de Ahab • Fedallah
- 53CAPÍTULO 51: El chorro espíritu
- 54CAPÍTULO 52: El albatros
- 55CAPÍTULO 53: El gam
- 56CAPÍTULO 54: La historia del Town-Ho
- 57CAPÍTULO 55: De las monstruosas imágenes de las ballenas
- 58CAPÍTULO 56: De las imágenes menos erróneas de las ballenas y de las verdaderas imágenes de escenas balleneras
- 59CAPÍTULO 57: De las ballenas en pintura; en dientes; en madera; en hierro batido; en piedra; en montañas; en estrellas
- 60CAPÍTULO 58: Brit
- 61CAPÍTULO 59: Calamar
- 62CAPÍTULO 60: La línea
- 63CAPÍTULO 61: Stubb mata una ballena
- 64CAPÍTULO 62: El dardo
- 65CAPÍTULO 63: La horquilla
- 66CAPÍTULO 64: La cena de Stubb
- 67CAPÍTULO 65: La ballena como plato
- 68CAPÍTULO 66: La matanza de tiburones
- 69CAPÍTULO 67: El descuartizamiento
- 70CAPÍTULO 68: La manta
- 71CAPÍTULO 69: El funeral
- 72CAPÍTULO 70: La Esfinge
- 73CAPÍTULO 71: La historia del Jeroboam
- 74CAPÍTULO 72: La cuerda de mono
- 75CAPÍTULO 73: Stubb y Flask matan una ballena franca; y luego conversan sobre ella
- 76CAPÍTULO 74: La cabeza del cachalote: vista contrastada
- 77CAPÍTULO 75: La cabeza de la ballena franca: vista contrastada
- 78CAPÍTULO 76: El ariete
- 79CAPÍTULO 77: La gran cuba de Heidelberg
- 80CAPÍTULO 78: Cisterna y cubos
- 81CAPÍTULO 79: La pradera
- 82CAPÍTULO 80: La nuez
- 83CAPÍTULO 81: El Pequod se encuentra con la Virgen
- 84CAPÍTULO 82: El honor y la gloria de la caza de ballenas
- 85CAPÍTULO 83: Jonás considerado históricamente
- 86CAPÍTULO 84: El lanzamiento de la pértiga
- 87CAPÍTULO 85: La fuente
- 88CAPÍTULO 86: La cola
- 89CAPÍTULO 87: La gran armada
- 90CAPÍTULO 88: Escuelas y maestros de escuela
- 91CAPÍTULO 89: Pez sujeto y pez suelto
- 92CAPÍTULO 90: Cabezas o colas
- 93CAPÍTULO 91: El Pequod se encuentra con el Capullo de Rosa
- 94CAPÍTULO 92: Ámbar gris
- 95CAPÍTULO 93: El náufrago
- 96CAPÍTULO 94: Un apretón de la mano
- 97CAPÍTULO 95: La sotana
- 98CAPÍTULO 96: Los hornos de fundición
- 99CAPÍTULO 97: La lámpara
- 100CAPÍTULO 98: Estibar abajo y limpiar
- 101CAPÍTULO 99: El doblón
- 102CAPÍTULO 100: Pierna y brazo • El Pequod, de Nantucket, se encuentra con el Samuel Enderby, de Londres
- 103CAPÍTULO 101: La garrafa
- 104CAPÍTULO 102: Una enramada en los Arsácidas
- 105CAPÍTULO 103: Medición del esqueleto de la ballena
- 106CAPÍTULO 104: La ballena fósil
- 107CAPÍTULO 105: ¿Disminuye la magnitud de la ballena? ¿Perecerá?
- 108CAPÍTULO 106: La pierna de Ahab
- 109CAPÍTULO 107: El carpintero
- 110CAPÍTULO 108: Ahab y el carpintero
- 111CAPÍTULO 109: Ahab y Starbuck en la cámara
- 112CAPÍTULO 110: Queequeg en su ataúd
- 113CAPÍTULO 111: El Pacífico
- 114CAPÍTULO 112: El herrero
- 115CAPÍTULO 113: La fragua
- 116CAPÍTULO 114: El dorador
- 117CAPÍTULO 115: El Pequod se encuentra con el Bachelor
- 118CAPÍTULO 116: La ballena moribunda
- 119CAPÍTULO 117: La guardia de la ballena
- 120CAPÍTULO 118: El cuadrante
- 121CAPÍTULO 119: Las velas
- 122CAPÍTULO 120: La cubierta hacia el final de la primera guardia de la noche
- 123CAPÍTULO 121: Medianoche: las amuradas del castillo de proa
- 124CAPÍTULO 122: Medianoche en lo alto: trueno y relámpago
- 125CAPÍTULO 123: El mosquete
- 126CAPÍTULO 124: La aguja
- 127CAPÍTULO 125: La corredera y la línea
- 128CAPÍTULO 126: El salvavidas
- 129CAPÍTULO 127: La cubierta
- 130CAPÍTULO 128: El Pequod encuentra al Rachel
- 131CAPÍTULO 129: La cámara
- 132CAPÍTULO 130: El sombrero
- 133CAPÍTULO 131: El Pequod encuentra al Delight
- 134CAPÍTULO 132: La sinfonía
- 135CAPÍTULO 133: La caza: primer día
- 136CAPÍTULO 134: La caza: segundo día
- 137CAPÍTULO 135: La caza: tercer día
