
Spanish Edition
Science
Reglas y consejos sobre investigación científica
Spanish BooksWhale Edition by Santiago Ramón y Cajal
Santiago Ramón y Cajal reflexiona sobre vocación, perseverancia, formación, colaboración y obstáculos intelectuales en el trabajo de investigación científica.
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Book introduction
Reglas y consejos sobre investigación científica
Cajal dirige estos consejos a quienes desean dedicarse a la investigación. Examina la elección de problemas, las cualidades del investigador, la lectura, la disciplina de trabajo y la comunicación de resultados. También considera las condiciones institucionales de la ciencia y la formación en el extranjero. Sus observaciones reúnen experiencia personal y una defensa exigente de la iniciativa intelectual.
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Santiago Ramón y Cajal falleció en 1934. Esta edición utiliza el texto original español publicado antes de 1931, sin notas editoriales modernas, ilustraciones ni publicidad de la edición de origen.
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Reglas y consejos sobre investigación científica
Preview chapterPRÓLOGO DE LA SEGUNDA EDICIÓNPreview
Costeada por la generosidad del Dr. Lluria.
El libro actual es una reproducción, con numerosos retoques y desarrollos, de mi discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (sesión del 5 de diciembre de 1897).
Como otras muchas oraciones académicas harto más merecedoras de publicidad, este discurso habría quedado olvidado en los anaqueles de las bibliotecas oficiales, si un querido amigo nuestro, el Dr. Lluria, no hubiera tenido la generosidad de reimprimirlo a su costa, a fin de regalarlo a los estudiantes y a los aficionados a las tareas del laboratorio.
Cree el Dr. Lluria (y Dios le pague tan hermosas ilusiones) que los consejos y advertencias contenidos en dicho trabajo pueden ser, como emanados de un apasionado de la investigación, de algún provecho para promover el amor y entusiasmo de la juventud estudiosa hacia las empresas del laboratorio.
Ignoro si, en efecto, los referidos consejos, expuestos con fervor y entusiasmo quizás un tanto exagerados e ingenuos, tendrán positiva utilidad para el efecto de formar investigadores. Por mi parte diré solamente que, acaso por no haberlos recibido de ninguno de mis deudos o profesores cuando concebí el temerario empeño de consagrarme a la religión del laboratorio, perdí, en tentativas inútiles, lo mejor de mi tiempo, y desesperé más de una vez de mis aptitudes para la investigación científica. ¡En cuántas ocasiones me sucedió, por ignorar las fuentes bibliográficas (y desgraciadamente no siempre por falta de diligencia, sino de recursos pecuniarios) y no encontrar un guía orientador, descubrir hechos anatómicos ya por entonces divulgados en lenguas que ignoraba y que ignoraban también aquellos que debieran saberlas!
¡Y cuántas veces me ocurrió también, por carencia de disciplina y, sobre todo, por vivir alejado de ese ambiente intelectual del cual recibe el investigador novel estímulos y energías, abandonar la labor en el momento en que, fatigado y hastiado, no tanto del trabajo cuanto de mi triste y enervadora soledad, comenzaba a columbrar los primeros tenues albores de la idea nueva!
La rutina científica y la servidumbre mental al extranjero reinaban tan despóticamente entonces en nuestras escuelas, que, al solo anuncio de que yo, humilde médico recién salido de las aulas, sin etiqueta oficial prestigiosa, me proponía publicar cierto trabajo experimental sobre la inflamación (trabajo que, como obra de novicio, fue malo e incompleto, pero que revelaba al fin buenos deseos y afición al trabajo), alguno de los profesores de mi querida Universidad de Zaragoza, y no ciertamente de los peores, exclamó estupefacto: «¡Pero quién es Cajal para atreverse a juzgar los trabajos de los sabios!» Y cuenta que este profesor era por aquellos tiempos (1880) el publicista de nuestra Facultad y una de las cabezas más modernas y mejor orientadas de la misma; pero abrigaba la creencia (desgraciadamente profesada todavía por muchos de nuestros catedráticos, ignoro si con sinceridad o a título de expediente cómodo para cohonestar la propia pereza) de que las conquistas científicas no son fruto del trabajo metódico, sino dones del cielo, gracias generosamente otorgadas por la Providencia a unos cuantos privilegiados, inevitablemente pertenecientes a las naciones más laboriosas, es decir, a Francia, Inglaterra, Alemania e Italia.
Afortunadamente, los tiempos han cambiado. Hoy, el investigador en España no es el solitario de antaño. Todavía no son legión, pero contamos ya con pléyade de jóvenes entusiastas a quienes el amor a la ciencia y el deseo de colaborar en la obra magna del progreso mantienen en confortadora comunión espiritual. Actualmente, en fin, han perdido su desoladora eficacia estas preguntas que todos los aficionados a la ciencia nos hemos hecho al dar nuestros primeros inciertos pasos: Esto que yo hago, ¿a quién importa aquí? ¿A quién contaré el gozo producido por mi pequeño descubrimiento? Si acierto, ¿quién aplaudirá?; y si me equivoco, ¿quién me corregirá y me alentará para proseguir?
Preview chapterPRÓLOGO DE LA TERCERA EDICIÓNPreview
Agotada hace más de tres años la edición costeada por la generosidad del Dr. Lluria, nos hemos visto obligados, para satisfacer las demandas de América, a permitir la reimpresión de este folleto en dos Revistas científicas americanas. Íbamos ya a otorgar la misma licencia a una Corporación científico-literaria de España, cuando nos hemos percatado de que este abandono del librito a iniciativas ajenas revela pecado de negligencia, susceptible de acarrear algunos inconvenientes.
Distamos mucho de hacernos ilusiones acerca del mérito de nuestro Discurso. Tanto desde el punto de vista filosófico, como desde el literario, adolece de grandes defectos. Sin duda que en la actualidad, asistidos por una lectura filosófica y pedagógica más copiosa y selecta y por la experiencia docente de los quince años transcurridos, podríamos acaso enriquecer y mejorar doctrinalmente el texto y depurarlo de muchos defectos de estilo y de no pocas candorosas arrogancias y exageraciones.
No nos resolvemos, empero, a ejercitar severamente la podadera sobre esta modesta obra de juventud. Buena o mala, todo libro posee una personalidad espiritual; el público, habituado a ella, tiene derecho a que el autor la respete y no la disfrace o escamotee a título de mejorarla. Sobre que bien pudiera ocurrir que hoy, en plena senectud, nos parezcan defectos (y lo serán acaso) precisamente aquellos rasgos que fijaron la atención del lector y ganaron su benevolencia. Que a los libros, como a los hombres, los respetamos y admiramos por sus buenas cualidades, pero solo los amamos por algunos de sus defectos.
Por si tales sospechas no fueran ilusorias, conservamos esencialmente en esta tercera edición el texto de 1897. En él hémonos permitido solamente algunos pocos retoques de estilo y la adición de tal cual párrafo encaminado a desarrollar ideas someramente apuntadas en el texto. Pero la presente edición encierra varios capítulos nuevos, entre ellos uno final donde señalamos, según nuestro humilde entender, la obra que las instituciones docentes españolas, y singularmente la Junta de Pensiones y Ampliación de estudios en el extranjero, están llamadas a realizar para que, en el más breve plazo posible, nuestra patria colabore, en la medida de sus fuerzas mentales y de sus recursos financieros, en la empresa de la cultura y civilización universales.
Madrid, enero de 1912.
Table of contents
Inside this edition
- 01Full text
- 02PRÓLOGO DE LA SEGUNDA EDICIÓN
- 03PRÓLOGO DE LA TERCERA EDICIÓN
- 04PRÓLOGO DE LAS ÚLTIMAS EDICIONES
- 05CAPÍTULO PRIMERO
- 06CAPÍTULO II
- 07a) ADMIRACIÓN EXCESIVA A LA OBRA DE LOS GRANDES INICIADORES CIENTÍFICOS
- 08b) CREENCIA EN EL AGOTAMIENTO DE LOS TEMAS CIENTÍFICOS
- 09c) CULTO EXCLUSIVO A LA CIENCIA LLAMADA PRÁCTICA
- 10d) PRETENDIDA CORTEDAD DE LUCES
- 11CAPÍTULO III
- 12a) INDEPENDENCIA DE JUICIO
- 13b) PERSEVERANCIA EN EL ESTUDIO
- 14c) PASIÓN POR LA GLORIA
- 15d) PATRIOTISMO
- 16e) GUSTO POR LA ORIGINALIDAD CIENTÍFICA
- 17CAPÍTULO IV
- 18a) CULTURA GENERAL
- 19b) NECESIDAD DE ESPECIALIZARSE
- 20c) LECTURA ESPECIAL O TÉCNICA
- 21d) CÓMO SE DEBEN ESTUDIAR LAS MONOGRAFÍAS
- 22e) NECESIDAD ABSOLUTA DE BUSCAR LA INSPIRACIÓN EN LA NATURALEZA
- 23f) DOMINIO DE LOS MÉTODOS
- 24g) EN BUSCA DEL HECHO NUEVO
- 25CAPÍTULO V
- 26CAPÍTULO VI
- 27CAPÍTULO VII
- 28a) OBSERVACIÓN
- 29b) EXPERIMENTACIÓN
- 30c) HIPÓTESIS DIRECTRIZ
- 31CAPÍTULO VIII
- 32a) JUSTIFICACIÓN DE LA COMUNICACIÓN CIENTÍFICA
- 33b) BIBLIOGRAFÍA
- 34c) JUSTICIA Y CORTESÍA EN LOS JUICIOS
- 35d) EXPOSICIÓN DE LOS MÉTODOS
- 36e) CONCLUSIONES
- 37f) NECESIDAD DE LOS GRABADOS
- 38g) EL ESTILO
- 39h) PUBLICACIÓN DEL TRABAJO CIENTÍFICO
- 40CAPÍTULO IX
- 41CAPÍTULO X
- 42TEORÍAS FÍSICAS
- 43TEORÍAS POLÍTICO-MORALES
- 44EL REMEDIO DE NUESTRO ATRASO. MÉTODO HISTÓRICO DE ELEVACIÓN CIENTÍFICA Y CULTURAL
- 45CAPÍTULO XI
- 46INSTITUCIONES COMPLEMENTARIAS DEL PENSIONADO
- 47IMPORTACIÓN DE PERSONAL DOCENTE
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