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Spanish Edition

Literature

Tipos trashumantes : cróquis á pluma

Spanish BooksWhale Edition by José María de Pereda

Dieciséis retratos satíricos de Pereda siguen a visitantes veraniegos, figuras distinguidas y personajes que exhiben sus aspiraciones ante los demás.

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Book introduction

Tipos trashumantes : cróquis á pluma

Los veraneantes y visitantes de Santander ofrecen a José María de Pereda una galería de gestos, discursos y vanidades. Las de Cascajares, un sabio, un artista, un aprensivo y otros tipos aparecen en dieciséis croquis que alternan descripción y diálogo. La sátira se apoya en el contraste entre la imagen que cada personaje construye y su comportamiento. Esta edición conserva la advertencia al lector y las piezas del original español.

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José María de Pereda murió en 1906. La obra se publicó en 1877. Esta edición utiliza el texto original español de dominio público.

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Preview chapterAL LECTOR.Read preview

Los pueblos, como los hombres, tienen dos fisonomías, por lo menos (algunos hombres tienen muchas): la que les es propia por carácter o naturaleza, o, como si dijéramos, la de todos los días, y la de las circunstancias; es decir, la de los días de fiesta.

La que en este concepto corresponde a la perínclita capital de la Montaña, la forma esa muchedumbre que la invade, en cada año, durante los meses del estío, para buscar en ella quién la salud, quién la frescura y el sosiego, ora en las salobres aguas del Cantábrico, ora contemplando y recorriendo el vario paisaje que envuelve a la ciudad, mientras la raza indígena la abandona y se larga por esos valles de Dios ansiando la soledad de la aldea y la sombra de sus castañeras y cajigales.

Para los que solo se fijan en la variedad de matices y en la movilidad de los pormenores, esta fisonomía es híbrida, abigarrada, indefinible e inclasificable.

Para un ojo ducho en el oficio, es todo lo contrario. Hay en ese movimiento vertiginoso, en ese trasiego incesante de gentes exóticas que van y vienen, que suben y bajan, que entran y salen, rasgos, colores y perfiles que sobrenadan siempre, y se reproducen de verano en verano, como el aire de familia en una larga serie de generaciones. ¿No es todo esto una fisonomía como otra cualquiera?

Por tal la juzgo, y muy digna la creo, por ende, de ser registrada en el libro de apuntes de quien se precie de pintor escrupuloso de costumbres montañesas.

Y como quiera que yo, si no tengo mucho de pintor, téngolo de escrupuloso, abro mi librejo, y apunto..., pero, entiéndase bien, sin otro fin que refrescar la memoria del que leyere, y con la formal declaración de que «cuando pinto, no retrato.»

Preview chapterLAS DE CASCAJARES.Preview

No es aristócrata por la sangre, ni siquiera tiene un título nobiliario de los de nuevo cuño; no por haber llegado tarde al reparto de ellos, sino acaso por distinguirse más, llamándose a secas el señor de Cascajares.

El cual es un banquero, o hacendado, o contratista de alto bordo, muy rico, según la fama, que reside en Madrid, en donde, al decir de los que de allá vienen a pasar las vacaciones de verano, habita espléndido palacio en el paseo de Recoletos, o elegante casa en la calle de Alcalá, o en la del Barquillo.

Es diputado a Cortes cuantas veces quiere, y lo quiere casi siempre, porque todos los Gobiernos apoyan su candidatura, en cambio de la decisión con que él aplaude a todos los Gobiernos. Sin embargo, no es hombre político: solo se comunica con los del poder por el ministerio de Hacienda.

Su señora tiene más conexiones e intimidades que él con los altos personajes de la cosa pública. Se tutea con muchos de ellos, aunque tampoco es aficionada a la cábala ni al cabildeo; es decir, que le gusta el personaje por lo que brilla, y nada más.

Tiene tres hijas solteras, y va con ellas al gran mundo. Ni éstas son modelos de hermosura, ni la madre encaja, por ninguna parte que se la mire, en el más modesto de los moldes aristocráticos; pero, así y todo, pasan en la corte por ornamentos distinguidísimos de la alta sociedad. Lo cierto es que los Asmodeos y Pedro Fernández las citan siempre, en sus almibaradas crónicas de Madrid, en el catálogo de las bellas, discretas y elegantes.

Dos hijos varones tienen también los señores de Cascajares. El mayor es diplomático; y aunque rara vez sale de Madrid, siempre se le considera como en activo servicio, para los efectos de la nómina y del escalafón, en una de las embajadas de más categoría. El segundo, que pasa ya de los veinticinco, no se ha decidido aún por la carrera que ha de seguir. Por de pronto asiste con asiduidad al Veloz-Club y al Casino, y sabe poner cien onzas a una sota, sin que le tiemble el pulso.

Toda esta gente, más tres doncellas o camaristas, dos criados para los señoritos, un sotamayordomo, ú hombre de confianza, para el señor, dos lacayitos y un cocinero negro, vienen en el mes de Julio a Santander a habitar un piso amueblado, en la población, que paga el señor de Cascajares a razón de 8.000 reales mensuales, con la obligación de habitarle dos por lo menos, o de pagarle como si le habitara, y de reponer cuanta vajilla, ropa de camas y muebles sufran el menor deterioro en el ínterin.

Día y medio dura la mudanza, desde la estación del ferrocarril a casa, de los mundos, maletas, cajas, baúles, rollos de mantas, bastones y paraguas, que siguen a la familia de Cascajares como la estela al buque. Y se llena de baúles un cuarto del patio, y hay mundos amontonados en las gabinetes, y cajas sobre todos los veladores, y paquetes sobre todas las sillas, y maletas hasta en el mismo salón en que aquellas señoras reciben las visitas.

Tanto es el equipaje y tanta la servidumbre, que la familia no ha podido colocarse en ninguna fonda del Sardinero; y por acordarse tarde, tampoco logró establecerse en uno de aquellos amueblados chalets.

Esto tiene disgustadísimas a las niñas y desazonada a la mamá. Y no es para menos el caso. Las de Himalaya, las de Tenerife, las de Potosí, las de Chimborazo..., en fin, toda la más encumbrada aristocracia está en el Sardinero; y ellas, por consiguiente, sin sociedad. Además, mal alojadas y achicharradas de calor. (El termómetro marca 20° al sol, y cuando ellas salieron de Madrid señalaba 41 a la sombra). Gracias a que han conseguido alquilar por toda la temporada un mal carruaje que las lleva por la mañana al baño y por la tarde a pasear al Sardinero.

Preview chapterLOS DE BECERRIL.Preview

Dos taleguillos blancos llenos de ropa de muda, unas alforjas atacadas de chorizos y garbanzos, y un paraguas. Este es el equipaje de cada familia al meterse en el tren en la estación más próxima.

Cuando se apean en Santander, el padre carga con las alforjas, amen de la capa que también se echa al hombro; la madre con un taleguillo y la criatura que amamanta; una jovenzuela con el otro talego, y un rapaz de doce años con el paraguas.

Vienen a Santander porque el padre tiene dúlceras en las piernas, y dúlceras en el cuadril de la derecha; la madre, desde el último parto, añudados los gonces de la rodilla izquierda; el mamoncillo no puede echar los últimos dientes de por sí solo; la jovenzuela ha cumplido ya quince años y está pálida como la cera; el rapaz que va para doce, tiene los labios como un embudo y el cuello como un botijo, y le salen ya los lamparones por detrás de las orejas.

Por consejo del médico de Becerril de Campos, vienen a tomar los baños de mar, porque éstos han de curar todas y cada una de las dolencias enumeradas.

Con estas esperanzas y aquel equipaje, y en el orden de formación en que hemos ido citándolos, llegan a la Dársena y echan Muelle adelante con el asombro pintado en los ojos y en la boca.

El molinete que suena; el vapor que cruza la bahía; el ligero esquife que se desliza sobre las aguas, como la golondrina en el espacio; la sardinera que grita su mercancía; el coche que pasa rápido; el carretero que aturde la vecindad con las blasfemias de costumbre; el marcial arreo y las infantiles galas; sedas, tules, libreas y levitas, chaquetas y manteos... Todo esto junto y revuelto, casi en torbellino, que es lo primero con que tropiezan los ojos del viajero que desde la estación del ferrocarril se lanza, de sopetón, al Muelle en una tarde de verano, aturde y deslumbra con sobrado motivo al sedentario y patriarcal lugareño de tierra de Campos.

Pero el coche, y «los señores,» y el soldado, y «las damiselas,» todo, en fin, lo que es terrestre, cabe perfectamente en las presunciones de los de Becerril, y luego dejan de admirarlo. Lo que realmente los fascina, por de pronto y acaba por atontarlos, es lo marítimo. Les faltan ojos para contemplarlo y hasta narices para olerlo.

—Míales, míales, hijo —vocea la madre—. ¿No te lo ecía yo?... Más altos son los palos que el campanario del pueblo.

—¡Pus anda —añade el padre—, con el otro que va río abajo! Mal rayo me parta si no ahúma como si llevara los demonios aentro. ¿Qué tié que ver el tren con esto? ¡Pus ávate con el barquillico que lleva a la zaga!...

—Será la cría, padre —grita el rapaz.

—Puá que, hijo; no te diré yo que no lo sea.

—Y toas estas que están arrimaícas aquí lo paecen tamién... ¡Cristo, cuánta barca!... y allá va una cargá de cubetos... ¿Y dende esta orillica se pescará el fresco?

—¡Otra con el inocente! Eso se pesca en alta mar, borrico.

—¿Pues no es esto la alta mar?

—¡Anda si qué! ¿Pus no oístes a aquel señor que venía en el tren a la vera de tu madre, que esto es el puerto? ¡Qué tié cacer esto pa onde está la alta mar!

—Y ¿onde está esa mar?

—En cuantico alleguemos a casa, di que se ve de golpe.

Y en estas y otras por el estilo, admirando acá, exclamando allá, parándose aquí, retrocediendo en el otro lado, preguntando a este «caballero» y a la otra «buena mujer», llegan a Miranda, en cuyo barrio tienen apalabrada una habitación que les ha buscado otra familia castellana que les precedió en el viaje.

Table of contents

Inside this edition

  1. 01AL LECTOR.
  2. 02LAS DE CASCAJARES.
  3. 03LOS DE BECERRIL.
  4. 04EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR.
  5. 05LAS INTERESANTÍSIMAS SEÑORAS.
  6. 06UN ARTISTA.
  7. 07UN SABIO.
  8. 08UN APRENSIVO.
  9. 09EN LA PLAYA.
  10. 10CON EL MÉDICO.
  11. 11EN LA DESPEDIDA.
  12. 12UN DESPREOCUPADO.
  13. 13LUZ RADIANTE.
  14. 14BRUMAS DENSAS.
  15. 15EL BARÓN DE LA RESCOLDERA.
  16. 16EL MARQUÉS DE LA MANSEDUMBRE.
  17. 17UN JOVEN DISTINGUIDO,
  18. 18I. EN UN CUARTO DE UNA FONDA.
  19. 19II. EN LA CALLE.
  20. 20III. EN EL SARDINERO.
  21. 21IV. OTRA VEZ EN SU CUARTO.
  22. 22LAS DEL AÑO PASADO.
  23. 23EN CANDELERO.
  24. 24AL TRASLUZ.

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