
Spanish Edition
Literature
Tipos y paisajes
Spanish BooksWhale Edition by José María de Pereda
Pereda reúne escenas y relatos de costumbres donde el paisaje cántabro y los personajes revelan tensiones de la vida social.
- Preview
- A sample from the prepared text
- Formats
- Online reader, EPUB, PDF
- Access
- Library claim
Book introduction
Tipos y paisajes
José María de Pereda observa oficios, fiestas, jerarquías y conflictos de la vida montañesa en una colección de escenas narrativas. Relatos como Las brujas, Blasones y talegas y Los baños del Sardinero combinan descripción del ambiente, diálogo y sátira social. El paisaje participa en la caracterización de sus habitantes y en los contrastes entre aspiraciones y realidad. El texto español reúne el prólogo del autor y las piezas de la colección.
BooksWhale edition
How this edition was prepared
This edition is based on a public domain text and has been prepared for digital reading by BooksWhale.
Public domain basis
Why this edition can be shared
José María de Pereda murió en 1906. La obra se publicó en 1871. Esta edición utiliza el texto original español de dominio público.
Read preview
A sample from the prepared text
Preview selected from the prepared reader text.
Preview chapterPRÓLOGO, ADVERTENCIA, PRELUDIO... Ó LO QUE USTEDES QUIERANRead preview
El asunto es que algunos de mis paisanos, muy pocos, afortunadamente, han creído hallar en más de una página de mis Escenas Montañesas motivo suficiente para que se sobrexcite y alarme su amor patrio; y que yo, que me guardaría muy bien de rebelarme contra el fallo del más incompetente crítico, á quien se le antojase apreciar aún en menos de lo poco que vale mi chirumen, como buen montañés, amante fervorosísimo de mi bella patria, no puedo, ni debo... ni quiero resignarme á no oponer algunos reparos á los escrúpulos patrióticos de los mencionados señores, antes de darles á conocer esta segunda serie de Escenas, en las cuales, juzgándolas con el criterio con que juzgaron á las primeras, han de hallar nuevas causas de resentimiento contra mi pluma, y, por consiguiente, contra la intención que la ha guiado.
El cargo que se me hace (y, por cierto, entre piropos que siento no merecer) es la friolera de haber agraviado á la Montaña, presentando á la faz del mundo muchos de sus achaques peculiares, y hasta en son de burla algunos; es decir, con delectación pecaminosa.
Confieso que no ha podido hacérseme una imputación más cruel, ni más injusta, ni que más me lastime. Cruel, porque lo fuera, aun siendo muy notoria la perversidad del alma de un hijo, acusarle de ser capaz de hallar deleite en burlarse de su propia madre; injusta, por lo que vamos á ver.
De dos maneras puede representarse á los hombres: como son, ó como deben ser. Para lo primero, basta el retratista; para lo segundo, se necesita el pintor de genio, de inspiración creadora. Concedo sin esfuerzo que el mérito de éste es superior, en absoluto, al de aquél; pero que, tratándose de dar á conocer á un individuo, haya de representársele como debe ser y no como es, no lo concedo aunque me aspen.
Retratista yo, aunque indigno, y esclavo de la verdad, al pintar las costumbres de la Montaña, las copié del natural; y como éste no es perfecto, sus imperfecciones salieron en la copia.
Á este modo de pintar es á lo que se ha llamado, por algunos montañeses, delito de lesa patria.
Un pintor del riñón de Castilla se decide un día á copiar en el lienzo á su país; pero tiende por él la vista, y observa que el suelo es árido y monótono; que no le cruza un mal arroyo, ni le sombrea un árbol, ni le limita una montaña; teme que la representación de aquella sábana de tierra calcinada y de cardos agostados infunda un sentimiento de repulsión en el ánimo del observador del cuadro, y que por éste se adquiera mala idea de la poesía del famoso granero de España; y sin pararse en barras, copia, de todo lo que ve, un grupo de casas que no ofrecen mal aspecto, dos recodos de una era, media docena de borregos y una mula, y echa por en medio un río como el Misisipí que baja de unas montañas como los Andes, y adorna las orillas con sauces y naranjos, y tapiza el suelo con flores y césped, y hasta le puebla de zagales, cuyos modelos busca en un abanico. En seguida escribe debajo: «Panorama de Amusco», y expone el paisaje al público como un cuadro de costumbres castellanas. ¿Sería este sistema de retratar la naturaleza más patriótico que el mío? Sería lo que ustedes quieran; pero el sentido común siempre vería en un cuadro tal, con semejante rótulo, un embuste ridículo, una mentira bien ociosa.
Otro caso.—Un señor, que sería el tipo de la hermosura si no tuviera un ojo huero, y una verruga en la nariz, y un lobanillo en la frente, y una cicatriz en los labios, va á retratarse; pero el retratista, por amor al modelo, ó por adularle quizá, no reproduce en el lienzo ni el ojo huero, ni la verruga, ni el lobanillo, ni la cicatriz: antes al contrario, pinta dos ojos como dos luceros, y hasta exagera la corrección de los demás detalles de la cara. Concluida así la obra, quiere sorprender con ella á los deudos y amigos del retratado: examínanla atentamente, admiran todos la belleza del modelo; pero ninguno de ellos le conoce. ¿Puede el retratado, sin ser tonto de remache, deleitarse contemplando la supuesta imagen suya?
Preview chapterDOS SISTEMASPreview
DOS SISTEMAS
Preview chapterIPreview
Se fué á la Habana en 1801, en el sollado de un bergantín, entre otros cien muchachos, también montañeses, también pobres y también aspirantes á capitalistas. Unos de la fiebre amarilla, en cuanto llegaron; otros de hambre, otros de pena y otros de fatigas y trabajos más tarde, todos fueron muriendo poco á poco. Él solo, más robusto, más animoso ó más afortunado, logró sobreponerse á cuantos obstáculos se atravesaban delante de sus designios.
Treinta años pasó en la obscuridad de un roñoso tugurio, sin aire, sin descanso, sin libertad y mal alimentado, con el pensamiento fijo constantemente en el norte de sus anhelos. Una sola idea extraña á la que le preocupaba, que con ésta se hubiese albergado en su cerebro, le hubiera quizá separado de su camino.
Creo que fué Balmes quien dijo que el talento es un estorbo cuando se trata de ganar dinero. Nada más cierto. La práctica enseña todos los días que, sin ser un monstruo de fortuna, nadie la conquista luchando á brazo partido con ella, si le distrae de su empeño la más leve preocupación de opuesto género. De aquí que no inspiren compasión los sufrimientos del hombre que aspira á ser rico por el único afán de serlo. En el placer que le causa cada moneda que halla de más en su caja, ¿no está bien remunerado el trabajo que le costó adquirirla? ¡Ay del desdichado que busca el oro como medio de realizar empresas de su ingenio!
No le tenía muy pronunciado el mozo en cuestión, por dicha suya. Así fué que, dándosele una higa porque á sus oídos jamás llegara una palabra de cariño ni á su pecho una pasión generosa, echó un día una raya por debajo de la columna de sus haberes, y se halló dueño absoluto de un caudal limpio, mondo y lirondo, de cincuenta mil duros; sumó después los años que él contaba, y resultaron cuarenta y cinco.
—¡Alto!—se dijo entonces,—reflexionemos ahora.
Y reflexionó.
He aquí la substancia de sus reflexiones:
En la situación en que se hallaba podía dando más amplitud á sus especulaciones, aumentar considerablemente el caudal; pero se exponía también á perderle: además, le habían conocido allí ciruelo, y no le prestarían la consideración á que se juzgaba acreedor. Lo contrario le sucedería en su pueblo natal, donde pasaría por un Nabab, llevándose el respeto y las atenciones de sus paisanos; pero ¡eran éstos tan pobres! Iban á saquearle sin piedad. Por otra parte, habiendo muerto ya sus padres, á quienes en vida socorrió largamente, ¿qué atractivo podían tener para él los bardales de su aldea? Establecerse en Santander ya era distinto: esta ciudad, que al cabo era su país, le brindaba con ocasiones de especular, si quería; de figurar, en primer término, entre los más encopetados señores, y, sobre todo, de casarse con una señorita joven y fina, único lujo de ilusiones que se había permitido su imaginación en los treinta años de cadena, sufridos detrás del mostrador.
Como buen montañés, sentía muy vivo en su pecho el santo amor á la patria, y no vaciló, conste en honra suya, para adoptar una resolución definitiva.
Ésta fué la de trasladarse, por de pronto, á Santander con cuanto le pertenecía; y al efecto, escribió pidiendo los necesarios informes acerca del estado de la plaza.
Ateniéndose con fe á la contestación, que procedía de persona de reconocida formalidad, invirtió su dinero en azúcar y en café; fletó un bergantín, cargóle, y después se embarcó en él, resuelto á hundirse con su caudal en el Océano, si estaba escrito que el fruto de tantas privaciones no había de llegar á seguro puerto.
Table of contents
Inside this edition
- 01PRÓLOGO, ADVERTENCIA, PRELUDIO... Ó LO QUE USTEDES QUIERAN
- 02DOS SISTEMAS
- 03I
- 04II
- 05III
- 06IV
- 07V
- 08PARA SER BUEN ARRIERO...
- 09I
- 10II
- 11III
- 12IV
- 13V
- 14VI
- 15EPÍLOGO
- 16EL BUEN PAÑO
- 17LA ROMERÍA DEL CARMEN
- 18I
- 19II
- 20III
- 21IV
- 22V
- 23LAS BRUJAS
- 24I
- 25II
- 26III
- 27IV
- 28LOS CHICOS DE LA CALLE
- 29I
- 30II
- 31III
- 32BLASONES Y TALEGAS
- 33I
- 34II
- 35III
- 36IV
- 37V
- 38VI
- 39LOS BAÑOS DEL SARDINERO
- 40IR POR LANA...
- 41I
- 42II
- 43III
- 44IV
- 45V
- 46AL AMOR DE LOS TIZONES
- 47UN TIPO MÁS
- 48PASA-CALLE
Language availability
Other languages
Additional language editions are not published yet. This section will link to other BooksWhale editions when they become available.
Request another language