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Literatura

El burlador de Sevilla

Edición BooksWhale en español de Tirso de Molina

Un drama clásico sobre seducción, engaño, honor, castigo y destino.

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Introducción del libro

El burlador de Sevilla

El burlador de Sevilla fija una de las primeras grandes versiones del mito de Don Juan. La obra une intriga teatral, desafío moral, honor social y justicia final.

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Tirso de Molina murió en 1648, y El burlador de Sevilla fue publicado en 1630; estas fechas sostienen el dominio público de esta edición española.

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El burlador de Sevilla

Tirso de Molina

Capítulo de vista previaElencoVista previa

Hablan en la comedia las personas siguientes:

Don Diego Tenorio, viejo

Don Juan Tenorio, su hijo

Catalinón, lacayo

El Rey de Nápoles

El Duque Octavio

Don Pedro Tenorio, tío

El Marqués de la Mota

Don Gonzalo de Ulloa

El Rey de Castilla, Alfonso XI

Fabio, criado

Isabela, Duquesa

Tisbea, pescadora

Belisa, villana

Anfriso, pescador

Coridón, pescador

Gaseno, labrador

Batricio, labrador

Ripio, criado

Doña Ana de Ulloa

Aminta, labradora

Acompañamiento

Cantores

Guardas

Criados

Enlutados

Músicos

Pastores

Pescadores

Capítulo de vista previaActo IVista previa

[En Nápoles en el palacio real]

Salen don JUAN Tenorio e ISABELA, duquesa

ISABELA:

Duque Octavio, por aquí

podrás salir más seguro.

JUAN:

Duquesa, de nuevo os juro

de cumplir el dulce sí.

ISABELA:

¿Mi gloria, serán verdades

promesas y ofrecimientos,

regalos y cumplimientos,

voluntades y amistades?

JUAN:

Sí, mi bien.

ISABELA:

Quiero sacar

una luz.

JUAN:

¿Pues, para qué?

ISABELA:

Para que el alma dé fe

del bien que llego a gozar.

JUAN:

Mataréte la luz yo.

ISABELA:

¡Ah, cielo! Quién eres, hombre?

JUAN:

¿Quién soy? Un hombre sin nombre.

ISABELA:

¿Que no eres el duque?

JUAN:

No.

ISABELA:

¡Ah de palacio!

JUAN:

Detente.

Dame, duquesa, la mano.

ISABELA:

No me detengas, villano.

¡Ah del rey! ¡Soldados, gente!

Sale el REY de Nápoles, con una vela en un candelero

REY:

¿Qué es esto?

ISABELA:

¡Favor! ¡Ay, triste,

que es el rey!

REY:

¿Qué es?

JUAN:

¿Qué ha de ser?

Un hombre y una mujer.

REY:

Esto en prudencia consiste.

¡Ah de mi guarda! Prendé

a este hombre.

ISABELA:

¡Ay, perdido honor!

Sale don PEDRO Tenorio, embajador de España, y GUARDA

PEDRO:

¿En tu cuarto, gran señor

voces? ¿Quién la causa fue?

REY:

Don Pedro Tenorio, a vos

esta prisión os encargo.

Si ando corto, andad vos largo.

Mirad quién son estos dos.

Y con secreto ha de ser,

que algún mal suceso creo;

porque si yo aquí los veo,

no me queda más que ver.

Vase el REY

PEDRO:

Prendedle.

JUAN:

¿Quién ha de osar?

Bien puedo perder la vida;

mas ha de ir tan bien vendida

que a alguno le ha de pesar.

PEDRO:

Matadle.

JUAN:

¿Quién os engaña?

Resuelto en morir estoy,

porque caballero soy.

El embajador de España

llegue solo, que ha de ser

él quien me rinda.

PEDRO:

Apartad;

a ese cuarto os retirad

todos con esa mujer.

Vanse los otros

Ya estamos solos los dos;

muestra aquí tu esfuerzo y brío.

JUAN:

Aunque tengo esfuerzo, tío,

no le tengo para vos.

PEDRO:

Di quién eres.

JUAN:

Ya lo digo.

Tu sobrino.

PEDRO:

¡Ay, corazón,

que temo alguna traición!

¿Qué es lo que has hecho, enemigo?

¿Cómo estás de aquesta suerte?

Dime presto lo que ha sido.

¡Desobediente, atrevido!

Estoy por darte la muerte.

Acaba.

JUAN:

Tío y señor,

mozo soy y mozo fuiste;

y pues que de amor supiste,

tenga disculpa mi amor.

Y pues a decir me obligas

la verdad, oye y diréla.

Yo engañé y gocé a Isabela

la duquesa.

PEDRO:

No prosigas,

tente. ¿Cómo la engañaste?

Habla quedo, y cierra el labio.

JUAN:

Fingí ser el duque Octavio.

PEDRO:

No digas más. ¡Calla! ¡Baste!

Perdido soy si el rey sabe

este caso. ¿Qué he de hacer?

Industria me ha de valer

en un negocio tan grave.

Di, vil, ¿no bastó emprender

con ira y fiereza extraña

tan gran traición en España

con otra noble mujer,

sino en Nápoles también,

y en el palacio real

con mujer tan principal?

¡Castíguete el cielo, amén!

Tu padre desde Castilla

a Nápoles te envió,

y en sus márgenes te dio

tierra la espumosa orilla

del mar de Italia, atendiendo

que el haberte recibido

pagaras agradecido,

y estás su honor ofendiendo.

¡Y en tan principal mujer!

Pero en aquesta ocasión

nos daña la dilación.

Mira qué quieres hacer.

JUAN:

No quiero daros disculpa,

que la habré de dar siniestra,

mi sangre es, señor, la vuestra;

sacadla, y pague la culpa.

A esos pies estoy rendido,

y ésta es mi espada, señor.

PEDRO:

Alzate, y muestra valor,

que esa humildad me ha vencido.

¿Atreveráste a bajar

por ese balcón?

JUAN:

Sí atrevo,

que alas en tu favor llevo.

Índice

Dentro de esta edición

  1. 01Full text
  2. 02Elenco
  3. 03Acto I
  4. 04Acto II
  5. 05Acto III

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