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Literatura
El Buscón
Edición BooksWhale en español de Francisco de Quevedo
Una novela picaresca aguda, cruel y satírica sobre ascenso social, hambre y engaño.
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Introducción del libro
El Buscón
El Buscón sigue las peripecias de Pablos en una sociedad de apariencias, pobreza y engaños. Quevedo convierte la tradición picaresca en una sátira verbalmente brillante y ferozmente cómica.
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Francisco de Quevedo murió en 1645 y El Buscón se publicó en 1626; estas fechas respaldan la base de dominio público de esta edición española.
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Historia de la vida del Buscón
Francisco de Quevedo y Villegas
Capítulo de vista previaLIBRO PRIMERO — Capítulo I - En que cuenta quién es el BuscónVista previa
Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales; persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros. Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla. Más se movía el que se los daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas lo colorado.
Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:
-En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos.
Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas. Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque hacía cabelleras; poblaba quijadas con dientes; al fin vivía de adornar hombres y era remendona de cuerpos. Unos la llamaban zurcidora de gustos, otros, algebrista de voluntades desconcertadas; otros, juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y por mal nombre alcahueta. Para unos era tercera, primera para otros y flux para los dineros de todos. Ver, pues, con la cara de risa que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios.
Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame mi padre:
-Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal.
Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos:
-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan..., no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.
Capítulo de vista previaLIBRO PRIMERO — Capítulo II - De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedióVista previa
A otro día ya estaba comprada la cartilla y hablado el maestro. Fui, señora, a la escuela; recibióme muy alegre diciendo que tenía cara de hombre agudo y de buen entendimiento. Yo, con esto, por no desmentirle di muy bien la lición aquella mañana. Sentábame el maestro junto a sí, ganaba la palmatoria los más días por venir antes y íbame el postrero por hacer algunos recados a la señora, que así llamábamos la mujer del maestro. Teníalos a todos con semejantes caricias obligados; favorecíanme demasiado, y con esto creció la envidia en los demás niños. Llegábame de todos, a los hijos de caballeros y personas principales, y particularmente a un hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga, con el cual juntaba meriendas. Íbame a su casa a jugar los días de fiesta y acompañábale cada día. Los otros, o que porque no les hablaba o que porque les parecía demasiado punto el mío, siempre andaban poniéndome nombres tocantes al oficio de mi padre. Unos me llamaban don Navaja, otros don Ventosa; cuál decía, por disculpar la invidia, que me quería mal porque mi madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche; otro decía que a mi padre le habían llevado a su casa para que la limpiase de ratones (por llamarle gato). Unos me decían «zape» cuando pasaba y otros «miz». Cuál decía:
-Yo la tiré dos berenjenas a su madre cuando fue obispa.
Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos, nunca me faltaron, gloria a Dios. Y aunque yo me corría disimulaba; todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro (que aun si lo dijera turbio no me diera por entendido) agarré una piedra y descalabréle. Fuime a mi madre corriendo que me escondiese; contéla el caso; díjome:
-Muy bien hiciste; bien muestras quién eres; sólo anduviste errado en no preguntarle quién se lo dijo.
Cuando yo oí esto, como siempre tuve altos pensamientos, volvíme a ella y roguéla me declarase si le podía desmentir con verdad o que me dijese si me había concebido a escote entre muchos o si era hijo de mi padre. Rióse y dijo:
-¡Ah, noramaza! ¿Eso sabes decir? No serás bobo; gracia tienes. Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir.
Yo con esto quedé como muerto y dime por novillo de legítimo matrimonio, determinado de coger lo que pudiese en breves días y salirme de en casa de mi padre: tanto pudo conmigo la vergüenza. Disimulé, fue mi padre, curó al muchacho, apaciguólo y volvióme a la escuela, adonde el maestro me recibió con ira hasta que, oyendo la causa de la riña, se le aplacó el enojo considerando la razón que había tenido.
En todo esto, siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de Zúñiga, que se llamaba don Diego, porque me quería bien naturalmente, que yo trocaba con él los peones si eran mejores los míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al toro, y entreteníale siempre. Así que los más días, sus padres del caballerito, viendo cuánto le regocijaba mi compañía, rogaban a los míos que me dejasen con él a comer y cenar y aun a dormir los más días.
Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre, el cual tenía fama de confeso, que el don Dieguito me dijo:
Índice
Dentro de esta edición
- 01Full text
- 02LIBRO PRIMERO — Capítulo I - En que cuenta quién es el Buscón
- 03LIBRO PRIMERO — Capítulo II - De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió
- 04LIBRO PRIMERO — Capítulo III - De cómo fue a un pupilaje por criado de don Diego Coronel
- 05LIBRO PRIMERO — Capítulo IV - De la convalecencia y ida a estudiar a Alcalá de Henares
- 06LIBRO PRIMERO — Capítulo V - De la entrada de Alcalá, patente y burlas que le hicieron por nuevo
- 07LIBRO PRIMERO — Capítulo VI - De las crueldades de la ama, y travesuras que hizo
- 08LIBRO PRIMERO — Capítulo VII - De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre, y la resolución que tomó en sus cosas para adelante
- 09LIBRO SEGUNDO — Capítulo I - Del camino de Alcalá para Segovia, y de lo que le sucedió en él hasta Rejas, donde durmió aquella noche
- 10LIBRO SEGUNDO — Capítulo II - De lo que le sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta
- 11LIBRO SEGUNDO — Capítulo III - De lo que hizo en Madrid, y lo que le sucedió hasta llegar a Cercedilla, donde durmió
- 12LIBRO SEGUNDO — Capítulo IV - Del hospedaje de su tío, y visitas; la cobranza de su hacienda y vuelta a la corte
- 13LIBRO SEGUNDO — Capítulo V - De su huida, y los sucesos en ella hasta la Corte
- 14LIBRO SEGUNDO — Capítulo VI - En que prosigue el camino y lo prometido de su vida y costumbres
- 15LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo I - De lo que le sucedió en la Corte luego que llegó hasta que amaneció
- 16LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo II - En que prosigue la materia comenzada y cuenta algunos raros suceso
- 17LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo III - En que prosigue la misma materia, hasta dar con todos en la cárcel
- 18LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo IV - En que trata los sucesos de la cárcel, hasta salir la vieja azotada, los compañeros a la vergüenza y él en fiado
- 19LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo V - De cómo tomó posada, y la desgracia que le sucedió en ella
- 20LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo VI - Prosigue el cuento, con otros varios sucesos
- 21LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo VII - En que se prosigue lo mismo, con otros sucesos y desgracias que le sucedieron
- 22LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo VIII - De su cura y otros sucesos peregrinos
- 23LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo IX - En que se hace representante, poeta y galán de monjas
- 24LIBRO TERCERO Y ÚLTIMO DE LA PRIMERA PARTE DE LA VIDA DEL BUSCÓN — Capítulo X - De lo que le sucedió en Sevilla hasta embarcarse a Indias
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