
español Edición
Literatura
El príncipe constante
Edición BooksWhale en español de Pedro Calderón de la Barca
Un drama histórico sobre cautiverio, fe, honor y resistencia frente al poder.
- Vista previa
- Muestra del texto preparado
- Formatos
- Lector online, EPUB, PDF
- Acceso
- Claim de Biblioteca
Introducción del libro
El príncipe constante
El infante don Fernando es retenido como prisionero y debe elegir entre su libertad y la entrega de una ciudad. Calderón convierte el conflicto político en una prueba de conciencia y sacrificio.
Edición BooksWhale
Cómo se preparó esta edición
Esta edición se basa en un texto de dominio público y fue preparada por BooksWhale para lectura digital.
Base de dominio público
Por qué puede compartirse
The original work is a public-domain classic by Pedro Calderón de la Barca, who died in 1681.
Leer vista previa
Muestra del texto preparado
Vista previa seleccionada del texto preparado.
Capítulo de vista previaFull textLeer vista previa
El príncipe constante
Pedro Calderón de la Barca
Capítulo de vista previaActo IVista previa
Salen dos Cautivos, cantando lo que quisieren, y ZARA.
ZARA:
Cantad aquí, que ha gustado
mientras toma de vestir
Fénix hermosa, de oír
las canciones que ha escuchado,
tal vez en los baños, llenas
de dolor y sentimiento.
CAUTIVO 1.º:
Música cuyo instrumento
son los hierros y cadenas
que nos aprisionan, ¿puede
haberla alegrado?
ZARA:
Sí;
ella escucha desde aquí:
cantad.
CAUTIVO 1.º:
Esa pena excede,
Zara hermosa, cuantas son,
pues solo un rudo animal
sin discurso racional
canta alegre en la prisión.
ZARA:
¿No cantáis vosotros?
CAUTIVO 2.º:
Es para divertir las penas
propias, mas no las ajenas.
ZARA:
Ella escucha, cantad pues.
(
Cantan
.)
CAUTIVO 2.º:
Al peso de los años
lo eminente se rinde,
que a lo fácil del tiempo
no hay conquista difícil.
(Sale ROSA.)
ROSA:
Despejad cautivos, dad
a vuestras canciones fin,
porque sale a este jardín
Fénix, a dar vanidad
al campo con su hermosura,
segunda aurora del prado.
(Salen las moras vistiendo a FÉNIX.)
FÉNIX:
Hermosa te has levantado.
ZARA:
No blasone el alba pura
que la debe ese jardín
la luz y fragrancia hermosa,
ni la púrpura la rosa,
ni la blancura el jazmín.
FÉNIX:
El espejo.
ESTRELLA:
Es excusado
querer consultar con él
los borrones que el pincel
sobre la tez ha dejado.
(Danle un espejo.)
FÉNIX:
¿De qué sirve la hermosura,
cuando lo fuese la mía,
si me falta la alegría,
si me falta la ventura?
ZARA:
¿Qué tienes?
FÉNIX:
Si yo supiera,
¡ay Celima!, lo que siento,
de mi mismo sentimiento
lisonja al dolor hiciera.
Pero de la pena mía
no sé la naturaleza,
que entonces fuera tristeza
lo que hoy es melancolía.
Solo sé que sé sentir:
lo que sé sentir no sé,
que ilusión del alma fue.
ZARA:
Pues puédente divertir
tu tristeza estos jardines,
cual la primavera hermosa
labra en estatuas de rosa
sobre templos de jazmines,
hace, tal mar, un barco sea
dorado carro del sol.
ROSA:
Y cuando tanto arrebol
errar por sus ondas vea,
con grande melancolía,
el jardín al mar dirá:
«Ya el sol en su centro está;
muy breve ha sido este día».
FÉNIX:
Pues no me puedo alegrar,
formando sombras y lejos,
la emulación que en reflejos
tienen la tierra y el mar
cuando con grandezas sumas
compiten entre esplendores
las espumas a las flores,
las flores a las espumas.
Porque el jardín envidioso
de ver las ondas del mar,
su curso quiere imitar,
y así el céfiro amoroso
matices rinde, y olores,
que soplando en él las bebe;
hacen las hojas que mueve
un océano de flores.
FÉNIX:
Cuando el mar, triste de ver
la natural compostura
del jardín, también procura
adornar y componer,
su playa la pompa pierde;
y, a segunda ley sujeto,
compite con dulce efeto
campo azul y golfo verde,
siendo ya con rizas plumas,
ya con mezclados colores,
el jardín un mar de flores,
y el mar un jardín de espumas.
Sin duda mi pena es mucha:
no la pueden lisonjear
campo, cielo, tierra y mar.
ZARA:
Gran pena contigo lucha.
(Sale el REY con un retrato.)
REY:
Si a caso permite el mal,
cuartana de tu belleza,
dar treguas a tu tristeza:
que este bello original,
que no es retrato el que tiene
alma y vida, es del infante
de Marruecos, Tarudante.
A rendir a tus pies viene
su corona; embajador
es de su parte; y no dudo
que embajador que habla mudo
trae embajadas de amor;
favor en su amparo tengo:
diez mil jinetes alista
que enviar a la conquista
de Ceuta, que ya prevengo
de la vergüenza esta vez;
licencia permite amar
a quien se ha de coronar
rey de tu hermosura en Fez.
Capítulo de vista previaActo IIVista previa
Sale FÉNIX.
FÉNIX:
Zara, Rosa, Estrella, ¿no
hay quien me responda?
(Sale MULEY.)
MULEY:
Sí, que tú eres sol para mí
y para ti sombra yo,
y la sombra al sol siguió;
el eco dulce escuché
de tu voz, y apresuré
por esta montaña el paso:
¿qué sientes?
FÉNIX:
Oye, si a caso
puedo decir lo que fue:
lisonjera, libre, ingrata,
dulce, suave, una fuente
hizo apacible corriente
de cristal y undosa plata;
lisonjera se desata
porque hablaba y no sentía;
süave porque fingía,
dulce porque murmuraba,
ingrata porque corría.
Aquí cansada llegué
después de seguir ligera
en ese monte una fiera;
en cuya frescura hallé
ocio y descanso, porque
de un montecillo a la espalda,
de quien corona y guirnalda
fueron clavel y jazmín,
sobre un catre de carmín
hice un foso de esmeralda.
FÉNIX:
Apenas en él rendí
el alma al susurro blando
de las soledades, cuando
ruido en las hojas sentí;
atenta me puse y vi
una caduca africana,
espíritu en forma humana,
ceño arrugado y esquivo,
que era un esqueleto vivo
de lo que fue sombra vana,
cuya rústica fiereza,
cuyo aspecto esquivo y bronco
fue escultura hecha de un tronco
sin pulirse la corteza.
Con melancolía y tristeza,
pasiones siempre infelices
para que te atemorices,
una mano me tomó;
y entonces ser tronco yo
afirmé por las raíces.
FÉNIX:
Hielo introdujo en mis venas
el contracto; horror las voces
que, discurriendo veloces
de mortal veneno llenas,
articuladas apenas,
esto les pude entender:
«¡Ay infelice mujer!
¡Ay forzosa desventura!
Que, en efeto, esta hermosura
precio de un muerto ha de ser».
Dijo; y yo tan triste vivo
que diré mejor que muero:
pues por instantes espero
de aquel tronco fugitivo
cumplimiento tan esquivo,
de aquel oráculo yerto
el presagio y fin tan cierto
que mi vida ha de tener.
FÉNIX:
¡Ay de mí! ¡Que hoy he de ser
precio vil de un hombre muerto!
(
Vase
.)
MULEY:
Fácil es de descifrar
ese sueño, esa ilusión,
pues las imágines son
de mi pena singular.
A Tarudante has de dar
la mano de esposa, pero
yo, que en pensarlo me muero,
estorbaré mi rigor;
que él no ha de gozar tu amor
si no me mata primero.
Perderte yo, podrá ser,
mas no perderte y vivir;
luego si es fuerza el morir
antes que lo llegue a ver:
precio mi vida ha de ser
con que he de comprarte, ¡ay cielos!,
y tú en tantos desconsuelos
precio de un muerto serás,
pues que morir me verás
de amor, de envidia y de celos.
(Salen tres cautivos y el infante DON FERNANDO.)
CAUTIVO 1.º:
Desde aquel jardín te vimos
andar a caza, Fernando,
y todos juntos venimos
a arrojarnos a tus pies.
CAUTIVO 2.º:
Solamente este consuelo
aquí nos ofrece el cielo.
CAUTIVO 3º:
Piedad como suya es.
DON FERNANDO:
Amigos, dadme los brazos;
y sabe Dios si con ellos,
quisiera de vuestros cuellos
romper los ñudos y lazos
que os aprisionan; que a fe
que os darían libertad
antes que a mí. Mas pensad
que favor del cielo fue
esta piadosa sentencia:
él mejorará la suerte,
que a la desdicha más fuerte
sabe vencer la prudencia.
Sufrid con ella el rigor
del tiempo y de la fortuna,
deidad bárbara importuna;
hoy cadáver y ayer flor;
no permanece jamás,
y así os mudará de estado,
¡ay Dios!, que al necesitado
darle consejo no más
no es prudencia y, en verdad,
que aunque quiera regalaros
no tengo esta vez qué daros:
mis amigos, perdonad.
DON FERNANDO:
Ya de Portugal espero
socorro; presto vendrá:
vuestra mi hacienda será;
para vosotros la quiero.
Si me vienen a sacar
del cautiverio, ya digo
que todos iréis conmigo.
Id con Dios a trabajar;
Índice
Dentro de esta edición
- 01Full text
- 02Acto I
- 03Acto II
- 04Acto III
Disponibilidad de idiomas
Otros idiomas
Aún no hay otras ediciones lingüísticas publicadas. Esta sección enlazará las disponibles.
Solicitar otro idioma