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Literatura
La fiera, el rayo y la piedra
Edición BooksWhale en español de Pedro Calderón de la Barca
Una comedia mitológica de gran espectáculo sobre amor, magia, rivalidad y fuerzas sobrenaturales.
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Introducción del libro
La fiera, el rayo y la piedra
Calderón reúne dioses, monstruos, encantamientos y amantes enfrentados en una obra donde la naturaleza y la magia reflejan los conflictos del deseo.
Edición BooksWhale
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Pedro Calderón de la Barca murió en 1681; esta comedia mitológica de 1652 es de dominio público.
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La fiera, el rayo y la piedra
Pedro Calderón de la Barca
Capítulo de vista previaActo IVista previa
Obscurécese el tablado, y mientras se dicen los primeros versos, se descubre la perspectiva del mar, con truenos y relámpagos.
PASQUÍN
(
Dentro
.)
¿Qué se nos hizo el día?
CÉFIRO
Enmarañada, obscura sombra fría,
con pálidos enojos
nos le hurta de delante de los ojos.
LEBRÓN
(
A otra parte
.)
¿Qué se nos hizo el sol?
PIGMALEÓN
En un instante,
no solo nos le quitan de delante
entupecidas nieblas;
pero el confuso horror de las tinieblas
nos le hace a cada paso
síncopa del oriente y del ocaso.
BRUNEL
(A otra parte.)
¿Qué se nos hizo de la hermosa lumbre
el esplendor?
IFIS
Aquella excelsa cumbre
le trasmontó, porque antes que llegara
hoy al mar, en la tierra se apagara.
LOS DOS PRIMEROS
Al monte.
LOS SEGUNDOS
Al llano.
LOS TERCEROS
Al puerto.
(Sale IRÍFILE, vestida de pieles, suelto el cabello.)
IRÍFILE
Y tres asombros en una sombra advierto.
Dejo, aparto el horror del terremoto,
en cuya lid la cólera del Noto,
de tierra y mar, con dos violencias sumas,
los riscos postra, eleva las espumas,
y voy a las tres voces,
que tres veces distantes, tres veloces,
llegaron a mi oído.
¿De cuándo acá, ni aqueste escollo ha sido
de humano pie pisado
ni de quilla aquel piélago surcado?
Si ya no es que por mar y tierra quiera
sitiarme quien pensando que soy fiera,
otra vez me ha seguido.
¡Oh, no hubiera salido
a buscar día de tan gran portento,
anciano padre mío, tu sustento!
CÉFIRO
De aquel peñasco, los incultos mayos,
a la saña nos libre de los rayos.
PIGMALEÓN
De aquella gruta, lóbregos los senos,
la amenaza repare de los truenos.
IFIS
De aquel celaje al corto abrigo breve
la luz de los relámpagos nos lleve.
LOS PRIMEROS
¡Piedad, obscuros velos!
LOS SEGUNDOS
¡Piedad, dioses divinos!
LOS TERCEROS
¡Piedad, cielos!
IRÍFILE
En tan confusa guerra,
árbitro yo del mar y de la tierra,
tierra y mar señoreo;
y bien que a poca luz, desde aquí veo
allí correr tormenta,
derrotado bajel, allí violenta
tropa abrigarse al monte, y allí al llano
número no menor. En vano, en vano,
si a mí no me buscáis, ¡oh peregrinos
que las huellas seguís de tres destinos!
Solicitáis a tanto horror defensa,
si causa este desorden lo que piensa
el docto estudio de mi padre y mío.
¡Oh, fuese antes que estudio desvarío!
IRÍFILE
(Los truenos.)
Mas ¡ay de mí infelice!,
que dice mucho este temblor, pues dice
que hoy nace la ojeriza de los hados,
a que no solo fueron destinados
los humanos sentidos,
mas también comprehendidos
en estrago de escándalos tan graves
las fieras y los peces y las aves.
Luchando allí lo digan
las unas, y prosigan
trinando, en vez de cláusulas agüeros,
allí las otras; y esos brutos fieros,
que del mar no sufridos,
(Pasan los pescados.)
mudamente se quejan a gemidos;
pues al romper su verdinegra bruma,
sobre la tez lidiando de la espuma,
del margen solicitan las arenas,
monstruos del mar, tritones y sirenas.
¡Ha, si de alguna el canto
la causa me dijera de horror tanto!
SIRENA
La hija de la espuma madre es del fuego,
brame el mar, gima el aire de envidia y celos.
IRÍFILE
No hay bajel que a lo lejos
deste puerto no huya,
si no es aquel en cuya
suerte ni arbitrios dejan, ni consejos,
vela, timón, bitácora ni aguja,
por más que ya cascado el pino cruja,
dando en aquella roca,
donde, caballo desbocado choca.
LOS TERCEROS
¡Piedad, cielos divinos!
BRUNEL
Ya que en páramos vemos cristalinos
que apenas del bajel fragmentos quedan,
en el esquife escapen los que puedan
con Ifis, nuestro dueño.
(Descúbrese el esquife, y va pasando con IFIS, BRUNEL y otros.)
Capítulo de vista previaActo IIVista previa
LEBRÓN
Señor, por un solo Baco,
que es el dios con quien yo tengo
mis trabacuentas en cuantas
ermitas suyas encuentro,
que me digas qué tristeza
es esta.
PIGMALEÓN
Déjame, necio,
que a ti ni a nadie es posible
que fíe mis sentimientos.
LEBRÓN
Pues porque veas que soy
más liberal que tú, quiero
fiarte yo esta vez los míos.
Paciencia, y escucha atento:
De Libia, tu patria...
PIGMALEÓN
Ya
me querrás hacer acuerdo,
Lebrón, de tantas deshechas
fortunas como padezco.
Ya querrás decirme cómo
la muerte, ¡ay de mí!, de Alfeo
me arrojó della, o por ser
del Rey tan cercano deudo,
o porque vivir no quise
a la vista de suceso
tan infeliz; que aun vengado,
en un generoso pecho
siempre está vivo el dolor,
aunque esté el agravio muerto.
PIGMALEÓN
Querrasme decir que apenas
de mis desdichas huyendo
en busca de Ifis, a quien
sin conocerle le tengo
por mecenas en Epiro,
a Trinacria llegué, ¡cielos,
nunca a ella llegara!, cuando
perdido en ella al estruendo
de aquel terremoto, vi
un hermoso monstruo bello,
juré una amistad, oí
de las Parcas el agüero,
vi la fragua de Vulcano,
y la lid de...
LEBRÓN
Oye, te ruego
que aunque todo aqueso es,
no es nada de todo aqueso.
Porque ¿qué tiene que ver
monstruos, Parcas, lides, duelos,
con que, todo eso acabado,
de aquellos dos caballeros
con quien alianza hiciste,
uno se vuelva a su reino
y a sus aventuras otro,
y tú te quedes en estos
montes, sin que un solo instante
pierdas de vista ese bello
palacio, que es de Anajarte
voluntario cautiverio?
LEBRÓN
Toda la noche y el día
a sus umbrales suspenso,
el sol te deja y te halla
solo a ver si abren atento
las puertas desos jardines,
donde entrando una vez dentro,
es menester que te echen
a palos sus jardineros;
¿qué es lo que aquí esperas?
PIGMALEÓN
Nada;
y es verdad que nada espero,
porque no tiene mi mal
en la esperanza consuelo.
LEBRÓN
Pues ¿qué mal hay que con ella,
señor, no aspire a ser menos,
y aun a ser ninguno?
PIGMALEÓN
El mío.
LEBRÓN
Si a tus suspiros atiendo,
¿qué va que es tu mal amor?
PIGMALEÓN
¿De qué lo infieres?
LEBRÓN
Lo infiero
de que esa inquietud que tienes
es como otra que yo tengo.
Desde aquel infausto día
(¡quién le borrara del tiempo!)
que en la fragua de Vulcano
nos vimos todos revueltos,
también tengo yo mi poco
de no sé qué, que le siento
no sé dónde y no sé cuándo
le he de aplicar el remedio.
PIGMALEÓN
¡Pluguiera Amor fuera amor
mi mal!
LEBRÓN
Tú tienes mal pleito,
pues te das a este partido;
mas ¿qué es?
PIGMALEÓN
Una ira, un veneno,
un letargo, una locura,
un frenesí, un devaneo,
una ilusión, un delirio,
un... Pero ¿qué digo, ¡cielos!,
si es tal, ¡ay de mí!, si es tal
la especie de mi tormento
que ni aun por señas es bien
que haga desaire el silencio?
Calla y déjame morir
antes que diga que es cierto
según en mí se ha vengado
el traidor hijo de Venus,
que puede ser piedra Amor.
LEBRÓN
Si como morir te dejo
me dejaras vivir tú,
estaríamos contentos
los dos.
(Salen PASQUÍN y CÉFIRO.)
PASQUÍN
En fin, señor, ¿vuelves
a estos montes?
CÉFIRO
En fin, vuelvo
como a mi centro, que ya
son sus entrañas mi centro,
tanto, Pasquín, por aquel
hermoso prodigio bello,
bruta perla de sus mares,
bruto rubí de sus senos,
en quien que puede ser fiera
hizo Amor el argumento ,
cuanto por desengañar
a mis locos pensamientos,
si es verdad o es ilusión
Índice
Dentro de esta edición
- 01Full text
- 02Acto I
- 03Acto II
- 04Acto III
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