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La hija del aire

Édition BooksWhale en espagnol par Pedro Calderón de la Barca

Una tragedia de poder, destino y libertad sobre una mujer criada lejos de la sociedad y lanzada al gobierno.

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Introduction du livre

La hija del aire

Semíramis llega al centro de la política, donde su ambición y las profecías que la rodean desencadenan una lucha por el poder.

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Pedro Calderón de la Barca murió en 1681; esta tragedia barroca es de dominio público.

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La hija del aire

Pedro Calderón de la Barca

Chapitre d'aperçuJornada IAperçu

Dice MENÓN dentro los versos siguientes.

MENÓN:

Haced alto en esta parte,

y, en uno y otro escuadrón

divididos, saludad

con salva al Rey mi señor.

(Tocan cajas, y dice LISÍAS a la otra parte.)

LISÍAS:

Cantad aquí, mientras llega

el Rey a estos montes hoy,

y a aquellas salvas de Marte

sucedan las del Amor.

MÚSICOS:

Coronado de laureles,

lleno de fama y de honor,

vuelva el valeroso Nino

a los montes de Ascalón.

(Ha de haber una puerta de una gruta al lado izquierdo, y dentro den golpes, y dice SEMÍRAMIS dentro.)

SEMÍRAMIS:

Tiresias, abre esta puerta,

o, a manos de mi furor,

muerte me dará el verdugo

de mi desesperación.

(Sale TIRESIAS, viejo, vestido de pieles largas, como sacerdote antiguo y dice los versos siguientes, con admiración.)

TIRESIAS:

Allí trompetas y cajas,

de Marte bélico horror,

y allí voces e instrumentos,

dulces lisonjas de amor,

escucho; y cuando, informado

de tan desconforme unión

de músicas, a admirarme

en las causas de ella voy,

estos golpes que a esta puerta

se dan, y en mi corazón

a un tiempo, me han detenido.

Confuso y medroso estoy.

MENÓN:

(Dentro.)

Haced salva; que ya el Rey

desde aquí se descubrió.

(Cajas.)

LISÍAS:

(Dentro.)

Vuelva la música a dar

al aire su dulce voz.

MÚSICOS:

(Dentro.)

A tanta admiración,

suspenso queda en su carrera el Sol.

(En la gruta, SEMÍRAMIS, y golpes.)

SEMÍRAMIS:

Tiresias, si hoy no dispensas

las leyes de esta prisión

donde sepultada vivo,

la muerte me daré hoy.

TIRESIAS:

Del acero de mi vida

ya tres los imanes son;

éste llama con más fuerza,

a responder a éste voy.

¿Qué das voces?

(Abre la puerta y sale SEMÍRAMIS, vestida de pieles.)

SEMÍRAMIS:

Dos acentos,

que a un tiempo el aire veloz

pronuncia, dando a mi oído

los dos equivocación,

por no haberlos escuchado

jamás -que jamás llegó

a mi noticia el ruidoso

aparato de su voz-

la cárcel romper intentan

donde aprisionada estoy

desde que nací, porque

confusamente los dos

me elevan y me arrebatan:

éste que dulce sonó,

con dulces halagos, hijos

de su misma suspensión;

éste que, horrible, con fieros

impulsos, tras quien me voy,

sin saber dónde, y que iguales

me arrancan del corazón

blandura y fiereza, agrado,

ira, lisonja y horror;

cuándo un estruendo a esta parte,

cuándo a ésta una admiración;

ésta adormece el sentido,

ésta despierta el valor,

repitiéndome los ecos

del bronce y de la canción...

(Todo junto, música y cajas.)

MÚSICOS:

A tanta admiración,

suspenso queda en su carrera el Sol.

TIRESIAS:

No en vano yo me recelo

que fuese despertador

del letargo de tu vida

ese confuso reloj

de los vientos, que hoy ha hecho

desacertado el rumor.

Hablarte quise, porque

esas novedades dos

temí siempre que engendrasen

en tu altiva condición

nuevos deseos de ver

a quien las ocasionó.

Y así, quiero prevenirte

de lo que es, para que no

te desespere tu vida

y el influjo superior,

que, a voluntad de los dioses,

te tiene en esta prisión,

la facilite, sin que

baste a embarazarlo yo.

TIRESIAS:

Sabrás, pues, que Nino, Rey

de Siria, ya vencedor

de las bárbaras naciones

del Oriente, vuelve hoy

a Nínive, Corte suya;

por aquí pasa, y al son

de sus cajas y trompetas,

lenguas del sangriento dios,

los rústicos moradores

de los montes de Ascalón

le aclaman. Y pues que ya

sabes toda la ocasión

del militar aparato

y la dulce elevación,

sosiégate, y vuelve, vuelve

a la estancia que te dio

por cuna y sepulcro el Cielo;

que me está dando temor

pensar que el Sol te ve, y que

Chapitre d'aperçuparte de aqueste prodigioAperçu

que guardas, para saber

si la causa que has tenido

para alterar esta tierra

es religión o es delito.

TIRESIAS:

En vano lo has intentado,

porque yo no he de decirlo.

MENÓN:

¿Qué mujer es la que llora

de la fortuna castigos?

TIRESIAS:

No sé de ninguna yo,

ni la he hablado ni la he visto.

SEMÍRAMIS:

(Dentro.)

¡Ay, infelice de mí!

MENÓN:

Aquí dentro es el gemido.

Negarlo todo ya es

de tu grave culpa indicio.

Abre esa puerta.

TIRESIAS:

Primero

que las llaves, que conmigo

están, a hombre humano entregue,

cumpliendo los vaticinios

de mi Diosa, me daré

la muerte; y así, atrevido,

ese lago a mi cadáver

le dé sepulcro de vidrio.

(Vase.)

LISÍAS:

¡En el lago se arrojó!

CHATO:

La última necedad hizo.

MENÓN:

Nada me causa pavor.

A romper me determino

las puertas. Horrible monstruo

que aquí encerrado has vivido,

sal a ver el Sol.

(Sale SEMÍRAMIS.)

SEMÍRAMIS:

¿Quién llama?

MENÓN:

Mejor dijera divino

monstruo, pues truecas las señas

de lo rústico en lo lindo,

de lo bárbaro en lo hermoso,

de lo inculto en lo pulido,

lo silvestre en lo labrado,

lo miserable en lo rico.

SEMÍRAMIS:

No menos me admira a mí

confundir, cuando te admiro,

las equivocadas señas

de lo piadoso y lo altivo,

de lo gallardo y lo fuerte,

de lo amable y de lo esquivo.

CHATO:

Si todos los monstruos son

como aqueste monstruocico

yo pienso llevarme uno,

dos o tres, o cuatro o cinco.

MENÓN:

¿Quién eres? Cómo o por qué

aquí encerrada has vivido

me cuenta.

SEMÍRAMIS:

Lo que de mí

sé, por lo que otro me dijo,

escucha, bizarro joven,

a quien con vergüenza miro,

porque el segundo hombre eres

que hasta hoy cara a cara he visto.

Arceta, una ninfa bella

que en estos campos floridos

fue consagrada a Diana,

en todos sus ejercicios

festejada de un amante,

fue pagando con desvíos

las finezas; que lo ingrato

sólo en la mujer no es vicio.

Él a este templo de Venus

una y muchas veces vino,

como era madre de Amor,

a rendirle sacrificios.

Venus, del culto obligada,

ya que quererle no hizo,

hizo que hallarla pudiese

en el despoblado sitio

de este monte, donde, necio,

hizo el mérito delito.

Bajo género de amor

debe de ser en los ritos

suyos -que yo hasta ahora ignoro-

la violencia, si imagino

que no quiso como noble

quien como tirano quiso;

pues no es victoria del alma

aquélla que yo consigo

sin la voluntad de quien

no me la dé por sí mismo.

SEMÍRAMIS:

De esta especie de bastardo

amor, de amor mal nacido,

fui concepto. ¿Cuál será

mi fin, si éste es mi principio?

Mañosamente quejosa,

Arceta se satisfizo

de sus disculpas, bien como

la serpiente que con silbos

halaga para morder;

y fue así, pues, divertido,

le aseguró con blanduras,

hasta que rosas y lirios

que él hizo tálamo torpe,

torpe túmulo ella hizo.

Diole muerte con su acero,

y, pasando los precisos

términos que estableció

Naturaleza consigo,

llegó severo el infausto,

el infeliz, el impío

día de su parto, en tal

horóscopo, según dijo

Tiresias, que estaba todo

ese globo cristalino

-por un comunero eclipse

que al Sol desposeerle quiso

del imperio de los días-

parcial, turbado y diviso,

tanto, que entre sí lidiaron,

sobre campañas de vidrio,

las tropas de las estrellas,

las escuadras de los signos,

acometiéndose airados

y ensangrentándose a visos.

SEMÍRAMIS:

En civil guerra los dioses

vieron este azul zafiro,

en sus ejes titubeando,

desplomado de sus quicios.

Arceta, temiendo más

su opinión que su peligro,

sola al monte se salió,

y en el más hondo retiro

Table des matières

Dans cette édition

  1. 01Full text
  2. 02Jornada I
  3. 03parte de aqueste prodigio
  4. 04Jornada II
  5. 05Jornada III

Disponibilité linguistique

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