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espagnol Édition

Littérature

Carta de una desconocida

Édition BooksWhale en espagnol par Stefan Zweig

Titre original: Brief einer Unbekannten

Una confesión amorosa y devastadora donde la memoria convierte una vida entera en una carta final.

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Carta de una desconocida

Carta de una desconocida presenta una voz íntima que reconstruye un amor silencioso, obsesivo y trágico a través de una carta enviada en el límite de la vida. Esta edición española asistida por IA y revisada por humanos conserva la intensidad psicológica del relato de Stefan Zweig.

Édition BooksWhale

Préparation de cette édition

Cette édition est une traduction assistée par IA et revue par des humains, préparée par BooksWhale pour la lisibilité, la mise en forme et la cohérence.

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Pourquoi cette édition peut être partagée

Stefan Zweig died in 1942, and Brief einer Unbekannten was first published in 1922. The German source text is public domain in the United States by publication date; this Spanish edition is an AI-assisted, human-reviewed derivative prepared from that public-domain source.

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Carta de una desconocida

Stefan Zweig

Chapitre d'aperçuCARTA DE UNA DESCONOCIDAAperçu

CUANDO R., el famoso novelista, regresó a Viena temprano por la mañana, después de una reparadora excursión de tres días a las montañas, y compró un periódico en la estación de ferrocarril, recordó, en cuanto sus ojos cayeron sobre la fecha, que aquel era su cumpleaños. Su cuadragésimo primer cumpleaños, pensó rápidamente, una observación que no le agradó ni le desagradó. Hojeó con rapidez las páginas crujientes del periódico y llamó un taxi para que lo llevara a casa, a su apartamento. Su criado le dijo que, mientras estaba fuera, habían venido dos visitantes y había habido varias llamadas telefónicas, y le trajo en una bandeja la correspondencia acumulada. R. la revisó distraídamente, abriendo un par de sobres porque le interesaban los nombres de quienes los enviaban; por el momento dejó aparte una carta, al parecer bastante larga y dirigida a él con una letra que no reconocía. Entretanto el criado le había traído el té; se recostó cómodamente en un sillón, volvió a recorrer el periódico con la vista, hojeó varios otros impresos, luego encendió un cigarro, y solo entonces tomó la carta que había apartado.

Constaba de unas dos docenas de hojas, más un manuscrito que una carta, escritas deprisa con una letra femenina, agitada, que él no conocía. Instintivamente volvió a revisar el sobre por si se le había pasado algún anexo explicativo. Pero el sobre estaba vacío y, como la carta misma, no llevaba dirección ni firma que identificara a la remitente. Qué extraño, pensó, y volvió a tomar la carta. Empezaba así: «A ti, que nunca me conociste», lo cual era a la vez un saludo y un desafío. Se detuvo un momento, sorprendido: ¿estaba aquella carta realmente dirigida a él o a alguna persona imaginaria? De pronto se le despertó la curiosidad. Y comenzó a leer:

Mi hijo murió ayer; durante tres días y tres noches luché con la muerte por aquella tierna pequeña vida, estuve sentada cuarenta horas junto a su cama mientras la gripe sacudía con fiebre su pobre cuerpo ardiente. Le puse compresas frías en la frente, sostuve día y noche sus manitas inquietas. La tercera noche me desplomé. Mis ojos ya no podían mantenerse abiertos; ni siquiera advertí cuándo se cerraron. Dormí, sentada en mi silla dura, durante tres o cuatro horas, y en ese tiempo la muerte se lo llevó. Ahora el pobre y dulce niño yace allí, en su estrecha cama infantil, tal como murió; solo le han cerrado los ojos, sus ojos inteligentes y oscuros, y tiene las manos cruzadas sobre la camisa blanca, mientras cuatro velas arden en las cuatro esquinas de su cama. No me atrevo a mirar, no me atrevo a moverme de mi silla, porque cuando las velas vacilan, las sombras cruzan fugazmente su rostro y su boca cerrada, y entonces parece como si sus facciones se movieran, de modo que podría pensar que no está muerto después de todo, que va a despertar y a decirme algo tierno e infantil con su voz clara. Pero sé que está muerto, quiero armarme contra la esperanza y contra una nueva decepción, no quiero mirarlo de nuevo. Sé que es verdad, sé que mi hijo murió ayer; así que ahora todo lo que tengo en el mundo eres tú, tú que no sabes nada de mí, tú que ahora te diviertes sin una preocupación en el mundo, entreteniéndote con cosas y con personas. Solo te tengo a ti, que nunca me conociste y a quien siempre he amado.

He llevado la quinta vela hasta la mesa donde ahora te escribo. Porque no puedo estar a solas con mi hijo muerto sin llorar hasta desgarrarme el corazón, ¿y a quién he de hablar en esta hora terrible si no es a ti, que fuiste y eres todo para mí? Quizá no pueda hablarte con entera claridad, quizá no me entiendas: mi mente está embotada, me palpitan y me martillean las sienes, me duelen terriblemente los miembros. Creo que yo misma tengo fiebre, quizá también tengo la gripe que se está propagando rápidamente por esta parte de la ciudad, y me alegraría, porque entonces podría irme con mi hijo sin tener que hacerme violencia. A veces todo se oscurece ante mis ojos; quizá ni siquiera pueda terminar de escribir esta carta, pero estoy reuniendo todas mis fuerzas para hablarte una vez, solo esta vez, amado mío que nunca me conociste.

Table des matières

Dans cette édition

  1. 01Full text
  2. 02CARTA DE UNA DESCONOCIDA

Carta de una desconocida

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