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Lo prohibido

Édition BooksWhale en espagnol par Benito Pérez Galdós

Una novela de deseo, parentesco, hipocresía social y consecuencias morales en el Madrid burgués.

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Introduction du livre

Lo prohibido

José María Bueno de Guzmán cuenta sus relaciones con mujeres de su propia familia y revela cómo el deseo, el dinero y las apariencias deforman la vida doméstica y la moral pública.

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Lo prohibido

Benito Pérez Galdós

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Refiero mi aparición en Madrid, y hablo largamente de mi tío Rafael y de mis primas María Juana, Eloísa y Camila.

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En Septiembre del 80, pocos meses después del fallecimiento de mi padre, resolví apartarme de los negocios, cediéndolos á otra casa extractora de Jerez tan acreditada como la mía; realicé los créditos que pude, arrendé los predios, traspasé las bodegas y sus existencias, y me fuí á vivir á Madrid. Mi tío (primo carnal de mi padre), don Rafael Bueno de Guzmán y Ataide, quiso albergarme en su casa; mas yo me resistí á ello por no perder mi independencia. Por fin supe hallar un término de conciliación, combinando mi cómoda libertad con el hospitalario deseo de mi pariente; y alquilando un cuarto próximo á su vivienda, me puse en la situación más propia para estar solo cuando quisiese ó gozar del calor de la familia cuando lo hubiese menes ter. Vivía el buen señor, quiero decir, vivíamos en el barrio que se ha construído donde antes estuvo el Pósito. El cuarto de mi tío era un principal de diez y ocho mil reales, hermoso y alegre, si bien no muy holgado para tanta familia. Yo tomé el bajo, poco menos grande que el principal, pero sobradamente espacioso para mí solo, y lo decoré con lujo y puse en él todas las comodidades á que estaba acostumbrado. Mi fortuna, gracias á Dios, me lo permitía con exceso.

Mis primeras impresiones fueron de grata sorpresa en lo referente al aspecto de Madrid, donde yo no había estado desde los tiempos de González Brabo. Causábanme asombro la hermosura y amplitud de las nuevas barriadas, los expeditivos medios de comunicación, la evidente mejora en el cariz de los edificios, de las calles y aun de las personas; los bonitísimos jardines plantados en las antes polvorosas plazuelas, las gallardas construcciones de los ricos, las variadas y aparatosas tiendas, no inferiores, por lo que desde la calle se ve, á las de París ó Londres, y, por fin, los muchos y elegantes teatros para todas las clases, gustos y fortunas. Esto y otras cosas que observé después en sociedad, hiciéronme comprender los bruscos adelantos que nuestra capital había realizado desde el 68, adelantos más parecidos á saltos caprichosos que al andar progresivo y firme de los que saben á dónde van; mas no eran por eso menos reales. En una palabra, me daba en la nariz cierto tufillo de cultura europea, de bienestar y aun de riqueza y trabajo.

Mi tío es un agente de negocios muy conocido en Madrid. En otros tiempos desempeñó cargos de importancia en la Administración: fué primero cónsul; después agregado de embajada; más tarde el matrimonio le obligó á fijarse en la corte; sirvió algún tiempo en Hacienda, protegido y alentado por Bravo Murillo, y al fin las necesidades de su familia le estimularon á trocar la mezquina seguridad de un sueldo por las aventuras y esperanzas del trabajo libre. Tenía moderada ambición, rectitud, actividad, inteligencia, muchas relaciones; dedicóse á agenciar asuntos diversos, y al poco tiempo de andar en estos trotes se felicitaba de ello y de haber dado carpetazo á los expedientes. De ellos vivía, no obstante, despertando los que dormían en los archivos, impulsando á los que se estacionaban en las mesas, enderezando como podía el camino de algunos que iban algo descarriados. Favorecíanle sus amistades con gente de éste y el otro partido, y la vara alta que tenía en todas las dependencias del Estado. No había puerta cerrada para él. Podría creerse que los porteros de los ministerios le debían el destino, pues le saludaban con cierto afecto filial y le franqueaban las entradas considerándole como de casa. Oí contar que en ciertas épocas había ganado mucho dinero poniendo su mano activa en afamados expedientes de minas y ferrocarriles; pero que en otras su tímida honradez le había sido desfavorable. Cuando me establecí en Madrid, su posición debía de ser, por las apariencias, holgada sin sobrantes. No carecía de nada, pero no tenía ahorros, lo que en verdad era poco lisonjero para un hombre que, después de trabajar tanto, se acercaba al término de la vida y apenas tenía tiempo ya de ganar el terreno perdido.

Table des matières

Dans cette édition

  1. 01Full text
  2. 02I
  3. 03I
  4. 04II
  5. 05III
  6. 06IV
  7. 07V
  8. 08VI
  9. 09II Indispensables noticias de mi fortuna, con algunas particularidades acerca de la familia de mi tío y de las cuatro paredes de Eloísa.
  10. 10II
  11. 11I
  12. 12II
  13. 13III
  14. 14III Mi primo Raimundo, mi tío Serafín y mis amigos.
  15. 15III
  16. 16I
  17. 17II
  18. 18IV Debilidad.
  19. 19IV
  20. 20I
  21. 21II
  22. 22III
  23. 23IV
  24. 24V
  25. 25V Hablo de otra dolencia peor que la pasada y de la pobre Kitty.
  26. 26V
  27. 27I
  28. 28II
  29. 29VI Las cuatro paredes de Eloísa.
  30. 30VI
  31. 31I
  32. 32II
  33. 33VII La comida en casa de Camila.
  34. 34VII
  35. 35VIII En que se aclaran cosas expuestas en el anterior.
  36. 36VIII
  37. 37IX Mucho amor (¡oh, París, París!), muchos números y la leyenda de las cuentas de vidrio.
  38. 38IX
  39. 39I
  40. 40II
  41. 41III
  42. 42X Carrillo valía más que yo.
  43. 43X
  44. 44XI Los jueves de Eloísa.
  45. 45XI
  46. 46I
  47. 47II
  48. 48III
  49. 49IV
  50. 50V
  51. 51VI
  52. 52VII
  53. 53XII Espasmos de aritmética que acaban con cuentas de amor.
  54. 54XII
  55. 55I
  56. 56II
  57. 57III
  58. 58XIII Ventajas de vivir en casa propia. — La noche terrible.
  59. 59XIII
  60. 60I
  61. 61II
  62. 62III
  63. 63IV
  64. 64XIV Hielo.
  65. 65XIV
  66. 66I
  67. 67II
  68. 68XV Refiero cómo se me murió mi ahijado y las cosas que pasaron después.
  69. 69XV
  70. 70I
  71. 71II
  72. 72XVI De cómo al fin nos peleamos de verdad.
  73. 73XVI
  74. 74I
  75. 75II
  76. 76XVII Sigo narrando cosas que vienen muy á cuento en esta verdadera historia.
  77. 77XVII
  78. 78I
  79. 79II
  80. 80XVIII De los diferentes procedimientos usados por los madrileños para salir á veranear.
  81. 81XVIII
  82. 82I
  83. 83II
  84. 84III
  85. 85IV
  86. 86XIX Idilio campestre, piscatorio, nadante, mareante y trapístico. — Mala sombra de todos los idilios, de cualquier clase que sean.
  87. 87XIX
  88. 88I
  89. 89II
  90. 90III
  91. 91IV
  92. 92XX Doy cuenta de la agravación de mis males y del remedio que les aplico. — Gonzalo Torres.
  93. 93XX
  94. 94I
  95. 95II
  96. 96III
  97. 97XXI Los lunes de María Juana.
  98. 98XXI
  99. 99I
  100. 100II
  101. 101III
  102. 102IV
  103. 103V
  104. 104VI
  105. 105XXII Varias cosillas que no debo dejar en el tintero y la enfermedad de Eloísa.
  106. 106XXII
  107. 107I
  108. 108II
  109. 109III
  110. 110IV
  111. 111V
  112. 112VI
  113. 113VII
  114. 114XXIII De la más ruidosa y desagradable trapisonda que en mi vida ví.
  115. 115XXIII
  116. 116I
  117. 117II
  118. 118III
  119. 119IV
  120. 120V
  121. 121XXIV Las liquidaciones de Mayo y Junio.
  122. 122XXIV
  123. 123I
  124. 124II
  125. 125III
  126. 126IV
  127. 127V
  128. 128VI
  129. 129VII
  130. 130XXV Nabucodonosor.
  131. 131XXV
  132. 132I
  133. 133II
  134. 134III
  135. 135IV
  136. 136V
  137. 137VI
  138. 138XXVI Final.
  139. 139XXVI
  140. 140I
  141. 141II
  142. 142III

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