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Literatura
Amor y pedagogía
Edição BooksWhale em espanhol por Miguel de Unamuno
Unamuno’s ironic novel of rational education, fatherly experiment, science, love, failure, and existential comedy.
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Introdução do livro
Amor y pedagogía
Amor y pedagogía follows Avito Carrascal’s attempt to manufacture genius through a rational educational program, only to meet the unruly force of emotion, chance, and individuality. Unamuno turns the premise into a comic and philosophical critique of positivism and social engineering.
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Miguel de Unamuno died in 1936, and Amor y pedagogía was first published or composed in 1902; these dates support the public-domain basis for this edition.
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Amor y pedagogía
Miguel de Unamuno
Al Lector,
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El Autor.
Capítulo de préviaPRÓLOGOPrévia
Hay quien cree, y pudiera ser con fundamento, que esta obra es una lamentable, lamentabilísima equivocación de su autor.
El capricho ó la impaciencia, tan mal consejero el uno como la otra, han debido de dictarle esta novela ó lo que fuere, pues no nos atrevemos á clasificarla. No se sabe bien qué es lo que en ella se ha propuesto el autor y tal es la raíz de los más de sus defectos.
Sumário
Nesta edição
- 01Full text
- 02dedica esta obra,
- 03PRÓLOGO
- 04Diríase que perturbado tal vez por malas lecturas y obsesionado por ciertos deseos poco meditados, se ha propuesto ser extravagante á toda costa, decir cosas raras, y lo que es aún peor, desahogar bilis y malos humores. Late en el fondo de esta obra, en efecto, cierto espíritu agresivo y descontentadizo.
- 05Mas repetimos que el defecto más grave que á esta obra puede señalársele es que no se sabe á punto fijo qué es lo que en ella se propone su autor, pues nos resistimos á creer que no se proponga más que hacer reir á unos y escandalizar á otros.
- 06De buena gana nos detendríamos en analizar al don Fulgencio, que es acaso la clave de la novela, pero el autor mismo nos lo ha descubierto, descubriendo á la par otras cosas que mejor estarían ocultas, cuando en la última entrevista que el grotesco filósofo tiene con Apolodoro le habla del erostratismo.
- 07Diríase que considera á la lengua como un mero instrumento, sin otro valor propio que el de su utilidad, y que como el personaje de esta su novela, echa de menos la expresión algébrica. Vese su preocupación por dar á cada vocablo un sentido bien determinado y concreto, huyendo de toda sinonimia, de hacer una lengua precisa, suene como sonare.
- 08Mas es este un terreno delicadísimo y en él no queremos entrar.
- 09Dice, en efecto, que hallándose el verano pasado en Bilbao, su pueblo nativo, y en una librería donde tiene consignados ejemplares de su novela _Paz en la Guerra_ y de sus _Tres Ensayos_, le manifestó el librero que cuando volviese á publicar otro libro se cuidara mucho de su volumen y condiciones materiales, procurando que, á poder ser, tengan sus obras todas un mismo tamaño. A cuyo respecto le contó el librero lo que con uno de sus clientes le había ocurrido.
- 10Mas como por ahora no publica el señor Unamuno más que para lectores y no para bibliófilos, parécennos de poca importancia sus escrúpulos, y que debe dejar esas importantes consideraciones para cuando dé á la estampa su colección de «Obras completas», que nos complacemos en creer no ha de tardar mucho en hacerlo. Entonces publicará para las bibliotecas; por ahora debe contentarse con publicar para los lectores.
- 11Vive Carrascal de sus rentas y ha llevado á cima, á la chita callando, sin que nadie de ello se percate, un hercúleo trabajo, cual es el de enderezar con la reflexión todo instinto y hacer que sea en él todo científico. Anda por mecánica, digiere por química y se hace cortar el traje por geometría proyectiva. Es lo que él dice á menudo: «sólo la ciencia es maestra de la vida» y piensa luego: «¿no es la vida maestra de la ciencia?»
- 12Mas su fuerte está en la pedagogía sociológica:
- 13Medita, en efecto, Carrascal buscar mujer á él y á su obra adecuada, y con ella casarse para tener de ella un hijo en quien implantar su sistema de pedagogía sociológica y hacerle genio. Por amor á la pedagogía va á casarse deductivamente.
- 14Decidido á la conquista de Leoncia, pónese Avito á redactar con tiento y medida eso que se llama carta de declaración. La cual no cabe sea, ¡naturalmente! centón de esas encendidas frases que el amoroso instinto dicta, sino reposados argumentos que de la científica teoría del matrimonio derivan. Y del matrimonio mirado á luz sociológica.
- 15Doce horas, en seis noches consecutivas, le cuesta el documento. Y no es la cosa para menos, porque cuando al rodar de los años se estudie al genio obtenido por pedagogía, pieza de escogido estudio habrá de ser, sin duda, la _Carta Magna_ que de preludio le sirve. Escríbela, por lo tanto, Avito para la posteridad, á través de Leoncia, la dólico-rubia de anchas caderas. Es todo un informe amoroso; allí, con la precisa hoja de parra, las ineludibles necesidades orgánicas, allí psicología del amor sexual al alcance de las Leoncias Carbajosas y de la posteridad á que resumen, con el genio de la especie y demás metafísicas, allí la ley de Malthus, allí la tendencia sociológica á la monogamia, y allí, en fin, el problema de la prole. Cuajado todo ello en un sutil tejido en que se le suelta á la imaginación su parte, haciéndole ver, cual tentador señuelo, allá, en gloriosa lontananza, al espléndido genio. Lee y relee el expediente, corrigiéndolo á
- 16cada lectura, se lo recita tomándose de posteridad, y cuando lo ha visto bueno saca de él copia y se guarda la pieza original esperando coyuntura propicia de que á la interesada se le traslade. Quiere antes prepararla para que sea menos brusca la emoción que le cause y el efecto útil mayor.
- 17Dirígese Avito á casa de Leoncia á iniciar el advenimiento del genio.
- 18Marina, apartando sus ojos de Avito, los vuelve sonrientes á Leoncia y al hombre luego, como quien dice: ¡tiene gracia! Y al observarlo Carrascal oye una voz que en su interior le dice: «¡alma primitiva, protoplasmática, virginal! ¡corazón inconciente!» á la vez que su corazón, conciente y todo, empieza á acelerar su martilleo.
- 19Leoncia barrunta algo y hasta adivina qué. No es este Avito el Avito de otras veces, dueño siempre de sí y de su palabra, en el decir afluente y preciso, firme y exacto en el pensar. Tiene en la punta de la lengua esta pregunta: «pero ¿qué le pasa á usted hoy, Avito?»; mas coligiendo que no de paso sino de queda es lo que Avito siente, tira á abreviar la visita.
- 20Durmamos, durmiendo es como se digieren estas impresiones... ¡Tengo para mí que ha entrado en juego el Inconciente... démosle su parte...
- 21Leoncia, la deductiva, la dólico-rubia de sano color, anchas caderas, turgente y levantado pecho, mirar tranquilo y buen apetito, de una
- 22de otra parte Marina, la inductiva, por misteriosa ley de contraste braqui-morena, sueño hecho carne, con algo de viviente arbusto en su encarnadura y de arbusto revestido de fragantes flores, surgiendo esplendorosa de entre los fuegos del instinto, cual retama en un volcán.
- 23contemplado con qué atención observaba una vez una gata á un conejillo
- 24de Indias inoculado de tifoidea y la apacible familiaridad con que las aves del cielo se posan en los hilos del telégrafo, lejos de los lirios del campo. Cosa decidida, pues; el documento redactado para Leoncia irá, tal como lo está, á Marina.
- 25ley de Malthus... matriarcado... matriarcado?... ¡matriarcado!...
- 26La coge ahora de nuevo, la aprieta en los brazos y le pega en la boca un beso, de los que quedan. Y así, sujeta, sofocada la pobre, con el corazón alborotado, dícele él:
- 27Los labios de la pobre Materia rozan la nariz de la Forma y ahora ésta, ansiosa de su complemento, busca con su formal boca la boca material y ambas bocas se mezclan. Y al punto se alzan la Ciencia y la Conciencia, adustas y severas, y se separan avergonzados los futuros padres del genio, mientras sonríe la Pedagogía sociológica desde la región de las ideas puras.
- 28La mujer se deja hacer; come alubias á todo pasto, escucha biografías de grandes hombres según don Avito, mira cuadros, oye música...
- 29Marina se siente mal y Avito se alarma por ello. Ocúrresele si podrá ser un parto prematuro, y sorprendido de su imprevisión en este respecto, piensa pedir una incubadora Hutinel, por si acaso. Y hasta le halagaría, allá, por muy dentro, que fuera tal cosa, pues podría así comprobar en su hijo las maravillas de la ciencia. Y como la indisposición de su mujer se agrava, tiene que llamar al médico, un médico sociólogo también.
- 30Laméntase la Materia de cuando en cuando, levantándose, paseándose un momento, volviéndose á sentar.
- 31Llega el momento, asoma el futuro genio la cabeza para mirar al mundo, entra en el escenario y se pone á berrear. Es lo único que se le ocurre hacer, ya que ha de hacer algo al pisar las tablas. Juega con el aire; toca un chillido en el albogue de su gaznate. Avito mira al reló; las 18 horas y 58 minutos.
- 32La casa está dignamente provista para recibirlo; techos altos, como ahora se lleva, iluminación, aereación, antisepsia. Por todas partes barómetros, termómetros, pluviómetro, aerómetro, dinamómetro, mapas, diagramas, telescopio, microscopio, espectroscopio, que á donde quiera que vuelva los ojos se empape en ciencia; la casa es un microcosmo racional. Y hay en ella su altar, su rastro de culto, hay un ladrillo en que está grabada la palabra _Ciencia_, y sobre él una ruedecita montada sobre su eje; toda la parte que á lo simbólico, es decir, á lo religioso, como él dice, concede don Avito.
- 33lo mismo Apolo que Dios, no equivale Teodoro á Apolodoro, porque en Apolo no cree ya nadie y no pasa de ser una mera ficción poética, un puro símbolo, mientras aún quedan quienes creen en Dios, y así si le llamo Apolodoro nadie supondrá que pueda yo creer en la existencia real y efectiva de Apolo, mientras que si le bautizo, digo, no, si le denomino Teodoro podrá creerse que creo en Dios. De Dios se podrá hablar, podremos hablar los hombres de razón, cuando nadie crea en él, cuando sea un puro símbolo... ¡entonces sí que nos será útil!» Y la voz: «has caído, has caído y volverás á caer cien veces, y estarás cayendo sin cesar... ¿Si pudieras llamarle A. B. C. ó X. como por álgebra? Tan derogación es llamarle Apolodoro como Teodoro: ponle un nombre sin sentido, algébrico, llámale Acapo ó Bebito ó Futoque, una cosa que nada signifique y á que dé significado él; mete en un sombrero sílabas, saca tres y dale así nombre.» Y Avito replica: «¡cállate!
- 34La pobre Materia, oprimiendo al genio contra su seno, siente que una bola de cuajada angustia le levanta primero por dentro los henchidos pechos, que le tupe la garganta después y empieza á ver á su marido á través del amargo humor que le purifica los ojos lavándoselos.
- 35Déjase besar Marina apretando contra el seno al niño, y recae en el sueño de su vida.
- 36Carrascal vigila la evolución del pequeño salvaje, meditando en el paralelismo entre la evolución del individuo y la de la especie, ó como decimos entre la ontogenia y la filogenia. «Su madre le hará fetichista--se dice--¡no importa! Como la especie, tiene el individuo que pasar por el fetichismo; yo me encargaré de él. Ahora, mientras siga siendo un invertebrado psíquico, un alma sin vértebras ni cerebro, allá con él su madre, pero así que se le señale la conciencia reflexiva, así que entre en los vertebrados, así que se me presente de _amfioxus_ psíquico, le tomo de mi cuenta.»
- 37Marina, por su parte, sonambuliza suspirando: ¡Qué mundo este, Virgen Santísima! y aduerme al niño cantándole:
- 38Duerme, duerme, mi niño, Duerme enseguida, Duerme, que con tu madre Duerme la vida.
- 39Duerme, sol de mis ojos, Duerme, mi encanto, Duerme, que si no duermes Yo no te canto.
- 40Duerme, mi dulce sueño, Duerme, tesoro, Duerme, que tú te duermes Y yo te adoro.
- 41Duerme para que duerma Tu pobre madre, Mira que luego riñe Riñe tu padre.
- 42Duerme, niño chiquito, Que viene el coco A llevarse á los niños Que duermen poco...
- 43coordinaciones binarias primero, luego ternarias, cuaternarias más adelante y así sucesivamente, es como habrá de descifrarse el misterio del gran jeroglífico del Universo, es como se sacará el hilo del ovillo del eterno Drama de lo Infinito. Está en las coordinaciones binarias ó simplemente _combinaciones_, como él, aunque apartándose del común tecnicismo, las llama estudiando el derecho á la vida, á la muerte, al derecho mismo y al deber; el deber de vida, de muerte, de derecho y de deber mismo; la muerte del derecho, del deber, de la misma muerte y de la vida; y la vida del derecho, del deber, de la muerte y de la vida misma. ¡Qué fuente de reflexiones el derecho al derecho, el deber del deber, la muerte de la muerte y la vida de la vida! ¡qué fecundas paradojas las de la vida de la muerte y la muerte de la vida! Ibsen ha presentido á don Fulgencio al hacer decir al Obispo de su drama «Madera de reyes» (_Kongs-Aemnerne_) aquello de: «¿Pero con qué derecho
- 44las infinitas coordinaciones.
- 45Cuando se pone don Fulgencio á pensar en esto, de noche y oscuras, descansando sobre la almohada su cabeza, junto á la de doña Edelmira, su mujer, desciende á él el sueño al peso de tan graves meditaciones.
- 46Con razón llama filosofía rítmica sobre-humana á la suya.
- 47Don Avito queda confundido ante esta profundidad de hombre, y como al entrar en el despacho, le salta á la vista lo de que «el fin del hombre es la ciencia», vuélvese al maestro y se decide á preguntarle:
- 48Confuso Carrascal ante tamaña profundidad de hombre, le explana de cabo á rabo la historia toda de su matrimonio y lo que respecto á su hijo proyecta. Le oye don Fulgencio silencioso, interrumpiéndole por dos veces con el gesto episcopal para asentar algún aforismo ó escribir cualquier cosa ó ni cosa alguna. Al concluir su exposición quédase Carrascal bebiéndose con la mirada el rostro del maestro, sintiendo que á su espalda tiene al _Simia sapiens_ y delante, sobre la augusta cabeza del filósofo, lo de «si no hubiera hombres habría que inventarlos.» Mantiénese don Fulgencio cabizbajo unos segundos, é irguiendo su vista, dice:
- 49Interrúmpese para escribir un aforismo y prosigue:
- 50Cállase un momento; mientras Carrascal se recrea en interpretarle el pensamiento, irrádianle los fulgurantes ojos y mirando al enchisterado _Homo insipiens_, prosigue:
- 51Interrúmpese don Fulgencio para escribir este aforismo: «hasta las morcillas son del papel», y continúa:
- 52Lombroso...
- 53Carrascal medita; las palabras de don Fulgencio le han invadido á borbotones el alma, como aguas de inundación que entran en honda sima, formando remolino en su conciencia.
- 54La madre, que á hurtadillas coge en brazos al hijo y le dice: «di mamá, querido, di mamá.»
- 55Las fricciones superauriculares han dado resultado; Apolodorín rompe á hablar y el padre espía la primera palabra, su expresión natural, individuante. Y hete aquí que es ésta: _¡gogo!_ _¡Gogo!_ ¡solemne misterio! _¡gogo!_ fórmula cabalística acaso de la personalidad del nuevo genio... Porque si eso de la grafología tiene, como parece, su fundamento y le tienen otras misteriosas relaciones psicofisiológicas, ¿no ha de tenerlo la primera palabra que cada cual de nosotros pronuncia? ¡Gogo! Consulta con don Fulgencio al punto. La sonora gutural g, seguida de la o, la vocal media de las tres a-o-u que no tienen más que una nota específica, y repetido por dos veces... ¡gogo!
- 56Don Fulgencio recuerda la experiencia que nos cuenta Herodoto hiciera el rey egipcio Psamético para comprobar cuál fué el lenguaje primitivo, cuando entregó dos niños recién nacidos á un pastor con encargo de que los criara sin que oyesen hablar á nadie, y al trascurso de dos años entrando un día el pastor á verlos los oyó decir _becos_, que era como los frigios llamaban al pan, con lo cual se convencieron los egipcios de que era el de los frigios y no el suyo el pueblo primitivo. Las investigaciones de don Fulgencio dan por resultado que en el idioma vascuence ó eusquera _gogo_ equivale á «deseo, ganas, humor, ánimo» y acaso por extensión, voluntad.
- 57Luego aprende _papa_, _mama_, _pa_, _aba_, _titi_, _chicha_... y un día sorprende don Avito á Apolodorín pronunciando misteriosas sílabas, á solas, como hablando consigo mismo: _puchulili_, _pachulila_, _titamimi_, _tatapupa_, _pachulili_.
- 58Don Avito observa los solitarios juegos del geniecillo, estos tanteos de actividad, este palpeo espiritual, ese recorrer en todas direcciones el bosque por si se le presenta un nuevo camino. Observa qué efecto le hace el enseñarle una pulga á simple vista primero y al microscopio después. El hule que cubre la mesa es de esos en que están representados los principales inventos con los retratos de los inventores. A Montgolfier le llama papá porque se parece á don Avito, su padre.
- 59Mientras el padre se encierra con el filósofo, enciérrase la madre con el hijo y allí es el besuquear al sueño de su sueño.
- 60Le aprieta la boca contra la boca sacudiendo la cabeza á la vez, la separa luego de pronto, quédasele mirando un rato, y gritando «¡Luis!
- 61Con el remordimiento de un furtivo crimen, aterrada ante la aparición invisible del Destino, se levanta de pronto y deja al niño para seguir soñando.
- 62Vuelve Marina á someterse al sueño, con su soñada lógica.
- 63Más que la influencia de la madre teme Avito la de las niñeras, los cuentos de brujas, las preocupaciones populares. Y ¿por qué estima estos cuentos y estas preocupaciones más graves que aquellas tradicionales leyendas que su madre le imbuye? «Mira, Avito--le dice la voz interior--que al temer más que le hablen del Coco que de Dios, al no inquietarte de que le imbuyan la creencia en ángeles y sí la creencia en brujas, mira que al hacer eso los pones en distinta esfera... Mira, Avito, mira bien», y se le revuelve el poso de su niñez, de esa niñez de que nunca habla. «¡Cállate! ¡cállate! ¡cállate, impertinente!» le dice Avito.
- 64Con la facultad de hablar empieza á ejercer Apolodorín su imaginación, inventando mentirijillas; adiéstrase en la única potencia divina, burlándose de la lógica. Despiértasele el santo sentido de lo cómico, se recrea en toda incongruencia y en todo absurdo. Ríe de todo corazón, de corazón de niño, echando hacia atrás la cabecita, todo ensarte de palabras sin sentido, goza con romper el nexo lógico de la asociación de ideas y el cincho de su enlace normal; espacíase por el campo de lo incongruente.
- 65Chúndala, que es buena, Chúndala, que es mala, Ha comido berros, Ha bebido agua, Y por eso tiene La barriga hinchada.
- 66Cuando Carrascal, todo alarmado, cuenta esto á don Fulgencio, frunce el maestro la frente ladeando la pensadora cabeza, contrariado porque al apoyarse Avito contra la mesa le movió los cachivaches que llenan su bufete. Pónelos en orden el filósofo, porque tiene cada objeto, tintero, lápices, tijeras, reló, fosforero, plumas, adscrito á su lugar, y exclama:
- 67le dejaré, sí, pero repitiéndole, aunque no me entienda, otras cosas.
- 68Llega á casa, oye á su hijo una absurda conseja y le pregunta:
- 69Vuelve á quedar encinta la Materia, con estupor de la Forma, que no contaba con semejante contratiempo. Y maldice una vez más del instinto, porque el nuevo ser ¿estorbará ó ayudará á la formación del genio? ¿no conviene acaso que éste se críe solo? ¿será genio también?
- 70La Materia, sofocada, empieza á rezumar lágrimas de los ojos.
- 71La sociedad va saliendo del tipo militante para entrar en el industrial, como enseña Spencer; fíjate bien en este nombre, hijo mío, Spencer, ¿lo oyes? Spencer, no importa que no sepas aún quién es, con tal que te quede el nombre, Spencer, repítelo, Spencer...
- 72Mira Carrascal á su mujer y á su hijo, baja la cabeza y dice:
- 73De paseo llevan la brújula para orientarse, y algún día el sextante para tomar la altura del sol, y termómetro, barómetro, higrómetro, lente de aumento.
- 74Vuelve don Fulgencio á la carga para que envíe al hijo á la escuela, encargando que no le enseñen nada.
- 75Carrascal vuelve á pensar en eso del feminismo al que jamás ha logrado verle alcance. ¿Hija? Allá por dentro le encocora la cosa, es decir, la hija.
- 76Considérola, amigo Sinforiano, como tierra dispuesta á recibir la simiente y que ha de dar el fruto, y por lo tanto es preciso, como á la tierra, meteorizarla...
- 77Cuando Rosita, que es muy caprichosa, llora, exclama el padre:
- 78Déjala llorar, mujer, déjala llorar; que se meteorice.
- 79Carrascal mira, sin responder ya, al _Simia sapiens_, que parece reirse y luego al cartel de «si no hubiera hombres habría que inventarlos», mientras el filósofo se enjuga, con frote trasverso, la boca.
- 80Cuando don Avito llega á casa está su anti-sobre-hombre besando en la garganta á Rosita que se agita riéndose á carcajadas, bajo el cosquilleo de la caricia, mientras lo contempla desde un rincón, con sus tristes ojos de genio. Apolodorín.
- 81Detiénese el maestro; va á decirle que se le quite de la cabeza lo de ir para genio, pero al recordar que sólo aspirando á lo inaccesible puede cada cual llegar al colmo de lo que le sea accesible, se lo calla. En esto asoma la cara plácida y sonrosada de doña Edelmira, orlada por su rubia peluca, y después de envolver al mozo en una de sus inquisitivas miradas de presa, dice:
- 82con microscopio á las estrellas y con telescopio á un infusorio. Y cuando oigas á alguien decir que es el sentido común el más raro de los sentidos, apártate de él; es un tonto de capirote. ¡Zape!--y sacude al gato que se le ha subido á las piernas,--¿qué estudias ahora?
- 83la _supervulgarina_. ¿Matemáticas? Uno... dos... tres... todo en serie; estudia historia para que aprendas á ver las cosas en proceso, en flujo. Las matemáticas y la historia son dos polos.
- 84Detiénese á escribir un aforismo y prosigue:
- 85parte veo son ideas. Si yo tuviese la desgracia de tener que apoyar
- 86colosal. Es mejor hacerlo con las manos.
- 87Detiénese para escribir: «La escolástica es una vasta y hermosa catedral, en que todos los problemas de construcción han sido resueltos en siglos, de admirable fábrica, pero hecha con adobes.» Y prosigue:
- 88Irradian los fulgurantes ojos del filósofo y con tono profético continúa:
- 89HILDEBRANDO F. MENAGUTI
- 90Coches, carros, caballos, perros, con sus esqueletos dentro de la carne, hombres, mujeres... ¡mujeres! algunas altas, fuertes, carnosas, corpulentas, de sangre caliente, con corazón y entrañas, con alto seno que al andar les tiembla, y algunas ¡cómo miran al muchachuelo! ¡cómo huele el mundo!
- 91Lo demás no ha podido oirlo Apolodoro porque doña Edelmira se ha levantado de pronto, exclamando: «quién anda ahí?» y ha entrado él enteramente confuso. Así es que el maestro no ha dado hoy pie con bola, y ahora se sueña Apolodoro con doña Edelmira.
- 92Le tiene encargado su padre que le ponga por escrito su concepción del universo, y por más vueltas que le da á la cosa en la cabeza, nada sale. En primer lugar, ¿tiene acaso concepción alguna de semejante universo? ¿Concebirlo? si es que apenas empieza á olerlo.
- 93caleidoscopio. Y mira los álamos reflejados en las aguas y recuerda los versos de Menaguti:
- 94De pronto ahora le llama el corazón con un latido, vuelve la cabeza y tras la ráfaga de esos ojos, sólo ve dos trenzas rubias que por la espalda le caen, como dos ramas de un árbol florecido, y abajo el arranque del tronco. El pobre corazón le toca á rebato, ¿qué es esto?
- 95De vuelta á casa se pone á escribir febrilmente su concepción del universo, pero tiene que suspenderla, para escribir versos.
- 96Mas todo recato es inútil; don Avito sorprende al cabo libros, grabados, papeles, dibujos, y se queda perplejo. Y es Marina, la madre, la pobre Materia soñolienta, la que entre sueños dice un día:
- 97--A...
- 98volveré... estoy por volver á decírselo... ¡mañana!... ¡mañana!» Y es siempre mañana y ciérnese siempre lo más tierno, lo inefable, en el silencio, sobre el gorjeo del amor.
- 99Con la invasión del amor ¡qué marea de melancolía! Es un sentir la vida como un derretimiento, es un soñar en dormirse para siempre en brazos de Clarita.
- 100Va de paseo á orillas del río; de los blancos álamos nievan aladas semillas, copos de vida. Y ve que se agolpan las gentes á contemplar algo. Es que va flotando en las aguas, llevado por la corriente, un hombre muerto. Parece dulcemente dormido, mecido por las ondas suaves.
- 101Va á posarse sobre él una de las mullidas simientes de los álamos.
- 102Duerme, niña chiquita, que viene el Coco á llevarse á las niñas que duermen poco...
- 103muerte... muerte... sueño... vida...»
- 104La circulación universal... omne _vivum ex ovo_... _ex nihilo nihil fit_... el círculo vital... trasformación de materia y fuerza...
- 105conservación de la energía...
- 106Duerme, niña chiquita, que viene el Coco...
- 107lo Inconocible... lo Inaccesible...»
- 108Vuélvese y se encuentra de manos á boca con Federico. Reprime un gesto de impaciente porque le inquieta y desasosiega este Federico, sonriente siempre, pero con sonrisa de máscara.
- 109Veremos esta noche.»
- 110Cuando llega don Epifanio llama aparte á su hija, que acude con el pecho anhelante, y le dice:
- 111Decídete de una vez. Las demás también hemos pasado por trances parecidos. Para casarme con tu padre tuve que dar calabazas á un estudiante de minas, y no me pasó nada, ni le pasó nada á él. Ese hijo de don Avito...
- 112Clarita oculta la cara entre las manos y llora, llora de vergüenza; no sabe bien por qué llora. Levanta al cabo la frente y dice: «¡bueno!» Y se decide que sea esta noche la primera entrevista con Federico.
- 113Marina... esta Marina... ¡oh, la herencia!» Y sin saber cómo, por atracción del abismo sin duda, se encuentra en casa de don Fulgencio.
- 114Mas la herida honda la recibe de don Fulgencio, á quien hace tiempo que no veía.
- 115Clarita sueña un duelo por su causa, mas no hay tal duelo. En la primera entrevista que tiene á solas con Federico, lo primero que éste hace es cogerla en brazos y besarle furiosamente la boca, y ella, en desmayo, bajo el machaqueo del corazón, piensa: «¡este es un hombre!
- 116Decide ir á vengarse viendo á don Fulgencio, la fascinadora serpiente, el hombre todo ironía y mala intención. Y verá á doña Edelmira, ¡qué buenas carnes todavía! ¡qué sonrosadas y rellenas! y ¡qué peluca!
- 117Desahógate, Apolodoro, desahógate.
- 118Los sollozos ahogan sus palabras. Mozo y anciano se abrazan llorando.
- 119Cuantas impresiones hieren nuestro cerebro quedan en él registradas, y aunque las olvidemos, y aun cuando al recibirlas no nos hubiéramos de ellas dado cuenta, allí quedan, como en toda pared quedan las huellas que las sombras todas pasajeras sobre ella proyectaran una vez. Lo que falta es un reactivo lo bastante poderoso para provocarlas. Todo cuanto nos entra por los sentidos en nosotros queda, en el insondable mar de lo subconciente; allí vive el mundo todo, allí todo el pasado, allí están también nuestros padres y los padres de nuestros padres y los padres de éstos en inacabable serie...
- 120Los que no tenemos hijos nos reproducimos en nuestras obras, que son nuestros hijos; en cada una de ellas va nuestro espíritu todo y el que la recibe nos recibe por entero. Y ¿qué sé yo si al morirme y deshacerse mi cuerpo no se liberta alguna de mis células y convertida en ameba se propaga y propaga consigo mi conciencia? Porque mi conciencia está toda en mí y toda en cada una de mis células, Apolodoro, que éste es el misterio de la humana eucaristía... Pero...
- 121lo más seguro es tener hijos... tener hijos... Ten hijos, haz hijos, Apolodoro. ¡Qué hermosura! ¿no?
- 122mas antes, Apolodoro, haz hijos, haz hijos; ¡busca la inmortalidad en ellos... por si acaso...!»
- 123Llega á casa, entra en su cuarto, abre un libro y ante las abiertas páginas le dice su demonio familiar: «Tu padre es un majadero; si no hubieses nacido de un majadero así... Mas acaso no sea majadero, sino envidioso; te ha educado así tal vez por celos, para que no le sobrepujes... No, no, es que está trastornado.» Llaman á la puerta, manda entrar, y entra don Avito.
- 124Don Avito medita, entre tanto, en eso de Lombroso del parentesco entre el genio y la locura, y á punto de convencerse del fracaso de su hijo, va á ver á don Antonio el médico y deciden examinar á Apolodoro.
- 125Vuelve á intentar el padre nueva conferencia y á las pocas frases exclama el hijo:
- 126Don Avito se queda un rato suspenso, y dice luego:
- 127Va llegando ya al colmo el desaliento nada científico de don Avito, quien da en recordar las más estupendas y peregrinas ocurrencias de aquel funesto de don Fulgencio, el mixtificador que por tanto tiempo le ha tenido preso en sus encantos maléficos, aquellas ocurrencias como la de la cura del sentido común, rémora de toda genialidad, mediante el masaje histológico del cerebro logrado por cierta trepidación eléctrica que obligue á las células nerviosas á entrecruzar de otro modo que como lo tienen sus prolongaciones pseudopódicas, la microcirugía psíquica, de donde se deduce la utilidad pedagógica del pescozón en cuanto éste hace vibrar el cerebro y sus 612.112.000 células; ó recuerda lo de la cura de la monotonía mental mediante inyecciones de gelatina. Y luego se dice: «¿No será mejor que pretender hacer el genio, hacer primero la madre del genio? Tengo muy abandonada á Rosa, y la pobrecilla no me gusta, no, no me gusta; va desmejorando mucho,
- 128la pobre Rosa que está tan delicada? ¿no acelerará esto su fin, que está tan próximo? ¿no será mejor diferirlo hasta que ella acabe?» Y le invaden mil recuerdos vagarosos y se encuentra con el padrenuestro en los labios, y al acabar de paladearlo se dice: «¡no nos dejes caer en la tentación!» y desde el fondo del alma le dice la voz de don Fulgencio: «¡haz hijos, Apolodoro, haz hijos!»
- 129Mas la criada desaparece.
- 130Don Avito se ha vuelto á su hija, á Rosa, la meteorizada, que arrastra dulce y tristemente una vida lánguida, de silencio y de clorosis, á pesar de los meteoros todos. Y empieza el padre á luchar con un temperamento rebelde á cambiarlo por procedimientos científicos, porque la ciencia... ¡oh, la ciencia!
- 131Mas á pesar de la ciencia, la muchacha decae á galope tendido y encama y esto se va. El padre lucha desesperadamente, pero sereno y tranquilo, recobrada su antigua firmeza y ayudado por don Antonio en la faena, hasta que un día, convencido ya de la impotencia de la ciencia en este caso, ve que la Muerte se acerca al lecho de la joven.
- 132Marina reza y llora en silencio, en sueños, hacia dentro; Apolodoro piensa en su dimisión y en la inmortalidad. Y don Avito, ante lo irremediable, da una lección:
- 133La moribunda calla. Le toma el pulso su padre, acerca un espejo á su boca por si se empaña.
- 134Marina se levanta, corta un rizo de la cabellera de la muerta, le besa, se arrodilla y oculta la cara entre las manos. Apolodoro va también á besarla, y su padre le detiene:
- 135Marina levanta la cabeza, y como quien despierta de una pesadilla, con ojos despavoridos exclama: ¡Luis, Luis, Luis! Y Apolodoro va á sus brazos y se estrechan y se mantienen en silencio, estrechados, llorando:
- 136Los dos callan y parecen oir á lo lejos, que del espacio invisible bajan estas palabras del silencio:
- 137Duerme, niña chiquita, que viene el Coco á llevarse á las niñas que duermen poco.
- 138Duerme, duerme, mi niña, duerme enseguida; Duerme, que con tu madre duerme la vida.
- 139Duerme, niña chiquita, que viene el Coco...
- 140Cuando á los pocos días se entera Apolodoro de lo que ha hecho, éntrale una enorme vergüenza y asco y desprecio de sí mismo, y acaba en un:
- 141Llaman á la puerta.
- 142cosa así, de seguro; en la pedagogía, sí, en la pedagogía; ¡me lo dice la conciencia! Y así he salido... ¡Soy un miserable, un infame, he cometido una infamia...!»
- 143Llega la hora. Se encierra, sube á la mesa sobre la que pone un taburete y prepara el fuerte cordel pendiente del techo; agárrase á él y de él se suspende para ver si le sostiene; hace el nudo corredizo y se lo echa al cuello, subido en el taburete. Detiénele por un momento la idea de lo ridículo que puede resultar quedar colgado así, como una longaniza; pero al cabo se dice: «¡es sublime!» y da un empellón al taburete con los pies. ¡Qué ahogo, oh, qué ahogo! Intenta coger con los pies el taburete, con las manos la cuerda, pero se desvanece para siempre al punto.
- 144manos convulsas, le besa en la ya ardorosa frente y le grita desde el corazón: ¡hijo mío!
- 145EPÍLOGO
- 146Mi primer propósito al ponerme á escribir esta novela fué publicarla por mi cuenta y riesgo, como hice, y por cierto con buen éxito, con mi otra; pero necesidades ineludibles y consideraciones de cierta clase me obligaron á cederla, mediante estipendio, claro está, á un editor.
- 147Me tienen ya hartos los oídos de todo eso de la santidad del arte y de que la literatura no llegará á ser lo que debe mientras siga siendo una profesión de ganapán, un modo de ganarse la vida. Tiéndese con tal doctrina á hacer de la literatura un trabajo distinto de los demás y á presentar la actividad del poeta como algo radicalmente distinto de la actividad del carpintero, del labrador, del albañil ó del sastre.
- 148Las artes llamadas bellas surgieron de actividades utilitarias, de oficio, y así puede sostenerse que los primeros versos se compusieron, antes de la invención de la escritura, para mejor poder confiar á la memoria sentencias y aforismos útiles, de lo que nos dan buena muestra los actuales refranes. Y así diremos que composiciones poéticas como esta
- 149Los en _um_ sin excepción Del género neutro son,
- 150Más tarde fueron diferenciándose el arte llamado bello ó inútil si se quiere y el oficio, y hoy hemos venido á tan menguados tiempos que los artistas por antonomasia, los que se dedican al oficio de producir belleza pretenden pertenecer á otra casta y sostienen con toda impertinencia que su actividad no debe regularse como las demás actividades y que su obra no es cotizable ni se le puede ni debe fijar precio como á una mesa, á un chaleco ó á un chorizo. Es de creer, sin embargo, que esto lo hagan para cobrar más, pues da grima ver expuesto en un escaparate un mamarracho pictórico y al pie: 500 pesetas. Esto es como aquello de que el sacerdote vive del altar, y luego de hacernos ver que el santo sacrificio tiene un precio infinito, leemos este anuncio: «Los señores sacerdotes que quieran celebrar misas en la parroquia de San Benito, recibirán estipendio de tres, cuatro, cinco ó seis pesetas según la hora.»
- 151Lo que acaso desee saber el lector es qué efecto produjo á don Fulgencio, á Federico, á Clarita, á Menaguti el fin trágico de Apolodoro, y qué hicieron luego de quedar sin hijos la Materia y la Forma.
- 152De Clarita hemos averiguado que cuando Federico, su marido, le llevó la noticia del suicidio de su antiguo novio, exclamó: «¡pobre Apolodoro!
- 153Don Epifanio parece ser que murmuró entre dientes: «¡pero ese Apolo, ese Apolo, quién lo hubiera creído...!» y aquella noche se estuvieron él y su mujer cuchicheando más que de costumbre antes de entregarse al sueño. También les remuerde la conciencia porque todas las personas que figuran en mi verídico relato tienen su más ó su menos de conciencia capaz de remordimientos.
- 154Mas á quien le ha producido el efecto más hondo y más rudo la muerte violenta de nuestro Apolodoro ha sido á Petra, la criada, á su Petrilla. Esto es para que se vea que la mayor rudeza de inteligencia y de carácter puede ir unida á la mayor profundidad y ternura de sentimientos. Esa pobre muchacha, víctima de las teorías de don Fulgencio obrando sobre los instintos de Apolodoro sobrexcitados á la vista de la muerte próxima,--pues veía claro que tenía que matarse--esa pobre muchacha tuvo la desgracia de enamorarse _a posteriori_ de su señorito, del padre del fruto que ahora lleva en las entrañas. Se ve sola y desamparada, viuda y madre, y en momentos de desesperación medita recursos extremos y funestísimos.
- 155Con lo cual se va Petrilla consolada y hasta dando por bien empleado todo.
- 156Cuando Marina lo sabe todo y la magnánima resolución de su marido abraza primero á éste, que tan noble espíritu demostraba, y cae luego llorando en brazos de hasta hoy su criada, y decimos hasta hoy porque acaba de decidirse que se tome en concepto de tal criada á otra y que quede Petrilla en concepto de hija y de viuda del pobre Apolodoro.
- 157de donde _x_ = 281 × 53 / 219 = 67 cuartillas. Y no sigo porque me parece que ya estoy abusando.
- 158Cuando concluya este epílogo, en vista de lo que me contesten, le pondré como remate ó contera el tercer verso del segundo terceto del soneto.
- 159desta suerte le daba dos palmaditas en la barriga y le soltaba diciendo á los circunstantes (que siempre eran muchos): pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro.»
- 160de esto y por nada de ello habré de justificarme.
- 161Catorce versos dicen que es soneto; Burla burlando van los tres delante.
- 162lo de que la gran regla de las reglas es agradar.
- 163La gran regla de las reglas es en este mi caso presente ir entreteniendo, deleitando é instruyendo ó sugiriendo si se puede al lector,--_pariterque monendo_, metamos este acreditado ripio ó relleno, pues cae mejor en latín--para llevarle suave y dulcemente á las trescientas páginas «que es el tipo.»
- 164lógica se vengará, estoy seguro de ello, se vengará en mí.
- 165Coged á Aristófanes, el gran cómico, al que no hubo bufonada que le arredrara, y ved cómo hace hablar en su comedia _Las ranas_ á Esquilo, el gran trágico. ¡Desgraciados de nosotros si no sabemos rebelarnos alguna vez contra la tirana! Nos tratará sin compasión, sin miramiento, sin piedad alguna, nos cargará de brutal trabajo y nos dará mezquina pitanza. En cambio, si alguna vez le enseñamos los puños y los dientes y nos revolvemos contra ella, haremos reir á los demás esclavos cuando la verga salpique de sangre nuestros lomos con sus golpes, pero la tirana nos mirará con otros ojos y nos llamará luego aparte á su retirada alcoba y allí nos mostrará la Lógica sus secretos encantos y nos regalará con sus caricias y seremos por algunos instantes no ya sus esclavos, sino sus dueños. Y allí lloraremos en sus brazos lágrimas de redención, lágrimas de las que purifican y aclaran la vista, lágrimas
- 166de las que desahogan el vaso del corazón rebosante de amarguras. Allí, en brazos de la tirana lloraremos: ¡bienaventurados los que se ríen porque ellos llorarán algún día! Y los que no se ríen, esos no podrán llorar y las lágrimas se les quedarán en el corazón, envenenándoselo.
- 167Ved sino que los hombres graves, los que sólo por fuera y en la máscara se ríen, languidecen en soberbia y en envidia y avanzan fatigosamente uncidos al yugo infame del sentido común, cobarde ministril y capataz de la tirana Lógica.
- 168Dejé ayer á prevención concluso el sentido al final de la cuartilla 18, después de hablar del efecto que la muerte de Apolodoro produjo al insondable don Fulgencio, y antes de ocuparme en el que á Petrilla produjo esa misma muerte, y lo dejé así con el objeto de poder intercalar entre las cuartillas 18 y 19 cuantas fueren menester. Y ahora, con objeto de poder cubrir ese hueco que á prevención dejé, voy á ver á don Fulgencio, en busca de lo que acerca del efecto que el suicidio de su discípulo le produjera.
- 169Vengo de ver á don Fulgencio, el cual no ha querido hablarme de los efectos en su espíritu de la violenta muerte de Apolodoro. Apenas le hablé de ello se me mostró muy afectado y dolorido y me dijo: «¡Pasemos á otra cosa!» Y al exponerle los motivos lógicos que me impelían á interrogarle sobre tan doloroso punto, me ha contestado diciéndome que la cosa se arreglaba muy bien publicando á seguida de mi relato y epílogo un trabajo cualquiera de él ó mío, cosa muy dentro de las costumbres y usos literarios. Y tirando del cajón sacó de él un manuscrito que me entregó diciéndome:
- 170contenido, es obra de arte tipográfico y no literario y su unidad ha
- 171de ser unidad de papel, de tipos, de caja, de impresión. Por lo demás encuentro justificadísimo lo de sus editores, y una de las cosas que más me gustan de nuestro libro inmortal, es que Juan Gallo de Andrada, escribano de cámara del rey don Felipe, certificara de que los señores del Consejo vieron el libro intitulado _El ingenioso Hidalgo de la Mancha_, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, y tasaran cada pliego de él á tres maravedís y medio, y teniendo el libro ochenta y tres pliegos, al dicho precio montaba el dicho libro--diciéndome esto tenía don Fulgencio abierto y á la vista el _Quijote_--doscientos y noventa maravedís y medio, en que se había de vender en papel, y dieron licencia para que á ese precio se pudiese vender, y mandaron poner esa tasa al principio del libro y que no se pudiese vender sin ella. Pienso escribir algo sobre esto de la tasa del _Quijote_. Y á propósito de
- 172Contad si son catorce y está hecho.
- 173APUNTES
- 174PARA UN TRATADO DE COCOTOLOGÍA
- 175PROLEGÓMENOS
- 176Lo del concepto de la ciencia nos llevará á tratar del problema del conocimiento, y con todo esto se puede llenar muy bien un tomo de regulares dimensiones.
- 177HISTORIA DE LA COCOTOLOGÍA
- 178RAZÓN DE MÉTODO
- 179ETIMOLOGÍA
- 180La palabra cocotología se compone de dos, de la francesa _cocotte_, pajarita de papel, y de la griega _logia_, de _logos_, tratado. La palabra francesa _cocotte_ es una palabra infantil y que se aplica en su sentido primitivo y recto á los pollos y por extensión á todas las aves. En sentido traslaticio á las pajaritas de papel y á las mozas de vida alegre. Aquí habré de extenderme en una comparación entre estas mozas y las pajaritas, frágiles como ellas.
- 181La primera cuestión que surge respecto al nombre de nuestra nueva ciencia es que es el tal un nombre híbrido, como el de _sociología_, compuesta de una palabra latina y otra griega, y son muchas las personas graves que han visto en eso del hibridismo de su título un fuerte argumento en contra de la nueva sociología.
- 182Con todas estas y otras consideraciones acerca del nombre, consideraciones que sacaré de mi cuadernillo rotulado _Onomástica_, justificaré la importancia capital que tiene el nombre que doy á la nueva ciencia, y como al nombrarla la creo. Porque el nombre y su etimología debe preceder á la definición misma.
- 183DEFINICIÓN
- 184IMPORTANCIA DE NUESTRA CIENCIA
- 185La importancia de la cocotología es que, como veremos más adelante, puede llegar á ser ciencia perfecta.
- 186LUGAR QUE OCUPA ENTRE LAS DEMÁS CIENCIAS Y SUS RELACIONES CON ÉSTAS
- 187DIVISIÓN
- 188EMBRIOLOGÍA
- 189consideraciones de como este tipo de la _trapeza papyracea_ lo vemos luego reproducido en todos aquellos organismos superiores, incluso el hombre, en que el cuerpo lleva las extremidades en vez de llevar éstas al cuerpo, y estudiaré el tipo _trapeza_ en la especie humana, en aquellos hombres cuya razón de ser es tener manos y pies.
- 190Después del tercer período viene el cuarto de donde se desarrolla, mediante un proceso que detallaré, la pajarita normal, caracterizada por tener cuatro costillas provenientes de las cuatro puntas primitivas y dos bolsas triangulares en la cabeza, á las que hay que dar denominación científica.
- 191Con los bolsillos le nace á la pajarita una especie de mandíbula y se le forma boca propiamente dicha. (A todo esto es absolutamente preciso que el lector coja un cuadrado de papel y vaya experimentando por sí mismo lo que decimos, pues la cocotología es á la vez que exacta una ciencia eminentemente experimental.)
- 192De los períodos sexto, sétimo, etc., nada diremos, pero sí haré juiciosas y hondas reflexiones acerca de la infinitud del número de estos períodos ó grados, de cómo son inacabables. Sin embargo, á cada nuevo grado el grosor de la pajarita crece y la materia opone serias resistencias á su perfección geométrica, que es su razón de ser, por lo cual esos grados superiores están condenados á perecer en la lucha por la existencia, ya que no se adaptan á la perfección geométrica. Y esto nos lleva á la anatomía de la pajarita.
- 193ANATOMÍA
- 194La razón de ser, en efecto, de la pajarita de papel es su perfección geométrica, perfección á que todas ellas tienden, aunque no logren alcanzarla jamás.
- 195La perfecta pajarita ha de poder ser inscrita en un cuadrado perfecto, como en la figura adjunta vemos, y si recordamos que el óvulo de que salió era un cuadrado de papel, veremos que su perfección consiste en poder inscribirse en su propio óvulo-cuadrado, en mantenerse fiel á su origen. Y de aquí deduciremos que la perfección de todo ser consiste en que se inscriba y atenga á su óvulo generador, en que se mantenga en los límites de su origen.
- 196Claro está que en las precarias y miserables condiciones de nuestra vida terrestre y dados entre otros inconvenientes los que la materia presenta--el grosor y otras imperfecciones del papel,--no hay pajarita alguna que cumpla con toda exactitud rigurosa su ideal, su ideal geométrico; ideal que se cierne en el mundo platónico de las ideas puras. El divino arquetipo de la pajarita es una especie geométrica que yace desde la eternidad en el seno de la Geometría. Cuanto más una pajarita se acerca á su arquetipo y cuanto se inscribe en más perfecto cuadrado, tanto más perfecta es ella y tanto más se acerca á la super-pajarita inaccesible.
- 197Vese, pues, que la perfección se adquiere á costa de personalidad, y que cuanto más perfecto ó arquetípico es un ser, tanto menos personal es, y veamos por aquí, mirándonos en las pajaritas como en espejo, si nos conviene aspirar al sobre-hombre, al hombre inscribible en óvulo perfecto, y si para lograr semejante perfección hemos de renunciar á nuestra personalidad cada uno. Cierto es que se nos ha dicho que seamos perfectos como nuestro Padre celestial, pero esto es como un término inaccesible á que debemos tender.
- 198Después de haber desarrollado debidamente estos tan importantes problemas que la cocotología plantea, convendrá que me fije en las
- 199Lo vemos en la arquitectura, en que las formas de conjunto están condicionadas por el elemento, por la célula arquitectónica, que se emplee, y así tenemos arquitectura en madera, imitada luego en piedra, arquitectura en piedra ó de sillares, arquitectura del ladrillo y hasta arquitectura del hierro. Para desarrollar este punto, consultaré las obras especiales de arquitectura y me dará lugar á ilustrar esta parte de mi obra con profusión de grabados de los principales monumentos egipcios, asirios, caldeos, frigios, griegos, etc., etc.
- 200Vamos ahora á la China, á ese país antiquísimo que guarda las más venerables reliquias de la infancia del género humano. Y una vez en China haré un caluroso elogio del interesante pueblo chino para concluir encareciendo la importancia del _tangram_ ó _chinchuap_, especie de rompecabezas chinesco, que sirve de distracción á los niños y que se ha adoptado en no pocas escuelas de Europa para desarrollar el sentido geométrico de los niños. Consta el tangram de siete piecitas de madera ú otra materia, cortadas al modo que se ve en la figura adjunta y con las cuales puede hacerse todo género de combinaciones. Es un juego muy conocido.
- 201ORIGEN Y FIN DE LA PAJARITA
- 202La tentación continúa, pues estoy completamente convencido de que todo eso del trasformismo no es más que una añagaza puesta con divina astucia á nuestra razón para ver si ésta se deja seducir y cree más en sí misma que en lo que debe creer y á que debe confiarse.
- 203Cierto es también que apóstoles del error y de la mentira os hablaron de cierta quisicosa que llamaban revelación natural y de que Dios habla por sus obras y de que es la naturaleza su palabra, su verbo, y de que El os enseñaba el trasformismo y de que era esta una doctrina profundamente religiosa y piadosa en cuanto mostraba al hombre una indefinida ascensión de mejora, pero todo eso eran trampas que se os ponía para probar vuestra fe. Y así como á Faraón se le endureció el corazón y una vez con el corazón endurecido no respondió cuando se le llamaba y fué por ello castigado, así se os castigará ahora por haber creído antes á vuestra razón que no á antiquísimas y venerandas palabras.» Y sonará la fatídica trompeta.
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