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Literatura

Apuntes a la luz de la lámpara

Edição BooksWhale em espanhol por Lu Xun

Título original: 鲁迅杂文集

Una selección de ensayos breves de Lu Xun sobre cultura, lenguaje, poder, memoria y la vida intelectual de la China moderna.

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Introdução do livro

Apuntes a la luz de la lámpara

Apuntes a la luz de la lámpara reúne la mirada crítica y la prosa incisiva de Lu Xun: ensayos sobre la cultura, la educación, la memoria histórica, la autoridad y las contradicciones de la vida moderna.

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Los ensayos chinos subyacentes se publicaron por primera vez en la década de 1920 y Lu Xun murió en 1936. Este texto español es una nueva traducción preparada y revisada por una persona con asistencia de IA, y no reproduce una traducción moderna protegida por derechos de autor.

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Apuntes a la luz de la lámpara

Lu Xun

Capítulo de préviaCómo debemos ser padres hoyPrévia

Mi intención original al escribir este artículo era, en realidad, estudiar cómo reformar la familia. Y como en China la autoridad de los padres es grande, y la del padre todavía mayor, deseaba especialmente expresar algunas opiniones sobre la relación entre padres e hijos, considerada desde siempre sagrada e inviolable. En resumidas cuentas, se trata simplemente de llevar la revolución hasta la figura del padre. Pero ¿por qué adoptar con tanta solemnidad un título de nueve caracteres? Hay dos razones.

La primera es que los «discípulos de los sabios» chinos detestan, por encima de todo, que alguien sacuda dos cosas que consideran suyas. Una de ellas no hace falta mencionarla, pues nada tiene que ver con nosotros; la otra es el orden tradicional de las relaciones humanas, sobre el cual nosotros, sin embargo, no podemos evitar hacer de vez en cuando algunos comentarios. Por esa razón, y mediante asociaciones forzadas, nos hemos ganado numerosos calificativos infamantes, como «destructores de las relaciones morales» o «gente de conducta bestial». Ellos consideran que el padre posee un poder y una autoridad absolutos sobre el hijo. Si habla el padre, naturalmente todo le está permitido; pero si el hijo tiene algo que decir, ya está equivocado incluso antes de abrir la boca. Sin embargo, abuelos, padres, hijos y nietos no son sino eslabones sucesivos en el puente de la vida, y ninguno ocupa una posición fija e inmutable. El hijo de hoy será el padre de mañana y, posteriormente, el abuelo. Sé que tanto nosotros como nuestros lectores, si no somos ya padres en ejercicio, somos sin duda padres en perspectiva, y todos tenemos además la posibilidad de convertirnos en antepasados. La única diferencia es el tiempo. Para ahorrarnos muchas complicaciones, podemos, sin ceremonias, adelantarnos y ocupar la posición dominante, adoptar la dignidad paterna y hablar de nuestros hijos y de nosotros mismos. Así, no solo encontraremos menos dificultades cuando llegue el momento de poner nuestras ideas en práctica, sino que, en China, todo parecerá perfectamente legítimo y evitaremos asustar a los «discípulos de los sabios». De este modo mataremos dos pájaros de un tiro. Por eso digo: «Cómo debemos ser padres».

La segunda razón es que ya he tratado brevemente el problema de la familia en mis «Reflexiones ocasionales» (números 25, 40 y 49), publicadas en Nueva Juventud. La idea esencial de aquellos escritos puede resumirse así: a partir de nosotros mismos, debemos liberar a quienes vienen después. En realidad, liberar a los hijos debería ser algo perfectamente normal y no tendría por qué suscitar debate alguno. Pero los ancianos chinos han sido envenenados tan profundamente por las antiguas costumbres y las viejas ideas que resulta imposible hacerlos entrar en razón. Por ejemplo, si un joven oye graznar a un cuervo por la mañana, no le concede la menor importancia; en cambio, un anciano supersticioso puede pasar medio día abatido por ello. Es lamentable, pero no tiene remedio. Puesto que no hay remedio, debemos comenzar por quienes han despertado, y cada uno debe liberar a sus propios hijos. Debemos cargar sobre nuestras espaldas el peso de las tradiciones heredadas y sostener con nuestros hombros las pesadas puertas de la oscuridad para dejar que ellos salgan hacia un espacio amplio y luminoso, donde puedan vivir felices y comportarse como seres humanos de manera razonable.

Además, una vez dije que yo no era un creador, y por ello recibí una reprimenda en un artículo titulado «Nuevas lecciones», publicado en un periódico de Shanghái. Pero cuando comentamos los asuntos del mundo, debemos empezar por examinarnos a nosotros mismos y no fingir lo que no somos; solo así nuestras palabras tendrán algún valor y podremos responder de ellas ante nosotros mismos y ante los demás. Sé muy bien que no solo no soy un creador, sino que tampoco soy un descubridor de verdades. Todo cuanto digo o escribo consiste únicamente en extraer, de las cosas que he visto y oído en la vida cotidiana, algunas ideas que me parecen razonables. En cuanto a las verdades últimas y definitivas, no puedo conocerlas. Ni siquiera puedo decir hasta dónde habrán avanzado o cómo habrán cambiado las teorías dentro de unos pocos años. Únicamente creo que, en comparación con el presente, habrá nuevos avances y nuevas transformaciones. Por eso digo: «Cómo debemos ser padres hoy».

Capítulo de préviaReflexiones ocasionales, XXXVPrévia

Desde los últimos años de la dinastía Qing hasta nuestros días, he oído repetir constantemente la expresión «preservar la esencia nacional».

En las postrimerías de los Qing, quienes pronunciaban esas palabras pertenecían aproximadamente a dos categorías: los patriotas y los altos funcionarios que habían viajado al extranjero. Cada grupo escondía una intención distinta detrás de aquella consigna. Cuando los patriotas hablaban de preservar la esencia nacional, querían decir que había que recuperar las antiguas instituciones nacionales. Cuando lo decían los altos funcionarios, pretendían que los estudiantes enviados al extranjero no se cortaran la coleta.

Ahora vivimos en una república. Los dos problemas mencionados han desaparecido por completo. Por eso no consigo comprender a qué clase de personas pertenecen quienes siguen repitiendo esas palabras ni qué intenciones ocultan detrás de ellas.

Pero tampoco comprendo su significado literal.

¿Qué es la «esencia nacional»? Si atendemos a las palabras, debe tratarse de algo que posee exclusivamente una nación y que ninguna otra tiene. Dicho de otro modo, algo peculiar. Pero lo peculiar no es necesariamente bueno. ¿Por qué habría que conservarlo?

Supongamos que a una persona le crece un tumor en la cara o una llaga inflamada en la frente. Sin duda se distingue de las demás y presenta una apariencia especial; podríamos considerar esas características como su «esencia». Sin embargo, a mi juicio, sería preferible extirpar esa «esencia» y quedar igual que los demás.

Si alguien afirma que la esencia nacional de China es peculiar y, además, excelente, ¿cómo se explica que el país haya llegado a una situación tan lamentable, ante la cual los partidarios de lo nuevo sacuden la cabeza y los defensores de lo antiguo suspiran?

Si se responde que precisamente hemos llegado a esta situación por no haber sabido preservar nuestra esencia nacional y por haber abierto nuestras fronteras marítimas, y que por ello debemos preservarla, entonces habría que recordar que, antes de esa apertura, todo el país estaba lleno de «esencia nacional» y debería haber prosperado. ¿Por qué, entonces, durante los períodos de Primavera y Otoño, los Reinos Combatientes, los Cinco Pueblos Bárbaros y los Dieciséis Reinos, las luchas no cesaron jamás y los antiguos tampoco dejaron de lamentarse?

Si alguien replica que aquello sucedió porque no se seguían las enseñanzas de Cheng Tang, los reyes Wen y Wu y el duque de Zhou, ¿cómo explicar que en los propios tiempos de Cheng Tang, Wen, Wu y el duque de Zhou existieran primero las crueldades de Jie y Zhou Xin y después las rebeliones de los obstinados súbditos de Yin? ¿Y por qué surgieron posteriormente los períodos de Primavera y Otoño, los Reinos Combatientes, los Cinco Pueblos Bárbaros y los Dieciséis Reinos, con sus interminables conflictos y los continuos lamentos de los antiguos?

Un amigo mío lo expresó muy bien:

«Si quieren que preservemos la esencia nacional, también es necesario que esa esencia nacional sea capaz de preservarnos a nosotros».

Preservarnos a nosotros mismos es, ciertamente, lo primero.

Solo debemos preguntarnos si algo posee la capacidad de preservarnos, sin preocuparnos de si constituye o no una esencia nacional.

Sumário

Nesta edição

  1. 01Full text
  2. 02Cómo debemos ser padres hoy
  3. 03Reflexiones ocasionales, XXXV
  4. 04Pensamientos repentinos (V y VI)
  5. 05V
  6. 06VI
  7. 07Los mentores
  8. 08Las tres almas del mundo académico
  9. 09Reflexiones del día de despedida al Dios de la Cocina
  10. 10Rosas sin flores
  11. 11Breves consideraciones sobre los rostros chinos
  12. 12Ser humano + animalidad = occidental
  13. 13Ser humano + naturaleza de animal doméstico = cierta clase de persona
  14. 14La evolución de los maleantes
  15. 15Propaganda y representación teatral
  16. 16Los límites de la libertad de expresión
  17. 17Arena
  18. 18El arte del segundo payaso
  19. 19Qué difícil es hacerse el ignorante
  20. 20La escuela de Pekín y la escuela de Shanghái
  21. 21Los hombres del norte y los del sur
  22. 22Matar con insultos y matar con elogios
  23. 23Confucio en la China moderna
  24. 24Reflexiones escritas bajo la lámpara
  25. 25I
  26. 26II
  27. 27Sobre la expresión «¡Su madre!»
  28. 28Reflexiones ocasionales, XXXVIII
  29. 29Reflexiones ocasionales, LIX: «La fuerza militar sagrada»
  30. 30El espíritu de la argumentación
  31. 31El guerrero y las moscas
  32. 32Reflexiones diversas
  33. 33Esto y aquello
  34. 34I. Leer los clásicos y leer historia
  35. 35II. Elevar y excavar
  36. 36III. Ser el primero y ser el último
  37. 37IV. Aborto y extinción del linaje
  38. 38Sobre los emperadores
  39. 39Pequeñas reflexiones diversas
  40. 40Una página de la historia de las campañas de nuestro país contra Rusia
  41. 41Contemplar las peleas
  42. 42Los descuentos en la literatura
  43. 43En memoria de los que quiero olvidar
  44. 44I
  45. 45II
  46. 46III
  47. 47IV
  48. 48V
  49. 49Sobre Jin Shengtan
  50. 50El secreto de la experiencia mundana
  51. 51La tradición secreta de los engaños
  52. 52Trepar y lanzarse
  53. 53La evolución del hombre
  54. 54Hacer cuentas
  55. 55Dos deseos para la Fiesta del Medio Otoño
  56. 56O:
  57. 57En recuerdo del señor Liu Bannong
  58. 58Conversaciones diversas después de una enfermedad
  59. 59I
  60. 60O:
  61. 61II
  62. 62III
  63. 63IV
  64. 64Los ermitaños
  65. 65Sobre la expresión «La opinión pública es temible»
  66. 66Borradores de «Título aún por decidir» (VI-IX)
  67. 67VI
  68. 68VII
  69. 69O:
  70. 70La diosa del río Xiang toca la cítara en el examen provincial
  71. 71Escrito en una posada de Chang'an después de suspender el examen
  72. 72VIII
  73. 73O:
  74. 74IX
  75. 75Breve colección de mediados de verano
  76. 76I
  77. 77II
  78. 78III
  79. 79IV
  80. 80V
  81. 81VI
  82. 82VII
  83. 83VIII
  84. 84IX
  85. 85La muerte
  86. 86La literatura en tiempos de revolución
  87. 87Conferencia pronunciada el 8 de abril en la Academia Militar de Huangpu
  88. 88Conversaciones sobre la lectura
  89. 89Conferencia pronunciada el 16 de julio en la Escuela Secundaria Zhiyong de Guangzhou
  90. 90El espíritu de las dinastías Wei y Jin y las relaciones entre literatura, medicamentos y vino
  91. 91Conferencia pronunciada en septiembre durante el ciclo académico de verano de Guangzhou
  92. 92La China silenciosa
  93. 93Conferencia pronunciada el 16 de febrero en la Asociación de Jóvenes de Hong Kong
  94. 94Panorama general de la nueva literatura actual
  95. 95Cómo empecé a escribir novelas
  96. 96El secreto de escribir
  97. 97Notas dispersas sobre la lectura (I)
  98. 98Notas dispersas sobre la lectura (III)
  99. 99Los caracteres chinos y la latinización
  100. 100Conversaciones literarias desde la puerta
  101. 101I. Comienzo
  102. 102IV. Escribir caracteres equivale a dibujar
  103. 103VI. Así se convirtió la escritura en una mercancía preciosa
  104. 104VII. Escritores que no saben leer ni escribir
  105. 105X. No es necesario alarmarse
  106. 106XI. Las masas no son tan estúpidas como imaginan los letrados
  107. 107XII. Conclusión
  108. 108Respuesta a una consulta de una sociedad literaria

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