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Literatura

La devoción de la cruz

Edição BooksWhale em espanhol por Pedro Calderón de la Barca

Un drama barroco sobre culpa, violencia, gracia y redención, construido alrededor del símbolo de la cruz.

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Introdução do livro

La devoción de la cruz

Un drama barroco sobre culpa, violencia, gracia y redención, construido alrededor del símbolo de la cruz. Calderón enfrenta pecado y redención a través de una historia de violencia, arrepentimiento y fe marcada por el símbolo de la cruz.

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Esta edição se baseia em um texto em domínio público e foi preparada pela BooksWhale para leitura digital.

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Pedro Calderón de la Barca died in 1681; this religious drama is public domain.

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La devoción de la cruz

Pedro Calderón de la Barca

Capítulo de préviaElencoPrévia

EUSEBIO. LISARDO. CURCIO, viejo. OCTAVIO. CELIO.

RICARDO. ARMINDA. GIL, gracioso. MENGA.

JULIA. Villanos. ALBERTO. Bandoleros.

[CHILINDRINA.] [BLAS.] [TIRSO.] [TORIBIO.]

Capítulo de préviaActo IPrévia

Dentro.

MENGA

¡Verá por dó va la burra!

GIL

¡Lo demonio, jo mohína!

MENGA

Ya verás por do camina: ¡arre acá!

GIL

¡El diabro me aburra!, ¿no hay quien una cola tenga, pudiendo tenerla mil?

(Salen.)

MENGA

¡Buena hacienda has hecho, Gil!

GIL

¡Buena hacienda has hecho, Menga, que tú la culpa tuviste! Que como ibas caballera, que en el hoyo se metiera al oído le dijiste por hacerme regañar.

MENGA

Por verme caer a mí se lo dijiste, eso sí.

GIL

¿Cómo la hemos de sacar?

MENGA

¿Pues en el lodo la dejas?

GIL

No puede mi fuerza sola.

MENGA

Yo tiraré de la cola; tira tú de las orejas.

GIL

Mejor remedio sería hacer el que aprovechó a un coche que se atascó en la corte esotro día. Este coche, Dios delante, que arrastrado de dos potros, parecía entre los otros pobre coche vergonzante, y por maldición muy cierta de sus padres, ¡hado esquivo!, iba de estribo en estribo, ya que no de puerta en puerta.

GIL

En un arroyo atascado, con ruegos el caballero, con azotes el cochero, ya por fuerza, ya por grado, ya por gusto, ya por miedo, que saliesen procuraban, por recio que lo mandaban, mi coche quedo que quedo. Viendo que no importa nada cuantos remedios hicieron, delante el coche pusieron un harnero de cebada. Los caballos, por comer, de tal manera tiraron, que tosieron y arrancaron, y esto podemos hacer.

MENGA

¡Que nunca valen dos cuartos tus cuentos!

GIL

Menga, yo siento ver un animal hambriento, donde hay animales hartos.

MENGA

Voy al camino a mirar si pasa de nuestra aldea gente, cualquiera que sea, porque te venga a ayudar, pues te das tan pocas mañas.

GIL

¿Vuelve, Menga, tu porfía?

MENGA

¡Ay burra del alma mía!

(Vase.)

GIL

¡Ay burra de mis entrañas! Tú fuiste la más honrada burra de toda la aldea; que no ha habido quien te vea nunca mal acompañada. No eras nada callejera, di mijor gana te estabas en tu pesebre, que andabas cuando te llevaban fuera. Pues ¿altanera y liviana? Bien me atrevo a jurar yo, que ninguno burro la vio asomada a la ventana.

GIL

Ya sé que no merecía tu lengua desdicha tal; pues jamás para habrar mal dijo «aquesta boca es mía». Pues como a ella le sobre de lo que comiendo está, luego al punto se lo da a alguna borrica pobre. (Dentro ruido.) Mas ¿qué ruido es este? Allí de dos caballos se apean dos hombres, y hacia mí vienen, después que atados los dejan. ¡Descoloridos, y al campo de mañana! Cosa es cierta, que comen barro o están opilados. Mas ¿si fueran bandoleros?, ¡aquí es ello! Pero lo que fuere sea, aquí me escondo, que andan, que corren, que salen, que entran.

(Salen LISARDO y EUSEBIO.)

LISARDO

No pasemos adelante, porque esta estancia encubierta y apartada del camino, es para mi intento buena. Sacad, Eusebio, la espada, que yo de aquesta manera a los hombres como vós saco a reñir.

EUSEBIO

Aunque tenga bastante causa en haber llegado al campo, quisiera saber lo que a vós os mueve. Decid, Lisardo, la queja que de mí tenéis.

LISARDO

Son tantas, que falta voz a la lengua, razones a la razón, al sufrimiento paciencia. Quisiera, Eusebio, callarlos, y aun olvidarlos quisiera; porque cuando se repite hace de nuevo la ofensa. ¿Conocéis estos papeles?

EUSEBIO

Arrojaldos en la tierra, yo los alzaré.

LISARDO

Tomad, ¿qué os suspendéis? ¿qué os altera?

EUSEBIO

¡Mal haya el hombre, mal haya mil veces aquel que entrega sus secretos a un papel! Porque es disparada piedra, que se sabe quién la tira, y no se sabe a quién llega.

LISARDO

¿Habeislos ya conocido?

EUSEBIO

Todos están de mi letra, que no la puedo negar.

Sumário

Nesta edição

  1. 01Full text
  2. 02Elenco
  3. 03Acto I
  4. 04Acto II
  5. 05Acto III

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