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español Edición

Literatura

El caballero de Olmedo

Edición BooksWhale en español de Lope de Vega

Una tragedia lírica de amor, honor, presagio y muerte en el teatro clásico español.

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Introducción del libro

El caballero de Olmedo

El caballero de Olmedo convierte una leyenda popular en drama de amor y fatalidad. Don Alonso, doña Inés y Rodrigo quedan atrapados entre galantería, celos, fiesta, canción y amenaza, mientras Lope despliega una de sus piezas más intensas y memorables.

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Esta edición se basa en un texto de dominio público y fue preparada por BooksWhale para lectura digital.

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Lope de Vega died in 1635, and El caballero de Olmedo belongs to his early seventeenth-century dramatic works. These dates support the public-domain basis for the Spanish source text used in this edition.

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El caballero de Olmedo

Félix Lope de Vega y Carpio

Capítulo de vista previaPersonajes:Vista previa

Don Alonso.

Don Fernando.

El Rey Don Juan II.

Doña Inés.

Ana.

Tello.

Un Labrador.

Don Rodrigo.

Don Pedro.

El Condestable.

Doña Leonor.

Fabia.

Mendo.

Una Sombra.

Criados, acompañamiento, gente

La acción pasa en Medina del Campo, en Olmedo y en un camino

Capítulo de vista previaActo IVista previa

Calle en Medina del Campo

Don Alonso, solo

Alonso:

Amor, no te llame amor

el que no te corresponde,

pues que no hay materia adonde

no imprima forma el favor.

Naturaleza, en rigor

conservó tantas edades

correspondiendo amistades;

que no hay animal perfecto,

si no asiste a su conceto

la unión de dos voluntades.

De los espíritus vivos

de unos ojos procedió

este amor, que me encendió

con fuegos tan excesivos.

No me miraron altivos,

antes con dulce mudanza

me dieron tal confianza;

que, con poca diferencia,

pensando correspondencia,

engendra amor esperanza.

Ojos, si ha quedado en vos

de la vista el mismo efeto,

amor vivirá perfeto,

pues fue engendrado de dos;

pero si tú, ciego dios,

diversas flechas tomaste,

no te alabes que alcanzaste

la victoria, que perdiste

si de mí solo naciste,

pues imperfeto quedaste.

Tello, Fabia y Don Alonso

Fabia: (A Tello)

¿A mí, forastero?

Tello:

A ti.

Fabia:

Debe de pensar que yo

soy perro de muestra.

Tello:

No.

Fabia:

¿Tiene algún achaque?

Tello:

Sí.

Fabia:

¿Qué enfermedad tiene?

Tello:

Amor.

Fabia:

Amor, ¿de quién?

Tello:

Allí esta,

y él, Fabia, te informará

de lo que quiere mejor.

Fabia: (a Don Alonso.)

Dios guarde tal gentileza.

Don Alonso:

Tello, ¿es la madre?

Tello:

La propia.

Don Alonso:

¡Oh Fabia! ¡Oh retrato! ¡Oh copia

de cuanto Naturaleza

puso en ingenio mortal!

¡Oh peregrino dotor,

y para enfermos de amor

Hipócrates celestial!

Dame a besar esa mano,

honor de las tocas, gloria

del monjil.

Fabia:

La nueva historia

de tu amor cubriera en vano

vergüenza o respeto mío;

que ya en tus caricias veo

tu enfermedad.

Don Alonso:

Tu deseo

es dueño de mi albedrío.

Fabia:

El pulso de los amantes

es el rostro. Aojado estás:

¿qué has visto?

Don Alonso:

Un ángel.

Fabia:

¿Qué más?

Don Alonso:

Dos imposibles, bastantes,

Fabia, a quitarme el sentido,

que es dejarla de querer,

y que ella me quiera.

Fabia:

Ayer

te vi en la feria perdido

tras una cierta doncella,

que en forma de labradora

encubría el ser señora,

no el ser tan hermosa y bella:

que pienso que doña Inés

es de Medina la flor.

Don Alonso:

Acertaste con mi amor.

Esa labradora es

fuego que me abrasa y arde.

Fabia:

Alto has picado.

Don Alonso:

Es deseo

de su honor.

Fabia:

Así lo creo.

Don Alonso:

Escucha, así Dios te guarde.

Por la tarde salió Inés

a la feria de Medina,

tan hermosa, que la gente

pensaba que amanecía:

rizado el cabello en lazos;

que quiso encubrir la liga,

porque mal caerán las almas

si ven las redes tendidas.

Los ojos a lo valiente

iban perdonando vidas,

aunque dicen los que deja

que es dichoso a quien la quita.

Las manos haciendo tretas;

que como juego de esgrima,

tiene tanta gracia en ellas,

que señala las heridas.

Las valonas esquinadas

en manos de nieve viva;

que muñecas de papel

se han de poner en esquinas.

Con la caja de la boca

allegaba infantería,

porque sin ser capitán,

hizo gente por la villa.

Los corales y las perlas

dejó Inés, porque sabía

que las llevaban mejores

los dientes y las mejillas.

Sobre un manteo francés

una verdemar basquiña,

porque tenga en otra lengua

de su secreto la cifra.

No pensaron las chinelas

llevar de cuantos la miran

los ojos en los listones,

las almas en las virillas.

No se vio florido almendro

como todo parecía;

que del olor natural

son las mejores pastillas.

Invisible fue con ella

el amor, muerto de risa

de ver, como pescador,

los simples peces que pican.

Unos le ofrecieron sartas,

y otros arracadas ricas:

pero en oídos de áspid

no hay arracadas que sirvan.

Cuál da su garganta hermosa

el collar de perlas finas;

pero como toda es perla,

Índice

Dentro de esta edición

  1. 01Full text
  2. 02Personajes:
  3. 03Acto I
  4. 04Acto II
  5. 05Acto III

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