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Literatura

Tabaré

Edición BooksWhale en español de Juan Zorrilla de San Martín

El poema épico uruguayo sobre memoria indígena, identidad nacional, amor y destino trágico.

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Introducción del libro

Tabaré

Tabaré es una obra central de la literatura uruguaya y del romanticismo hispanoamericano tardío. El poema reúne leyenda, historia, paisaje, conflicto cultural y construcción nacional, ofreciendo una lectura clásica para poesía épica y literatura de América Latina.

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Esta edición se basa en un texto de dominio público y fue preparada por BooksWhale para lectura digital.

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Juan Zorrilla de San Martín murió en 1931 y Tabaré se publicó en 1888; estas fechas respaldan el dominio público de esta edición española original.

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Tabaré

Juan Zorrilla de San Martín

Tabaré

Tabaré (1887) de Juan Zorrilla de San Martín Tabaré Tabaré 1887 Juan Zorrilla de San Martín París

Tabaré de Juan Zorrilla de San Martín A mi esposa Elvira Blanco de Zorrilla.

Te dedico TABARE... Y qué he de hacer?

Si fuera a esperar la época en que podré o no producir algo digno de ti, tendría que renunciar a la satisfacción de escribir tu nombre, que me es tan querido, al frente de una de mis obras.

Te lo dedico, pues; a ti, la inspiradora de aquellos mis primeros cantos de amor que aun me parece escuchar a la distancia, coma una serenata que acaba de pasar por mi lado, y cuyos acordes lejanos se desvanecen en una queja llena de melancolía.

Viejo ya, aunque sin canas, quizá sin muchos años, siento llegar hasta mí, fundidas en un solo acorde, las últimas notas de aquellos cantos de adolescente y las primeras risas de nuestros hijos. Hay algo de todo eso en la inspiración, que ha dado vida, mas o menos efímera, a este poema: hay, por consiguiente mucho que es tuyo; tu espíritu y el mío palpitan identificados en él.

Sin duda por eso he mirado a Tabaré con predilección; tú lo sabes pues ha sido tu rival durante muchas de esas pocas horas que el trabajo incesante o las preocupaciones de mi agitada vida me han dejado libre, y que hubieran sido tuyas y de nuestros hijos si no me las hubiera reclamado con derecho el pobre indio, soñada personificación de una estirpe muerta que, cuando menos, tiene derecho a nuestra compasión.

Cuántas veces, aunque no muy de grado, ahuyentaste de mi mesa de labor, a nuestra querida y bulliciosa caterva para hacer silencio en torno de la cura de mi charrúa!

Quiero devolverte esas horas dedicándote la obra a que ellas fueron consagradas. Lee una que otra vez a nuestros hijos algunas de las estrofas de este pedazo de historia de nuestra patria, de esta su hermosa patria uruguaya, que con tanto tesón les enseñamos a amar después de Dios.

Si ellos llegaron a advertir que esta página íntima está echada en el destierro, recuérdales, pues tú lo sabes, que no debe culparse de ello a la patria, y enseñarles a preferir siempre el sufrimiento, que tú has sobrellevado conmigo, al abandono de su misión moral en la tierra.

No sin algún pesar me separo de Tabaré para darlo al público. El ha sido mi compañero inseparable y bueno durante estos últimos años de tantas amarguras para mi espíritu y, lo que es peor, de tantas desgracias para nuestro país. Pero va a tus manos, y esto hace menos sensible la despedida.

Que tú quieres también un poco a mi indio, cine tú lo mirarás con menos indiferencia de lo que él acaso merece, me lo demuestra el hecho de haber tú sentido una antipatía y una repulsión invencibles, hacia D. Gonzalo de Orgaz porque lo hirió de muerte en el bosque. Si a ti se te hubiera dado a elegir el desenlace de mi poema, yo bien se cuál hubiera elegido.

No podía ser!

No: tu idea era imposible. Blanca (tu raza, nuestra raza) ha quedado viva sobre el cadáver del charrúa.

Pero, en cambio, las últimas notas que escucharás en mi poema son los lamentos de la española y la oración del monje; la voz de nuestra raza y el acento de nuestra fe: la caridad cristiana y la misericordia eterna.

El poeta no puede decir mentiras por más dulces que ellas sean.

Te ríes?

Pues no te lo digo en broma. El arte es la verdad, la alta verdad inoculada en la ficción como un sople vivificante y eterno: de ahí que la verdad, lo real en el arte, no esté en la forma, como lo eterno en el hombre no está en el cuerpo.

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