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Littérature
En las orillas del Sar
Édition BooksWhale en espagnol par Rosalía de Castro
Un libro esencial de poesía española sobre melancolía, paisaje, intimidad y pérdida.
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Introduction du livre
En las orillas del Sar
En las orillas del Sar reúne una voz poética de extraordinaria modernidad, marcada por la soledad, la memoria, la naturaleza y el dolor interior. Rosalía de Castro convierte el paisaje gallego y la experiencia íntima en una poesía sobria y profunda.
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Rosalía de Castro murió en 1885 y En las orillas del Sar se publicó en 1884; estas fechas respaldan el fundamento de dominio público de esta edición española original.
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En las orillas del Sar
Rosalía de Castro
Ya que de la esperanza para la vida mía
Triste y descolorido ha llegado el ocaso,
Á mi morada obscura, desmantelada y fría
Tornemos paso á paso,
Porque con su alegría no aumente mi amargura
La blanca luz del día.
Contenta el negro nido busca el ave agorera,
Bien reposa la fiera en el antro escondido,
En su sepulcro el muerto, el triste en el olvido,
Y mi alma en su desierto.
* * *
Los unos altísimos,
Los otros menores,
Con su eterno verdor y frescura,
Que inspira á las almas
Agrestes canciones,
Mientras gime al rozar con las aguas
La brisa marina, de aromas salobres,
Van en ondas subiendo hacia el cielo
Los pinos del monte.
De la altura la bruma desciende
Y envuelve las copas
Perfumadas, sonoras y altivas
De aquellos gigantes
Que el _Castro_ coronan;
Brilla en tanto á sus pies el arroyo
Que alumbra risueña
La luz de la aurora,
Y los cuervos sacuden sus alas,
Lanzando graznidos
Y huyendo la sombra.
El viajero, rendido y cansado,
Que ve del camino la línea escabrosa
Que aún le resta que andar, anhelara,
Deteniéndose al pie de la loma,
De repente quedar convertido
En pájaro ó fuente,
En árbol ó en roca.
***
Era apacible el día
Y templado el ambiente,
Y llovía, llovía,
Callada y mansamente;
Y mientras silenciosa
Lloraba yo y gemía,
Mi niño, tierna rosa,
Durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!
Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece á corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la hierba.
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!...
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar á amaros ni á ofenderos.
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
Te espera aún con amoroso afán,
Y vendrás ó iré yo, bien de mi vida,
Allí donde nos hemos de encontrar.
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
Que no morirá jamás,
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
Á desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
Yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
—Mas... es verdad—ha partido,
Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
De un día en este mundo terrenal,
En donde nace, vive y al fin muere,
Cual todo nace, vive y muere acá.
***
Una luciérnaga entre el musgo brilla
Y un astro en las alturas centellea,
Abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿Qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
Indaga y busca en lo insondable, ¡oh ciencia!
Siempre al llegar al término, ignoramos
Qué es al fin lo que acaba y lo que queda.
Arrodillada ante la tosca imagen,
Mi espíritu, abismado en lo infinito,
Impía acaso, interrogando al cielo
Y al infierno á la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
Con sus ecos responde á mis gemidos
Desde la altura, y sin esfuerzo el llanto
Baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
Lo puedes ver y comprender, Dios mío!
¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
Piadoso y compasivo
Vuelve á mis ojos la celeste venda
De la fe bienhechora que he perdido,
Y no consientas, no, que cruce errante
Chapitre d'aperçuMARGARITAAperçu
MARGARITA
Chapitre d'aperçuIAperçu
¡Silencio, los lebreles
De la jauría maldita!
No despertéis á la implacable fiera
Que duerme silenciosa en su guarida.
¿No veis que de sus garras
Penden gloria y honor, reposo y dicha?
Prosiguieron aullando los lebreles...
—¡Los malos pensamientos homicidas!—
Y despertaron la temible fiera...
—¡La pasión que en el alma se adormía!—
Y ¡adiós!, en un momento,
¡Adiós gloria y honor, reposo y dicha!
Table des matières
Dans cette édition
- 01Full text
- 02MARGARITA
- 03I
- 04II
- 05III
- 06LOS TRISTES
- 07I
- 08II
- 09III
- 10IV
- 11V
- 12VI
- 13VII
- 14LOS ROBLES
- 15I
- 16II
- 17III
- 18IV
- 19I
- 20II
- 21I
- 22II
- 23¡VOLVED!
- 24I
- 25II
- 26LAS CANCIONES QUE OYÓ LA NIÑA
- 27UNA
- 28OTRA
- 29LA CANCIÓN
- 30QUE OYÓ EN SUEÑOS EL VIEJO
- 31I
- 32II
- 33III
- 34I
- 35II
- 36III
- 37IV
- 38V
- 39VI
- 40I
- 41II
- 42I
- 43II
- 44SANTA ESCOLÁSTICA
- 45I
- 46II
- 47III
- 48IV
- 49I
- 50II
- 51III
- 52IV
- 53V
- 54VI
- 55Á LA LUNA
- 56I
- 57II
- 58III
- 59IV
- 60LAS CAMPANAS
- 61I
- 62II
- 63I
- 64II
- 65APÉNDICE
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