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Littérature

Madame Bovary

Édition BooksWhale en espagnol par Gustave Flaubert

La tragedia de Emma Bovary, atrapada entre el deseo romántico, el matrimonio provinciano y el precio de sus ilusiones.

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Introduction du livre

Madame Bovary

Emma Bovary busca en los libros, los amantes y el lujo una vida más intensa que la que le ofrece su matrimonio. Flaubert convierte su frustración íntima en un retrato preciso de la provincia, el consumo, la hipocresía y la distancia entre la fantasía romántica y la realidad cotidiana.

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Gustave Flaubert murió en 1880 y Madame Bovary se publicó por primera vez en 1857. La obra francesa de origen es de dominio público; esta edición española es una traducción interna autorizada con asistencia de IA.

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Madame Bovary

Gustave Flaubert

Chapitre d'aperçuPRIMERA PARTEAperçu

PRIMERA PARTE

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Estábamos en la sala de estudio cuando entró el director, seguido de un nuevo vestido de paisano y de un mozo de clase que llevaba un gran pupitre. Los que dormían se despertaron, y todos se levantaron como sorprendidos en pleno trabajo.

El director nos hizo una seña para que volviéramos a sentarnos; luego, volviéndose hacia el maestro de estudios:

—Señor Roger —le dijo a media voz—, aquí tiene a un alumno que le recomiendo; entra en quinto curso. Si su trabajo y su conducta son meritorios, pasará a las clases superiores, como corresponde a su edad.

Permaneciendo en un rincón, detrás de la puerta, de modo que apenas se le veía, el nuevo era un muchacho del campo de unos quince años, más alto que cualquiera de nosotros. Llevaba el cabello cortado recto sobre la frente, como un cantor de aldea, y tenía aspecto sensato y muy azorado. Aunque no era ancho de hombros, su chaqueta de paño verde con botones negros debía de apretarle en las sisas y dejaba ver, por las aberturas de los puños, unas muñecas rojas acostumbradas a estar desnudas. Sus piernas, enfundadas en medias azules, salían de un pantalón amarillento muy tirante por los tirantes. Calzaba zapatos fuertes, mal lustrados y claveteados.

Comenzó la recitación de las lecciones. Él escuchaba con toda atención, como si oyera un sermón, sin atreverse siquiera a cruzar las piernas ni a apoyarse en el codo; y, a las dos, cuando sonó la campana, el maestro de estudios tuvo que advertirle para que se pusiera con nosotros en fila.

Teníamos la costumbre, al entrar en clase, de arrojar las gorras al suelo para tener luego las manos más libres; desde el umbral de la puerta había que lanzarlas bajo el banco, de manera que golpearan contra la pared levantando mucho polvo; aquello era lo propio.

Pero, bien porque no hubiese reparado en aquella maniobra o porque no se hubiera atrevido a imitarla, cuando acabó la oración el nuevo aún tenía la gorra sobre las dos rodillas. Era una de esas prendas de cabeza de composición híbrida en la que se reconocían elementos del gorro de piel, del chapska, del sombrero redondo, de la gorra de nutria y del gorro de algodón; una de esas pobres cosas, en fin, cuya muda fealdad posee una profundidad de expresión comparable al rostro de un imbécil. Ovoide y abombada con ballenas, comenzaba con tres rollos circulares; luego se alternaban, separados por una franja roja, rombos de terciopelo y de piel de conejo; venía después una especie de bolsa que terminaba en un polígono de cartón cubierto de un complicado bordado de soutache, del que pendía, al extremo de un cordón demasiado fino, una pequeña cruz de hilos de oro a modo de borla. Era nueva; la visera relucía.

—Levántese —dijo el profesor.

Se levantó; la gorra cayó al suelo. Toda la clase se echó a reír.

Se inclinó para recogerla. Un vecino se la tiró de un codazo, y él volvió a recogerla.

—Deshágase de ese casco —dijo el profesor, que era hombre ingenioso.

Se produjo una carcajada general que desconcertó al pobre muchacho hasta el punto de que ya no sabía si debía conservar la gorra en la mano, dejarla en el suelo o ponérsela en la cabeza. Se sentó de nuevo y la colocó sobre las rodillas.

—Levántese —repitió el profesor— y dígame su nombre.

El nuevo articuló, con voz balbuceante, un nombre ininteligible.

—¡Repita!

Volvió a oírse el mismo balbuceo de sílabas, ahogado por los abucheos de la clase.

—¡Más alto! —gritó el maestro—. ¡Más alto!

Entonces el nuevo, tomando una resolución extrema, abrió desmesuradamente la boca y lanzó a pleno pulmón, como si llamara a alguien, esta palabra:

Table des matières

Dans cette édition

  1. 01Full text
  2. 02PRIMERA PARTE
  3. 03I
  4. 04II
  5. 05III
  6. 06IV
  7. 07V
  8. 08VI
  9. 09VII
  10. 10VIII
  11. 11IX
  12. 12SEGUNDA PARTE
  13. 13I
  14. 14II12
  15. 15III
  16. 16IV
  17. 17V
  18. 18VI
  19. 19VII
  20. 20VIII
  21. 21IX
  22. 22X
  23. 23»THÉODORE ROUAULT.»
  24. 24XI
  25. 25XII
  26. 26XIII
  27. 27XIV
  28. 28XV
  29. 29TERCERA PARTE¹
  30. 30I
  31. 31II
  32. 32III
  33. 33IV
  34. 34V
  35. 35VI
  36. 36VII
  37. 37VIII
  38. 38IX
  39. 39X
  40. 40XI

Madame Bovary

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